Eté & Los Problems en Uniclub: Cuidemos este amor

Uniclub brindaba algo del fresco que afuera no había. En el Abasto el calor es siempre un poco más pesado, pero la cantidad justa de gente dentro del local, las bebidas y los ventiladores amenizaban la noche veraniega. Puntualísimos, prolijísimos, entusiasmadísimos, los uruguayos Eté & Los Problems abrieron su show con “El incendio”, primer tema del disco, que anticipa lo que va a ser el tópico denominante en el resto de las canciones: “Yo creo que es mejor seguir moviéndome”.

El recorrido de Ernesto Tabárez y compañía durante la noche fue acelerado, constante y armonioso: la emoción de cada tema, las historias sobre cómo se compuso alguna canción, la compañía en voz y vida de Juan Pablo Fernández (Acorazado Potemkin), la cercanía con el público, con los que estábamos ahí, un poco fans, un poco amigos.

“Los Muertos”, “Ruta 8”, “El éxodo”, ”El futuro”, la banda recorrió gran parte de su trabajo convenciendo a los asistentes, inclusive a ellos mismos, que desde la primera vez hasta la última hay un camino rocoso, desafiante. Desde aquella, la primera de El Éxodo, a esta, la última (al menos en los papeles), Eté & Los Problems no dejaron de moverse, como reza “El Incendio” y como lo demostraron el viernes.

La maravillosa “Jordan” llegó en el momento justo en el que el público la necesitaba: la esperaba pero fue sorpresa, cayó de golpe, la cantó el 100% de los asistentes y le puso la firma al veredicto: Qué gran letrista es Tabárez. La construcción de la escena en la canción cala hondo, y “Jordan” será himno hasta el fin del universo.

Cerraron la noche con temas de su disco anterior, “Vil”, y ahora la banda se prepara para un nuevo camino: el cuarto disco. Aunque Ernesto ya lo venía trabajando (como nos contó acá) la disposición ahora es otra y Los Problems atacan. Por eso despiden El Éxodo. Aunque despedirse de un disco es algo extraño para algunos, porque los discos no se despiden. Se quedan. Se pueden volver a escuchar, a tocar, a sentir. Los discos son eternos, las canciones también. Por más que lo despidas y que hagas nuevos, los discos quedan. Y El Éxodo es uno de esos que nunca pierden vigencia.

Foto: Gentileza Florche Duré

Los hermanos Pertusi revivieron a De Romanticistas Shaolins

Mala Difusión fue un sello que se encargó de difundir buena parte de la movida under de la escena punk en Argentina, a fines de los 90′,  a través de compilados que mezclaban bandas que daban sus primeros pasos, con otras de mayor trayectoria. De Romanticistas Shaolins fue uno de los grupos participes de estas recopilaciones y fue el proyecto musical con el cual Federico Pertusi decidió salir del ostracismo para rescatar las canciones de Attaque 77 pre Dulce Navidad, época en la que él era el cantante. En el 2007 dieron su último show en Unione e Benovolenza y nunca más volvieron tocar en vivo. Gustavo Tanusi, responsable del sello, armó una fiesta para celebrar los 20 años de su creación y logró que Fede Pertusi saliera por un rato del estudio de grabación y volviera a juntarse con sus antiguos compañeros, con la sorpresiva presencia de su hermano Ciro Pertusi, en la voz y guitarra. “Fede Pertusi odia tocar y yo soy fan de la banda. A pesar de que editamos todos sus discos, es la banda más complicada”, contó Tanusi en la previa al sitio web Silencio.

