ENTREVISTAS

Ricardo Iorio

"La amistad es el motor"

[Nota de Archivo]
Publicada en Soy Rock 84, abril de 2014.
Por Pablo Mileo y Leo Ros
Fotos: Pepe Cáceres

Un cantor. Un poeta. Un amigo. Un personaje. Ricardo Iorio es todo esto al mismo tiempo y mucho más. Pero para permitirse conocerlo a fondo, lo mejor es dejar los prejuicios propios y ajenos de lado, abrir la cabeza y los oídos. El más grande del heavy nacional, que eligió la vida rural hace más de una década, nos invitó a sus pagos a pasar un día de campo con carne asada, pan, agua y vino. ¡Iorio y Pampa!

Ezeiza. Cañuelas. Lobos. Roque Pérez. Saladillo. Bolívar. Daireaux. Guaminí. Las localidades se suceden a lo largo de 500 kilómetros de la ruta 205 hasta llegar al cruce con la 85. De ahí son otros 50 kilómetros más hasta Coronel Suárez, un próspero y encantador pueblo sojero ubicado en el extremo sur de  la provincia de Buenos Aires. Coronel Suárez tiene 25 mil habitantes y es conocido por haber visto nacer a Sergio Denis y a los mejores jugadores de polo del mundo. De hecho, el club Coronel Suárez es el más ganador de la historia del Campeonato Argentino Abierto de Polo con 25 títulos, la mayoría durante las décadas del 60 y 70, gracias al alto hándicap de las célebres familias Heguy y Harriot. Es en la terminal de ómnibus de Coronel Suárez donde nos espera a las 9 de la mañana un ilustre vecino que está a años luz del mundo de los caballos con fines deportivos: Ricardo Iorio. El cantante de Almafuerte, el fundador de V8 y Hermética y uno de los compositores más importantes de la música argentina, manejó durante hora y pico su chata Ford F100 por el camino de tierra que separa su rancho de nuestro punto de encuentro. En el bar de la terminal, Ricardo desayuna una ginebrita y le hace chistes a la dueña del lugar que advierte nuestra presencia y nos mira con gesto de resignación mientras escucha esta anécdota: “El otro día vino uno y me dijo ‘eh, Ricardo, una foto, una foto’. A ver cantate un tema mío. ‘eh… no sé’. ¿Entonces qué foto querés? Tomatelá”. Iorio, que tiene puesto el mameluco original que usan los aviadores de la Fuerza Aérea Argentina, se da vuelta, nos saluda con un fuerte (y afectuoso) apretón de manos, mientras se disculpa por no podernos llevarnos a conocer su casa. “Estamos lejos y vamos a perder mucho tiempo viajando”, se excusa. A cambio, propone ir a lo de un amigo suyo que nos está esperando “acá nomás” para comer una picada y hacernos un asado. “¿En qué vinieron? ¿En auto? Síganme”. Adelante, entonces, va Ricardo con Pepe, nuestro fotógrafo. Atrás, pegados, vamos nosotros sin perderles el rastro. Por el parabrisas se lo puede ver hablándole a su acompañante con vehemencia, al punto que la camioneta empieza a torcer su rumbo y amenaza con tocar el cordón de la vereda hasta que la endereza. De la nada, le aparece una bicicleta, Iorio le toca bocina, la pasa, y el ciclista responde llevándose la mano a los testículos. Iorio lo ve por el espejo retrovisor y clava los frenos. El muchacho pega la vuelta y sale andando a toda velocidad hacia el lado contrario. Un valiente. Ya en las afueras de Coronel Suárez, hacemos algunos kilómetros y un cartel nos avisa que acabamos de ingresar a las colonias de los alemanes del Volga, unos enclaves rurales que crecieron alrededor del paraje Sauce Corto, cuando 50 familias germanas llegaron desde Rusia en 1887. Santa Trinidad, San José y Santa María, conocidos en el lugar como Colonia 1, 2 y 3, son tres pueblitos  muy pintorescos que parecen haberse quedado en el tiempo. En medio de bulevares arbolados, casas de piedras de adobe, negocios  y calles con nombres alemanes y gente extremadamente rubia, estamos nosotros de compras con Ricardo Iorio. Imposible pasar inadvertidos cada vez que entramos a la panadería, la carnicería, el almacén. Sin embargo, Iorio siempre se las arregla para terminar haciendo reír a todo el mundo. Con todas las provisiones necesarias, encaramos el último tramo del viaje hasta llegar, finalmente, a la casa del amigo de Iorio. Cruzamos la tranquera y a lo lejos divisamos al dueño de casa, un robusto metalero de cresta cobriza con una remera de Mötorhead, una motosierra a sus pies y un pitbull marrón que se pone alerta cuando nos ve llegar. La primera impresión, inquieta. Hasta que lo conocemos.

