EUKZ y su vuelta al infierno porteño

Después de La Polla Records y Eskorbuto, se podría decir que El Último Ke Zierre (EUKZ) es uno de los grupos más importantes de punk rock de España. Con más de 30 años de carrera, han forjado su propio camino en Latinoamérica y desde el 2006 ya son cinco las veces que pisaron suelo argentino. En las afueras del Teatro de Flores reinaba un clima dominguero y tranquilo, si se tiene en cuenta que la última presentación, hace 4 años en Niceto Club, terminó con algunas personas detenidas por intentar ingresar sin entrada al local palermitano que desbordaba de gente.

Después de el poderoso set de Mal Pasar, que incluyó puteadas a Mauricio Macri y a la Selección Argentina por jugar contra Israel en pleno conflicto con Palestina, EUKZ copó las tablas y desembuchó rápidamente “Con la moral de un carnaval”, “Yo también puedo ser malo” y “Olor a Muerte”. De a poco el sonido se fue acomodando y los aullidos del Rober “El Feo” empezaron a tomar protagonismo. A diferencia de sus hermanos mayores de La Polla, las líricas del EUKZ, si bien recorren temáticas políticas, cuentan con un grado mayor de emotividad y sobresalen las canciones que describen las calles de los suburbios en donde nacieron y el duro transcurrir de la vida entre adicciones y desamores.

“El Feo” revela las influencias por fuera del punk que han sido para ellos “las canciones de Bob Dylan, las de Lole y Manuel” cuando desgarra su voz en “Vuelta Al Infierno”. Los punkis del municipio de Burriana le cantan a los “malditos”, a los “desheredados”, a los “desviados” y a los “marginados”. A todo lo que no encaja en los parámetros normales de este mundo. El público, que se identifica con esas letras, lo agradece, y ellos retribuyen con un “son la hostia”.

Buen porcentaje de la lista de temas estuvo compuesto por su flamante placa El Mutante del Barrio Chino que fueron mechando con una o dos canciones de gran parte de cada uno de sus 14 discos de estudio. Se destacan “Efimero”, dedicada a los amigos muertos por la heroína ( “y duele recordar a los que no están/duro trago que dar cuando te sientes tan solo”), el homenaje a Victor Jara en “Canto” (“No temo a la libertad aunque a veces me da miedo/porque no puedo olvidar que otros pagaron por ello”), entre las más nuevas. “Camino de Rosas”, “No Tengo Miedo”, “Escupiré Jodidos” e “Insurgente”, una emocionante proclama zapatista, estuvieron entre las más celebradas de la noche. También hubo tiempo para hacer una versión cruda y podrida, en castellano, de “I Wanna Be Your Dog”, de Iggy Pop.

El final se dio de manera inesperada con una oda al consumo de metanfetamina que es la pachanguera “La Noche, el día, la droga, el sexo”. Después de un poco más de una hora, el EUKZ dio por finalizado un show corto, pero contundente. La banda demostró que pasa por un gran momento y que en vivo logra una potencia abrasadora, a la que pocos grupos del género llegan. La gente se quedó con ganas de un poco más y con la amarga esperanza de poder retrasar la vuelta al infierno cotidiano.

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Fotos: Agustín Poggi

#AudioTrip: El ADN musical de Nigeria

“Extremadamente pobre. Las instalaciones médicas son pobres. Operamos un sistema capitalista depredador y neocolonial, que se basa en el fraude y la explotación y, por lo tanto, es probable que tengamos corrupción. Muchos casos penales se resuelven en la estación de policía”. La voz de Femi Falana, abogado y activista por los derechos humanos, suena fuerte y claro. “Esto es Nigeria. Mira cómo estoy viviendo ahora”, rapea a continuación Falz, su hijo, popular rapero, comediante, actor, y una de las nuevas figuras artísticas del país africano, en el comienzo de la parodia del “This is America” de Childish Gambino que estrenó el 25 de mayo pasado. En la letra Falz describe la realidad de un país eternamente en crisis, colonia británica independizada en 1960 y que luego de guerras civiles y dictadores, recién desde 1999 vive en democracia. Una democracia que, según lo que relata el cantante, se mantiene al límite: “Señor, señor mire, lo siento, soy solo un estudiante. Soy un estudiante de la Universidad de Lagos. Acabamos de llegar del club. Muy bien, mi amigo y yo. No, señor, tenía mi identificación para probar”.

El contexto socio político definitivamente marca el destino musical de Nigeria. El mayor exponente en ese sentido es Fela Kuti, creador del afrobeat y una figura que trascendió lo artístico para convertirlo en un ícono de la lucha por los derechos de los africanos fuera y dentro del continente. Fela también fue quien abrió Kalakuta Republic, una productora musical cooperativa para aquellos artivistas que, como él, buscaban la independencia, y un club nocturno que sirvió como escenario para toda esa camada de músicos. Kuti murió en 1997, pero su legado por una África libre y socialista sigue adelante. Otro tótem de la música nigeriana fue William Onyeabor, quien al ritmo del synth funk también narró a su manera los sucesos de su país, hasta su fallecimiento en enero de 2017. Músicos de la talla de David Byrne y Damon Albarn se han declarado admiradores de Onyeabor, algo que puede verse en Fantastic Man, este documental sobre su vida que además sirve como un pantallazo general de la historia de la música de Nigeria.

En la actualidad se desarrollan en Nigeria distintos eventos en los que se mezcla el rock, el rap, el world music y el pop. Festivales como el Star Music Trek y el Rocktoberfest son plataformas en las que conviven estos géneros, llevados adelante por artistas nacionales, del resto de África e incluso por algunos de los pocos músicos europeos y asiáticos que llegan hasta ahí. Estos son cinco de los números musicales más interesantes de Nigeria:

5) Burna Boy
El nacido en Port Harcourt es el chico malo del rap de Nigeria. Saltó a la fama en 2017 cuando Drake lo apadrinó, una sociedad que terminó mal. El canadiense lo invitó a participar en lo que luego sería el mixtape More Life pero al final no incluyó las grabaciones conjuntas. El tema es que, según el nigeriano, tomó cinco de sus canciones y el concepto del disco sin compartirlo en los créditos. Drake lo borró del proyecto, Burna Boy se enojó y decidió no hablar más al respecto hasta que un twittero le preguntó si era su voz la que estaba sampleada en “Get Together”, uno de los tracks. La respuesta positiva fue la primera de varias en las que Damini Ogulu (tal su verdadero nombre) derramó bronca hacia su mentor. En este 2018 editó Outside, que incluye su “More Life” y en el que canaliza su particular forma de rapear, mixtura de inglés con los distintos dialectos nigerianos, y en el que canta esta pieza acompañado por la británica Lily Allen.

4) Zainab Sule
La reina del Soft Rock de Nigeria. Esta cantante y guitarrista nacida en Abuya, la capital del país, acusa influencias de Bryan Adams, Coldplay y Prince y fue comparada con artistas como Natalie Imbruglia, Dido y Tracy Chapman. Empezó en la música de muy chica, pero no fue hasta que se graduó como doctora en Matemáticas, hace cinco años atrás, que le dió más espacio a su carrera artística. Una actitud que lleva en los actos y en sus palabras. En una entrevista reciente con el local Daily Trust describió su visión sobre su vida en Nigeria: “¿No te pasa que a veces sientes que odias a tu país? Pero luego te das cuenta de que no puedes ir a ninguna parte y que no importa cuán malo sea el país, solo tienes que rezar por él y amarlo incondicionalmente”.