Esto ocurrió el viernes pasado en un Uniclub con entradas agotadas. Pichones y Chino Vera (ex bajista de Attaque 77) fueron los encargados de la apertura. Para dar lugar a Romanticistas que comenzó su show con “Interno (No creo en volver a verte”) y “Una vez (Looser Satanás)”, de Mexicaneándonos con Juan Novoa en la voz, quien grabó ese disco y hoy forma parte de Pelea de Gallos y sigue tocando varias de esas canciones. Gran parte de la lista de temas se centró en “A Dónde Vas, eh?!”: “Alas Para las Gloria”, “Procedentes”, “Amor Zero”, “Chucrut (Soy muy feliz)”, “Religionaré” y “Siempre en Vanidad” (estas últimas dos forman parte del repertorio habitual de Jauría). Fede y Ciro se fueron repartiendo las voces y al ex líder de Attaque 77 se lo vio en buena forma, a pesar de que hace tiempo no realiza un recital completo, por una operación en la garganta que  lo tiene alejado de las tablas.

Las sorpresas no terminaron ahí: sin previo aviso Cadena Perpetua asaltó el escenario con un sonido demoledor para demostrar que no hay banda punk argentina que suenen más ajustados que ellos. El final estuvo reservado para el grupo de Stuka, guitarrista de Los Violadores que mechando algunos temas propios con clásicos como “Bombas a Londres”, “Nada ni Nadie” y “Aunque se resistan”, dio cátedra de cómo se toca punk rock en la seis cuerdas. Para terminar una noche a puro festejo y carnaval (varios pomos de espuma rondaban en el recinto), Stuka invitó a Sergio Gramática (baterista original de Los Violadores) y Ciro, en el bajo, para interpretar “El gato de la calle negra” y “Llegará la paz”, de Pappo y los últimos acordes fueron de “Moral y Buenas costumbres”, de Los Violadores.

 

Los Espíritus en el Malvinas: Pura magia

Sin dudas que en el 2017 Los Espíritus confirmaron, a nivel público, que son una de las propuestas más atractivas del rock nacional en la actualidad. Con la edición de su tercer disco Agua Ardiente, que presentaron oficialmente a mediados de junio con dos Teatros Flores repletos, terminaron de coronar y cerrar el año en el estadio Malvinas Argentina, este último sábado.

El ambiente que se vivió en el recinto de La Paternal tuvo mucho de festivo en un público que sintió como un triunfo propio que, con el boca en boca como canal de difusión, se haya logrado instalar en el centro de la escena la potencia cancionera de Maxi Prietto. Esa sensibilidad para narrar está acompañada por un grupo que con su propio estilo va mezclando, rock, blues y psicodelia, detrás de un barniz latino, gracias al ensamble percusivo que comanda Fer Barrey, que hace recordar a las mejoras épocas de Carlos Santana. “Huracanes”, “La Crecida” y “Jugo” fueron la triada inicial con la cual se percibía que se estaba ante una noche mágica. Con un excelente sonido, cada uno de los detalles y sutilezas que componen las música de Los Espíritus se podía percibir a la perfección, para entrar una suerte de trance mental en el que la música iba siendo una suerte de guía chamánico.

Más allá de los climas y las zapadas que construyen Los Espíritus, el valor agregado se encuentra en la canción. Prietto tiene una gran facilidad para describir situaciones cotidianas, con estilo arrabalero, a veces con un minimalismo punk, que tiene como trasfondo la crudeza de la realidad de la selva urbana, pero que también logra contraponerlo con los bellos paisajes naturales que dibuja con su voz. Ese talento, que se ya se divisaba en el dúo Prietto viaja al cosmos con Mariano, descansa y toma vuelo en el acompañamiento rítmico de la guitarra y vocal que aporta Santiago Moraes.

A pesar de esa aura nostálgica, la banda logra generar un clima de alegría que se puede palpar en la forma en que sus seguidores van recibiendo cada una de las canciones.  En más de dos horas y medias, Los Espíritus repasaron sus tres discos, acompañados en un lapso dle show por  Tulio Simeoni (La Patrulla Espacial), “Boui” (Los Bluyines) y Walter Broide (Poseidótica) como invitados,  con los que terminaron formando una enorme orquesta. El fin llegó con “Noche de Verano” y “La Rueda”, y el público se retiró exhausto, embriagado de tanta música y baile.