Jeremías Marsch, de 28 años, es el cantante de Instinto DC, un trío de heavy metal de la zona. Tiene una motosierra pero no quiere protagonizar la Masacre de Coronel Suárez, sino cortar la leña para prender el fuego necesario para agasajarnos. El pitbull, en realidad, es la pitbull, está recién operada y es más inofensiva que cualquiera de los tantos colibríes que se zambullen en las flores de las plantas que rodean este soñado caserón. Jere tiene una ampolla en el medio de la frente que, según cuenta Ricardo, se la hizo después de apagarse ahí a propósito un cigarrillo mientras cantaba “Del fumador”, un cover de Almafuerte, en el último show de Instinto DC. “¡Ponéte una curita!”, lo reta Iorio, y le dice: “Andá y mostrale a esta gente porqué somos amigos vos y yo”. Emprendemos así una corta caminata por el campo hasta llegar a un enorme galpón donde descansa algo inesperado: la carcasa de un avión. Resulta que Juan Ricardo Marsch, alias Richy, el papá de Jeremías, fue uno de los primeros pilotos fumigadores de la zona y era muy respetado por la destreza que mostraba a bordo de su Boeing-Stearman biplano con el que surcaba los cielos. Cuando era un niño, Jere contemplaba a Richy mientras reparaba el motor arriba de la mesa de su casa, mientras su mamá entelaba el fuselaje y las alas de la máquina que le daba de comer a la familia. Más adelante, ya en su adolescencia, el joven rockero empezó a tener una relación muy tirante con su padre hasta que Ricardo, recién mudado a estos pagos, se le plantó un día y le dijo: “vos tenés que aprender a respetarlo porque es una gran persona”. Parece que a partir de ese consejo, la relación entre ambos mejoró notablemente. “Mi papá falleció el año pasado. Y siempre le voy a estar agradecido a Ricardo por esas palabras. Me permitió disfrutar de su último tiempo con vida”, confiesa. Sin embargo, lo que hay dentro de este hangar no es el Stearman de la familia Marsch, sino es un Horten Ho 229, un cazabombardero de la Segunda Guerra Mundial, que Richy estaba reproduciendo a ojo, antes de morir, mirando las fotos de modelos de la época. Cuenta Jeremías: “Ricardo nos ayudó a conseguir los planos y cuando los vimos no podíamos creer lo igual que lo había hecho mi viejo, la exactitud de las medidas, los detalles, todo”. Cuando salimos del galpón, nos encontramos con Meli, su mujer, que sostiene en brazos a Ulises Ricardo, el hijo de ambos. “Le pusimos de segundo nombre Ricardo por Ricardo, que va a ser el padrino del bautismo”, nos cuentan. Y ahí nomás irrumpe en la escena el tipo más duro del rock argentino para hacerle upa y llenarlo de besos. “Tengo más ahijados que Perón. Para ser ahijado de Perón tenían que ser siete hermanas mujeres o siete hermanos varones. Conmigo no. Es un orgullo”, aclara Iorio. De ahí nos trasladamos todos juntos hasta “El Rincón del Álamo”, un sector del terreno donde hay una mesa de cemento debajo de la sombra de un imponente álamo plateado. El dueño de casa se dispone a hacer el asado mientras unos pavos reales revolotean por ahí. Iorio le pregunta si no tiene una hembra para cruzarla con uno suyo y le cuenta que hace poco se le murió un pequeño zorrino.

–¿Tenés muchos animales? 
–Tengo animalitos, no animales. La gente cree que porque uno vive en el campo tiene vacas, pero yo vivo en un terreno de 25×25.

–¿Cómo es un típico día tuyo?
–En el campo hay que levantarse temprano porque si no es al pedo. No podés vivir en el campo y levantarte a las 12 del mediodía, no saber si salió el sol. Ojo, te puede pasar algún día, y más a personas como yo que escribimos de madrugada.

–¿Escribís de noche?
–Y sí, cuándo querés que escriba, ¿a las tres de la tarde mirando a Canela?

–¿No te inspirás con Avenida Brasil?
–Y no, maestro.

–¿Y qué hacés a la mañana?
–Cuido las plantas para que cuando pasen ustedes no digan “acá vive un drogadicto escapado”.

