ENTREVISTAS

José Palazzo

"El Cosquín Rock son las segundas vacaciones de la gente"

A pocos días de las edición número 18 del festival de rock más federal del país, José Palazzo no se guarda nada: explica porqué redujo la cantidad de días, de dónde salen las ganas de que se transforme en evento diurno, qué le exigió a The Offspring, cómo le fue en las ediciones latinoamericanas, cuánto influye la crisis ecónomica, qué sabe de Pato Fontanet y cuál es el balance que hace del regreso de La Renga a los escenario. Pasen y lean. // Entrevista: Pablo Mileo. Fotos: Facu Suárez.

José Palazzo, amo y señor de Cosquín Rock, que este año cumple 18 (¡la mayoría de edad!) pasó un rato por Buenos Aires para contar a toda velocidad, fiel a su costumbre, de que la va la próxima edición que se llevará a cabo el 10 y 11 de febrero en el ya clásico Aeródromo de Santa María de Punilla. “Justo el 10 y 11 de febrero del 2001 se hizo el primer Cosquín y para esta edición tomamos la decisión de meter la misma artística que distribuiríamos en tres días, pero en dos. Y ver qué sucede. Más que nada si logramos consolidar el festival como un festival diurno. El año pasado a las 8 de la noche ya estaba el 85 por ciento del público adentro. Este año queremos que esté el 100% a esa hora. Por eso, Las Pelotas tocan a las 6, Ciro a las 8 y media, Residente a las 7, Los Espíritus a las 5 y algo. Este año, se van a abrir las puertas a la 1 de la tarde”, arranca el cordobés. Y no para.

–¿Por qué querés que se instale como un festival diurno?
–Nosotros creemos que hay dos tipos de públicos que van al Cosquín Rock: el padre que va con los hijos, y que hay un horario en el que se cansa, que cuando arranca Ciro ya está sin piernas, y hay otro que puede quedarse hasta las 5 de la mañana. Entonces queremos que todos puedan disfrutar de todo: que haya una artística muy buena temprano, pero que no necesariamente baje mucho a la noche. Por eso va a haber público joven en los cierres con Las Pastillas del Abuelo y Los Gardelitos. La idea es que Cosquín sea cada vez más familiar.

–¿Funciona mejor el abono cuando son menos fechas?
–Explota. Para el negocio es mejor que se vendan más individuales, porque aumenta el precio promedio de la entrada, pero también es bueno que haya crecido el abono. Debemos estar en un 70% de venta de abonos, cosa que antes no existía. Y ese es porque son dos días.

–Es llamativo que The Offspring no esté de gira e igual vaya a tocar a Córdoba.
–¡Va a tocar sólo en Cosquín, eh! Ni en Perú, ni en México, nada. El único concierto que van a hacer en Latinoamérica, hicimos un contrato directo con ellos: vienen, tocan y se van. Eso tiene su pro y su contra. La contra es que es muy caro y el pro es que la gente tiene que viajar a verlos.

–¿Cómo pensaste las carpas este año, que cada vez tienen más protagonismo?
–Por ejemplo, puse a Airbag. Y a Massacre, que cumple 30 años. A Vanthra, el nuevo grupo de Fernando Ruiz Díaz. Piti Fernández con su versión solista. Así que hay cosas interesantes dentro de lo que es el escenario Geiser. En La Casita del Blues, que el año pasado fue incipiente, este año va a estar Bex Marshall, que la vi en el Festival de Blues de Brasil y la rompe. También está Sax Gordon, Carlos Johnson, que es un blusero de Chicago, Carlos Elliot Jr., un colombiano, La Mississippi festeja sus 30 años, también Deborah Dixon. Y en el Quilmes Garage van a estar bandas que tuvieron un crecimiento este año: Indios, Louta, Usted Señálemelo, Perras On The Beach, Luca Bocci, Barco.

–¿Cómo está el predio?
–Hicimos un montón de cosas nuevas. La feria gastronómica Ají creció un 50 por ciento respecto del año pasado, y el Córdoba X, que son los deportes extremos, un 100 por ciento: van a tener 6000 metros cuadrados para hacer todo lo que son experiencias y demostraciones. También agregamos más puestos de sombra e hidratación.

