Discos

“Justicialista Vol I”, de Científicos del Palo

El trío marplatense lanzó el primer disco de una trilogía conceptual que mezcla el existencialismo, el "cipayismo" y el ser nacional. Pepo San Martín elige cinco canciones para entender de qué va este nuevo trabajo.

Justicialista no se parece a nada de lo que hayamos hecho, y eso nos pone felices, porque intentamos darle una atmósfera particular a cada obra. Venimos de un disco bastante oscuro como fue El Maravilloso Mundo Animal, y éste que se avecina es mucho más optimista y enérgico”. Cuando a fines del año pasado hablamos con Pepo San Martín el camino de Justicialista estaba recién comenzado, aunque en la cabeza del guitarrista y cantante de Científicos del Palo la obra definitivamente había tomado forma. Así opera el líder del trío marplatense que completan el bajista Carlos Popete Andere y el baterista Seba Quintanilla: pienso, luego existo. Y así como sus dos discos más recientes, La Histeria Argentina (2013) y El Maravilloso Mundo Animal (2015) tenían ejes claros (200 años de historia de nuestro país en el caso del primero, el planeta y la sociedad que iba a encontrar su hija al nacer, en el segundo), este nuevo álbum también sigue un hilo conductor. El protagonista excluyente es el existencialismo, en todas sus variantes. Así conviven canciones como “Seré pescado”, “La Mula”, “Mar del Plátano” y “Marplatense”, en las que repasan su relación con el mar, el bar en el que dieron sus primeros pasos, la idiosincracia local, o sea su nacimiento y vida en Mar del Plata. En “Gauchito Gil” se permiten reflexionar sobre su crecimiento como grupo con todo lo positivo y negativo que eso conlleva, la vida en la ruta donde “salen a existir” pero cantan: “No quiero ver como crece el trigo, quiero ver a mis hijos jugando conmigo”. El ser nacional aparece en “Alá”, donde se meten con lo que se habla de Diego Armando Maradona y lo que ellos mismo sienten por el 10, pero también en canciones como “El pastor me guiará” y “No eduques al idiota”. Allí profundizan en la idea del “cipayismo”, del que te quiere imponer sus pensamientos y de aquel que se deja domesticar. En aquella nota a la que nos referimos más arriba Pepo explicó porque decidieron sacar esta trílogía así: “Lo sacamos en varias etapas porque teníamos ganas de editar música nueva con mayor frecuencia. Es una manera de reaccionar frente al contexto hostil de la industria discográfica, donde ya no hay muchas verdades inobjetables. Creo que lo más sincero es hacerle caso a lo que uno siente que debe hacer, casi por una cuestión hasta de necesidad física”. Toda una declaración de principios que indefectiblemente está presente en Justicialista. En este nuevo encuentro con el vocalista de CDP le pedimos que elija cinco canciones entre las 12 que conforman el álbum. Este fue el resultado:

-“¿Para qué sirve pensar?”
Fue la primera canción que compuse para el disco, una especie de funk del altiplano. Recuerdo que el demo tenía unos loops de batería que terminaron quedando al final de la versión del disco, como un guiño a la época de maquetas de computadora. Tiene en el medio una parte “c” muy lenta y con algunos acentos que no habíamos utilizado hasta el momento, que creo le da un carácter más épico. Estamos muy contentos con el resultado final, que mezcla nuestro costado más funkero con una melodía más ligada al norte de nuestro país.

-“La Mula”
Es un homenaje al bar que nos vio crecer en Mar del Plata, “La Mula Plateada”. Ahí fue donde pudimos construir un público estable, y entre nuestras canciones de esa época metíamos uno de los poquísimos covers que hemos hecho en nuestra historia, que era un tema de los Chili Peppers que cantábamos en un inglés totalmente ficticio y medio en joda. Es por eso que cuando se me ocurrió esa base de bajo en la senda de Flea (dicho ésto con el más absoluto respeto) por alguna razón me acordé de aquel chiste que hacíamos en vivo y decidí homenajear ese recinto que nos dio la chance de crecer. El estribillo es quizás lo más punk rockero que hayamos hecho jamás, con esas típicas respuestas del coro que aportan un grado de “hombría” que generalmente no visitamos en nuestra obra.

-“Mar del plátano”
Un tema muy “noventero”, producido para que suene a esa época (el sonido de redoblante típico de ese tiempo, las acústicas, etc). Es una canción que habla sobre nuestra ciudad y la relación de amor que nos une a ella, pero con algunas críticas a lo conservadora que es. El estribillo es muy cantable, y habla de lo glorioso que es subirse a un bondi por ejemplo para ir a laburar (que en nuestro caso ha sucedido muy poco) y ver el mar, tratar de que la rutina no te haga perder la dimensión real de ese fenómeno geográfico monumental. En el estribillo también hay unos coros muy Beach Boys, o muy Súper Ratones, que es la versión marplatense de esa gloriosa banda. Por último hay un “slide” (un tubo metálico que se pasa por las cuerdas) que le da un sonido muy gringo, que es otro elemento que tampoco habíamos usado mucho hasta el momento.

-“Gauchito Gil”
La maqueta del tema era muy Emerson, Lake and Palmer, con sintetizadores haciendo el riff (muchas notas en una división veloz), que si bien están en la versión final fueron casi reemplazados por la guitarra. De ahí pasa a una situación rítmica muy en el estilo de The Racounters en la estrofa, con el bajo medio “roto” y la voz pasada por un megáfono. Básicamente el tema habla acerca de la necesidad vital de las bandas de estar todos los fines de semana en la ruta, lo que conlleva siempre algún porcentaje de riesgo y tedio, sumado a la cantidad de horas que uno pasa viendo asfalto y arbolitos. El estribillo se pone un poco más “popero” y cantable, para balancear un poco esa ausencia de acordes que hay en la primera parte.

-“No trates de entender”
Es una típica canción, muy setentera. La batería tiene mucho “room” (la reverberancia natural de la sala está muy exagerada), para dirle un tinte Zeppeliano. Las guitarras acústicas y eléctricas están en una afinación abierta en homenaje a Keith Richards, que es uno de mis guitarristas favoritos por su destreza rítmica y lo agradable de su forma de unir los acordes. El estribillo suma muchas voces para captar ese espíritu de la época, tratando de orquestar la melodía. Cuando le mostré la primera versión del tema a (Ricardo) Mollo me respondió algo así como “ponele un solo de guitarra, no seas cagón”, así que luego del primer estribillo suplantamos la estrofa con un solo a pedido de él, porque nos pareció que estaba en lo cierto, le da un respiro al tema y lo hace más llevadero.