Foto: Mathías Magritte

 

 

 

 

#AudioTrip: el ADN musical de Islandia

La clasificación de Islandia al Mundial de Fútbol Rusia 2018 fue heroica. No sólo porque es la primera vez que este país del frío noroeste europeo llega a esa instancia, sino porque además rompe el récord de ser el país con menor población en jugar una Copa del Mundo. Según el censo de este año solo 338.349 habitantes viven allí. De ellos sólo 120 son futbolistas profesionales. Algo que puede hacer más sencilla la tarea de Heimir Hallgrímsson, el técnico de la Selección, para juntar los 23 que por el Grupo D enfrenten a Argentina, Nigeria y Croacia en junio próximo. ¿Y la música? ¿Hay consenso entre tanta poca gente como para que haya bandas de rock? ¿Que se escucha? Según Spotify, lo más escuchado en este momento es la unión de los raperos Birnir y Herra Hnetusmjör en “Já ég veit” (la traducción sería “Sí, lo sé”). Sacos de piel, autos de alta gama, champagne y ¡dientes de oro! en un video que ya cosechó 200 mil views en YouTube. Herra Hnetusmjör es además el líder absoluto en esa lista. Ocho de las once canciones de Kop Boi, su último disco, están presentes allí, entre los tracks más escuchados.

En el top 50 de comienzos de diciembre conviven muchas canciones navideñas (desde Wham a Mariah Carey, pasando por el local Laddi), Post Malone, Ed Sheeran, Camila Cabello, Sam Smith, Dua Lipa y Maroon 5. En síntesis: poco rock, por no decir nada. Lo más parecido es HLH flokkurinn, un grupo coral con influencias sesentistas (¡The Beach Boys!) y su clásico “Nei nei ekki um jólin” (“No, no, no en Navidad”). Parece que la cercanía con el domicilio legal de Papá Noel (?) cala hondo en el ánimo popular. Lo primero que uno piensa al relacionar Islandia con música son los bucólicos actos de Björk, Sigur Rós y, últimamente, Of Monster and Men. Tres artistas que incluso se han presentado en tierras argentinas. Ellos son la punta del iceberg (!) de una escena nutrida y variada, que hoy por hoy sufre un mal común de varios puntos del mundo: la falta de lugares para tocar. Según cuenta esta nota del medio local The Reykjavík Grapevine, hay un proyecto de ley para proteger la escena musical de esa ciudad (que es la capital del país) y garantizar escenarios, ante el cierre de varios boliches históricos. Más allá de esta problemática, acá van cinco artistas islandeses que tenés que conocer:

5) Misþyrming
Uno de los grandes nombres del black metal islandés es Misþyrming, banda de Reykjavík formada en 2013. Su nombre en castellano significa “Abuso”, tienen un solo disco de estudio y algunas temibles actuaciones en vivo, llenas de furia, que les alcanzaron para ser incluidos en varios festivales de género en Europa y Estados Unidos. Su baterista es Helgi Rafn Hróðmarsson, un doctor en química de 28 años que fue quien ayudó al cantante D. G. a terminar sus estudios secundarios cuando éste decidió dejar todo para darle forma al grupo.

4) The Vintage Caravan
Proveniente de Álftanes, este trío se formó en 2006 cuando sus integrantes (de solo 12 años) compartían sus estudios secundarios. Lo que hacen bien podría catalogarse como rock psicodélico setentoso, con riffs poderosos del estilo Led Zeppelin, Deep Purple y Rush, pero con un sonido que no deja de ser propio por lo impredecible. Su sello también está en los videos oficiales de las canciones, verdaderos cortometrajes que chorrean lisergia.