–¿Qué balance hacés de los Cosquín Rock que hiciste el año pasado en Latinoamérica?
–Costó mucho ser permeable a los empresarios y gustos de cada país. Nosotros mandamos un esquema de formato con dos escenarios, una carpa alternativa y áreas de comida. Cada uno hizo su interpretación, pero los resultados fueron muy parecidos. Varios quisieron que lo hagamos en estadios y nosotros dijimos que no, y nos fuimos a lugares abiertos. En Perú nunca se había hecho un festival fuera de un estadio y Cosquín Rock terminó haciéndose por primera vez al lado del mar. El primero de todos se hizo en Guadalajara, México, y fue impresionante: se agotaron las entradas 20 días antes. Para nosotros, entrar al predio y ver mexicanos con vinchas y remeras del Cosquín Rock, todo trucho (risas), fue impresionante. Se nos puso la piel de gallina. Después fueron 10 mil bolivianos en Santa Cruz de la Sierra, en Perú hubo 15 mil, en Bogotá se agotaron las 12 mil entradas. Eso habla muy bien de la salud de la que aún goza el rock argentino.

–¿En qué sentido?
–Que pueden criticarnos un montón de cosas, y seguro en algunas tengan razón, pero el laburo que hicieron Cerati, los Cadillacs, los Decadentes, Fito, Charly, Miguel Mateos, los Enanitos Verdes, durante muchos años yendo a Latinoamérica, la verdad que es impresionante, porque allá el rock argentino es serio y se respeta mucho. En ciudades como México pasó a ser local porque tocó Café Tacuba, Panteon Rococó y los Caifanes, que son número 1 allá y a partir de ahí se empezó a consolidar y va a quedar fijo en Guadalajara. Hicimos un análisis y por ahora, de ser una gira e ir variando ciudades, el Cosquín en México, Perú y Colombia, va a quedar fijo en las agendas de festivales de esas ciudades una vez al año. Ahora hay opciones para hacerlo en Chile, Uruguay y Paraguay, pero el desafío es ver si la gente fue porque tocaron determinadas bandas o porque les interesó la combinación de artistas argentinos con números locales.

–Te llevas además bandas argentinas que nunca habían ido a algunos países.
–Pasó con Las Pelotas, que tocaron en el primer Cosquín Rock México y fue su debut, tocaron a las 5 de la tarde, y anduvieron muy bien. La gente conocía las canciones y explotó con “El ojo blindado”, porque justo en Guadalajara hay una banda que se llama Machingón que lo toca en sus shows, y Las Pelotas invitó al cantante. También toco por primera vez Eruca Sativa y les fue muy bien. Lo mismo con La Beriso. Entonces hay una avidez por recibir rock argentino. Esto se tiene que transformar en una autopista ida y vuelta entre bandas de todos los países. Nosotros queremos dar el puntapié inicial, ser unos facilitadores culturas, y después de cada uno tendrá que hacer su propio camino. Está bueno que las compañías discográficas apoyen para saber qué discos se vendieron más o estudiar qué pasa en Spotify, cuáles son los temas que tienen más reproducciones en cada lugar. Hay que prestarle mucha atención a ese laburo.

–¿Qué evolución hizo el festival?
–El Cosquín Rock tuvo tres etapas. La primera fue de descubrimiento y sorpresa, donde la gente iba a la Plaza Próspero Molina y se encontraba con gente de Ushuaia a La Quiaca y flasheaban “¿qué es esto, de dónde salió?”. En la segunda etapa nosotros ya tuvimos que llevar a la gente con grillas muy atractivas. Ahí empezamos a agregar cosas alternativas, charlas y cuestiones que veíamos en otros festivales. Y en la tercera, la gente ya estuvo familiarizada, le parece súper común y como hay otras opciones de festivales durante el año, nosotros tenemos que convencerla de que salga de la casa, que haga miles de kilómetros al medio de la sierra cordobesa para escuchar bandas que puede ver durante el año. Ahí es donde importa la marca, la coherencia y el laburo de Cosquín Rock de todos los años. Nosotros estamos pensando todo el tiempo qué hacer para que la gente se sorprenda y se divierta.