–El pasto está bien cortado.
–Vos sabés que muchos se asombran al verme de negro cortando el pasto. Bueno… (recita) “Yo me visto de negro y de donde estoy no me muevo. Mi alma de luto se viste, más el destino me insiste que de un corchazo me ataje, diré adiós al paisanaje de mi pueblo tan querido y con rumbo al olvido me iré en el último viaje”.

–¿Eso de quién es?
–Celedonio Flores tal vez, o de alguno de esos grandes que están prohibidos. En realidad no están prohibidos, están fuera de catálogo. Si estuviesen prohibidos podríamos hacer una manifestación.

–¿Estaba pelado el terreno cuando llegaste?
–No había nada, así que no tiene espíritus. Espíritus va a haber cuando me muera yo. Si muero ahí. Seré un alma en pena.

–¿Cómo llegaste a esa casa? 
–Pasé por ese terreno cuando tenía 11 años. Mi papá manejaba y nos trajo de recorrida. Y mi sueño siempre fue vivir ahí cuando sea un hombre. Y ahora vivo ahí hace 13 años. Con mi mujer y mi hija menor, que toca el piano y quiere ser cantante. Desde los 12 a los 16 estuvo internada en una escuela agropecuaria, como la colimba. Estaba toda la semana y nosotros la íbamos a buscar los sábados. Ella siempre quiso tocar el piano y cantar, pero siempre me negué. Porque este mundo del arte y de la música es asqueroso, repugnante, manoseador y hasta raya lo imbécil. Después vi que su motivo era de bondad y le compramos un piano.

–¿Tus padres no te apoyaron en la música?
–No, pero porque eran ignorantes del mundo, no porque no me quisieran. Hoy que soy un hombre grande tengo que reconocer que en lo que pudieron me ayudaron. Les tengo que estar agradecido. Yo les dedico mis discos a mis padres, a los padres de mis amigos, a los hijos de mis amigos, a sus madres y a mis ahijados, que son la continuidad de la vida. Esa es la esperanza. “Con la esperanza, nadie me alcanza”, dijo Facundo Cabral.

–Es un tema recurrente en tu obra eso de concretar los sueños. 
-Porque creo que concretar los sueños es prolongar la vida. Es darle fundamentos a la concreción de tus esperanzas. Eh, Pepe (se dirige al fotógrafo), ¿cuántos rollos trajiste?

–Funciona sin rollo ahora, Ricardo. 
–No te hagas el virtuoso que tenés como seis japoneses adentro de esa cámara(risas).

–¿Cuál es tu sueño ahora?
–Las cosas se crean en el éter del pensamiento y luego se concretan. Mi sueño ahora es irme más adentro, a Guatraché, La Pampa, a los montes de la vieja selva seca, la nación de los árboles. Ahí es donde tengo pensado descansar mi organismo.

AMISTADES DE TIERRA ADENTRO

–¿Qué amistades hiciste donde vivís ahora?
–Amistades de gente que no me conoce por la música. No es que me quieren por eso, me quieren por la persona que soy. Es muy elevador poder hacer amistades de hombre grande. A veces tenemos amigos que nos cagan, que nos pisotean, que nos cojen y seguimos compartiendo un café con ellos para buscar venganza o sólo porque iba al jardín con nosotros. Estos amigos, no.

El que se mudó para esta zona es Chizzo de La Renga. 
–No lo vamos a mandar sopre, que su intención es estar tranquilo.

–¡Es imposible encontrarlo si no sabés con exactitud dónde vive!
–Él es otra de las personas que yo he conocido de grande. Igual que Ciro Pertusi, de Attaque 77, que dejó todo por su ideal de ser una buena persona, de que no le digan qué tiene que decir y empezó de nuevo como hice yo. Estuvo conmigo en casa y puedo decirle a cualquier lector que esas son gentes buenas. Igual que el éxito que tiene el muchachito que nada tiene que ver con el rock, que es de Bahía Blanca…

–¿Abel Pintos?
–Abel Pintos. Bien merecido se lo tiene, él y su hermanito, porque son gente de buena familia, de buena educación. Gentes buenas. Están las gentes buenas y las gentes malas.

–¿Y cómo te das cuenta cuando alguien es bueno?
–Dime qué escuchas y te diré quién eres. Así me doy cuenta.

–Pero cuando uno es joven a veces escucha cualquier cosa… 
–Yo cuando era chico escuchaba a Roberto Carlos, que creo que me influenció mucho. De pibe escuchaba The Rosko Show. Yo, de muchachito, 11 o 12 años, escuchaba a Sandro o a Palito Ortega.

