Me Darás Mil Hijos en Niceto

La cola en Niceto Club daba vuelta la cuadra hasta llegar a Córdoba. Inusual para un domingo de febrero, quizá no tanto para el regreso de Me Darás Mil Hijos. Después de 2 años de anunciar su separación, la banda comandada por Mariano Fernandez Bussy retomó su historia en el escenario de Niceto, con un show mega emotivo de más de 2 horas. 26 temas resumieron los 15 años y 4 discos de la banda, que mantuvo el espíritu colectivo y la herencia popular, y le dio al público una dosis de emotividad y alegría que, en tiempos difíciles, viene bien.

Con Flopa, Fede Falcón, Fermín Cucuza y Gabo Ferro entre otros invitados como apoyo, con la banda en plan engranaje perfecto, con el público encantado con lo que sucedía en el escenario, Mariano Fernandez Bussy brilló. El cantante y compositor no dejó de moverse mientras la banda estuvo en su impasse, y se lo vio aceitado, emocionado y completo. “En su salsa”, se podría decir. Mariano es un combo de tango, folklore, rock y amor. Pura expresión. Un encantador de serpientes sin saberlo. “Fanfarria” dio inicio al show que devolvió al público la oportunidad de ver en vivo a una de las bandas que marcó la década de los 2000 en el imaginario popular. “La Mulita”, “Perro viejo”, “Ojos verdes”, “Siesta”, el recorrido por la historia de MDMH tuvo una mezcla de sensaciones con sus puntos más emocionantes (“Aire”, “Sueños de autostop” y “Por qué te irías”, el cierre).

Santiago Fernandez, hermano de Mariano y guitarrista de la banda que murió el año pasado, fue recordado y homenajeado implícita y explícitamente durante todo el show. Para todos los presentes Santi estaba ahí. ¿Y ahora? La idea de MDMH era hacer el show y luego juntarse a hablar. Debe haber muchos factores que influyen en la decisión que exceden lo que podemos ver desde acá. Lo que sí, si uno se deja llevar por lo que se vivió el 18 en Niceto, la balanza tira al ojalá que vuelvan.

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Enrique Bunbury en el Luna Park: La ceremonia

“Este será un viaje por diferentes etapas”, dijo Enrique Bunbury mientras ponía primera y emprendía una luna de miel que iba a durar más de dos horas. El novio era él: vestido de blanco, pantalón, saco, chaleco. Las novias estaban abajo. Fanáticos y fanáticas de todas las edades delirando ante cada movimiento de este Elvis español que encanta serpientes desde que llegó con Héroes del Silencio y no se fue más.

“Hoy te sientes distinto porque eres distinto”, cantó Bunbury en “Despierta” y se hablaba a sí mismo. Con una puesta de luces impactante y una banda súper potente, su show (que podría conformarse con ser un rosario de viejos hits, pero no) está empapado de nuevos sonidos con influencias que van desde The Black Keys a Babasónicos. Los Santos Inocentes (Álvaro Suite, Robert Castellanos, Rebenaque, Ramón Gacías, Jordi Mena, Quino Béjar y Santi Del Campo) cubrieron y superaron las expectativas porque no son la orquesta de Enrique, son una banda de rock.

Hasta que llegó “Tesoro”, la primera de Héroes, la lista fue acompañada a los gritos desde el campo y la platea: “La ceremonia de la confusión”, “La actitud correcta”, “Porque las cosas cambian” (delirio total) y “Parecemos tontos” (entre otras). Las miradas del público siguieron a Bunbury como punteros láser por detrás de la espalda marcada con una cruz roja, como parte de la estética de Expectativas, convirtiéndose en el blanco ideal de una noche atravesada por la pasión.

Aunque el español ya se cortó el pelo y aflojó con la bijou, muchos de sus fans siguen manteniendo su antiguo look. Pelos largos a lo Pablo Echarri (Inconquistable Corazón de 1995) o Luciano Castro (Jugate Conmigo de 1993), aretes de argolla y sudaderas desfilaban por el Luna como una postal viviente de dos décadas atrás. También había veinteañeros (¿habrán llegado con Pequeño Cabaret Ambulante (2000), se habrán enamorado de Hellville de Luxe (2008)?) y niños, como corresponde a un clásico que abarca varias generaciones.

Él mismo llamó “los tiempos prehistóricos” a aquellos en los que nació “Héroe de leyenda”, para después tirarse de cabeza entre la gente, cantarle a los celulares prendidos de frente,  contonearse como si no hubiera un mañana y el ayer no fuera tan extenso. Luego se fue con “Maldito duende” y volvió con el sombrero puesto  para “Que tengas suertecita”, “El extranjero”, “Infinito”, “Sí”, “Lady Blue” y “La constante”.