3) 1 Last Autograph
¿Existe el metalcore nigeriano? Este cuarteto de Lagos demuestra que sí. La especialidad del grupo es versionar artistas de otros géneros y llevarlos a su terreno, decisión que les permitió su presencia en festivales locales junto a artistas de otros palos, y llegar a un público más numeroso. “Nos encanta ampliar nuestro alcance, la fusión en este cover es una de las formas en que pensamos iluminar a más personas con nuestro sonido y sabemos que será amado”, dijeron sobre “WO” en el que revisitan a Olamide, un ícono del hip hop africano. Las menos de 100 visitas que ostenta el video en YouTube (por lo menos al momento de escribir esta nota) contradice por ahora esa idea de iluminación masiva, pero vale la pena darle play y dar una mano para que lo logren.

2) Nathmac
Ebiama Abraham, conocido profesionalmente como Nathmac, es un cantante, compositor y multiinstrumentista de rock alternativo con sede en Lagos. En su bio de Soundcloud se describe así: “Me encanta escribir sobre “amor”, corazones rotos, esperanza y muchas otras cosas que nos hacen humanos”. Comparte escena y giras con Zainab Sule y una visión artística similar. Muy activo en Instagram, suele compartir covers y mostrar su vida en el país africano.

1) Johnny Drille
John Ighodaro nació y creció en el estado de Edo, Nigeria. Su padre y su madre son religiosos nigerianos y su primer contacto con la música fue de muy chico justamente en la Iglesia, como parte del coro que armó junto a sus cuatro hermanos. Su estilo fue mutando: del afro pop pasó al hip hop romántico, y de allí al folk rock cuando conoció a la banda estadounidense Mumford & Sons. Editó canciones de forma independiente hasta que en 2015 el CEO de Mavin Records, el sello discográfico más importante de África, lo felicitó via Twitter por una de sus canciones. Un par de años y hits después, Johnny firmó contrato y sus views en YouTube ahora se cuentan de a millones, convirtiendóse en un fenómeno regional que pide pista a nivel global.

Palito Ortega, el autor de su alegría

¿Qué tienen en común Charly García, Miranda!, Lali Espósito e Iván Noble? Que todos ellos, al igual que millones de argentinos, han cantado y siguen cantando clásicos del cancionero popular como “La felicidad”, “Qué suerte” o “Viva la vida”. Los une la música y la admiración por el muchacho que se fue de Lules, Tucumán -con apenas 15 años y una guitarra- y conquistó Latinoamérica con su carisma de chico triste que entona canciones alegres.

El último martes, CAPIF homenajeó a Palito Ortega en una noche titulada “Un muchacho como él”. Allí sonaron 14 canciones emblemáticas de su repertorio. Este artista denominado “El rey” lleva 44 discos grabados, 32 películas en las que participó, otras tantas que dirigió y otras a las que les puso música. Por eso esta semana, en el Centro Cultural Kirchner, Charly García desplegó su magia en el teclado para acompañarlo junto a Juanse, Miranda!, sus hijos Rosario y Emanuel, su ex yerno Iván Noble y Lali Espósito, entre otros. Porque Palito es un icono y con más de siete décadas de vida, sigue dando cátedra arriba del escenario.

Además de los colegas, los amigos, y la gente de la industria discográfica, a Palito lo acompañó su familia, pilar fundamental de su carrera. Con Evangelina Salazar se conocieron filmando “Mi primera novia” en 1965 y nunca más se separaron.  Tuvieron seis hijos (Martín, Julieta, Sebastián, Emanuel, Luis y Rosario) e hicieron de su familia, un refugio ante cualquier adversidad. Su sobrina Maite Salazar es productora audiovisual y aunque está lejos de los flashes, estuvo cerca de su tío el martes pasado, así cuenta en Soy Rock por qué Ramón “Palito” Ortega sigue siendo El Rey.

“Lo que lo diferencia a mi tío del resto es tan simple como la historia que tiene. No sé si muchas personas saben en profundidad de dónde vino y adónde llegó. Él se fue con la guitarra de Tucumán, siendo muy chiquito, y sus amigos le dijeron ´llevate en el estuche de la guitarra muchos panes porque te vas a cagar de hambre´. Y cuando él lo cuenta no lo hace victimizándose, él lo contó en el homenaje entre risas. ¡A esos amigos yo hoy les haría fuck you! Pero él tiene cero rencor por esas personas que lo tiraron abajo, que le dijeron que era un ´sin talento´. Él vivió una pobreza de andar descalzo, de no comer por días, y no sé si tenemos acá en la Argentina a un artista que haya pasado por procesos tan distintos: de esa niñez humilde en Tucumán, a lustrar botas cantando en Buenos Aires, a entrar a grabar un disco. Mi tío no pudo terminar el colegio de chico, recién pudo hacerlo de grande, pero aprendió a tocar varios instrumentos, en especial la batería que es con lo que empezó. Luego llega la fama con el Club del Clan, las películas, se lanzó como cantautor, conoció a mi tía, se casó, dirigió cine, se dedicó a la política, llegó a gobernador de su provincia, aprendió inglés. ¡Es una persona súper positiva! Él ayer dijo muy claramente: ´Mi vida es alegría´. Hizo de su vida una canción alegre. Sin una súper voz, ¡sin las redes sociales! Él de nada, hizo todo. De los temas que hizo en el homenaje me quedo con ´Autorretrato´. Esa canción la escribió un día de su cumpleaños y es el resumen de las cosas que lo distinguen a mi tío: ´No me arrepiento de mi ayer, lo que sufrí ya lo olvidé, soy el autor de mi alegría´. Las canciones de mi tío te levantan todo. Ha cantado en el casamiento de mi hermana, las Navidades en familia cantando con Charly. Anoche me gustó mucho verlo con Iván porque es el ex marido de mi prima, quien le dio un nieto, y habla también del cariño que se tienen mutuamente. Viniendo de un palo tan distinto, como Charly. ¿Quién se iba a imaginar veinte años atrás que Charly iba a terminar siendo tan amigo de mi tío? ¡Son la antítesis! Un cantor popular al lado de un músico de rock. A mi tío se lo separaba del rock, aunque él intentaba copiar el estilo del rock norteamericano. Charly  le retribuye con mucho amor todo lo que mi tío ha hecho por él. También me encantó Lali que se comió el escenario, lo sacó a bailar, hizo chistes, una nueva generación que se suma. Y Elena Roger estuvo genial porque cantó un tema que hizo mi tío con letra de María Elena Walsh que se llama ´Cuidado con las alturas´. En el caso de mis primos, todos tienen una veta artística muy fuerte. Rosario y Emanuel son músicos y Emanuel, sobre todo, tiene sus mismos gestos cuando canta, cuando se mueve. Les gustan los mismos artistas. Rosario heredó la versatilidad, que puede cantar con Entre Ríos o hacer los coros de Charly, ella se adapta. Para nosotros Palito es Ramón, mi tío fue muy generoso con mi familia. Él a mi abuela Chocha (la mamá de Evangelina y de mi papá) la quiso como una madre y estuvo hasta el último día con ella. Con mi papá (su cuñado) también siempre fue muy cercano, tienen muchos gustos en común. Con mi tío tengo los mejores recuerdos, es un gran contador de anécdotas, de chistes, ¡y es un gran asador! En nuestras fiestas es muy común montar un escenario y que se arme un show con mis sobrinos tocando, cantando, que caigan el Zorrito, Charly o Iván Noble.  Somos muy fans de Ramón.  Yo también soy muy fan de Frank Sinatra y las anécdotas que cuenta mi tío con él son alucinantes. Ellos se hicieron amigos cuando mi tío lo trajo a la Argentina, el negocio salió mal, mi tío se terminó yendo con su familia a vivir a Estados Unidos, y el que lo ayudó allá fue Sinatra. Mi tío es un gran ejemplo de vida, sus historias son como una charla TED, todo lo que cuenta es muy inspiracional porque todo lo que ha hecho fue sin escuchar a los que decían que no podía. Es pura perseverancia. Creo que es una gran historia para que trascienda y les muestre a los chicos que tienen sueños y se deprimen que si él pudo, todos pueden. Es el mejor ejemplo de que cuando querés, podés.”

