ENTREVISTAS

Palo Pandolfo

"En los últimos años perdí totalmente el norte"

En 2016 Palo editó "Transformación" un disco que, según dice, se volvió profético. De rock nacional, su banda (La Hermandad), las crisis, la política argentina, y su próxima presentación (este jueves 24 en el Konex) habla en esta nota.

Por Santiago Segura (especial para Soy Rock) // Fotos: gentileza prensa Palo

“En el 71 estaba todo: Pescado Rabioso, Color Humano, Aquelarre…”. Palo Pandolfo habla de rock argentino y su cara se transforma. Le apasiona conversar sobre música -bah, ama conversar- y pasa del rock nacional al jazz y de ahí al postpunk, en cuestión de segundos. De fondo suena -bajito, para no tapar su alocución- Headhunters (1973), el disco más aclamado del pianista Herbie Hancock. Pero las melodías de Palo laten a ritmo de rock, y por eso siempre vuelve. Transformación, su segundo álbum al mando de La Hermandad, profundiza el tenor guitarrero del primero, Esto es un abrazo (2013). Desde su publicación, Pandolfo no paró un segundo de trabajar: a partir del disco surgió un documental del mismo nombre, y el hombre giró por todo el país (con banda completa o en formato reducido). También dictó un taller de composición en el Centro Cultural Rojas y se dio el (particular) gusto de tocar en la estación Once del subte H, solo con su guitarra.

En esta charla con Soy Rock, Palo repasa cómo fue la confección del disco antes de una nueva presentación, este jueves 24 de agosto en el Konex, con la formación completa de La Hermandad: Marian Mieres en guitarra eléctrica, Alito Spina en bajo, Raul Gutta en batería, Gerard Farez en teclas y Matías Parisi en pistas. Pero, primero, sigue hablando de aquellos grupos surgidos tras la separación de Almendra.

-Siempre mencionás a estas bandas en las notas de Transformación.
¿Las mencionan o yo las menciono? Yo siempre menciono eso, igual. Fue muy consciente de parte nuestra decir “bueno, hagamos un disco con un salvajismo organizado”, que es grabar el disco en vivo, cinco personas. En realidad, todos estos discos que estamos escuchando y estamos hablando son así. Entonces estoy buscando algo retro setentista. Empezó a haber una vuelta a un rock… desde el 73 hasta el 81. Igual, para mí este disco es más postpunk que rock setentista. Como “Niña de metal”, un electropop. “Ojos del mañana” también, es una mezcla entre Pappo’s Blues y Depeche Mode, es como un Cornelio, que era bastante así. “Sonido plateado” es el tema que, bueno…

-Ahí directamente está el homenaje al rock argentino.
“El sonido de la Nada es puro aire en movimiento”, porque se llama “movimiento” al rock nacional. La piedra fundamental está en Miguel [Abuelo] según esta versión. Es lo que dice el Flaco, Spinetta dice que el verdadero real negro poeta maldito de la calle, el arrabalero de la zurda y del rock and roll extremo, era Miguel. Porque tenía más pensión de Once, tenía calle. Igual todos tenían, el Flaco tenía un tango folclorizado y éste tenía más folclore.

-La hermana de Miguel, Norma, es folclorista.
Canté con ella en un homenaje que hicieron, me morí. Podríamos hablar toda una vida de Miguel, ¿no? Digo, se escriben libros. Bueno, es increíble el fenómeno de libros del rock nacional que hay, para comentar algo así al pasar, ya que estamos hablando de “Sonido plateado”. ¡Yo mismo hago una canción hablando del rock nacional! ¡E hice un programa como locutor contratado!

“Transformación es más postpunk que rock setentista”

-Estás dentro de la historia como músico y a la vez, la contás.
Es un homenaje, una devolución. (Piensa) ¿Me puse en la letra de “Sonido plateado”? “El sonido del parque/ las motosierras y las aves”. Eso es lo que yo escucho en el parque, aparezco ahí. Porque el parque es Del Cielito.

-Entonces ¿no era una alusión al Parque Centenario y las famosas reuniones con el público, de donde surgió “Violencia en el parque” de Aquelarre?
(Se ríe). Pará, esto es importante. Miguel Grinberg es amigo mío, hizo un libro porque cumple 80 años, donde 80 personas de la cultura argentina le hacen una pregunta y él las responde. Y mi pregunta justo se refiere a las reuniones en Parque Centenario que aparecían en “Crisálida”, el último tema de Pescado 2: “Todo gigante termina exhausto/ de que lo observen los de afuera”. Como esas reuniones de meditación de alta gama, ¿viste? Estaban entrando en un nivel chamánico pero se cortó, es como la crisis de la cultura argentina, política, todavía estamos en ese vórtice. No salimos de ahí, directamente fuimos al grano. Toda la utopía y todo lo imposible que se iba a hacer no se hizo, entonces hay que retomar ese camino y decir “hagamos las cosas posibles de toda esta utopía, ¡algo!”. Y yo le pregunto a Miguel qué pasaba, que nos cuente cómo fue todo, cuáles fueron las diferencias. Me respondió “interesante pregunta…”.