Así como en El camino más largo (documental que muestra todo sobre la gira por Estados Unidos del artista y los Santos Inocentes en 2010) se puede ver cómo los músicos siembran, en esta noche del Luna lo que se vio fue una cosecha. El chaleco blanco terminó sudado, el pantalón arrugado, el sombrero ladeado, y el artista-hortelano se fue con el corazón lleno de aplausos. Dicen que quien siembra un carácter, cosecha un destino, y el de Bunbury está sellado con el de su gente de todo el mundo.

 

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Fotos: Diego Quiroga.

Daniel Melero en La Tangente: Ser diferente

Si se preguntan por el final de esta historia, no lo hay. Pronto partirán. No regresaron. (“Viaje Peligroso”)

Vital y carismático, Daniel Melero presentó su último disco, Cristales de Tiempo, el jueves en La Tangente. En este nuevo álbum consiguió una lograda atmósfera, letras que navegan entre efectos fantásticos y científicos y canciones bellas propias del universo melereano. El clima de la obra es el que experimentó el público en vivo en el local de Palermo durante la hora y media que duró el show. “MK Ultra”, “Así asá”, “Guante de astronauta”, “Disfrutar”, “El objeto” y “Mujeres de fuego” se intercalaron con clásicos como “Sangre en el volcán”, “Trátame suavemente” y “Líneas” (Los encargados, Silencio, 1986) y “No dejes que llueva” (Conga, 1988). Pero hubo dos que se destacaron: “Besar” (Después, 2004) y “Expreso Moreno” (Tecno, 2000). Fiel a su estilo, Melero demostró una vez más que ese antena con la que capta el talento joven no le falla. No solo por el seleccionado emergente que lo acompaña, sino también por la elección de la banda que abrió la noche: Susi Pireli. Sorpresa, la Susi no es una sino dos mujeres (Paula Trama guitarra y voz, de Los Besos, e Inés Copertino en teclados, programación y coros, de Amor Elefante) cuyas canciones gestaron un ambiente justo para la llegada del padre de la electrónica argentina. Lo dicho, Daniel Melero es uno de esos próceres que todavía tenemos para disfrutar. Un músico que no para de crear (el año pasado lanzó tres discos) y que está en gran forma vocal y artística. No lo olvidemos. Porque sí, ¿qué es la vida sino un viaje peligroso?

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Texto: Andrés Cavalotti
Fotos: Joaquín Amoia

Charly García en el Coliseo: Gozar es tan parecido al amor

El lobby del Teatro Coliseo se llena rápidamente. Afuera, un joven lleva a su novia con los ojos vendados y un cartel que reza  “Voy a ver a Charly y no lo sé”. Cuando llegan a la puerta, y ante la mirada atenta de un grupo de curiosos, el chico le quita el pañuelo y le dice: “Feliz Día de los Enamorados”. Ella lo besa y se pierden entre la gente.

Arriba, en el súper pullman, Fito Páez abandona su butaca para ir a estrecharse en un abrazo con Oscar Ruggeri, el mismo que en 1986 alzó la copa del mundo al ganar, con la Selección Argentina de fútbol, la final de México. Muy cerca, Sergio Maldonado (hermano del fallecido Santiago) recibe abrazos y aliento de un grupo de desconocidos. Ahora, sí, en la próxima escena aparece él: Charly García.

Unos cuantos minutos antes de las 9 de la noche se pone en marcha la máquina de ser feliz. Vestido de negro, con lentes oscuros  y un sombrero a lo cowboy, Charly hace sonar los primeros acordes de “Instituciones”,  de Sui Generis. A esta altura las butacas ya son un decorado y nadie más se quedará sentado en lo que resta del show denominado La Torre de Tesla.

Con delantales blancos y en contraste con el líder de la tropa, la banda conformada por Rosario Ortega, Fabián “Zorrito” Von Quintiero y los chilenos Kiuge Hayashida, Carlos González y Toño Silva. De fondo, una escenografía que recrea una torre con electricidad en línea con el nombre del show (la famosa Torre de Tesla fue una torre-antena de telecomunicaciones inalámbricas, un invento único para su época que funcionó desde 1901 a 1917).

La lista se pone interesante: “Cerca de la revolución”, “La máquina de ser feliz”, “Rezo por vos”. Y las emociones ya estaban destinadas a no aplacarse en toda la noche. Con “Rezo…”  se reflota el recuerdo de García y el Flaco Luis Alberto Spinetta juntos y componiendo  una de las más exquisitas piezas del cancionero nacional.