3) For a Minor Reflection
Este cuarteto de post rock instrumental de Reykjavík, Islandia, llamó rápidamente la atención por su disco debut, en el que grabaron seis canciones que duran poco menos de una hora. Un año después, Sigur Rós los apadrinó y se los llevó de gira por Europa, consagrandolos como una de las bandas nuevas más llamativas del Viejo Continente. Pero no todos fueron rosas tras ese tour: el baterista original tuvo que dejar la banda para centrarse en sus estudios. En su sonido conviven Explosions in the Sky y Mogwai, aunque siempre están en constante mutación. En 2010 filmaron este video junto a unos colegas invitados, en el que muestran algunos de los paisajes más bellos de su país.

2) Hjálmar
Contra todo pronóstico, hay reggae en Islandia. Y esa música tan típica de países cálidos encuentra en este quinteto de colorados barbudos de Keflavík una tierra fértil para crecer. Alimentado por trombones, saxos, flautas y otros instrumentos de viento, el grupo sufrió algunos cambios internos pero sobrevivió durante estos 13 años para grabar seis discos de estudio.

1) The Sugarcubes
Bueno, ok, una lista de música de Islandia no sería lo mismo sin Björk. Antes de ser un ícono art pop, la cantante lideró The Sugarcubes, una banda de pop rock barroco que tuvo un gran éxito fuera y dentro de Islandia. “Los islandeses tienen un gran complejo de superioridad, porque creen que Islandia es el lugar más puro del universo. Pero también tienen un complejo de inferioridad. Les preocupa no ser tan buenos como los grandes países”, le decía a David Fricke, de Rolling Stone en 1988, en una nota que el escritor tituló “La banda más cool del planeta”. No estuvo muy lejos. A pesar de que solo duró seis años, el grupo demostró que en ese país nórdico se podía hacer buena música. Además de catapultar a la máxima estrella musical de su historia, claro.

Coldplay en La Plata: Let’s Go Back to the Start

20 meses después del puntapié inicial de su gira A Head Full of Dreams Tour, Coldplay cerró la vuelta al mundo en la misma latitud donde había comenzado: el Estadio Único de La Plata, el escenario ideal para despedir y festejar la pomposa puesta en escena y el respetado crecimiento musical del cuarteto británico.

La línea de tiempo de Chris Martin & Co. incomoda a algunos de sus primeros seguidores, y sorprende a los nuevos que festejan por igual algún hit bailable de ellos que uno de Dua Lipa (a propósito: Lali pero no). Es que entre el primer y el segundo tema de la lista (“A Head full of dreams” y “Yellow” respectivamente) hay ¡15! años de distancia y todo un estilo que recorrió varias metamorfosis en presencia pero no en esencia.

A saber: hay un Coldplay que fue mutando con cada disco. El primero, Parachutes, salió en 2000, dando un pasito dentro del ya instalado britpop y entrando con invitación de la mano de “Yellow”, “Trouble” y más. Luego se mostraron menos melosos y más ruidosos en A Rush of Blood to the Head (2002), más instrospectivos en X&Y (2005) y después, a partir de Viva la Vida (2008), más tecnos,  bailables, modernos, hiteros.

¿A qué viene este recorrido de estilos? A que el show en La Plata fue una demostración de que es todo Coldplay, no importa qué cara ponga. Desde el primer tramo (“AHFOD”, “Yellow”, “Every Teardrop is a Waterfall”, “God Put a Smile Upon your Face”), pasando por el set más tranquilo de la noche (“Everglow”, “Always in mi head”), y el regalo al campo del fondo, cuando tocaron en un mini escenario ubicado casi al final del sector “In My Place” y su nuevo tango aventurero, “Amor Argentina”, la banda fue un reloj perfecto y potente, un espíritu igual en todas sus formas.

Coldplay fue Coldplay en cada uno de sus pasos, incluyendo el homenaje respetuoso y tribunero a Soda Stereo, cuando tocaron “De Música Ligera” como una máquina que se alimenta del rock, con el “Gracias Totales” incluido y la marea humana aplaudiendo, gritando, festejando, honrando y recordando.