–Cosquín, a diferencia del resto, es un plan distinto, más vacacional si querés.
–Claro, son las segundas vacaciones de la gente. Vos te vas con tu novia a un lado, y después te vas al Cosquín con tus amigos. O viceversa. Cosquín es un programa que además incluye música. Pero este año la música tiene un valor muy agregado porque gastamos mucho dinero en tener una grilla que sólo podría ser superada por alguien que esté en un proceso de lavado de dinero (risas). Que no es nuestro caso, desde ya.

–Durante el año producís un montón de eventos, ¿cómo impactó la crisis económica?
–Malísimamente. Las crisis económicas donde primero impactan es en los espectáculos que tienen cierta habitualidad. Por ejemplo, si vos podés ver a un artista tres o cuatro veces al año, vas a optar por ir sólo a una cuando antes ibas a todas. Por ende, ese artista es como si perdiera tres clientes. Todo eso afecta en la economía de las bandas, en el desarrollo, en las posibilidades de tocar. Los lugares están vacíos o a la mitad y eso repercute en el ánimo de los que van y de los que están arriba del escenario. En ese aspecto, el 2017 fue olvidable. Si bien tuve la posibilidad de hacer el Cirque du Soleil con 100 mil personas en Córdoba y, colaboré con la vuelta de La Renga en Huracán, hablo de la industria en general.

–¿Cómo se sobrelleva?
–Hay que ser muy cuidadoso en lo que se hace, convencer a los artistas de que ha cambiado la forma de hacer recitales y hasta que la gente no tenga el dinero ocioso que le permita ir cuatro veces a un recital, tal vez no se puedan hacer esa cantidad. Entonces en ese marco, sin ser economista, yo te digo que si sube la escuela de tu hijo, la nafta, los impuestos, y tus ingresos no suben proporcionalmente, le vas a tener que sacar la plata a los recitales. En Córdoba cuando se está por venir una crisis nacional, yo te la puedo cantar dos meses antes porque el cuarteto habla por sí solo. Las personas se toman dos fernets en lugar de tres y eso salta en la facturación, y ahí ya te das cuenta de que se viene algo. Cuando la cantina baja en los bailes, es porque está por venir una recesión. Es matemático, es el Índice Branca.

–¿Qué sabés de Pato Fontanet?
–No sé mucho porque mis visitas son esporádicas. Está cumpliendo su condena. No tengo bien claro cuando sale. Creo que a mediados o fines del año que viene. Sé que está muy animado y hablo mucho con él a través de Luis Lamas (baterista de Don Osvaldo). Ojalá que todo esto se termine pronto y pueda volver a estar con su familia, que es un tema que le pica mucho. Su ánimo pasa por volver a encontrarse con su hijo.

–¿Qué balance hacés de los shows de La Renga?
–Fueron un triunfo al prejuicio. Con mucho esfuerzo y sacrificio. Vos que estuviste sabés que le pusimos mucho huevo e hicimos un trabajo muy fuerte y, por momentos, agotador. La realidad es que acá hubo una combinación de buena voluntad por hacerlo, por parte del Gobierno de la Ciudad, que tenía más para perder que para ganar, el público que se portó muy bien, La Renga que hizo shows impresionantes, y todo el equipo de producción que trabajó para que eso se logre. Tengo entendido que La Renga está trabajando en su disco nuevo, pero a lo mejor habría que empezar a tocar ya mismo para evitar que pase mucho tiempo. Igual, no sé por qué, pero La Renga sigue teniendo que rendir examen. El otro día les pedí que me manden un listado de la cantidad de estadios que hicieron en los últimos 25 años y no hay ningún artista, ni ningún empresario, que hayan hecho tantos. Sin embargo, vos vas a una ciudad y empiezan todos los miedos. A veces es muy desalentador.