“Esta canción está dedicada a Tesla y ustedes dirán ´¿quién mierda es Tesla?´”, dice Charly  y enloquece con “Yendo de la cama al living”. Tesla, al igual que Charly, fue un inventor, el primero creó algo que el segundo también aplicaría: un sistema para transmitir energía sin cable.

Se suceden canciones como “Reloj de plastilina” y “Rivalidad”, y sobre el final de este tema,  Charly aprovecha para retomar su costado más autorreferencial. “Mirá lo que hago con la rivalidad”, suelta y aparece en loop la imagen de él tirándose a una pileta desde el piso 9 de un hotel en Mendoza, en el lejano año 2000. Después de sortear varios problemas de salud, los presentes celebran que a los 66 años, Charly esté de vuelta en un escenario y lejos de los novenos pisos.

Mientras tanto, desde el primer piso (no de un hotel mendocino sino del Teatro Coliseo), Fito Páez enloquece en cada canción, canta y aplaude como un fan, como un amigo, como alguien que fue parte de la banda en épocas de Piano Bar, cuando tenía tan solo tenía 21 años. Es probable que se haya despertado algún recuerdo al escuchar “Demoliendo hoteles”, una de las canciones que formó parte esa placa. Con ese tema llega el intervalo, Fito parte y minutos después Charly vuelve a salir a escena con “Los dinosaurios”, un retrato demoledor de tiempos oscuros de dictadura. Así se suceden “No importa” y “Fanky”.

Cuando se siente llegar el final, el Zorrito deja su teclado, cruza el escenario y le habla a Charly al oído. Vuelve dichoso a su sitio, mientras García se acerca al micrófono: “El Zorro me convenció”. Suena “Nos siguen pegando abajo”, baja el telón y las butacas continúan vacías mientras el público de pie no deja de corear los clásicos del artista, aunque él ya no esté para escucharlos.

 

Cosquín Rock 2018 – Balance en las sierras

80 mil personas de todo el país viendo 150 bandas repartidas en 5 escenarios durante 48 horas con cerca de 100 medios periodísticos haciendo sus coberturas y miles de usuarios siguiendo la transmisión en vivo por Internet. Cosquín Rock es sinónimo de exceso de música, por momentos se hace inabarcable (al menos hasta que pongan un puesto de clonación), pero nunca deja de ser una buena oportunidad para saber, año tras año, dónde está parado el rock argentino y hacia dónde va este festival que achicó su cantidad de jornadas mientas se expande por toda Latinoamérica.

Un festival diurno
En una entrevista reciente con Soy Rock, José Palazzo reveló que el gran desafío para esta edición era que el público entrara más temprano (“que a las 8 de la noche esté el 100% adentro”) y lo logró, porque cuando salieron a tocar Las Pelotas en medio del sol, el predio ya era un hormiguero. Fue clave la inclusión de Ciro & Los Persas en el medio de la grilla, y no como cierre de jornada, lo que demuestra que si el festival propone, la gente responde. ¿Se podrá ir un poco más allá? Poner a un Skay Beilinson a las 6, por ejemplo. En Europa y Estados Unidos, los números centrales están más temprano y en la madrugada hay DJs y fiestas electrónicas para los más trasnochados.

Los clásicos
Los que tienen la vaca atada, los que saben que siempre tendrán un lugar asegurado en el prime time de la grilla, tienen dos caminos a seguir: arriesgar un poco o mantener el status quo. ¡No vaya a ser que pierdan lo ya conquistado! En ese panorama, Guasones sorprendió con un show de rock potente y elegante, sin recurrir a sus hits cancioneros radiales (“Down”, “Reyes de la Noche”), vestidos de gala, con una nueva formación, ya asentada, en la que brillan las guitarras de Maxi Tim y Mati Sorokin. Los Gardelitos, por su parte, a pesar de pertenecer a una escena a veces denostada, hizo un esfuerzo por proponer algo distinto, con orquesta de tango, bailarines, inflables y dándole un espacio a María Riot y Georgina Orellano, dos militantes feministas que leyeron un discurso muy acorde a los tiempos que corren. “Si el rock pretende ser verdaderamente revolucionario, tendrá que abrazar al feminismo”, completó Eli Suárez y demostró que está con las antenas paradas. Después están los que no se corren demasiado de lo que se espera de ellos, como Andrés Ciro, que no varió mucho su lista de un año a otro, cuando tiene una obra enorme a disposición para meter mano.