–Hay un montón de canciones tuyas que hablan de la amistad.
–“Hoy es”, “A vos amigo”, “Amistades de tierra adentro”, “Pa’ Pelusa”, hay varios. Se trata de mantener viva esa llama y de destacarlo de otras naciones. La amistad es el motor.

–¿Cómo es eso de destacar nuestra amistad por sobre la de otras naciones?
–Los que habitamos esta nación, no somos una etnia. Por eso la amistad se convierte en algo preponderante. Los que se van a vivir a España tienen amigos en los bares, no tienen amigos en la casa. El otro día escuchaba a Rolando Hanglin en la radio y un muchacho contó que cumplió años en España y los invitó a que vengan a su casa y todos se asombraron. “¿Cómo nos va a dejar entrar a su casa? Este es un pelotudo. Un pibe boludo”. Así nos definen, como “pibe boludo”.

–¿Y los amigos que te vienen a visitar desde lejos?
–Me vienen a romper las pelotas (risas). Pero los quiero a todos. Los interno escuchando discos de José Larralde, treinta o cuarenta discos sin parar, y no vienen más. Porque en mi casa mando yo. No va a salir mi papá en pañales a pedir “¡Bajen la música!”. Esta es mi casa y esta es mi familia. Me encanta que vengan y que vean que se puede vivir felizmente lejos de la ciudad, sin los ruidos que escuché durante 40 años.

–¿La ciudad es como que te chupa? 
–¡La pija me chupa! Nadie me puede decir a mí que escapé de la ciudad porque yo estuve ahí 40 años y ¿cuántos me pueden quedar?

LETRAS RURALES Y LETRAS URBANAS 

–Hiciste un montón de letras de la ciudad, bien urbanas: “Desde el oeste”, “En las calles de Liniers”, por nombrar algunas…  
–He descrito la ciudad así como ahora en “Trillando la fina” o “Glifosateando” muestro otros pareceres o acontecimientos de la vida rural. Yo ahora le convido otra opción al joven de acción de la ciudad. Más distendida. Sin ser hippie, eh. Porque mucha gente piensa “ay, viven en el campo, deben ser una comunidad, loco”. No, no. Es totalmente aguerrida. Se tiene mucho más presente la muerte porque para comer hay que matar el cordero. Y después están los que se ofenden porque ponés una foto de un lechón pero tienen zapatos de cuero. ¿De qué me están hablando, la concha de su madre?

–La canción “Muere monstruo muere” deTrillando la fina, ¿es real o es una leyenda del campo?  
–Es real. Se puede transformar en una leyenda, pero es una historia real que me pasó a mí. Como yo canto lo que siento, y lo que me sucede, lo expresé ahí y parece que salió bien. Generalmente, muchos pibes chiquitos que escucharon la canción por sus padres, me mandan cartas y me dicen “mis papás no quieren hablar, dígame cómo era el monstruo cuando llegó a su casa” (risas).

–Ricardo, nosotros te respetamos mucho, pero los monstruos no existen.  
–Es que, generalmente, cuando uno piensa en un monstruo, se imagina a una persona deformada, a un engendro. Y a veces los seres humanos se transforman en engendros por no tener límites en sus escapismos.

–¿Entonces el monstruo de la canción es un ser humano?
–Claro, ahora leé bien la letra ahora que sabés que es un ser humano. No hay más monstruos que los seres humanos. Como dijo León Gieco: “miedo hay que tenerle a los vivos, no a los muertos”.

–Hay letras que hiciste en la ciudad, en la época de Hermética, como “Robó un auto” o “Atravesando todo límite” en las que ya se empezaba a ver que te gustaba la ruta, viajar, alejarte del quilombo. 
–Me parece excelente que lo veas así. También observo que hay otra gente que toma eso como algo degradante. Pero está todo bien, porque en el “Padre Nuestro”, que es mi mantra, digo en mis oraciones: “perdona mis ofensas como yo perdono a quienes me ofenden”. Pero me parece muy bonito que haya alguien que no lo vea de esa manera, porque yo era muy chico y en esa época a nadie le gustaba que un hombre joven le diga la verdad. Ahora tengo 50 años, más audiencia que la época de esas canciones, y sigo cantando lo mismo que escribí a los 18 años. Para mí es gratificante.

–¿De qué habla “Tu eres su seguridad”?
–Vos, que sos un hombre joven, sos la seguridad de nuestros mayores. Vos tenés que aportar a la jubilación. Desgraciado es seguir aportando y ver que el jubilado gana $1200 y el preso, $4000. No hay nada más hermoso para un autor que documentar el presente inmediato. El cabezón Arjona dice “canto de corazón”, sí, pero hay que cantar lo que el corazón debe, hijo de puta.