-Ahora que pasó un tiempo, ¿qué te pasa cuando escuchás el disco?
Y, es de 2015, se grabó en 2015 y lo compusimos en el 2014. Ahora hice una selección de temas y todavía me gustan mucho unas nueve o diez canciones del disco. Armé una lista personal, lo randomicé, lo desarticulé. “La fuga” sigue siendo mi tema preferido. Es el tema más de culto y alucinatorio, inquietante, oscuro. Musicalmente me gusta porque es remoderno. Pero por otro lado, “Ojos del mañana” me encanta. “Un reflejo”, “Drácula”, “Morel”, “Sonido plateado”, los escucho. “Niña de metal”. Obviamente escucho “El conquistador”: quiero escuchar toda esa porquería. Me gusta “Un trago de cognac”, lo pongo al principio.

-Es el último en el disco y ahora lo ponés al principio.
En mis nuevas escuchas sí, porque me gusta escuchar esa cosa plácida, meditativa (silba). Lo puse a propósito en el final, como una cosa [Brian] Eno. Como que al final podés respirar hondo, después de todo ese ejercicio. Como el yoga, ¿no? Es muy yóguico, el yoga es básicamente una posición y una contraposición; trabaja todo el tiempo así y después de la práctica siempre hay una contrapráctica que es la relajación profunda y la meditación. Por eso metí ese tema al final, porque el resto del disco es más bien… (Imita un ruido de turbulencia) Emotivo y pesado. Es emocionante, un poco adrenalínico. Cuando lo grabamos con Charlie Desidney y Marcelo Suraniti -en la parte de la mezcla-, vimos arquetipos en las letras. Está el conquistador, está Drácula, está la “niña de metal”, Morel. Son arquetipos jungianos, son cuadros psicológicos, de la psique. Son estadios, al decir de Clarissa Pinkola Estés, la autora de “Mujeres que corren con los lobos”. Y eso lo visualizamos en la preproducción artística, en 2015: el año de la cabra, oscuro y demencial. Las letras fueron el final del proceso de composición. Primero hice las melodías, probadas luego con la guitarra para ver qué armonía ponerles. Y tenés toda una canción perfecta pero sin una sola palabra. Tenía todos cauces…

-¿Qué hacías, tarareabas?
Sí, cantaba la melodía. “Drácula” lo hice de pie, por ejemplo, sin guitarra ni nada. Una cosa que yo hago mucho con el silbido, improviso todo el tiempo; o con la voz cuando duermo a un niño. O cuando estoy inspirado, porque de tanto jazz que vengo escuchando hace 35 años, tengo mucha cosa melódica y armónica en la cabeza. Aparte escuché y escucho mucha música clásica y tango. Entonces tengo una bola de recursos melódicos permanentes, creo que me sobran melodías, es lo más fácil para mí. La pregunta es si sirven para algo mis melodías, ¿no? Pero sobrar me sobran. En este caso pude capturar algunas y sistematizarlas con la armonía. Temas como “Un reflejo” y “La fuga” son melodías que empiezan y nunca vuelven. Yo puedo repetir una parte que encontré como estribillo y la repito, pero son temas en los que la melodía va, va, va. Se desenvuelve. Es una gran improvisación, aunque todo está dentro de esa cadencia armónica y de ese ambiente psicológico, esa… tintura emocional. Cada melodía se desenvuelve pero está dentro de ese mismo espiral, son ejercicios melódicos. Cuando componés sistemáticamente con la guitarra tenés lo secuencial, como la milonga (tararea un prototipo de milonga).

“Me sobran melodías, es lo más fácil para mí. La pregunta es si sirven para algo mis melodías, ¿no?”

