PINTÓ

Así fue la última vez que Freddie Mercury subió a un escenario

Se cumplen 30 años de la agridulce despedida del líder de Queen, de la mano de Montserrat Caballé y en Barcelona.

Freddie Mercury levanta la mano, sonríe y saluda a las miles de personas que aplauden extasiadas después de su performance. Puede ser el final de cualquiera de los recitales que el vocalista dio en sus 20 años de carrera en vivo, pero por distintos motivos este no es un show más. Mercury acaba de dirigirse al público desde un escenario por última vez en su vida. Es la noche del sábado 8 de octubre de 1988 en la plaza Buigas de Barcelona, ubicada frente al esplendoroso Museo Nacional de Arte de Cataluña, lugar elegido para La Nit, un evento cultural que sirvió como previa al lanzamiento de los Juegos Olímpicos que llegarían en 1992 a la capital catalana. En este saludo final no están junto a él los integrantes de Queen, sino una selección de estrellas que incluye a los españoles Joan Manuel Serrat, José Carreras y Camarón de la Isla, las norteamericanas Suzanne Vega y Dionne Warwick, y la banda británica Spandau Ballet. Pero la mano que sostiene a Freddie, la misma que lo colocó sobre ese escenario, no es otra que la de la soprano Montserrat Caballé, quien hace dos días murió a los 85 años de edad. Pero ahora volvamos el tiempo atrás para entender como es que el más talentoso de los cantantes de rock de la historia terminó sobre la tarima de ese evento.
Todo comenzó cinco años antes, en mayo de 1983, cuando Mercury vio en vivo a Caballé por primera vez. Fue en el Royal Opera House, donde el músico fue a ver “Un ballo in maschera”, de Verdi protagonizado por Luciano Pavarotti, uno de sus ídolos. En el segundo acto apareció en escena Caballé y su interpretación vocal lo impactó. “Freddie se quedó boquiabierto. Casi se olvidó de que Pavarotti estaba en el escenario. A partir de aquel momento a la única que quería oír era a Caballé”, relató Peter Freestone, ayudante personal de Mercury y su acompañante de esa noche, en la biografía no autorizada que Lesley-Ann Jones lanzó en 2014. El nacido en la isla de Zanzibar quedó maravillado con la voz de la catalana, con su presencia escénica y con su caudal para interpretar la ópera, género que siempre adoró y que recreó en el clásico “Bohemian Rhapsody”. A partir de allí movió todos sus contactos para conocerla y tener un encuentro personal con ella. Tuvo que esperar hasta 1987 para que ese momento se concrete. Era marzo y Mercury estaba en España, uno de sus destinos frecuentes en aquel momento, principalmente el Hotel Pikes de Ibiza, donde ocurrían grandes bacanales (hoy una de sus habitaciones lleva su nombre) y el lugar donde el 5 de septiembre de ese año festejaría sus 41. Entrevistado por la TVE, Freddie declaró en público una vez más su adoración por “Montsy” y el comentario llegó a Carlos Caballé, hermano y manager de la soprano, quien se encargó de arreglar la reunión en el Hotel Ritz de Barcelona. Freestone relata así el momento para el libro de Jones: “Estaba nervioso, correteó por el hall del Ritz hasta que apareció la diva. Ella lo agarró de las manos y notó que sus dedos estaban helados. ‘Está tan nervioso como yo, eso es muy bueno, porque cuando dos personas están nerviosas significa que están esperando algo de la otra’, le dijo. Unos días más tarde se encontraron en Garden Lodge (N de R: la casa londinense de Mercury), donde Mike Moran se dedicó a tocar el piano mientras ellos dos cantaban”. “Sin darnos cuenta eran las seis de la mañana. Había pasado una noche maravillosa. Cuando salí a la calle, estaba llena de gente. Creo que estaban en ‘shock’ al ver que yo había pasado la noche con Freddie Mercury”, explicaría Caballé años después. Parte de esa improvisación quedó registrada en audio.