–“Tu eres su seguridad” es mucho más filosófica que los jubilados: “si buscás libertad, ya no andes por fuera, hombre de mil nombres nace ya”, ese tipo de cosas. 
–Muchas de mis letras son filosóficas. Porque soy un hombre letrado aunque no tenga títulos de posgrado ni un estudio de Abogacía. Soy un filósofo errante. Me identifico con frases de José Larralde como “soy un solo, un contrario a todo, no acepto jerarquías en el modo de conseguir el cielo o el calvario, cuento las negras cuentas del rosario que van hacia la cruz codo con codo”.

–¿Tenés alguna letra que te guste más que otra?
–No puedo decir yo eso. Son todas cosas que llegaron por la intuición y las quiero a todas. Lo más importante es tratar de mostrarle al muchacho, al joven de acción, que empieza o quiere llegar al rock, que el que quiere cantar, canta, y todas las obras son como un coche que uno tuvo. Lo quiere. Como a una novia. Todas son cosas bonitas. En realidad lo que sí puedo decir es que ninguna canción mía me da vergüenza. Nadie puede venir y decirme “tocá tal canción” y que yo diga que me da vergüenza porque cambié de opinión. No, tengo la misma opinión que cuando era un muchacho de 18 años. Por eso, ahora que tengo 50 estoy tocando temas como “Muy cansado estoy” de V8 o temas de Hermética. Y los que no hago, es porque creo que no pueden salir mejor.

–Ahí te referís a las letras, ¿y la música?
–Las músicas, excelentes. Lo único de lo que más me arrepiento ahora, después de pasado el tiempo, es Hermética, porque se luchó tanto por la expresión de esa agrupación, que hay gente que se ha fanatizado con eso y realmente era un asco. Era una cosa horrible, la batería era asquerosa, las guitarras eran repugnantes, la voz era despreciable. Y bueno, entonces a veces me gustan agarrar esas autorías que inventé e interpretarlas con el Tano Marciello, con Bin Valencia, quienes no sólo están conmigo porque son buenos intérpretes o buenos ejecutores de instrumento, sino que son personas excelsas, personas que jamás han traído un problema. Son personas en las que realmente puedo decir que en ellas he conocido el amor, como con mi manager Marcelo Caputo. Él es mi hermano.

–En una banda, ¿es más importante el vínculo personal que el musical?
–Creo que sí. El vínculo, los afectos. Lo dijo este muchacho Pepito Cibrián en el programa de Baby Etchecopar. Yo no tengo la facilidad que tienen otros de ingresar a Internet o de tener una página. Si yo en ese momento hubiese tenido Internet, me hubiera gustado mandarle a Pepito Cibrián un mail y decirle que me conmovió. “Usted señor apeló a los afectos, a los vínculos, a las cosas de amor”. Y muchos dicen “eh, es un puto”. Mire hermano, a Dios no le importa por qué agujero del cuerpo uno goza. A Dios lo que le importa es si uno es gente buena o no.

UNA BANDA A DISTANCIA 

–¿Cómo se hace para mantener una banda viviendo tan lejos de tus compañeros, sin ensayar? 
–Me lo enseñó Horacio Guarany. Él jamás ensayó. Uno tiene los discos, los escucha, va y canta. Si no hubiera venido hacer 13 años acá, no estaría vivo. Eso prolongó mi existencia.

–A los shows vas en camioneta ¿no?
–Sí, a todos lados voy manejando. Ya me cansé, fueron 20 años de andar en micro. Tengo un especial aprecio por los conductores de micros de giras, porque son parte fundamental del rock, porque no cualquier conductor o dueño de micro va a llevar a una banda como Almafuerte. Hoy en día los hermanos Trappa me habilitan la posibilidad de tener un micro de Vía Bariloche para que nos podamos mover con la banda, por toda esa obra que hemos hecho de muchachitos.

–Y una vez por año tocan en esta zona ¿no?
–Sí, a beneficio del Club Unión de Tornquist. Conozco al presidente hace mucho, viven frente a mi casa él y sus hijos, y en una charla me han contado que tienen un club de fútbol, y entonces decidí que hagamos un concierto. El primer año hicieron el techo, el segundo el piso, el tercero la cancha de básquet, el cuarto la cancha de hockey, y ahora no sé qué irán a hacer.