Mirá el video de “Popotitos”, en vivo, por Palito Ortega, Charly García y Juanse, el martes pasado en el CCK.

Imagen y video: Gentileza CAPIF y Sony Music Argentina

 

5 momentos en la historia de Cielo Razzo

Pablo Pino (voz), Diego Almirón (guitarra y coros), Fernando Aime (Guitarra), Javier Robledo (batería y Coros) y Cristian “Narvy” Narváez (Bajo) llevan un cuarto de siglo en la ruta del rock y pronto lanzarán un nuevo CD+DVD grabado en vivo, el pasado 8 de abril, en el Luna Park. Desde Rosario, y para todo el país, Cielo Razzo celebra este nuevo aniversario y sigue presentando Tierra Nueva -su último disco hasta la fecha- este sábado en el Teatro Sala Ópera de La Plata. Pero antes, Narvy selecciona 5 momentos que quedaron grabados en la carrera de la banda.

1. Los comienzos con Nano ensayando en la terrraza de Narvy (1992/93). Los dos solos muertos de frío a las 6 de la tarde, en pleno invierno con los dedos congelados que no podíamos ni tocar, pero con todo el sueño y la ilusión por delante.

2. Cuando tocamos en Cemento (2003). El primer show de Buenos Aires que tenía el peso de la mística y de la historia. La incertidumbre y los nervios y verlo lleno fué como empezar a jugar en primera.

3. El primer Obras (2005). Primer show de estadio masivo y con filmación de CD/DVD en vivo. La satisfacción de llenar un estadio importante, con mística e historia. Y la certeza de saber que lo que uno siente se refleja en la gente y acompaña.

4. Haber sido soporte de Guns N´ Roses en el Estadio Rosario Central (2016). Ser teloneros de la última gran banda de rock que dio la música mundial y además -personalmente- ser fanático de ellos y nada menos que en nuestra propia ciudad y en Gigante de Arroyito… Fue una de esas noches en las que no podés dormir de tanto que te elevó la situación. Felicidad y adrenalina a full.

5. El último Luna Park. 25 años de banda. 25 años de ser familia. Peleas, discusiones, entredichos. Pero la hermandad y la convicción nos depositó en esa noche mágica que también se verá reflejada en CD/DVD en vivo. Dos décadas y media de esfuerzo y amor confluyen en un recinto plagado de historia… Y somos parte de ella.

 

Cielo Razzo toca este sábado 12 de mayo a las 19 en el Teatro Sala Opera, de La Plata, a las 19. Comprá entradas con 30% de descuento ¡y sin service charge! en Club SR haciendo click aquí. Es una promo con cupo limitado.

 

Un libro, 5 rockeras

El primer interrogante que surge es: ¿Por qué creen estos dos hombres que pueden rescatar “la palabra de la mujer en el rock”? Uno de los coautores, Emiliano Scaricaciottoli, responde. “Sólo nos valemos de esas palabras para producir literatura. Las palabras, en tanto testimonios, son sustanciales, pero si no hay proceso literario de fondo que permita ficcionalizar ese encuentro, no sirve. Quizás, en ese sentido, como decía un gran maestro que tuvimos con Mauro (Petrillo, coautor), Nicolás Rosa, el autor que mejor retrató el deseo en las mujeres fue Flaubert. Y no escuchamos demasiadas quejas al respecto. En todo caso, discutámoslo; pero tampoco nuestro objetivo era ´retratar´, tan solo hacer eso que nos sale más o menos bien: escribir. La crónica literaria o el ensayo son soportes de escritura que se amalgaman muy bien con la serie del rock. Nuestra escritura no intenta visibilizar nada, tan solo compartir pulsiones. Ninguna de estas artistas necesita de nuestra escritura para que su arte exista y viceversa”.
Las cosas que te digo, no repitas jamás es un libro que consta de cinco crónicas literarias a partir de los encuentros con cada artista. Scaricaciottoli aclara que no son entrevistas, sino conversaciones y que entonces, “el proceso de escritura nace y se funda en esas conversaciones”. Las protagonistas de esos encuentros llevados al papel son: Juana Chang, Lula Bertoldi, Silvina Harris, Lu Noise y Paula Maffía.

-¿Por qué ellas?

En un primer momento, habíamos pensado una constelación de voces y de enunciaciones (en el sentido literario) femeninas que recortaba transversalmente la historia del rock argentino. Pero luego del primer encuentro con Juana Chang, observamos una necesidad: recortar lo contemporáneo, lo que emerge, lo que circula del 2001 para acá. En el 2001, la crisis política de nuestro país permitió el desmoronamiento de muchas referencias, lo cual es fabuloso. Para nosotros, las nuevas expresiones dentro del rock son vitales para pensar un nuevo mapa del rock argentino, para reescribirlo. Y un mapa, desde ya, sumamente caprichoso y arbitrario. Tratamos de elegir a cinco artistas que circulen en distintos circuitos y registros.

-¿Cuánto se involucraron estas artistas en el proceso generador del libro?

Se involucraron totalmente. La predisposición fue genial. Sabían desde un comienzo que las conversaciones no tenían como resultado una transcripción periodística, que no buscábamos únicamente testimonios. Sencillamente, porque es algo que ya se hizo y que se hace. Y no somos periodistas. En ese sentido, la predisposición de las cinco para recibirnos y para permitirnos intervenir sus espacios (universidades, hogares, bares, etcétera) desde lo visual, fue total.

-¿Creés que hubo cambios en la última generación de artistas femeninas?

Sí, observamos que hay un lugar, un espacio que se ganó. El rock fue y es (aún hoy, con tantas batallas ganadas) machista ontológicamente. Ello no invalida el surgimiento de otras voces, entre ellas, las voces femeninas que no quedan estereotipadas y atrapadas en el carnet de la “corista”, de la “minita de…”, pensando en uno de los casos más conocidos: Patricia Sosa en el BA Rock ´82, por ejemplo. Esos prejuicios y esas máximas ideológicas se van, de a poco, desdibujando. ¡Ojo! También nos interesa pensar en enunciaciones masculinas sobre cuerpos y voces femeninas. Pero esa es otra historia. En este caso, creemos que las cinco artistas que entrevistamos son excelentes ejemplos para pensar no solo nuevas voces sino también una nueva forma de circular en el rock.