-Aquello que se abre y se cierra.
Claro, la estrofa uno es igual que la dos, un estribillo y está. La música es bastante así, las canciones que se desenvuelven son pocas, eso es lo que me llama la atención de las melodías de este disco. Creo que la letra le da forma, continuidad y lógica estrofa-estribillo. Porque si no, son melodías un poco abstractas. Y con las letras lo que hice fue empezar con unos tuits en 2012, 2013, cuando ya estaba grabado Esto es un abrazo (2013). Tuve ese método de tomar una idea a la mañana, en el desayuno, que tenga que ver con los sueños, en lo posible. La emoción que uno tiene al despertarse, más que una idea, porque uno siempre se despierta con una emoción. Entonces era tratar de agarrar eso y desarrollarlo en cuatro líneas de un tuit. Lo hice durante unas semanas, y uno de los temas que quedó afuera del disco lo saqué directamente de uno de esos tuits. Pero mantuve la idea de atrapar o de generar un tema de antemano, que tenga que ver con una observación del día. Entonces a todos los temas les di un sino, como “Sonido plateado”, que dije “éste es un homenaje al rock nacional”. No voy a revelar todos los sinos porque, si no, destruyo la posibilidad del oyente de tomar su propia interpretación. Quería evadirme de mí mismo y dejar de ser tan autorreferencial. Después del automatismo de Esto es un abrazo, de “Ando adelante”, en primera persona yo-yo-yo. Hablar de otras cosas, relatar algo, por eso hay acciones en los temas.

-Aunque hayas hecho eso, ¿sentís que al final siempre aparece lo propio?
Lo que me pasó con este disco es diabólico, es muy denso. Porque al fin y al cabo, todo lo que estaba pasando ahí me iba a pasar después. Es premonitorio, las composiciones me anunciaron todo lo que iba a pasar en 2015 y 2016.

-¿Se transformó algo en vos con el disco?
Todo Transformación me transformó en mi vida, yo me di vuelta en 2015 y 2016. Perdí totalmente el norte, estuve perdido. Todos los quilombos que tiene la gente, los tuve. Aparte yo soy una microempresa cultural y fue todo un desastre. De alguna manera, siempre vivo crisis como acompañando a la Argentina, soy una persona que vive atrapada a la política argentina. Por eso digo que el disco es diabólico.

“Siempre vivo crisis como acompañando a la Argentina, soy una persona que vive atrapada a la política argentina”

-Te la cantó.
Sí, además yo jodía diciendo “hagamos un disco ahora, a ver qué me pasa el año que viene”. Y ahora no hago nada, no escribo una sola canción, tengo miedo de saber. Es la inquisición en mí, ¡es el fantasma del conquistador! (risas) No tengo tiempo, como vivo a un apriete total desde lo económico, yo lo absorbo pero siempre por el mismo lugar, el laburo. Soy un loco del laburo, es mi salvación. Esto de la crisis no lo hablé tanto en la prensa, me hice el boludo, vendo que está todo bien (risas). Aunque digo elípticamente que estoy hecho mierda, porque queda bien al mismo tiempo en el rock: “todo esto es una ilusión, mi vida dio vueltas”. Ahora ya puedo decir que estoy mejor. Yo caigo siempre bien parado, soy un desastre pero tengo esa habilidad. Caigo bien, como un gato. Entonces me aferré al laburo con el disco, un disco adorado por la gente. Hoy por hoy, editás un disco y tenés la respuesta instantánea de los oyentes, de los seguidores.

-Empezando por el streaming. Cuando compartiste “Morel” se convirtió en la canción más escuchada en Spotify esos días.
Sí, ese es un laburo de Cecilia Crespo y de la gente de prensa de S-Music, nuestra compañía argentina, empresa que banca a todos artistas argentinos y que hizo una inversión impresionante en el disco. En este momento crítico de la industria, que están cerrando desde zapaterías hasta, no sé, SanCor… yo vivo en el apocalipsis, cualquier persona que trabaja, gente de oficios, artesanos. Pero bueno, ahí está, yo solo voy llevándome adonde quiero, digamos: el oficio de productor independiente. La gente que trabaja, como el indie. Yo enfoqué en el indie desde 2000, 2001, como nunca. Porque antes, con Don Cornelio y Los Visitantes, éramos como mainstream, como empresas. Yo desde el 92 hasta ahora vivo de la música, y siento que puedo, de acá a que me muera, recorrer todo el país con una guitarra criolla y laburar todos los fines de semana. Y para eso es necesario tener la herramienta de laburo de alta gama que es Transformación, que es un disco bancado por la compañía.

-¿Todo lo que pedían les era facilitado?
Exacto. Es un disco en el que está toda mi carrera reconocida. Es toda la fe que tiene Alejandro Varela [presidente de S-Music] en mi presente y en mi pasado. No fe, tiene concretamente el pasado mío vivo, por la gente de Don Cornelio. Conoce artísticamente lo que representa mi camino. Y sabe que poniendo una inversión y haciendo un disco en alta calidad estuvimos en todas las encuestas de “lo mejor del año”. Sacamos un disco competitivo, de mercado de rock nacional, digamos. Dicho de manera cruda, ¿no? Que las pelotas, porque no existe, somos re de culto igual (risas finales).