–¿Tenés guitarra en tu casa? 
–Sí. Soy de tocar cuando ser corta la luz. Dediqué muchísimo tiempo a eso, así que trato de no repetirme. Claudio Marciello, que es un hombre muy prolífico y muy internado en lo musical, llegó a casa y vio mis guitarras llenas de tierra y me dijo “sos un hijo de puta”. Porque él ni loco tendría las guitarras abandonadas. Yo a veces me doy el lujo de dejarlas en el olvido debido a que durante mucho tiempo las tuve en conciencia e inmediatez. Prefiero tratar de ir puliendo mis facetas.

–¿Te sigue gustando grabar discos?
–Los ahorros de mi vida los puse enAtesorando en los cielos y en este disco de tangos (mirá los recuadros). Pero no soy muy adepto a estar en un estudio de grabación. Tengo amigos en los que confío, como Álvaro Villagra. Él fue el que hizo que los guitarristas de Edmundo Rivero lleguen a mí, que esté en el disco de la Mancha de Rolando, que esté en la película de Kapanga, en el disco de Pappo & Amigos. Con Pappo pasa una cosa muy particular, porque no lo pasan en ningún lado. Están pasando a Juan Luis Guerra y no Pappo. En estas regiones hay 25 radios AM y en ninguna pasan rock, en todas pasan música tropical. Por eso puse todos mis ahorros en esto, para poder mantener encendida la particular llama de la identidad nacional y para hacer más firme el nudo del alto desprecio que le tengo a la música tropical. Lo lamento de todo corazón, pero es así.

–Recién en la ruta veníamos escuchando la radio y cuando pasan canciones de rock, ¡son versiones tropicales también!
–Por eso, vuelvo a repetir: la única intención de esto es mantener viva la llama de la identidad nacional, porque no seré yo quien olvide a las personas que han dado a parir identidad. Mi hondo desprecio hacia aquellos que niegan esto y difunden la música tropical en una nación en la que hace 25 grados bajo cero en invierno.

–¿Para qué sirve tener identidad nacional?
–La identidad nacional lo único que intenta es que nos sintamos como hermanos. Hay una ambición tan terrible acá, que vivimos en un país en el que el durazno en almíbar no es dulce, en el que azúcar no endulza. Nos hemos transformado en el país del corte. Viene todo cortado. Vas a comprar un pedazo de queso para tres pizzas y cuesta más caro que un gramo de cocaína. Entonces que le paguen a la gente con merca y listo. ¡Cocaína para Todos! Y nadie come. Vuelvo a repetir: mi cosmovisión es errada, no tiene que ser tomada en cuenta, más sepan todos que yo no soy un doctor de la ley.

–¿Quiénes son para vos los artistas que representan la identidad nacional?
–Edmundo Rivero a morir, a Abel Ivroud, a Omar Moreno Palacios, a Horacio Guarany, a José Larralde. Y a otros que han muerto, como Jorge Cafrune o Argentino Luna. Vivo la indignación que muerto Argentino Luna, no se puso la bandera a media asta y que en ninguna radio se haya pasado una canción como homenaje a un hombre que siempre le ha cantado a su nación, como cuando cantaba “mire que lindo mi país paisano, si usted lo viera como yo lo vi”. Lo mismo con Hugo Giménez Agüero, que murió acá en la Ruta 33. Él definió la música de la Patagonia. Yo en Atesorando en los cieloshago una canción de la Patagonia, como un sentimiento que me nació de ir con esta camioneta hasta Tierra del Fuego y volver. Fui llevando dos amigos y volví solo, y escribo esa canción siempre respetando el sentimiento de creación y de identificación como el de Giménez Agüero, Marcelo Berbel, Rubén Patagonia o Facundo Cabral. Mi próximo proyecto, después de que se concreten estos dos discos, es que con el grupo Pez, de Ariel Minimal, pueda grabar un disco que se llame Ricardo Iorio interpreta a Facundo Cabral. Trasladarlo al tiempo metalero. Ese es el sueño que tengo, todavía ni lo hablé con Minimal, pero es el sueño que tengo. Y si tuviese los 6 millones que le dieron a Calle 13, se los daría a (el abogado) Víctor Stinfale para qué averigüe quien es el responsable de haber matado a Facundo Cabral, porque para mí él es el John Lennon de la Argentina. Un tipo que nunca cantó cosas magras, superficiales.

LA TELEVISIÓN Y LA IDOLATRÍA 

–¿Estás al tanto que en Internet hay sitios que recopilan frases tuyas?
–No ingreso en eso. Me cuentan mis amigos, pero yo no estoy en ese viaje.

