ENTREVISTAS

Emanero: “No tengo problemas con los ritmos, sino con las letras que se les ponen encima”

A días de su presentación en una nueva edición del Festival Nuestro, el joven rapero se planta contra algunas canciones del trap pero defiende el género y aclara que su rollo no va en contra de lo pasatista. "Hay gente que tiene ganas de poner play y relajarse. El tema es cuando las letras dicen de más y empiezan a ser misóginas o les dicen a los pibes que las drogas están buenísimas", dispara Emanero, con una obra detrás que lo respalda.

–¿A quién le decís “nos vemos en Disney” en tu último videoclip?
–Es una letra un poco entreverada, pero lo que trata de decir es que todo bien, vos podés hacer música totalmente vacía, porque hay gente que tiene ganas de poner play y relajarse. El tema es cuando dicen de más y empiezan a ser misóginas o les dicen a los pibes, en estos tiempos que corren, que las drogas están buenísimas, como la codeína y esas cosas que se pusieron de moda. No sé, después hay un montón de familias que terminan hechas mierda porque los pibes terminan en cualquiera. ¿Hace falta hacer música hablando de eso?

–¿Es una especie de “conmigo no cuenten”?
–Exacto. Y no es contra el ritmo, no digo que el trap sea una basura. Es un ritmo, como el reggaeton, a mi no me importa si es “tu pa, tu-tu pa” o “pa tu-tu”, son patrones, distintas maneras de ordenar los golpes. No voy a ser tan obtuso para pensar que los golpes ordenados de una manera son nocivos porque sino me convierto en la Iglesia o en algo que siempre critiqué. Entonces no estoy en contra del género, sino contra la basura. Cuando hacés una canción tenés una responsabilidad. Mínima, pero la tenés. Si vas a hacer música para que la gente se relaje y no piense nada: hacela a conciencia. Porque puede terminar en lugares que no están buenos. O hay gente cuya educación, por falencias de la vida, termina siendo la que encuentra en tendencias de YouTube.

–Sobre todo a una edad en la que uno es chico y absorbe más todo…
–Quizás tenés padres muy ausentes, qué se yo, diciendo esto me siento como un profesor y no quiero. Nada más: piensen un poco más. Por eso hice “Nos vemos en Disney” porque sentí que se estaba yendo todo al carajo. Ya no eran un par de pelotudos flasheando cualquiera, sino algo medio masivo. Hace poco me lo crucé a Diego Frenkel y hablábamos de todo este fenómeno del trap, y me dijo “bueno, pero a veces para llegar a la masa” y no, porque Diego Frenkel llegó al mainstream sin tener que decir una pavada. Entonces se puede.

–Al margen de esto, la explosión del trap tiene una base real de un laburo que se viene haciendo hace muchos años. ¿Cómo lo viviste vos que estás relacionado al palo?
–Si vos venías y me preguntabas tres años atrás te iba a decir que todo esto estaba a punto de explotar, porque ibas a cualquier plaza y había doscientos pibes haciendo improvisación, free style, con sus letras, compitiendo en batallas de hip hop. Era imposible que no pasara esto. Lo que no sabíamos bien era cuándo ni de qué manera. Estuvo contenido hasta que en diciembre de 2017 se destapó la olla y es una locura lo que está pasando e incluso es difícil dar un parte médico porque no terminó: recién empezó. No sé quiénes van a terminar siendo los importantes ni quiénes lo que participaron de una explosión y después no se supieron mantener. Estamos viviendo el presente de la explosión del género urbano.

–¿No es como que ahora le quieren meter rap a todo?
–Puede ser, pero antes el hip hop se tuvo que despojar de un montón de prejuicios, que lo contenían y lo hacían de nicho. Ahora tiene más cintura. Los raperos cantan, tocan, tienen banda, tocan con pista, bailan, hacen trap, hacen reggaeton, denuncian… hacen de todo. Está bueno porque eso nos dio más posibilidades y podemos fusionarlo con jazz y también con reggaeton. Y te repito: yo no tengo problemas con los ritmos, sino con las letras que se les ponen encima.

–¿Qué consejo le darías a un chico para que mejore su técnica?
–La mejor manera de pulir es grabar. A veces te dicen “no, porque estoy esperando…” o “esta canción no me gusta”. No importa, grabala igual, en tu casa, prolijo, pero con lo que tengas. Cuando la grabes, va pasar algo. Y cuando la escuches, también. Y va a pasar un año y te vas a dar cuenta de todo lo que tenías para mejorarla: cuándo te quedás sin aire, cuándo está la letra mal escrita. De ese modo podés reconocerte y desarrollar un estilo propio.

–Todos tus videos tienen una estética muy cuidada. ¿Es un aspecto que te interesa cuidar?
–Me gusta el Cine y la Dirección de Arte. Cuando miro una película o video estoy muy atento a cómo grabaron las escenas, si metieron un plano secuencia de 8 minutos, y esas cosas. Si estás prestando atención, te das cuenta cuando se mataron para lograr determinado encuadre o situación. Haciendo mis propios videos aprendí mucho, porque quería hacer algo y me daba cuenta que no lo podía lograr porque el problema estaba en los lentes o en la iluminación. Y hablo mucho con los directores de mis videos para tirar ideas y que me saquen las dudas. Lo visual me vuelve loco.