-¿Cuál es tu relación con el mundo de la literatura, por un lado, y con el del rock por el otro?

En el 2014 sacamos con Oscar Blanco un libro que tuvo cinco años de producción: Las letras de rock en la Argentina. De la caída de la dictadura a la crisis de la democracia (1983-2001). Para nosotros fue un triunfo porque impusimos en un ámbito tan conservador (y tan oportunista) como el de la universidad un objeto de estudio- bastardeado o regalado a la sociología y al periodismo especializado- que siempre tuvo un estatuto literario, ficcional. El rock es, claramente, un fenómeno que maneja muchos códigos. El código de la letra es específico y debe tener un tratamiento que vaya más allá de su historia o de sus historias. Lo que nosotros llamamos “sociodismo” no hizo otra cosa más que mirar al rock como un pretérito pero con un afán verticalista: el de taxonomizarlo y clasificarlo. No, a nosotros nos interesa el rock como una discontinuidad. Y esa inestabilidad-en nuestro caso, ubicada en las letras, nos permitió escribir y pensar en el lenguaje del rock o, mejor aún, el rock dialogando con otros lenguajes.

 

Las cosas que te digo, no repitas jamás se presenta hoy a las 18.30 en el stand Nº 1500, del Pabellón Amarillo, de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires

 

El Festival Nuestro en ocho momentos: Somos como somos

La Beriso: Mano a mano

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El mejor elogio que puede hacerse a Rolo Sartorio y su banda de rock es que, como todo lo que es definitivamente popular, es imposible ser indiferente a ellos. Ya sea amuchado frente a la valla llorando cuando suena “Mañana”, el tema con el que abrieron su set, o a lo más alejado posible del escenario haciendo comentarios sobre la forma de cantar del vocalista o las influencias en su sonido, todo aquel que haya pisado Tecnópolis ayer centró sus miradas en el grupo más convocante de la jornada. No es algo nuevo para La Beriso: hace 20 años que no escuchan y siguen para adelante, sin perderse en las críticas despiadadas ni en los cantos de sirenas. Sobre el final de una lista que tuvo 22 canciones, Rolo soltó un poco de más la lengua, para goce de fans y detractores. “Me chupa un huevo si está confirmado o no, el 24 de noviembre tocamos en el Estadio de Vélez”, anunció a boca de jarro el vocalista. Inmediatamente después, antes de las líneas finales de “Traicionero” lanzó: “Si van a hacer la olla (en referencia al momento previo al que se desata el pogo) tengan cuidado, qué hay mujeres y niños. Respétense. Nosotros hicimos que la familia vuelva a los shows de rock. Hoy la revolución no es cortar calles, no es tirar piedras, eso quedó en los ’70, hoy la revolución es el respeto”. Aplausos y silbidos repartidos, por igual, hasta el final.

Dancing Mood & Nonpalidece: Postre reggae

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Las buenas vibras surgían del escenario Churro y ya no había dudas, Dancing Mood abría su set para una multitud de fieles en busca de un poco de dulzura para sus oídos. En la noche húmeda, Hugo Lobo despertó el baile con su combo de ska jazz, marca registrada que este año cumple 18. La mayoría de edad vino con el reconocimiento y la nominación a los Premios Gardel como Mejor Álbum de Reggae y música urbana por On The Good Road. Aunque el premio por fidelidad del público rockero ya se lo ganaron. “Vengan en paz”, arengó amorosamente Néstor Ramljak desde el escenario principal. El final del Festival Nuestro estaba en manos de Nonpalidece y el líder de esta banda referente del reggae argentino abrió su música y su corazón a un Tecnópolis colmado. El grupo ya lleva más de dos décadas en los escenarios y, recién llegados de Perú, desplegaron su set de canciones que se extendió más allá de la media noche. Nonpalidece y Dancing Mood, dos bandas consagradas que se superan año a año demostrando que el reggae en la Argentina es mucho más que puro humo.

Ratones Paranoicos: Banda en fuga

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1, 2, 3… ¡va! Cuando los Ratones Paranoicos empiezan a tocar, el rock and roll está de fiesta. Puede que estén en su mejor momento musical, puede que sean la mejor banda de su estilo en la Argentina (como se autoproclaman en la recién estrenada “Los verdaderos”) y puede que el de anoche haya sido el último show de este revival que comenzó ocho meses atrás. El Festival Nuestro pudo haber sido la última excusa de Juanse y los suyos para dar una clase magistral de rock en un escenario. En horario central, de frente a un mar de banderas y de corazones en llamas, los Ratones hicieron lo suyo y, obvio, la rompieron. “Isabel”, “Cowboy”, “Enlace”, sonaron como nunca y como siempre, coreados de principio a fin por familias enteras. Desde que volvieron a reunirse, los Paranoicos se han ocupado de hacer saber (a través de su música) que son inoxidables y que sus hits atraviesan indemnes todas las épocas. Esta etapa bonus track quizá esté llegando a su fin, ¿conocerán las próximas generaciones a una banda tan potente en vivo? Solo Juanse, Roy, Pablo Memi y Sarcófago tienen la respuesta. En medio de tantas dudas, lo cierto es que aquellos que pudieron verlos y oírlos en Tecnópolis, se llevaron puesta una noche para el recuerdo.

El Kuelgue: Sin parangón

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Al hueso. Así fue el arranque del set de El Kuelgue en el Nuestro. “Circunvalación”, “La fama” y “En avenidas”, acaso tres de los hits más relevantes que consiguieron hasta el momento fue el comienzo perfecto para un show esperadísimo. Y para la banda que lidera el multifacético Julián Kartún tampoco fue un recital más, ya que vino con una yapa inesperada: el anuncio de un mojón fundamental para su carrera, como será su llegada al Estadio Obras el próximo 4 de agosto. Esa felicidad que se percibió desde el escenario al momento de contar la noticia se trasladó de inmediato al público, que festejó la confirmación del crecimiento de su banda como un festejo propio. “Dele tiempo” se vio resignificada antes del final con “Cariño reptil” y “Cristo es Marquitos di Palma”. Además de Obras se vienen nuevas canciones, justo en el momento en que El Kuelgue pega un hermoso estirón.

Onda Vaga y Perotá Chingó: De Cabo Polonio para el mundo

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Las playas de Uruguay fueron la tierra fértil para que crezcan dos proyectos con personajes distintos pero parecidos. Allá, del otro lado del charco, con un entorno natural imponente, sin electricidad, pero con ganas de estar conectados a nuevas sensaciones, los integrantes de Onda Vaga y las Perota Chingó llegaron como amigos y volvieron con canciones. Los primeros abrieron el juego en 2007, en plena ebullición del neo hippie porteño, mientras que las segundas comenzaron ya con el camino allanado en 2011. Allí cada agrupación juntó sus voces y sus instrumentos acústicos, para que Internet (MySpace en el caso de OV, YouTube para las PC) haga el resto. Ayer, en Tecnópolis, se juntaron sobre un escenario por un ratito. Fue a mitad del set de los Vaga, cuando ya hacía rato las Chingó habían desplegado en ese mismo lugar composiciones como “Aguacero” y “Ríe chinito”. Los Onda Vaga, por su parte, repasaron su historia en diez canciones, desde el iniciatico Fuerte y caliente hasta el más reciente IV. Una cumbre para el recuerdo.