Poquito más de dos horas de duración, el cierre estuvo a cargo de A “Sky Full Of Stars” y “Up&Up”, un abrazo fraternal entre los miembros, fuegos artificiales cual Copa del Mundo, pins para todo el mundo, el beso de rigor a la bandera argentina pero desde una cámara cenital y con un estandarte de “love” encima. Otra vuelta para la demagogia.

Hasta ahora, ¿parece un show completo? Sí claro. Un montón de temas épicos y charlas en español con el público. “Deresha arriba, deresha abaja” para que haga ruido la platea, el homenaje a los argentinos muertos en New York en el atentado terrorista del mes pasado, agradecimientos a todo momento. Un gran cierre para una gran gira que los llevó a más de 30 países. Una gira que empezó acá y termina acá.

¿Por qué la pregunta de si hasta ahora parece un show? Porque además de todo lo mencionado, la parafernalia circense que traen los ingleses es el chocolate de arriba de la torta. Cada asistente tiene una, o dos, pulseras led que se prenden en distintos temas con distintos colores a distintos ritmos,  rayos láser, fuegos artificiales adentro y afuera del estadio, papeles, globos, fuego en el escenario, pantallas. Todo lo que se podía meter se metió. Podría no haber funcionado pero sí lo hizo. Y ensalzó la épica y compromiso de la banda: quieren ser los mejores, quieren ser los mejores para vos.

Coldplay nuevamente demostró que no juega en inferiores: entre sus canciones, su química, su puesta en escena y toda la mega producción cuasi hollywoodense que llevan en sus shows lo afirman. Ni U2 se animó a tanto.

Bonus track: Llovió todo el día, truenos en la entrada, granizo minutos antes del show, autopista colapsada a la salida. ¿Importó? Nada.

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Fotos: Emmanuel Distilo

Juana La Loca en The Roxy Live

Por Clara Sirvén // Fotos: Gentileza Marisol Pastorini

Nunca es lo mismo y esta no fue la excepción. El Roxy sintió ese sacudón cuando el show comenzó con “Dame pasión”, de Casablanca (2005), incomodando de inmediato al espectador. ¿Por qué? Porque habían pasado 20 años. Para ellos, y para nosotros también.

“Boomerang” y “La Vida es un sueño” siguieron en la lista, con el público todavía un poco sin saber para dónde ir, hasta que “Sábado a la noche” despojó de todo límite al cantante y al resto de los asistentes: ahora sí, esto es Juana La Loca.

Los altibajos durante el show fueron varios aunque la intención nunca se fue: lista hitera, temas emotivos, visuales acordes, letras correctas, bailes memorables. Cerrando los ojos la magia estaba intacta: Rodrigo parece otra persona, pero suena exactamente igual. El resto de la banda mantiene el orden y compostura, y  en “Planeta” y “Paloma”, todo se acomoda en un círculo perfecto. Pero, ¿qué es lo que falta?

“Al filo de la noche”, “Cuando estoy vacío” y “Felicidad feliz” fueron el cierre de la primera parte del show, en la que tanto Juana La Loca como el público  necesitaron de tiempo para soltarse, para salir de la incomodidad de estar en el mismo lugar 20 años después.

Pero todo llega, y llegó Aitor Graña. El baterista que fue miembro fundador de JLL hasta 1997 (y un par de años después también), subió al escenario a armonizar todo lo que estaba sucediendo en el lugar: los músicos, Rodrigo y el público se zambulleron en el recuerdo de “Nunca Aprenderé”, primero de los 7 temas que Aitor tocó, relajado y feliz, en el tramo final del show.

