PINTÓ

Lollapalooza 2018 Día 1: El veterano bajo el puente

Red Hot Chili Peppers le puso su experimentada cuota de pulso rockero a la consabida lluvia de colores del festival

“Que quede claro: no es que no me gusten aquellas bandas, es que me gusta demasiado la mía. Amo demasiado a estos músicos”, soltó Anthony Kiedis después de la ácida “Nevermind”, canción que desde 1996 (¡22 años atrás!) no sonaba en vivo. Y si en aquel track de Freaky Styley (1985) los Red Hot Chili Peppers apuntaban contra las “bandas británicas”, las de Synth Funk, Wham, Duran Duran, Soft Cell, Men At Work y todas esas “canciones de pajeros”, ahora parece que sí, que realmente se focalizaron en amar lo que ellos mismos hacen. Tal vez por eso abundaron las jams (desde el inicio del show que dieron en el primer día del Lollapalooza Argentina 2018) y una lista de temas poco festivalera. ¿Estarían realmente cómodos con toda la parafernalia del evento cultural y social más importante del mundo? La respuesta quizás esté en las palabras que cruzaron Flea y Kiedis antes de “Snow ((Hey Oh))”, la tercera canción del setlist: “¡Hola Buenos Aires! Toda esas luces digitales, esos colores hermosos, el ‘todo el mundo vengan juntos’…”, arrancó el bajista. “¿Estás hablando de los festivales?”, inquirió el cantante. “Estoy hablando de lo que veo, esas luces rosas que me pegan en los ojos…”, apuntó. “Bueno todos, acá tenemos a Flea, muy colorido, con sus ojos azules…”, cerró Anthony. Y lo dicho, más allá del cruce verbal que puede ser tomado de una y otra forma, la lista de temas que sonó anoche puso el eje en la parte más intrumentista de la banda, dando lugar a constantes zapadas y versiones de algunos de sus clásicos más rutilantes. Tal es el caso de “Californication”, que sonó más lenta y con especial preponderancia del teclado de Nate Walcott, o el pulso de la batería de “Higher Ground”, el cover de Stevie Wonder del que RHCP se apropió para elevarlo a una enésima potencia. Hay cuatro momentos de este show que inevitablemente serán muy recordado por los fans más acérrimos: el citado “Nevermind” y tres canciones de Stadium Arcadium (2006) como “Strip My Mind” (que no era tocado en vivo desde 2012), Hump De Bump (que fue corte del disco y no lo tocaban desde 2007) e “If”, que por primera vez en su historia suena sobre un escenario. ¿Y los no fans que abundan en los festivales? Bueno, para ellos hubo destellos en cuentagotas, pero bien directos: “Under the Bridge”, “By the Way”, “The Zephyr Song” y el cierre con “Give It Away”. Y si no les alcanzó, en el Alternative estaba Camila Cabello con su pop azucarado y el mega hit “Havana” (ojo, no confundir con “Havana Affair” el clásico de los Ramones que Red Hot covereó en 2003), o la EDM de los canadienses Dubbs en el Perry’s, o esperar a Hardwell en el escenario principal, o las decenas de distracciones no musicales que ofrece el gigante Lollapalloza.

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Antes de Red Hot Chili Peppers hubo más música, claro. Imagine Dragons brindó un show que acercó a varios y alejó a muchos. El nutrido grupo que se quedó a ver se llevó las sentidas palabras de Dan Reynolds, quien sentado en el escenario habló de terapias, psicólogos, momentos oscuros e incitó a todos que ante una situación de depresión pidan ayuda. Esas palabras se hicieron carne en “Demons”, la canción que siguió y en la que el cantante entona “quiero ocultar la verdad, quiero refugiarte, pero con la bestia adentro no hay lugar donde podamos escondernos”. En el contexto actual, con la pérdida de figuras como Chris Cornell, Chester Bennington o la fiebre “13 Reasons Why” en foco, y con una audiencia que promedia los 18-24 años, esas palabras son la mejor campaña de prevención del suicidio posible. Un ratito antes por ese mismo escenario Royal Blood protagonizó el pico musical más alto del día. El dúo que forman el bajo y la batería de Mike Kerr y Ben Thatcher no necesitó una puesta en escena más directa que una pila de amplificadores para mostrar lo suyo. Kerr pasó su instrumento por todos los pedales posibles y así pareció que arriba del escenario no eran solo dos. ¿El sonido? Más Muse que White Stripes, más distorsión, más agudos, más solos de batería de Thatcher y canciones buenísimas como “Lights Out” y “Out of the Black”. “Cuando subimos acá ni sabíamos si iba a haber alguien que nos conociese, pero ahora veo que hicimos un montón amigos”, fueron las palabras con las que el cantante agradeció el espontáneo fervor del público.

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¿Y a los nacionales como les fue? Bueno, en principio les tocó en suerte la parte más desagradable de este tipo de encuentros, que es la de tocar un viernes laboral y lectivo a las 13.30 del mediodía, como pasó con Indios y Militantes del Climax. O peor como Ca7riel y El Jardín de Ordoñez, una hora antes. Un rato más tarde números centrales de cualquier festival argento se vieron desaprovechados ante una escasa concurrencia. Tal es el caso de Miranda! que se despachó con sus mejores armas (“Ya lo sabía”, “Perfecta”, “Prisionero”, “Yo te diré”, “Don”, “Fantasmas”, por nombrar solo seis), un grupo de bailarines y toda la brillantina posible. O el de Dante, cuyo set orbitó alrededor de Puñal, su último disco y en el que mejor condensó sus intenciones R&B, hip hop y el espíritu setentista que trae en su ADN. Ya para Las Pelotas el campo se empezó a ver más poblado aunque, claro, la propuesta de la banda de Daffunchio chocó de frente con esas luces digitales, esos colores hermosos y el “todo el mundo vengan juntos” al que horas más tarde haría referencia Flea. ¿La lista? no muy diferente a lo que vienen haciendo, un mix entre su versión más contemplativa (“Saben”, “¿Qué podés dar?”, “Víctimas del cielo” y “Personalmente”) y los clásicos de los días con Alejandro Sokol (“Será”, “No me acompañes”, “Si supieras” y “Sin Hilo”). El cierre, como no podía ser de otra manera, vino cargado de la ironía que desprende “Capitán América” y el refuerzo de la idea con las palabras de Germán: “Muchas gracias al Señor Palooza por la invitación”. Japi berdei tu iu.

(Fotos Gentileza Lollapalooza Argentina)