–Pero en la televisión sí te ves…
–Veo, y también observo, que yo fui a un programa de cable por amor, nadie me pagó. Y pasa que me pasan en el programa de aire y generalmente no con frases intelectuales hacia lo espiritual, sino con bocasuciadas. Porque tengo eso yo, tal vez heredado por la vida que me llevó a tocar, viste, no me desagrada, pero me rompe las pelotas que voy a comprar una picada, para ofrecerles a unos amigos que no conozco (nos señala), y me cobran el doble porque dicen “este puto está en la televisión, cóbrale el doble”. La gente cree que en la televisión se dice la verdad.

–Y que por salir ahí, podés pagar el doble las cosas. 
–Sí, sí, que sepan ellos que nadie me pagó por ir ahí. Un amigo, Willy Quiroga, de Vox Dei, me sugirió que le ponga un abogado y les haga juicio para que me paguen cada vez que me repiten. Y yo dije ¿cómo le voy a hacer esto a Beto Casella? Si es una persona que quiero. Sé que tengo poca cintura para ingresar a todos los medios, más tipos como Beto Casella han querido revertir esto y por eso me ponen, no lo hacen por maldad, me ponen porque quieren, y a parte me ponen porque les ha dado audiencia sin pagarme. “Aunque yo no hubiese sabido a cuántos yo le he prestado mi lomo para que lo usen de trampolín, he sabido al fin que me han reprochado el no quedarme de a pie”.

–Lo que pasa con vos es que la gente presta más atención a cómo decís las cosas que a lo que decís. 
–En ningún momento de todas las cosas que puedo decir en televisión, digo “vamos a robar”, “vamos a pegarle un tiro a este gil porque tiene un coche que no lo tenemos” o “usted tiene dos casas, deme una a mí”. Nunca fue así. Así que realmente me importa un carajo. Mi hijita más chica por ahí ve que digo “me carcome la cabeza de la chota” y se ríe porque dice “papá, cómo vas a decir eso”. Y eso pasa todos los días. Lo que sucede es que ellos compaginan. A mí me preguntaron “¿te rompe las pelotas tal cosa?” y yo les respondí “mirá, antes me rompía las pelotas, ahora me carcome la cabeza de la chota”. Yo sé que podría decir “no, ahora me rompe las bolas”, pero son cosas que me nacen, y que definen mi personalidad. Mi personalidad no es la de un hombre que tiene miedo a quedarse solo, porque siempre estuve solo, nunca tuve el apoyo ni del gobierno ni de nadie. Siempre fui solo, así que me enaltece, no me sienta mal.

–¿Te gustaría que te apoye el gobierno? ¿Qué te lleven a tocar a algún evento gratuito?
–No. Me daría mucha vergüenza, mucho pudor. Porque tienen que saber que cuando este gobierno ya no esté, no les van a dar ni la hora.

–¿Te considerás un hombre político? 
–Para nada, porque mi cosmovisión no es coherente. Toda opinión política que yo pueda dar no debe ser tomada en serio porque mi cosmovisión es diferente. Hago lo que quiero. Soy quien quise ser.

–Pareciera que renegás del cantito que dice que sos “lo más grande del heavy nacional”. 
–No. Que canten eso no es problema. El problema es que cuando uno piensa que el otro es superior, hace que uno se sienta inferior. Yo no soy una autoridad, sino una persona que intenta hacer que los demás estudien como yo estudié. Porque siempre que nos hablan de estudiar, pensamos en una universidad. No, yo hablo de estudiar a las personas. Yo tengo mucha habilidad de conocer. Me podrían llamar Ojos de Rayos X, porque yo estuve en el Mercado de Abasto nueve años, estuve en el Mercado Central cuatro años, y me visitaban 2500 personas por día. Entonces uno conoce a las personalidades con solo mirarlas a los ojos, ver sus ropas, ver su intención, ver su manera de caminar.

–Vivir alejado de todo, ¿te ayudó a reflexionar sobre vos mismo? 
Cuando uno vive en la zona rural, primero escucha mucho la radio porque las distancias son largas, y también tiene tiempo para la reflexión. Si yo voy de mi casa a lo de un amigo, que son tres cuadras, no tengo reflexión en el manejo. Más si voy de Coronel Suárez a Buenos Aires, en esas cinco horas pienso en todas las cosas que tengo para hablar. En estos 120 kilómetros que hice para hablar con ustedes y brindarles mi corazón yo pensé las cosas que tengo que decir, y también las personas que me aman, que son mis hijas y mi mujer, que me dicen “no hables de esto, no hables de aquello, fíjate, contrólate, no digas cosas que nos perjudiquen”. Por eso vuelvo a repetir, que la cosmovisión de este autor, de este compositor, de este intérprete, no pertenece a la política, no son cosas sanas. Porque a mí me importa un choto quien sea el presidente o a quien haya elegido el pueblo. Sea quien sea el presidente o quien esté al lado suyo, yo voy a seguir siendo yo, y así me muestro.