“A veces vuelvo a ser yo”, “Hasta donde llegará”, “Angelical”, “Si pudieras olvidar”, “Ya no puedo esperar” y el himno “Vida Modelo” fueron los protagonistas del resto de la velada. Había 5 temas más pautados en lista y no se tocaron, quizá por internas, quizá porque el cierre impulsivo y arrebatado era la mejor manera de irse: bien arriba, con un Rodrigo feliz, una banda contenida, un Aitor con la cinta imaginaria de capitán, y con el público reconociéndose, pensando que 20 años no es nada, pensando: “a veces vuelvo a ser yo”.

 

 

Julián Baglietto, de Huevo (ESPECIAL 50Y ROCK)

“Estos son algunos de los temas que marcaron mi infancia de manera permanente. Me siento muy identificado con ellas y me emocionan muchísimo más las letras habladas en español que las músicas extranjeras. Yo creo que el tango y el folklore también tienen algo del rock. Sus letras tienen muchísimo que ver con la vida que llevamos los argentinos y sus armonías, sus sonidos y ritmos han hecho agitar a mas de uno… Si eso no es rock, ¿qué es?”.

Luis Alberto Spinetta y Fito Páez – “Asilo en tu corazón”

Charly García – “Promesas sobre el bidet”

Divididos – “Spaghetti del rock”

Fito Páez – “Actuar para vivir”

Serú Girán – “Seminare”

 

Huevo se presenta junto a El Kuelgue y Lo Pibitos el domingo 19 en XLR de San Miguel.

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Metallica por un amiguito

Por Marilyn Insua Escalante, desde San Francisco, California.

Metallica cerró uno de los shows más emotivos de 2017 en el AT&T Park de San Francisco. Hace poco más de un mes (en octubre de este año), California sufrió uno de los incendios más destructivos de su historia, lo que costó grandes pérdidas naturales, materiales y más de 30 vidas. Con el fin de recaudar fondos para los damnificados, se organizó el The Band Together Bay Area Benefit Concert y allí estuvieron James Hetfield, Lars Ulrich, Robert Trujillo y Kirk Hammett para dar una mano y rockear junto a los fans. Fueron 11 temas en total, desde clásicos como “One”, “Nothing Else Matters” y “Master of Puppets” hasta “Hardwired”, de su último disco de estudio.

Las entradas iban desde 50 a 150 dólares (entre 850 2.550 pesos argentinos) y el estadio estaba colmado de gente, cuyo espíritu fueron las ganas de ayudar y escuchar buena música. El recital duró más de 5 horas y tocaron diferentes artistas como Dave Matthews, Tim Reynolds, Dead and Company con John Mayer como uno de sus líderes, Rancid, Raphael Saadiq, G-Eazy.  El sentimiento de Metallica se vibró en todo momento ya que la banda es oriunda de Los Ángeles.

Sobre el final, James Hetfield se mostró muy conmovido por los incendios en la zona y juntos a sus compañeros prometieron brindar toda la ayuda necesaria a los más damnificados. Kirk Hammett también destacó su dolor y comentó ser una víctima más del desastre mostrándose súper agradecido con el público presente.

Este es un extracto del show, una potente versión de “Fade to Black”, clásico de la banda estadounidense:

Libros Rockeros

Roque Di Pietro – Esta noche toca Charly
Editorial Gourmet Musical

El niño Carlos García Moreno que deslumbraba con su piano a los 5 años de edad. El Charlie García de Sui Generis. El Charly progresivo de La Máquina de Hacer Pájaros. El Charly que se fue a Brasil y volvió con Serú Girán. El Charly que se cortó solo. El Charly de Los Enfermeros. El Charly Say No More. Cada una de las reencarnaciones del genio del oído absoluto tuvo su etapa en vivo y en este libro quedaron compiladas en esta indispensable y gigantesca (¡600 páginas!) guía por los recitales de García desde 1956 a 1993. Una buena manera de conocer a fondo la trastienda de la vida musical y la abundante cantidad de grabaciones no oficiales que reflejan los momentos de uno de los músicos más grandes que dió Argentina. Fundamental por la minuciosidad de los datos, las imágenes, afiches y entradas que lo ilustran.