La renovación
Una de las mayores críticas que se le hace a este tipo de festivales es la falta de renovación en su programación, olvidándose que, en realidad, son un reflejo del gusto general del público. El desafío, en todo caso, está en combinar lo popular y rentable (los artistas que garantizan corte de tickets) con propuestas distintas o en ascenso. De hecho, en los espacios de Quilmes Garage y Universo Geiser, se pudo ver que el rock argentino goza de muy buena salud gracias Octafonic, Todo Aparenta Normal, Banda de la Muerte, Louta, Perras On The Beach, Usted Señálemelo, Indios, Lo Pibitos, Bandalos Chinos, por nombrar algunos. Que se cuelen en el principal dependerá exclusivamente de su crecimiento masivo. De hecho, Sueño de Pescado y Él Mató a un Policía Motorizado son dos ejemplos, opuestos estilísticamente (¡aunque de la misma ciudad: La Plata!), de conquista del mainstream.

Los de afuera
Hubo alguna queja por lo bajo que sonó Creedence Clearwater Revisited, pero así tocan ellos, ya no tienen la energía de los años 70 porque su baterista original Doug Clifford tiene justamente 70 años. Además, siempre estuvieron más cerca de Bob Dylan que de AC/DC. El público los adoró (“Olé, olé, olé, olé, Creedence, Creedence”) y ellos regalaron una lista imbatible: todo el mundo alguna vez escucho ESOS temas de Creedence. El otro crédito internacional, The Offspring, que no está de gira latinoamericana y fue a tocar exclusivamente a Punilla, es como una hamburguesa de la M dorada: conocida, efímera y rendidora. Y Residente, el puertorriqueño radicado en Nueva York, ya divorciado de Calle 13, dejó la certeza de que, más allá de la venta de humo y bajada de línea constante, sabe cómo entretener y hacer bailar a la multitud. No es poca cosa.

Los temáticos
El primer día del Escenario Temático fue dedicado al reggae, con Los Pericos, Los Cafres, Dancing Mood y el cantante jamaiquino Don Carlos, cuyo micro volcó a la altura de Bell Ville y dejó 5 miembros del staff con heridas leves. ¡Gracias a San Marley! La segunda jornada fue metalera y el mejor momento se vivió cuando 3/4 partes de Hermética, o sea Malón, revivió Ácido Argentino (1991) de punta a punta, más algunos clásicos de la H. Las letras que escribió el Ricardo Iorio más urbano (que no participó de esta reunión) suenan más vigentes que nunca en un contexto de crisis económica y desocupación.

El clima
¿Es una maldición de la sierra o qué cuernos? “En Cosquín Rock siempre llueve” es una de las frases de cabecera de todos los que trabajan en el festival. Esta vez, hizo suspender el show de Las Pastillas del Abuelo media hora después de haber arrancado. En la segunda jornada, la temperatura bajó a los 8 grados durante la noche. Estar en medio de la montaña tiene su encanto y no tanto. Sólo para valientes.

El color
Una feria gastronómica cada vez más grande, deportes extremos, La Casita del Blues, conciencia ecológica, un VIP a todo trapo y puestos de hidratación y descanso, hicieron que recorrer el enorme predio sea una excursión más en medio de tanta música y escenario.

Texto: Pablo Mileo

Las mejores imágenes de Cosquín Rock 2018 a cargo de Facu Suárez.

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Creedence en el Luna Park: Puse un hechizo sobre ustedes

Hace exactamente 50 años atrás el baterista Doug Clifford y el bajista Stu Cook le daban vida a Creedence Clearwater Revival, una de las bandas fundacionales del rock de raíces norteamericanas. No estaban solos, claro. John Fogerty y su hermano Tom pusieron voz, guitarra, letra y música para crear un éxito tan único como efímero: CCR duró solo 4 años, y para octubre de 1972 el cuarteto ya estaba acabado. Ese corto tiempo de existencia alcanzó para generar un legado musical dentro y fuera de Estados Unidos. Artistas yanquis como Bruce Springteen y Dave Grohl reconocen su influencia, mientras que en Latinoamérica El Tri y Callejeros dieron sus primeros pasos haciendo covers suyos. Después de una disputa legal que llevó muchos más años que la vida misma del grupo, en 1995 Stu y Doug pudieron sacar a pasear por el mundo sus canciones, pero ahora bajo el nombre de Creedence Clearwater Revisited. Bajo esa denominación el quinteto (dos guitarras, bajo, batería y teclados) vino cinco veces a la Argentina, en todas con John Tristao como cantante. Por eso su ausencia (y la presencia de Dan McGuiness) resulta lo más llamativo de esta vuelta al estadio Luna Park. El nuevo vocalista tiene una voz más limpia, muy lejos del registro vocal de Tristao cuyo sonido recordaba a Fogerty y por ende al CCR que todos tenemos presente. Pero con el correr de las canciones se agradece la prolijidad de McGuiness, como así su simpatía y la forma que tiene de acercarse al público. Dice lo justo y necesario. Alguna palabrita en español, sí, pero sin demagogias ni expresiones exageradas. Cook y Glifford se ríen, hacen chistes sobre su edad (ambos tienen 72 años) y le muestran a todos los presentes que todavía queda mucho hilo en el carretel. En una época donde el retiro voluntario está de moda (véase los recientes casos de Paul Simon, Elton John y Lynyrd Skynyrd, por citar algunos ejemplos) no es un dato menor. La lista de temas es un grandes éxitos de 19 tracks: “Born on the Bayou”, “Green River”, “Lodi”, “Commotion” y “Who’ll Stop the Rain” se suceden casi sin pausa. Como es habitual es en “Suzie Q” donde el quinteto pela esos artilugios tan típicos del estilo que ayudaron a crear. El guitarrista Kurt Griffey, un experto en esto de acompañar a “dinosaurios” del rock como The Eagles, Foreigner y Journey, representa la sangre más joven del grupo y camina de una punta del escenario a la otra sin dejar de solear, mientras arranca la primera ovación de la noche. Steve Gunner bate una pandereta para después meter mano en un largo solo de teclado. Doug le da a los parches con precisión y elegancia. Stu también tiene su momento a solas con su bajo, en una interpretación de casi diez minutos.