De esos primeros contactos quedó la idea de grabar algo juntos, y aprovechando que Caballé ya tenía abrochada su participación para cantar el himno de los Juegos Olímpicos de 1992, lo invitó a Freddie a participar. Pero en lugar de quedarse solo con esa canción, la catalana instó al cantante de Queen a que componga más y así llegaron a grabar los ocho tracks de Barcelona, el álbum que salió en 1988, y que fue registrado entre los estudios Mountain, de Montreux, Suiza y los londinenses Townhouse Studios. Durante el proceso, Mercury le contó a Caballé que era portador del HIV, y le reveló de esa forma el motivo por el cual se había alejado de los escenarios en 1986. Un par de meses después la pareja se presentó en la discoteca Ku de Ibiza (actualmente Privilege) para interpretar en playback “Barcelona” para un especial transmitido por TVE. Allí le mostraron al mundo por primera vez la canción y la química que los unía mientras cantaban juntos “Tuve este sueño perfecto / Un sueño me envolvió / Este sueño fuimos vos y yo / Tal vez estás aquí / Quiero que todo el mundo vea / Un instinto me guiaba / Una sensación milagrosa / Mi guía e inspiración / Ahora mi sueño se está volviendo realidad lentamente”. Esa misma química puede percibirse en esta entrevista previa al evento.

Un año más tarde Freddie sentía en su cuerpo cada vez más fuerte los embates del SIDA, pero su profesionalismo pudo más y aceptó presentarse en La Nit, el evento que lanzaría culturalmente los Juegos Olímpicos. Era una ceremonia gigantesca, presenciada en vivo por 20 mil personas entre los que se encontraban los Reyes de España, y que fue seguida en todo el mundo en una ceremonia transmitida por televisión. También había mucha incertidumbre sobre cómo estaría Freddie, ya que los rumores sobre su enfermedad estaban a la orden del día, sumado al parate en el que estaba sumido Queen desde el show del 9 de agosto de 1986 en Knebworth Park. Ese cúmulo de situaciones hizo que la decisión sea volver a repetir la metodología del show en Ibiza: el playback. Así recuerda los momentos previos Mercury en un párrafo de In His Own Words, el libro editado en 2007 que recopila distintas declaraciones del cantante a lo largo de su vida: “Estaba nervioso, pero ella también. La estaba llevando a mi mundo de rock y por eso ella estaba temblando como una hoja mientras decía ‘¿me aceptarán?’. Me preguntó cómo deberíamos hacerlo y le respondí: ‘simplemente saldremos y ofreceremos las canciones’, que es lo que hacen en los recitales de ópera. Yo también tuve que controlarme, no podía hacer mi numerito de ballet ni mis saltos, ni mis cabriolas. ¡Sólo tenía que interpretar la canción con un puto smoking! Me resultó extraño lo del smoking porque nunca lo había usado frente al público. La atmósfera era increíble. Fue una lástima que mi voz fallara, porque cuando estábamos a punto de salir a actuar empece a tener problemas, así que no quise arriesgarme cantando en directo. Son canciones complejas y no tuvimos tiempo suficiente para ensayar. Pensamos en hacer algo en directo pero, la verdad, hubieramos necesitado semanas y semanas enteras para ensayar. Es un tipo de disciplina diferente. En el estudio no hay problema, porque se pueden repetir las tomas, pero es muy distinto hacerlo en directo, de un tirón. Ella está acostumbrada a eso, pero yo no. Nunca he hecho cosas con orquestas y si mi voz no hubiera estado a la altura la decepcionaría. No quería correr riesgos”. Como relata Mercury, el público lo vio aparecer de la mano de la soprano, de impecable smoking negro y con mucho maquillaje para disimular el impacto que el sarcoma de Kaposi, un tipo de cáncer que afecta a los pacientes infectados con HIV, había hecho en su piel. Los temas que sonaron aquella noche fueron “Barcelona”, “The Golden Boy” y “How Can I Go On”, 15 minutos de un show en el que pudo verse a un Freddie dubitativo, lejos de las performances que lo llevaron a ser el frontman más carismático de la historia del rock. Ese 8 de octubre de 1988 lentamente bajó las escaleras de la mano de Caballé y, mientras los fuegos artificiales impactaban en el cielo de Barcelona, se comenzó a apagar una leyenda que transitó escenarios de todo el mundo donde dejó estampados su brillo, magia y talento únicos.