Eruca Sativa y Sol Pereyra: una alianza sonora y sorora

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No eran las cinco de la tarde y una de las bandas más importantes de la jornada ya había dado el golpe. Eruca Sativa, ese trío que integran Lula Bertoldi, Brenda Martin y Gabriel Pedernera pegó fuerte con temas como “Japón” , “Armas gemelas” y “Magooo”. La lluvia que amenazaba por aguar la fiesta se guardó ante tanto despliegue escénico. Y más aun después de que a Eruca se sume Sol Pereyra, para poner su voz y trompeta en su “Vamos, dale” y en “El balcón” de ES. El encuentro no fue casualidad: la cordobesa (y ahora expatriada en México) Sol era parte de Los Cocineros, mientras lxs Eruca Sativa daban sus primeros pasos en la provincia meditarránea, primer lugar del país en recibir masivamente su música. Algunos años después esos días de ansiedad e incertidumbre quedaron atrás. Ahora es su tiempo.

La Maruja: Arriba el mestizaje

Este grupo integrado en Málaga por un uruguayo, tres argentinos, un venezolano y dos españoles dio en el Festival Nuestro sus primeros pasos fuertes en el país. Ska, reggae, rock y alguito de punk conforman el ADN musical de La Maruja y Otras Hierbas, el mismo que desplegaron en las diez canciones que conformaron su set. “Un paseo interminable”, “Amigo”, “El día del juicio final” son un perfecto muestrario de ese sonido. Pero lo más festejado fue el momento en el que pegaron “El gigante” con “Bella Ciao”, ese himno anti fascista que hoy en día se puso de moda con La Casa de Papel, la exitosa serie española. Y como Tokyo, Río, Berlín y Nairobi, esta banda multinacional también cometió un atraco que nunca olvidarán: los aplausos sinceros del público en el final.

Trap argentino: el sexto escalón

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La filosofía sobre la que está basada el Festival Nuestro es la premisa de abrir el juego musical sin prejuicios ni preconceptos. En ese viaje es que además de artistas reconocidos de rock, reggae, ska y otras yerbas, haya espacio para otras formas de cultura. Y ahí es donde entra el Escenario Urbano. En esta cuarta edición reinó el trap, ese género que si bien nació en Estados Unidos, encontró en Argentina un caldo de cultivo como en ninguna otra parte del mundo. Sin Duki, NeoPistea o Khea, exponentes del estilo con millones de reproducciones en línea, pero con XXL Irione, Mala Junta, Maikel Delacalle y Dak1llah como referentes, el escenario quedó chico ante la masa de público que llegó con expectativas y ganas de escuchar lenguas filosas. Más temprano, Emanero, con un estilo de rapeo más clásico lanzaba aquello de que “Tengo mas tiempo que muchos, tengo mas años que varios. Vos cumpliste 18 y yo tengo 15 años rompiendo escenarios”, en “Nos vemos en Disney”. No sabemos quien recogió el guante, aunque seguro no fue El As!, quien cometió el peor de los pecados para un freestyler: se bajó del escenario antes de subirse al combate dialéctico. ¿Se habrán ganado un espacio más grande para la próxima edición?

Textos: Leo Ros y Marianela Insua Escalante

Fotos: Emma Distilo, salvo Sol Pereyra, Perotá Chingó, La Maruja y la galería de Trap, Gentileza Festival Nuestro

Fito Páez en el Luna Park: Resumen Porteño

Una noche que duró tres años. En 2015 Fito Páez visitó el Centro de Integración Monteagudo, en Parque Patricios, Ciudad de Buenos Aires, un refugio para la gente que no tiene a nadie. Allí fue a cantar con su piano, para una platea compuesta por personas en situación de calle, donde se les da techo, comida y asistencia psicológica. Un cartel escrito con dolor que decía “La calle no es un buen lugar para vivir, mucho menos para morir” fue el detonante para el nacimiento de “La Ciudad Liberada”, una canción que a la postre también le daría título al nuevo disco del rosarino, editado en 2017. El concepto no quedó solo en una frase bonita que inspiró una canción. Evidentemente a Páez esa visita al Monteagudo lo excedió, y a todas esas emociones las transformó en su álbum más contundente desde Circo beat (1994). Es que para cuando Fito ingresó por primera vez al refugio, su carrera había entrado en una vóragine de discos tibios, incoloros, en ese lustro previo en el que editó Confiá (2010), Canciones para aliens (2011), El sacrificio, Dreaming Rosario y Yo te amo (todos de 2013), Rock and Roll Revolution (2014) y Locura total (2015). Entonces, como si fuera una especie de demoníaco pacto consigo mismo, Páez salió de allí con el tiempo detenido en sus manos. Eso se sintió también anoche en el escenario del Luna Park.

La intro de “Ciudad de pobres corazones” decanta en “La ciudad liberada” y pone en perspectiva 30 años de su vida, desde ese puñado de canciones llenas de dolor por el brutal asesinato de su abuela y su tía hasta esta última, donde pide que a los pibes no les metan más balas. Algo que podría sonar contradictorio en cualquier otro artista en él no resiste análisis: Fito Páez está hecho de plomo. El altruísmo es el metamensaje que domina su nueva obra, entonces en ese plan entra “Aleluya al Sol”, una sagaz lectura de época en las que las banderas feministas están enarboladas en lo más alto, igual que los pañuelos verdes que piden por el aborto seguro, gratuito y legal en las muñecas de las mujeres que cantan fuerte “que no haya ni una menos”. Y su compromiso con la causa no termina allí, ya que para estas fechas en el Luna Park el músico pidió que los asistentes lleven donaciones no sólo para el Monteagudo sino también para el Centro de Integración Frida, un espacio similar destinado a mujeres en situación de vulnerabilidad social. Inmediatamente pega con “Wo Wo Wo”, esa composición en la que otra vez aparece, por duplicado, la generosidad del rosarino. Primero porque compartió los créditos del track con Pity Álvarez, luego de que, según él, el de Villa Lugano le dicte una melodía entre sueños: “Pity puesto Rey de Corazones va dictándome canciones que atraviesan dimensiones hasta el centro del amor”. Y luego por el espacio que le da a Fabiana Cantilo, a quien presenta como “nuestra eterna princesa cósmica”. En esta ocasión el tiempo parece detenerse en una relación de amor (de pareja primero y de amistad después) que dura ya 35 años. No importa que arriba en las pantallas Fito se bese apasionadamente con Eugenia Kolodziej, su novia de 27, la que canta “Tu vida mi vida” abajo con él, para toda esta gente, es Fabi.