Luego de “Hey Tonight” otro momento ícono de este tipo de recitales: la tan mentada presentación de la banda. Aplausos por doquier (en esta ganó Cosmo por afano) y más experimentación controlada en “Long as I Can See the Light” y “I Put a Spell on You”. ¿Cuál será el hechizo vertido sobre el público presente esta noche? Hay que ver a ese señor de 70 y pico (quizás) bronceado por el sol de Quilmes revolear las piernas junto a una pareja ocasional de baile, o a esa setentona con el physique du rôle de una maestra de geografía de Caballito cantar a los gritos, o a ese hombre medio canoso que bien podría ser encargado de una gomería en Munro abrazar emocionado a su hijo para entender que la sinergia entre el “mejor público del mundo” y CCR funciona de una forma misteriosamente perfecta. En “Down on the Corner”, “Lookin’ Out My Back Door”, “I Heard It Through the Grapevine” y “Midnight Special” vuelven a combinar golpes directos con momentos de fina digitación, en los que Griffey demuestra que su estilo está más emparentado con el hard rock que con el sureño country del grupo. La tríada “Bad Moon Rising”, “Proud Mary” y “Fortunate Son” pone al Luna Park de pie, las parejas que danzan rock se multiplican y el ochentoso “Oooooooouuoooo” no se hace esperar. La banda se retira y vuelve unos minutos después, cerveza en mano, para el grand finale. “Esta es una imagen que el mundo tiene que ver” clama Stu Cook y procede a hacer una (seguramente fuera de foco) selfie con el Luna a pleno detrás. Con “Have You Ever Seen the Rain?”, “Travelin’ Band” y “Up Around the Bend” Creedence dice “adiós, volvemos pronto”. No importa que la lista sea casi calcada a las últimas cinco veces: por el bien del rock es necesario que cumplan con su promesa y no se alejen tanto de nosotros.

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Fotos: Facu Suárez

Rock en Baradero Día 3: A vivir que son tres días

Las banderas ondearon bajo el sol y la luna en un domingo caliente. La temperatura volvió a superar los 30 grados durante la tarde, pero no fue un impedimento para que las bandas llegaran y se instalaran en Baradero hasta el final.

La noche negra y llena de estrellas fue el marco perfecto para Guasones, con su ritmo magnético y un Facundo Soto que brilló otra vez como uno de los mejores frontman de su escena. La madurez, la experiencia y un bagaje de hits hicieron de este show el cierre perfecto para un festival que expuso a frescos talentos al público masivo y confirmó nuevos clásicos.

Más temprano, De La Gran Piñata había explotado su artillería de rock pesado-cuidado al que los estadios le van quedando cada vez mejor. Durante la tarde noche del domingo, algunos desorientados se sorprendieron con el agite de Sueño de Pescado, y es que la banda de La Plata no puede más de romperla en el escenario con canciones directas y un público que crece fecha a fecha. El entusiasmo justifica (¿o no?) el recurso del cantante Manuel Rodriguez de prestar el micrófono al canto de la hinchada cada vez que se acerca un estribillo.

La caída del sol había venido acompañada del reggae posmoderno de Zona Ganjah. Los más valientes se apostaron al frente para vibrar un ritmo que, de forma literal, te atraviesa con un bajo súper denso y potente. La caída del sol también trajo el último proyecto de Piti Fernandez que, en paralelo a Las Pastillas del Abuelo, apuesta a Conmigo Mismo. Con este nuevo estilo folk reversionó clásicos del rock argentino como “Ayer nomás” (de Los Gatos) y “Génesis” (de Vox Dei) , para luego recibir al Mono Fabio de Kapanga (que está fascinado con la nueva etapa de su colega).

