PINTÓ

Gorillaz y su fiesta antes de la tormenta

La creación de Damon Albarn se presentó por primera vez en el país, en la segunda noche del festival Bue, en Tecnopolis

Sin duda que la irrupción de Gorillaz, a final del siglo XX, fue disruptiva y vanguardista para los parámetros de la época que transcurría. Detrás del protagonismo de Murdoc, 2-D, Russel y Noodles, los integrantes virtuales que componen el grupo, Damon Albarn montó una irrefrenable máquina orquestal globalizadora que dispara temas que van desde el hip hop hasta el dub, pasando por un montón de otros ritmos (rock, brit pop, psicodelia, ritmos africanos) de diferentes partes del mundo que muestran la necesidad incansable y exploratoria del líder de Blur. Es por eso que la primera visita de Gorillaz, en la segunda fecha del festival Bue, en Tecnópolis, generaba interrogantes y expectativas sobre qué tipo de show sería.

Las dudas fueron rápidamente disipadas: pocos minutos después de las 20 (se adelantó tres horas el comienzo por la tormenta que se avecinaba) apareció Albarn capitaneando una excelente selección de músicos formada por Jeff Wootton, en guitarra; Seye Adelekan, en el bajo; Gabriel Wallace y Karl Vanden Bossche, en batería y percusión; Jesse Hackett y Mike Smith, en teclados y un ensamble de 6 coristas que dibujaron una sonrisa de punta a punta a través de un inicio con una versión punk roquera de “M1A1”, de su disco debut, para bajar la intensidad inmediatamente con la minimalista “Last Living Souls”. Lo primero que se puede notar es a un Albarn feliz: canta, rapea, va de un costado a otro, baja y sube del escenario, pero siempre con un enorme grado de concentración en lo musical, sin perderse nunca de su objetivo.

“19-2000” fue el primer hit de la noche y el trío de hip-hop a a la vieja escuela De La Soul inauguró en “Superfast Jellyfish”, la participación de las diferentes colaboraciones vocales que se fueron sucediendo durante toda la noche. Gorillaz no vende humo. Cada uno de todos los detalles y capas de sonidos que hacen que las canciones brillen, están tocadas en vivo, con excepción de” Saturn Barnz” (a pesar de eso fue otro de los puntos altos de la noche), que tuvo la pista de voz de Popcaan grabada. Si bien Albarn explota su faceta de gran frotman, no tiene problemas en retraerse y quedar en segundo plano, dibujando simples melodías con el piano eléctrico y la flauta melódica. Así disfruta de su gran creación, como el talentoso que se sacrifica por el equipo, en pos del funcionamiento colectivo.

La hora y media que duró el show fue un buen termómetro para ir descubriendo todas las etapas musicales de  Albarn. En “Punk” se divisa Blur y “Honk Kong” se asemeja a su otro interesante proyecto The Good, The Bad & The Queen, como buenos ejemplos. “Andromeda” fue otro momento especial de la noche con el rapero D.R.A.M en la voz y el interludio de la frase “Elevator going Up” en homenaje a The Clash. Tampoco se puede dejar de mencionar a la bailable “We Got The Power”, de último álbum Humanz, con una electrizante participación de la cantante Jhenny Beth de Savage, que terminó tirándose al público. El final fue bien hitero: “Clint Eastwood”, “Don´t Get Lost in Heaven”, tema en el que más se lucieron las coristas y “Demon Days”, para coronar la tan ansiada visita de Gorillaz en 16 años de carrera. Los truenos y rayos que preanunciaban el aguacero, que no cesó por varias hora, terminó dándole el marco apocalíptico que le faltaba a la estética futurista que tiene Gorillaz como marca identitaria. Si se viene el fin del mundo, que nos agarre bailando.

Foto: Tomas Correa Arce, Gentileza Prensa