Roberto Pettinato – Luca es mío
Editorial Planeta

A 30 años de la muerte de Luca Prodan, Pettinato desempolva sus recuerdos y archivos personales. Sus primeras entrevistas con el cantante de Sumo (antes de ser parte del grupo), fotos, y mucha memorabilia, pero sobre anécdotas. Aventuras nunca contadas con el particular estilo del autor, en las que se sumerge en los momentos más tóxicos y delirantes del tano que vino a cambiar el rock argentino para siempre. Fundamental porque, bueno, siempre es una experiencia leer a Petti recordar sus días junto a Luca.

Martín Graziano – Tigres en la lluvia
Vademecum/La Edad de Oro/Perro Andaluz Ediciones

¿Puede disolverse un grupo tan sólo seis meses después de haber grabado una de sus obras cumbres? Este libro repasa El Jardín de los Presentes, tercer y último disco de Invisible. Graziano indaga en las historias detrás de cómo se gestaron canciones como “El anillo del Capitán Beto”, “Los libros de la buena memoria” y “Que ves el cielo”, pero también en las razones que marcaron el cierre de esta etapa de Luis Alberto Spinetta, a fines de 1976. Fundamental para conocer este específico y no tan transitado período de vida del Flaco.

Roque Casciero – Arrogante Rock: Conversaciones con Babasónicos
Editorial Planeta

En esta edición definitiva, una década después de la versión original, el autor indaga en lo que pasó en los últimos diez años de carrera de la banda que lidera Adrián Dárgelos. Casi 400 páginas en las que repasan sus discos de estudio más recientes, la polémica con Darío Lopérfido por el Teatro Colón, una mirada inédita sobre los días finales de Gabo Manelli, las nuevas incorporaciones al grupo y cómo intentan seguir reinventándose. Fundamental para comprender que pasa por la cabeza de este grupo icónico del rock argentino.

Martín Zarriello – No bombardeen Barrio Norte
Vademecum/La Edad de Oro/Perro Andaluz Ediciones

La colección Vademecum propone un repaso por algunos de los discos más importante del rock argentino. En este caso el autor repasa Yendo de la cama al living, el disco con el que Charly García hizo su ingreso triunfal en los años ’80, reconstruyendolo desde varios ángulos. Casi 200 páginas para pegar un viaje a la cabeza del músico en un momento único de su vida, en el que se conectó con el tango, el trip hop, Mercedes Sosa, The Clash y un puñado de referencias, justamente en uno de los discos más autorreferenciales. Fundamental para entender todo lo que vendría después en la carrera artística de García.

 

Canu, de Altocamet (ESPECIAL 50Y ROCK)

Charly García – “Yendo de la cama al living”
Mi viejo me llevó a ver a Charly. Fue mi primer show, amé a García instantáneamente, me encantó como sonaba ese redoblante…

Sumo – “Estallando desde el Océano”
Todavía iba a la escuela primaria cuando escuché Sumo en una radio, no lo podía creer, ese sonido si que era algo nuevo para mi.

Virus – “Tomo lo que encuentro”
La voz de Federico Moura siempre me resultó fascinante y eran una especie de referente de modernidad para mí.

Los Encargados – “Líneas”
La letra me pone piel de gallina. Y tocaban sin baterista, me encantaba eso.

Resonantes – “Respuesta”
Es una de las canciones más bellas que he oído. Son una influencia directa en Altocamet.

Casa del Puente Discos, el sello del que forma parte Altocamet, festeja 15 años. Por eso este miércoles estarán tocando junto a Un Planeta, Riel, Sobrenadar, Audioperú, Emisor, Galanjah y Ceci Amenabar DJ SET, en Niceto Club (Niceto Vega 5510, Palermo, Capital Federal)