Si hubo rock and roll, si hubo reggae y canciones, si no faltaron las bandas revelación de los últimos meses, si estuvieron los iconos y se descubrieron nuevos sonidos. Si salió el sol y las noches fueron cálidas, si fueron tres días de alegría y música, entonces Rock en Baradero 2018 fue un gran festival.

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Fotos: Gentileza Prensa Rock en Baradero

 

Rock en Baradero Día 2: Desprejuiciados son los que vendrán

Un cantante con una máscara verde y un chaleco salvavidas. Otro vocalista entona adentro de un globo mientras le vuelan papelitos. Otro más salta en un movimiento circense y canta una canción que habla de la locura. Una corista baila enyogizada rodeada de sus rubios cuatro hermanos. Un actor y cantante cambia de voces para interpretar distintos personajes en medio de una canción. Una psicóloga rapea una letra sobre la violencia de género y hace aplaudir a los chabones del conurbano más profundo. Estas son solo algunas de las imágenes que dejó la segunda jornada del Rock en Baradero, en una grilla que unió sutilmente a gran parte de los mejores performers de la escena actual. Allí estuvieron entonces Juan Mango, de Ud Señalemelo, Louta, Los Caligaris, los hermanos Andersen de El Plan de la Mariposa, Julián Kartún de El Kuelgue y Miss Bolivia respetando el orden de las situaciones planteadas más arriba. Sin olvidarnos, por citar algunos, de Perras on the Beach, Cruzando el Charco, Lo Pibitos y Bandalos Chinos, también diseminados en los dos escenarios en los que transcurre el festival. ¿Nació un nuevo rock argentino? Sí, y era necesario tenerlos a todos juntos, en un encuentro donde puedan medirse (y sumar fuerzas) con artistas masivos y populares como en este caso La 25, Kapanga, Cielo Razzo, Turf, Nonpalidece, Boom Boom Kid y Coti, para comprobarlo. La experiencia de mezclar a la piba de brillitos en la cara con el flequillo más tupido del barrio resultó súper positiva, aunque hubo, claro, oídos más abiertos que otros. Finalmente lo más importante son las canciones y, con matices, de las buenas sobraron. Basta con repasar algunas de las que sonaron ayer: “Aguetas” (de Ud Señalemelo); “Circunvalación” (de El Kuelgue); “La crudita” (de Kapanga); “Asado y fernet” (de Los Caligaris); “Dije tu nombre” (de Bandalos Chinos); “I do” (de Boom Boom Kid); “Cruz de sal” (de La 25); “A mil” (de Cruzando el Charco); “Magia blanca” (de Turf), “Luna” (Cielo Razzo); “Tomate el palo” (de Miss Bolivia); “Mar argentino” (de El Plan de la Mariposa) y “La flor” (de Nonpalidece); “Antes que ver el sol” (de Coti). En una nota publicada en 2016 en el diario La Tercera de Chile, dos periodistas trasandinos plantaron la hipótesis de un rock argentino en crisis, sumergido “en un espiral de escasez creativa”. Ayer quedó demostrado que la capacidad exportadora de Argentina está intacta. El éxito de Los Caligaris en México, hacia donde también está va Cruzando el Charco, las constantes giras internacionales de Kapanga y Miss Bolivia y la presencia en el Lollapalooza local (que debería catapularlos a ediciones y festivales similares en otros países) de Louta, Ud Señalemelo, El Plan de la Mariposa y Perras on the Beach son la prueba de eso. Una vez más al gran nuevo rock argentino, salú.

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Rock en Baradero Día 1: Unione y Benevolenza

