PINTÓ

Cosquín Rock 2018 – Balance en las sierras

El festival más federal del país llegó a la mayoría de edad, mostró que goza de buena salud y que su mayor desafío pasará por equilibrar a los clásicos con las nuevas generaciones sin resignar convocatoria.

80 mil personas de todo el país viendo 150 bandas repartidas en 5 escenarios durante 48 horas con cerca de 100 medios periodísticos haciendo sus coberturas y miles de usuarios siguiendo la transmisión en vivo por Internet. Cosquín Rock es sinónimo de exceso de música, por momentos se hace inabarcable (al menos hasta que pongan un puesto de clonación), pero nunca deja de ser una buena oportunidad para saber, año tras año, dónde está parado el rock argentino y hacia dónde va este festival que achicó su cantidad de jornadas mientas se expande por toda Latinoamérica.

Un festival diurno
En una entrevista reciente con Soy Rock, José Palazzo reveló que el gran desafío para esta edición era que el público entrara más temprano (“que a las 8 de la noche esté el 100% adentro”) y lo logró, porque cuando salieron a tocar Las Pelotas en medio del sol, el predio ya era un hormiguero. Fue clave la inclusión de Ciro & Los Persas en el medio de la grilla, y no como cierre de jornada, lo que demuestra que si el festival propone, la gente responde. ¿Se podrá ir un poco más allá? Poner a un Skay Beilinson a las 6, por ejemplo. En Europa y Estados Unidos, los números centrales están más temprano y en la madrugada hay DJs y fiestas electrónicas para los más trasnochados.

Los clásicos
Los que tienen la vaca atada, los que saben que siempre tendrán un lugar asegurado en el prime time de la grilla, tienen dos caminos a seguir: arriesgar un poco o mantener el status quo. ¡No vaya a ser que pierdan lo ya conquistado! En ese panorama, Guasones sorprendió con un show de rock potente y elegante, sin recurrir a sus hits cancioneros radiales (“Down”, “Reyes de la Noche”), vestidos de gala, con una nueva formación, ya asentada, en la que brillan las guitarras de Maxi Tim y Mati Sorokin. Los Gardelitos, por su parte, a pesar de pertenecer a una escena a veces denostada, hizo un esfuerzo por proponer algo distinto, con orquesta de tango, bailarines, inflables y dándole un espacio a María Riot y Georgina Orellano, dos militantes feministas que leyeron un discurso muy acorde a los tiempos que corren. “Si el rock pretende ser verdaderamente revolucionario, tendrá que abrazar al feminismo”, completó Eli Suárez y demostró que está con las antenas paradas. Después están los que no se corren demasiado de lo que se espera de ellos, como Andrés Ciro, que no varió mucho su lista de un año a otro, cuando tiene una obra enorme a disposición para meter mano.

La renovación
Una de las mayores críticas que se le hace a este tipo de festivales es la falta de renovación en su programación, olvidándose que, en realidad, son un reflejo del gusto general del público. El desafío, en todo caso, está en combinar lo popular y rentable (los artistas que garantizan corte de tickets) con propuestas distintas o en ascenso. De hecho, en los espacios de Quilmes Garage y Universo Geiser, se pudo ver que el rock argentino goza de muy buena salud gracias Octafonic, Todo Aparenta Normal, Banda de la Muerte, Louta, Perras On The Beach, Usted Señálemelo, Indios, Lo Pibitos, Bandalos Chinos, por nombrar algunos. Que se cuelen en el principal dependerá exclusivamente de su crecimiento masivo. De hecho, Sueño de Pescado y Él Mató a un Policía Motorizado son dos ejemplos, opuestos estilísticamente (¡aunque de la misma ciudad: La Plata!), de conquista del mainstream.

Los de afuera
Hubo alguna queja por lo bajo que sonó Creedence Clearwater Revisited, pero así tocan ellos, ya no tienen la energía de los años 70 porque su baterista original Doug Clifford tiene justamente 70 años. Además, siempre estuvieron más cerca de Bob Dylan que de AC/DC. El público los adoró (“Olé, olé, olé, olé, Creedence, Creedence”) y ellos regalaron una lista imbatible: todo el mundo alguna vez escucho ESOS temas de Creedence. El otro crédito internacional, The Offspring, que no está de gira latinoamericana y fue a tocar exclusivamente a Punilla, es como una hamburguesa de la M dorada: conocida, efímera y rendidora. Y Residente, el puertorriqueño radicado en Nueva York, ya divorciado de Calle 13, dejó la certeza de que, más allá de la venta de humo y bajada de línea constante, sabe cómo entretener y hacer bailar a la multitud. No es poca cosa.

Los temáticos
El primer día del Escenario Temático fue dedicado al reggae, con Los Pericos, Los Cafres, Dancing Mood y el cantante jamaiquino Don Carlos, cuyo micro volcó a la altura de Bell Ville y dejó 5 miembros del staff con heridas leves. ¡Gracias a San Marley! La segunda jornada fue metalera y el mejor momento se vivió cuando 3/4 partes de Hermética, o sea Malón, revivió Ácido Argentino (1991) de punta a punta, más algunos clásicos de la H. Las letras que escribió el Ricardo Iorio más urbano (que no participó de esta reunión) suenan más vigentes que nunca en un contexto de crisis económica y desocupación.

El clima
¿Es una maldición de la sierra o qué cuernos? “En Cosquín Rock siempre llueve” es una de las frases de cabecera de todos los que trabajan en el festival. Esta vez, hizo suspender el show de Las Pastillas del Abuelo media hora después de haber arrancado. En la segunda jornada, la temperatura bajó a los 8 grados durante la noche. Estar en medio de la montaña tiene su encanto y no tanto. Sólo para valientes.

El color
Una feria gastronómica cada vez más grande, deportes extremos, La Casita del Blues, conciencia ecológica, un VIP a todo trapo y puestos de hidratación y descanso, hicieron que recorrer el enorme predio sea una excursión más en medio de tanta música y escenario.

Texto: Pablo Mileo

Las mejores imágenes de Cosquín Rock 2018 a cargo de Facu Suárez.

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