Si de relaciones hablamos es necesario volver sobre Buenos Aires y el rosarino. ¿Cuántas de sus canciones están dedicadas expresa o implícitamente a la Reina del Plata? Con el correr de los años el músico fue afinando el lápiz, calmando sus formas y encontrando las palabras justas para describir lo que siente por los porteños. Así pasó de declarar que le daba asco la mitad de la ciudad cuando Mauricio Macri fue reelegido por el 64% de los votos como Jefe de Gobierno en 2011, a cantar “Yo soy más fuerte de lo que pensabas, y vos seguís con tu corrección política. Somos la banda que cuida a las chicas, de los ataques de los gorilas”. Las chicas también son Cantilo y Julieta Rada, quienes se lucen a su lado en “Dos días en la vida” donde juegan a ser Thelma y Louise agarradas de las manos y enfrentando a tiros a los hombres malos. Precisamente Rada junto al pirotécnico guitarrista Juani Agüero son las brillantes incorporaciones a la “banda amateur” que encontró Páez con el preciso baterista Gastón Baremberg; el bajista, tecladista y director musical Diego Olivero y el tecladista y guitarrista Juan Absatz. El Fito altruista vuelve a corporizarse cuando presenta con loas a Coki Debernardi: “Es uno de los artistas más grandes de nuestro país, una gema escondida”, exagera y sale del escenario, prestandole a su coterranéo la banda para tocar “Medallita”. Un gesto que recordó a los días en que Juan Carlos Baglietto y Charly García hicieron (cada uno a su manera) lo mismo con él. Coki se queda para “Polaroid de locura ordinaria” y se va antes de una ráfaga de La Ciudad Liberada: la cruda “Navidad Negra”, la angelada “Plegaria”, la ácida “Se terminó” (con el detalle de que Fabi Cantilo, la prima de la Ministra de Seguridad Patricia Bullrich, mete coros entre frases del tipo “cambiar por cambiar nomás no resultó”) y la instrumental “5778”, en la que Fito ofició de director de orquesta en un delicado duelo de teclados entre Olivero y Absatz.

“Que alucinante man”, lanza eufórico entre “Tumbas de la gloria” (que lo agarra vestido con una campera de cuero similar a la del video filmado en 1993) y la exquisita “La Mujer Torso y el Hombre Cola de Ameba”, una historia de amor posmoderna en la que pone a prueba su gran momento vocal. ¿Será el pacto otra vez? ¿O solo que está hecho de plomo? La Ciudad Liberada se retira con “Islamabad”, una versión actualizada de “Tráfico por Katmandú”, en la que el rosarino se ve rodeado de seis figuras femeninas ataviadas con burkas, esa vestimenta obligatoria para las mujeres en algunos países de Medio Oriente, que impide que se vea otra parte del cuerpo que no sean los ojos. En el climax de la canción, los trajes vuelan y la liberación sexual se hace presente en esos cuerpos andróginos semidesnudos. “Gracias chicas, chicos, lo que sean. Gracias”, lxs saluda Fito. Se acerca el final. “Circo Beat” y “Brillante sobre el mic” le dan paso, ahora sí, a “Ciudad de pobres corazones” y de alguna manera cerrar el círculo conceptual del show antes de los bises. “A rodar mi vida” fue el entremés antes del momento más mágico de la noche. La banda se retira y Fito vuelve solo con una idea entre manos. Inspirado por lo que sucedió cuando cantó “La Mujer Torso y el Hombre Cola de Ameba”, propone a los espectadores que lo acompañen en un deseo: cantar a capela (¡sin micrófono!) “Yo vengo a ofrecer mi corazón”. El estadio enmudece cómplice durante los tres minutos del tema y estalla en un estruendoso y energético aplauso. ¿Puede haber más de un artista después de semejante acto de entrega vocal? Para esta versión de Fito sí, y más si lo que va a sonar es “Dar es dar”, el himno que lleva al altruísmo como bandera. “Gracias por dejarme vivir en sus corazones hasta el día de hoy, es uno de los valores más preciados de mi vida”, sentencia después de “Mariposa Tecnicolor”. La filantropía y el porteñismo protagonizan también los bises finales, del “Es lo único que te pido al menos hoy” y “Que si me das alegría estoy mejor” de “Y dale alegría a mi corazón” al “Ey que te pasa, Buenos Aires, es con vos” de “El diablo en tu corazón”. Al final ambos conceptos explicítamente sellaron todo todo con un beso, el del frágil anciano en situación de calle y la decidida mujer embarazada, último de la cadena que cierra el video de la canción, esa en la que en 2000 Fito reprodujo el clima de una época que no dista mucho de ésta, en la que seguimos queriendo que el amor venza al odio.  Buenas noches Buenos Aires, la ciudad liberada.

Foto: Ph Jorge Tieghi (gentileza JA! Comunicación)

Diez artistas del Festival Nuestro que no te podes perder

Se viene una nueva edición del Festival Nuestro, este 5 de mayo en Tecnópolis. Los artistas que encabezan el encuentro son La Beriso, Ratones Paranoicos, Eruca Sativa, El Kuelgue, Onda Vaga, Los Huayras, Perota Chingó, Nonpalidece, Dancing Mood, Emanero, Rocco Posca, El Bordo y Malajunta. Pero la lista no termina allí, ya que hay un montón de propuestas artísticas alternativas, que dan forma a la esencia multicultural, de integración y tolerancia, que tiene el evento. Por eso hay cuatro escenarios, cada uno con una impronta distintiva: Rock, Churro (donde convive la mixtura de ritmos), Urbano (el lugar para la escena de rap, hip hop y trap, entre otros géneros) y Otras formas (donde estarán las propuestas más multifaceticas). Tomando como punto de partida esa premisa de abrir el juego musical sin prejuicios ni preconceptos, te presentamos diez artistas que tenés que ver sí o sí en el Festival Nuestro.

ESCENARIO ROCK

Bicicletas

Origen: CABA – 2001
Discografía: Bicicletas (2006), Quema (2009), Cubiertas (2011), Magia amor locura animal (2013) y Dos Lunas (2017)
Autodefinición: “Somos exploradores del rock psicodélico del siglo XXI como animales espaciales transpirando la pista de baile con la energía del rock, buscando el trance en el ritmo, el vuelo en las melodías y el espíritu en las palabras”.
Imperdible porque…: se reinventan permanentemente y sus shows son un derroche de psicodelia visual y musical.
Link: Bandcamp Bicicletas 

Luceros El Ojo Daltónico

Origen: Bahía Blanca – 2002
Discografía: Tangozepam (2004), Siete Farsas Breves (2005), Artificios (2010) y El Disco Maldito (2015)
Autodefinición: “Una banda de rock con un sonido propio y letras que abordan temáticas urbanas con las que el público se ha identificado”.
Imperdible porque…: sus canciones cuentan historias poco abordadas. Algunas reales (como esta en la que recuerdan un gol histórico de Boca) y otras en las que la ficción se cruza con la realidad (como estas que protagoniza Sofia, un ente que baja y les dice ‘escribí de esto’)
Link: Web Luceros 

ESCENARIO CHURRO

La Maruja

Origen: Málaga, España – 2015
Discografía: La Maruja y otras Hierbas (EP – 2016) y Un Paseo Interminable (2017)
Autodefinición: “Un explosivo combo malagueño cargado de rock, reggae, ska, punk y otras hierbas…”.
Imperdible porque…: estos pibes son multiculturales en serio: un uruguayo, tres argentinos, un venezolano y dos españoles le cantan a la realidad social del mundo con una visión optimista y con una amplia mixtura de ritmos.
Link: FB La Maruja

Sol Pereyra

Origen: Buenos Aires – 2008
Discografía: Bla bla bla (2009), Comunmixta (2011), Tirame agua (2014) y Prendete (2017)
Autodefinición: “Música y actriz. De Argentina pal mundo”
Imperdible porque…: tras haber formado parte de Los Cocineros, en 2009 arrancó con una carrera solista que la llevó a vivir en México. Allí terminó de erigirse como referente del grrrl power latinoamericano.
Link: Web Sol Pereyra 

ESCENARIO URBANO

El As!