“Hoy es un día muy feliz para mí, después de 25 años de conocerlo tengo mi foto con Ricardo Iorio”. Corvata está exultante sobre el escenario del Rock en Baradero. Antes de subir a tocar, mientras Attaque 77 hacía lo suyo, el líder de Carajo y el ex V8 se encontraron, charlaron un ratito y regalaron una imagen que 25 años atrás hubiera sido imposible ver. En aquellos años A.N.I.M.A.L. y Almafuerte se disputaban el cetro del metal argento, y quizás por eso Iorio denostaba permanentemente al grupo que Corvata compartía con Andrés Giménez y Andy Vilanova. Los tiempos cambiaron y los Carajo (cuyo show estuvo basado en esa especie de grandes éxitos que es Hoy como Ayer) lo resumen con una frase: “Antes había rivalidad y celos, pero ahora hay unión, pasión por lo que hacemos, que es la música”. En esa línea Mariano Martínez saludó a Eruca Sativa, Massacre, Huevo y Pez, las bandas que precedecieron a Attaque 77 y pidió que se queden a ver al “gran” Ricardo Iorio. Le faltó aclarar que después que suenen los acordes finales de “No me arrepiento de este amor”, la canción que cerró su extra hitero set, era el turno de Carajo. Lo notó cuando ya había arrancado el cover de Gilda, pero eso no fue problema. Mariano paró todo para aclarar que ahora tocaban “nuestros amigos de toda la vida, los Carajo”. Más allá de la camadería reinante hubo muchos puntos altos para destacar. Ante todo la organización y disposición de los escenarios. Terminaba un set en el principal e inmediatamente la acción pasaba al secundario, que estaba a unos pocos metros de distancia. Eso permitió que la atención jamás se disipe y que más allá de las atracciones centrales, el público del Rock en Baradero pueda ver otras propuestas. Después de los shows de Sebastián Pacini, Nokreo Experimento y Viva Elástico, Roma mostró lo mejor de esta nueva faceta, en la que su sonido metal melódico le abrió paso a una especie de reencarnación barrial. Bienvenidos a su vida “2.0”, canción con la que abren Lo que tenga que ser (2017), su último disco.  Inmediatamente después Todo Aparenta Normal demostró una vez más de que está hecho: distorsión, buen juego de voces y buenas canciones con climas diversos, como en el momento en el que juntaron “Porno Rock” y “Jinetes”. Pasó Helker con una propuesta metalera clásica, que chocó de frente con el funky rabioso de Virtual Frizz, una de las revelaciones de la primera jornada. El Buen Salvaje confirmó su gran momento y arremetió con una versión de “La Rubia Tarada”, junto a Luciana Segovia, la cantante de Cirse. Una versión potente con una lectura sorprendente para un tema que ya fue revisitado muchas veces. Bestia Bebé luchó contra la apatía con una lista que repasó en partes iguales su discografía. Desde “El más grande de todos” de Jungla de Metal (2015) a “Otro villano más” de Las pruebas destructivas (2017), sin olvidar, claro “Omar”, “Lo quiero mucho a ese muchacho” y “Wagen del Pueblo”, de su aclamado álbum debut, ese que los puso en el lugar en el que están.

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“Perón cumple, Evita dignifica” decía el cartel puesto al costado de la batería de Franco Salvador. La cita no es casual, más allá de la conocida simpatía de Ariel Minimal por el peronismo, Pelea al Horror, el disco que editó Pez en 2017, es una banda sonora de los tiempos que vivimos a nivel político. Una lista que gravitó por los primeros trabajos del cuarteto que completan el bajista Fósforo García y el tecladista Juan Ravioli. La inclusión de “Los días poderosos” trajo luz y lo mejor de esta etapa de su camino sonoro iniciado en 2014 con El manto eléctrico. La otra gran revelación de la fecha fue Huevo. La banda que lidera Julián Baglietto apareció entre Pez y Massacre, con una buena afluencia de público que pudo ver lo mejor de sus canciones y confirmar que son uno de las números  emergentes más interesantes de la escena. Veáse (o escuchase en este caso) “Cabra adolescente” y “Un día en Serrano” para corroborarlo. Massacre por su parte hizo lo de costumbre: un compilado con lo más selecto de sus 30 años de historia, todo mechado con las infaltables frases hilarantes de Walas. Eruca Sativa, con una buena cantidad de público propio, hizo hincapié principalmente en Barro y Fauna (2016), con canciones como “Abrepuertas”, “Inercia” y “Japón”. “Celebramos todas las bandas que están hoy acá, celebramos la música”, afirmó Lula Bertoldi antes del folk rock power de “Somos polvo”, uniéndose así a lo que manifestaron Attaque 77 y Carajo, las dos bandas que tomaron los escenarios antes de la llegada de Iorio. Una presentación muy esperada, la primera luego del incidente del fin de semana pasado con un policía en Sierra de la Ventana, que derivó en una detención y una causa abierta por amenazas calificadas con exhibición de arma de fuego y resistencia a la autoridad. Ricardo subió muy maltrecho a escena, con un yeso en su brazo izquierdo, una gasa cubriendo los puntos de sutura en su cabeza, un ojo morado y muy disminuido vocalmente. Esto último fue lo que atentó contra su presentación en el festival. Sin hacer referencias al hecho (a excepción de un ¿irónico? “Soy facho, amigo de la yuta”), las canciones se fueron sucediendo sin la habitual incontencia verbal del vocalista, quien estaba visiblemente contenido. “Esta banda que me acompaña, que se llama como yo, cosa que tendría que haber hecho cuando tenía 25 años”, dijo Ricardo en los días previos sobre este conjunto de músicos (muy jóvenes, por cierto) que lo rodean en escena hoy. Ellos fueron los que llevaron adelante el show que repasó gran parte de lo que cosechó Iorio en Almafuerte, junto con clásicos de Hermética como “Memoria de siglos”, “Robó un auto”, “Atravesando todo limite” y “Tu eres su seguridad” y algo de su parte solista, donde brilló Carina Alfie como guitarrista invitada. Con esta nueva banda, el ex V8 registró unas 17 canciones los estudios Del Abasto y en San Rafael, Mendoza, que serán parte del álbum que editará en 2018, y un show como éste deja entrever que prevalecerá la potencia en el resultado final. El Rock en Baradero sigue hoy con los shows de La 25, Kapanga, Cielo Razzo y Nonpalidece, ente otros, y el domingo con Guasones, De la Gran Piñata, Nagual y Sueño de Pescado como principales atracciones.