EL MAMELUCO

–Ricardo, no podemos volvernos a nuestras casas sin preguntarte por qué tenés puesto un traje de la Fuerza Aérea Argentina. 
–Me lo puse especialmente para las fotos. Para que el hombre que me lo regaló sepa que lo quiero. Y que le pueda decir a sus amigos que este mameluco, con el que salí en las fotos, me lo regaló él. Sus amigos le van a decir: “¡Pero cállate, que le vas a regalar, vos boludo!”. Siempre me motivó en los últimos tiempos la Fuerza Aérea, soy muy fanático. Con decirte que acá en Bahía Blanca hay una dependencia del Ejército Argentino, y a mis conciertos vienen los pilotos y me han regalado camperas o este mismo mameluco, y cuando tienen un poco de gasolina pasan por mi casa haciendo un trompo, como diciendo “Iorio, por Google sabemos dónde vivís y pasamos haciendo un trompo para que veas que también estamos vivos, y que tenemos cuatro putos aviones, y cuando tenemos un poco más de combustible nos damos esta vuelta”. Y seguro que cuando aterrizan, los mecánicos les preguntan cómo les fue y ellos dicen: “Pasé por lo de Iorio”. “Bieeen”, festejan todos (se le llenan los ojos de lágrimas, se le caen algunas y se las seca con las manos). Acá está mi amigo de testigo (se refiere a Jeremías). Los tuve que llamar para decirles “Loco, paren que van a romper todos los vidrios” (risas).

–¿Te subiste alguna vez a un avión de esos?
–Cuando era niño, tenía cinco años, y llegó un micro Mercedes Benz azul y cargó a todo primer y segundo grado y nos llevaron a la Base Aérea de El Palomar. Nos llevó una señora gorda, yo la imagino como gorda, quizás porque  cuando uno es chico ve todo más grande, y nos dieron una facturas enormes, que por ahí eran así de chiquitas, nos sentaron a todos, nos pusieron un cinturón de seguridad, y veinte conscriptos se tiraron al grito de “¡Viva la Patria!” en un paracaídas. Después estacionó el Hércules, y todos fuimos corriendo a saludar a los paracaidistas. Creo que eso fue lo que me motivó a darme cuenta que sí, que hubo militares que hicieron cosas malas, como hay abogados que hacen cosas malas, como hay guardiacárceles que hacen cosas malas, o policías o evangelistas o curas, más yo nunca olvidé ese día. No sólo eso, sino que lo recuerdo hoy como un hombre, con sentimiento positivista de identidad nacional. Me puse este mameluco que me regaló un amigo de la Fuerza Aérea para que sepan que no todos son iguales.

¿Querés decir una última cosa más?
–A todo aquel lector, discúlpeme, mi rumbo al fin es el amor y mi nave irá dónde voy yo. A mí la sociedad me indujo, la ciudad me condicionó, y sepa que usted es usted y yo soy yo (vuelve a emocionarse). ¿Comemos?

TANGOLPEANDO

“¿No les dio mi manager un sobre para que me traigan?”. La pregunta de Ricardo Iorio devela el misterio que se había iniciado horas atrás, cuando el equipo de Soy Rock se encontró con Marcelo Caputo, el manager de Almafuerte, para coordinar los detalles de la entrevista. El emblema del metal pesado argento despedaza con sus manos el sobre de papel madera, que contiene una cajita de CD adentro. “Este es el disco de tangos y milongas, que grabé con los hermanos Jorge y Juan Carlos Cordone, los guitarristas de Edmundo Rivero. También participa Pablo Ziglier, el pianista que tocó con Piazzolla durante 15 años”, explica. Mientras repasa el listado de temas que conforman el álbum (“No la quiero más” y “Tangolpeando”, por ejemplo) justifica la selección que hizo: “No elegí los tangos de Mariano Mores o los que se bailan, sino los que reflejan un pasado inmediato que está siendo borrado. Lo más importante de un intérprete es la elección de las músicas. Y yo lo hice con la única intención de mantener viva la llama de la identidad nacional”.