Origen: Fuerte Apache – 2011
Discografía: Explícito (2012), Revolución Marginal. Mi Arte (2012), Revolución Marginal. Poblado y en banda (2013) y El As! (2015).
Autodefinición: “Esteban Rodríguez es un productor musical, escritor, compositor, beatmaker y rapero”.
Imperdible porque…: es el creador del Rap de las Villas. Hasta 2010 fue parte de FA!, grupo pionero del rap villero y desde su lanzamiento como solista cosechó varios millones de visitas en YouTube. Además se dedica a producir nuevos talentos provenientes de barrios marginales del país.
Link: Web El As!

XXL Irione

Origen: Wilde – 1998
Discografía seleccionada: Eleven su silencio (2004), Ruido cardíaco (2007), Tumberground (2009), Pega duro (2010) y Antifama (2017)
Autodefinición: “Artista urbano argentino, con una fama violenta en el género Rap, Dancehall, y género urbano”.
Imperdible porque…: es uno de los freestylers más importantes del país. A pesar de que las reproducciones de sus videos se cuentan de a decenas de millones en YouTube, sigue siendo un trabajador de una usina termoeléctrica a orillas del Riachuelo.
Link: FB XXL Irione

Dak1llah

Origen: Buenos Aires – 2012
Discografía: Aun no editó un disco, pero lanzó 5 canciones que tienen millones de reproducciones.
Autodefinición: “Las acciones son más que las palabras”
Imperdible porque…: arrancó a rapear a los 12 años en plazas de su barrio y tras lucirse en El Quinto Escalón hoy, con 18, es una de las figuras del trap argentino.
Link: IG Dakillah 

ESCENARIO OTRAS FORMAS

Fátima Pecci Carou

Origen: Buenos Aires – 1984
Autodefinición: “El germen feminista estaba implícito en mi decisión de ser artista”.
Imperdible porque…: combina música, poesía y pintura con un eje combativo. Su impactante muestra “Algún día saldré de aquí”, una serie de retratos pictóricos de jóvenes mujeres argentinas que fueron víctimas de femicidios o que aún se encuentran secuestradas por redes de trata y prostitución, es un ejemplo de su artivismo, en el que concibe sus obras como un acto de militancia.
Link: Web Fátima Pecci Carou 

Juan Becú

Origen: Buenos Aires – 1997
Discografía: 1989 (2017)
Autodefinición: “Transita condensado el derrotero de la pintura moderna, desde la figuración de lo cotidiano a la pintura de carga matérica y la abstracción expresionista”.
Imperdible porque…: es uno de los pocos artistas jóvenes que mantiene la llama de la Nueva Figuración argentina. Desde hace unos años le sumó música a su arte, con canciones propias y covers personales de la escena grunge como Nirvana y Stone Temple Pilots.
Link: Web Juan BQ

Testarosa

Origen: CABA – 2017
Discografía:
Autodefinición: “Imágenes construidas en palabras, la búsqueda de un universo musical desde el arte visual.
Una chica que baila al compas de sus días”.
Imperdible porque…: es el proyecto más nuevo de la grilla. La mezcla que hace de bases simples con voces procesadas promete ser un momento realmente diferente del festival.
Link: IG Testarosah 

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Así suena la primera versión de “Cerca de la Revolución”

Hace exactamente 34 años, Charly García presentaba Clics Modernos en el Teatro Astros. Ese disco, en el que marcó a fuego su relación con la máquina de ritmos (¡la Roland TR-808!) y New York, también significó un despegue definitivo en su carrera solista, tras haber liderado tres bandas icónicas como Sui Generis, La Máquina de Hacer Pájaros y Serú Girán. El álbum salió al mercado en pleno ingreso de la democracia, a fines de 1983, y ya para 1984 (con los aires de liberación soplando en el ambiente) se pautó una serie de recitales en el Teatro Astros, uno de los espacios culturales más relevantes de la porteña Avenida Corrientes. Hasta ahora no había registros sonoros de esa serie de shows, y eso que si hay un artista argentino con un catálogo de grabaciones en vivo (profesionales y no profesionales) lo suficientemente vasto, ese es Charly. Tal es así que en 2017 el escritor y periodista Roque Di Pietro editó por Gourmet Musical “Esta noche toca Charly”, un libro en el que recopila la información que dejó García desde su primera presentación como un infante concertista de piano de 5 años hasta Ferro 1993, el inicio del período Say No More. Y aunque en este material consigue registrar obsesivamente cada uno de los datos de los conciertos, por suerte también tiene fallas. Y uno de esos errores hoy facilitó que salga a la luz más información y, no sólo eso, también el primer registro documental de esas noches. “Hola Roque. Estoy leyendo tu libro y me encanta. Estoy por la parte de Clics modernos y veo que mencionás cuatro funciones en el Astros en abril de 1984 y en realidad fueron ocho”, arranca el comentario que le llega al autor. El comentarista tiene razón y para comprobarlo acerca un afiche en el que se ven las ocho fechas: 19, 20, 21, 22, 27, 28, 29 y 30 de abril en el Astros. Pero además del documento gráfico le acerca a Di Pietro una grabación hecha por él mismo una de esas noches, con “Cerca de la Revolución”, una canción que hasta ese momento era inédita y que unos meses más tarde sería parte de Piano Bar. ¿Quién es el comentarista que hace tremendo aporte? Nada menos que Dario Moscatelli, músico, cantante, productor y recordado por ser el creador de The Sacados, una banda argentina que en los 90’s tuvo un éxito tremendo no sólo en el país sino en el resto del continente americano. Moscatelli vive en Miami desde hace casi 20 años, trabaja junto a gigantes de la música latina como Ricardo Montaner y el Puma Rodríguez, y mantiene viva a su agrupación, ahora con una gira llamada 90’s Pop Tour con más de 50 shows por México y Estados Unidos, junto a otros artistas famosos de aquella década.
“Fui a unos de los primeros shows. Lo ví colgado de la pullman y me volví loco. Sobre todo un tema nuevo que no sabía cómo se llamaba. Unos días después volví al último de la seguidilla, el 30 de abril de 1984, esta vez con un amigo y un grabador chiquito, un notero, que pedimos prestado y así grabé el concierto”, cuenta Darío desde el otro lado de la línea, recordando esos días en los que aun era un adolescente. Así quedó un registro de ese famoso tema nuevo, que era ‘Cerca de la revolución’, aunque en ese momento no la sabíamos. Me impactó mucho la entrada. Telón cerrado, Fito Páez al piano delante del telón y Charly cantando en off la versión lenta de la primera estrofa. Al momento del riff de guitarra, Charly ingresa por atrás, caminando por el pasillo central del teatro tocando el riff con la Rickenbacker roja, tan icónica. Sube al escenario, se abre el telón y tocan la versión normal, la gente se viene abajo. Es la primera vez que la escuchan y se vuelven locos, antes de que termina ya la están cantando. Una energía increíble que pocas veces sentí así en un recital”, rememora. Esos sentimientos que describe Moscatelli son los mismos que se perciben en la grabación que hizo y que a través del coleccionista Rarezas SNM está disponible para escuchar en YouTube. Así descubrimos que la versión original de “Cerca de la Revolución” que le llega por primera vez al público tiene esa intro lenta y también algunas variaciones en la letra. La frase “no elegí este mundo pero aprendí a querer” aún no estaba, canta “los analistas ME podrán entender” y algunos versos están ordenados distinto. García en ese entonces estaba acompañado en escena por un veinteañero Páez (que recién había dejado de tocar con Juan Carlos Baglietto), Alfredo Toth en bajo, Willy Iturri en batería y Pablo Guyot en guitarra. Un verdadero dream team que Charly supo aprovechar y al que le dio un espacio inusual en esos shows. Dario recuerda que esa noche Fito tocó “Tres agujas” y los GIT (Guyot, Iturri y Toth) hicieron “Dos días después” durante una especie de intermedio entre las dos partes del concierto. “Esa banda de Charly era invencible, me impactó mucho. Yo era un adolescente en ese entonces, tendría 18 años como mucho”, asegura Moscatelli, que con el paso de los años se convertiría en artista. No sólo él, sino que también el amigo que lo acompañó a ese último show en el Astros, Gustavo Radaelli, tendría futuro en la música. Ambos formaron The Sacados y luego Radaelli se largó por su cuenta bajo el alias Machito Ponce. Así que sí, estos dos íconos de los ´90 son los responsables de que hoy podamos escuchar esta versión temprana de “Cerca de la revolución”.