Fotos: Gentileza Prensa Rock en Baradero

Hipnótico y divertido

“Funny and hypnotic”. Así estuvo el show de Radnor & Lee. ¿Por qué en inglés? Porque después de la hora y pico que dura el recital, uno quiere ser amigo de Josh (Radnor) y de Ben (Lee), y charlar con ellos, y felicitarlos, y decirles así. El show estuvo divertidísimo e hipnótico, amigos.
Creyendo que iba a ser fácil, la mitad de esta nota estaba escrita desde antes de ver el show. Claro, un recital de un dúo formado por el protagonista de una serie súper exitosa y un músico y productor australiano, una guitarra y ya. Un disco recién editado, primera vez en el país… Todo iba más o menos por una vía, hasta que se apagaron las luces y sonaron los primeros acordes.
Josh Radnor. Ted Mosby en “How I Met Your Mother”. Romántico, inocente y buscador empedernido de una mujer que lo enamore. Ted Mosby, no Josh Radnor. Actor, productor, escritor y director. Josh Radnor, no Ted Mosby. Ben Lee. Australiano. Músico, ex Noise Addict, 11 discos solistas en su carpeta. Protagonista de su propio documental, productor. Juntos: Radnor And Lee.
El primer tema que tocaron fue, según contaron, el primero que escribieron. “Wider Spaces” dio el indicio de lo que iba a ser la noche: diversión, emoción, risas, confianza. El Roxy Live, casi lleno, se veía totalmente enamorado de lo que sucedía en el escenario. Si mirabas a los músicos (solo dos, ellos dos, a veces con una guitarra y otras un par), los veías pasándola bien, haciendo lo que les gusta, disfrutando mucho el momento. Entre Radnor y Lee hay una química incalculable, son graciosos y espontáneos. Entre ellos y el público hay simple y llanamente amor y admiración. Mutuos.
Durante un poco más de una hora, R&L recorrieron su álbum debut (que se publicó hace menos de 3 meses) y también adelantaron algunos temas de lo que será su próximo trabajo. Con algunas equivocaciones en las letras, con risas coladas en las canciones, con la declaración de que la perfección es innecesaria y con el pedido de que los errores se aplauden. Todos.
Josh, además, homenajeó a Mercedes Sosa y se animó a tocar solo un tema que se llama “Wait”, compuesto sobre un poema de Galway Kinnell, un profesor de literatura que le escribió a su alumno que se quería suicidar.
En una especie de íntimo e interactivo, los músicos contaron sobre su amistad, cómo empezaron a trabajar juntos, sobre la composición de los temas, sobre sus 5 shows en Brasil y sobre su primera gira, ésta. La charla con el público, la imperfecta belleza de sus canciones, la nota humorística en el momento justo, el error celebrado, la humildad desde el escenario: todo hizo que el público se sientiera como en casa.
“Tenemos temas arriba y temas abajo”, o algo así, aclararon a mitad de camino. Lo cierto es que un remolino de emociones ocurre en todo momento. Después de celebrar la carne argentina, (“We just have the best steak ever”), de mencionar el mate, a Sumo, a Sui Generis, después de mostrar la bandera celeste y blanca, de contar que vinieron porque nosotros lo pedimos, de dejar muy muy en claro que quieren volver, después de cantar y bailar y sentir sus canciones, el show terminó con R&L entre el público, cantando sin micrófono, bien cerca de la gente, celebrando la comunión, disfrutando como nunca, dando un indicio más de que para ellos también fue una gran noche.

Foto: Gentileza Iván Pinto, The Roxy.