PINTÓ

Judas Priest y Alice in Chains ratificaron el título de exponentes del grunge y del metal

Ambos grupos se lucieron en el Solid Rock Festival (Tecnópolis), con shows de alto nivel e impecable sonido

En las torres de sonido suena “War Pigs” de Black Sabbath a todo volumen, como preludio de lo que fue el intenso show que brindó Judas Priest. Esa introducción sirve para ratificar que el grupo de Ozzy Osbourne en la raíz madre de la música pesada y que más allá de las ramificaciones de donde surgieron estilos que, a priori, parecen disimiles, siempre se vuelve a ese núcleo troncal. La propuesta de Solid Rock Festival se basó en ese eje sabbathero: de la psicodelia de Humo del Cairo al clásico hard rock de Black Star Riders, pero con la mirada puesta en lo que pueden dar Judas Priest y Alice In Chains. En épocas en que la cultura festivalera se empecina en mezclar grupos sin criterio alguno, la grilla presentada fue un verdadero lujo. Que el recital se haya pasado al Microestadio de Tecnópolis, que alberga una capacidad menor de personas en comparación al predio que se encuentra al aire libre, es sintomático de los tiempos de crisis que se viven. Sin embargo, que se hiciera un espacio cerrado permitió que el sonido no se viese afectado por inclemencias climáticas y que el nivel de volumen que se requiere para apreciar como corresponde estas bandas, esté a la altura de las circunstancias.

Alice In Chains abrió el juego a través de “Check My Brain”, “Again” y “Never Fade”. Ese comienzo deja en claro que el grupo de Seattle no se quedó atrapado en fantasmas del pasado y que valora de igual manera la etapa noventosa, con el fallecido vocalista Layne Staley, a esta actualidad que tiene a William DuVall en la voz principal. En ese sentido, DuVall hace tiempo que está asentado en su rol de frontman y con su estilo hace brillar las viejas canciones de estos exponentes del grunge y en las nuevas composiciones, logra grandes contrapuntos vocales con el guitarrista Jerry Cantrell. “Hollow”, del disco The Devil Put Dinosaurs Here (2013), es el mejor ejemplo de esa dinámica que se repite en los discos sin Staley.”Nutshell” y “No Excuses” bajan un poco la intensidad para volver a la hipnótica y vigorosa”Angry Chair”. Pero lo que nunca pierde Alice in Chains es la densidad y el groove que generan a través de los riffs que dibuja Cantrell y la pared de sonido que construyen el bajista Mike Inez y el baterista Sean Kinney. El cierre se da de la mano de “Got Me Wrong”, “Would?” y “Rooster”, temas que sus seguidores festejan a más no poder, para terminar redondeando un set compacto y conciso, cumpliendo con el formato que imponen los festivales.

Después de unos minutos de descanso, llegó el turno para Judas Priest. El comienzo con “Firepower”, de su nuevo disco homónimo, confirma que estos reyes del metal tampoco viven del pasado. A pesar de su extensa discografía, hay lugar para a algunas canciones nuevas que son bien recibidas, como “No Surrender”, toda una declaración de principios de un grupo que viene levantando la bandera del metal, hace décadas. El rendimiento de Rob Halford no deja de sorprender. A sus 67 años, este prócer viviente del heavy aúlla como en sus mejores épocas y se despacha con sus clásicos agudos que hacen estremecer la piel. Judas hace un recorrido por sus discos más icónicos: “Running Wild” de Killing Machine, “The Ripper”, de Sad Wings of Destiny y “Grinder” de British Steel son una buena muestra de eso. Al igual que con Alice In Chains, el sonido es impecable y el grupo se luce en el virtuosismo de Richie Faulkner y Andy Sneap, el productor que reemplaza al gran Glenn Tipton, que se bajó de la gira tras ser diagnosticado con Mal de Parkinson, el año pasado. Halford sobrelleva el show con oficio y el grupo va pasando por todas las facetas que se le conocen: desde la más trashera hasta la más roquera. “Turbo Lover” brilla como ninguna y hace que den más ganas de escuchar canciones de Turbo, ese disco de los mediados de los ochentas que tanta controversia generó en sus fanáticos por el uso de sintetizadores, entro otros elementos ajenos al metal. El final llega con todos los chiches: Halford subido a su moto para comenzar una seguidilla letal de hits. “Hell Bell for Leather”, “Painkiller” con el baterista Scott Travis cabalgando en ese doble bombo asesino, “Elecric Eye”, “Breaking The Law” y el cierre con la rutera “Living After Midnight”. Judas Priest y Alice In Chains cumplieron con el título de referentes de su estilo y dejaron a su público con el ansia de que esa magia no se termine nunca.

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Fotos: Emmanuel Distilo