Radiohead en Tecnópolis: El presente y nada más

“Este baile es como un arma. Como un arma de autodestrucción, de autodefensa contra el presente. Contra el presente. El tiempo presente”.
(“Present Tense”)

Son las 21:00 horas del sábado 14 de abril de 2018. Estamos en Tecnópolis, un predio gigantesco ubicado apenas a unos metros de la General Paz, la avenida que divide al primer cordón del conurbano bonaerense de la Capital Federal. Mientras allá los vehículos vienen y van, acá en el Soundhearts Festival las luces se apagan y comienza el viaje en nuestra autopista mental, viaje que también nos mantendrá en un delgado borde. Antes de que Radiohead tome definitivamente el escenario suena “Treefingers” ese ambiental instrumental que en Kid A (2000) separa a la calma “How To Disappear Completely” de la huracanada “Optimistic”. Y así será el recorrido de esta noche. A la euforia del público por tener enfrente a la banda más importante de los últimos 25 años le sigue “Daydreaming” y los 40 mil enmudecen para escuchar cada detalle de lo que hace Jonny Greenwood con su piano, de como acompañan con sutilezas Ed O’Brien, Colin Greenwood y Phil Selway, y principalmente, para dejarse llevar por la delicadeza interpretativa de Thom Yorke. El daño está hecho y la verdad te volverá loco, porque es tiempo de mover el cuerpo al compás de “Ful Stop”. Ya estamos sumergidos en una pileta con forma de luna, la misma que se dibuja a las espaldas de los músicos y de la que resplandecen luces que iluminan a todo el predio: A Moon Shaped Pool (2016), el disco que vienen a presentar, está aquí. Durante las 2 horas 40 minutos que dura el show suenan canciones de ese álbum (cinco en total), pero también hay espacio para refrescar en partes iguales los 10 años de In Rainbows, los 15 de Hail to the Thief y, por supuesto, los 20 de OK Computer. Tal vez por eso la primera gran ovación se la lleva “Lucky”, curiosamente la misma que eligió Yorke para estrenar un “Hola” en perfecto castellano. Sobre el escenario Jonny Greenwood se mueve espásticamente y convierte todo lo que toca en arte. En “Pyramid Song”, por ejemplo, hace bowed guitar, o sea toca con un arco de violín su guitarra. O en “The Numbers”, donde otra vez vuelve al piano y con minimalismo permite el lucimiento del otro pilar de Radiohead: Ed O’ Brien. Suena “My Iron Lung” (la única de The Bends – 1995) y parece que todo está en su justo lugar hasta que a mitad del recital y apenas unos segundos después de empezar con “The Gloaming”, Thom lanza un estruendoso “stop”. El silencio se apodera del lugar, algunas luces se encienden y Yorke anuncia que pararon por un problema de seguridad: básicamente la marea humana aplastando a los que están en la valla. Mientras la organización se encarga de solucionar el inconveniente (les lleva unos 15 minutos hacerlo), sucede uno de los momentos más mágicos de la noche. Como un reflejo para calmar la ansiedad, la gente comienza a cantar “Ooooh vamos Radiohead, Radiohead, vamos Radiohead”. Yorke alza el mic y la gente delira, pero unos segundos después lo lleva a su boca y entona la canción incluida en Hail to the Thief a capella. Todos enmudecidos otra vez, mansos, como unas fieras calmadas. El genio sale de la botella una vez más. La furia regresa con “I Might Be Wrong”, “Weird Fishes/Arpeggi”, “Feral” y “Bodysnatchers” las canciones que le ponen el cierre formal al show. El primer bis sirve como una reducida muestra de lo que genera Radiohead: vamos de la agonía de “Desert Island Disk” y “Climbing Up the Walls” al éxtasis catártico de “There There” para volver a caer en “Exit Music (for a Film)” y renacer con el baile desenfrenado de “The National Anthem”. Aquí es donde otra vez Greenwood hace gala de su magia tomando una radio portátil para samplear allí mismo a una emisora evangelista argentina. “Claro que no es fácil involucrarse, porque la buena crianza implica sacrificarse” se alcanza a escuchar al comienzo de la canción. Las luces rojas como ondas de frecuencia en las pantallas nos transportan de nuevo a otro lugar y tras cinco minutos de trance Jonny lo hace de nuevo: “Será el fin de todas las afrentas que impactaron en su vida” se oye entre acoples que finalizan con un “Avenida Corrientes 4070, Almagro” y se pegan con los primeros acordes de “Idioteque”, el falso segundo adiós. La bella “Present Tense” nos recuerda que estamos perdidos en ellos y que con “2 + 2 = 5” y “Paranoid Android” quizás nos encontremos. Así debería terminar el paso de la banda de Oxford por Tecnópolis, pero Thom y los suyos tenían un as bajo la manga que ni siquiera estaba escrito en la lista de temas original del show y que permitió que sonaran canciones de todos sus discos: “Creep” (Pablo Honey – 1993), su clásico de clásicos. Un cierre perfecto que dejó satisfechos a los que querían hits, a los que querían viajar por los lados B, a los que querían escuchar y a los que querían cantar. Aunque en realidad ninguno de esos deseos son relevantes. Tenemos a Radiohead y no necesitamos nada más.

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(Fotos: Facu Suarez)