PINTÓ

Los Fabulosos Cadillacs en el Luna: Nunca podrás callar esta canción

La banda de Vicentico y Flavio dijo adiós una vez más con un show en el que demostraron que siguen vigentes sonora y líricamente.

El sold out no fue novedad. Cualquiera que haya visto alguna vez a Los Fabulosos Cadillacs en las últimas dos décadas (y más) se prepara para el atiborramiento de personas en el lugar citado. No es molestia: el ritmo mueve a todos para el mismo lado, una marea coordinada que baila desde el minuto uno hasta rato largo pasado el final del show. Con la excusa de despedir la presentación del último disco, La salvación de Solo y Juan (2016), LFC además le puso pausa al trabajo conjunto por tiempo indefinido. Esto no asusta: hasta ahora, siempre volvieron. Renovados en cada regreso, y con la no tan reciente pero innovadora y todavía encandiladora incorporación de los hijos de, (Florián Fernandez Capello en guitarra y Astor Cianciarulo alternando bajo y batería), los Cadillacs le dieron a su público la dosis perfecta de música y permanencia: ellos siempre están. Los acordes de Strawberry fields dieron inicio a lo que la primera sección del show: mucha música, nada de comunicación y algunos problemas de sonido que duraron muy poco, aunque la voz de Vicentico resiste cualquier inconveniente técnico. Además de los hits esperables y esperados como “Demasiada Presión”, y “Mi novia se cayó en un pozo ciego”, sonaron temas dignos de los antiguos seguidores de la banda, como “Siempre me hablaste de ella”, “Muy temprano” y “Paquito”. En “Navidad” la dinámica de la banda tomó otro camino y pasaron al frente Florian y Astor: “El Rey del Swing”, “El fantasma” y “La tormenta”, todos de La salvación de Solo y Juan, los tuvieron en primera línea. ¿Heredada? Merecida. Florián posee la calma de su padre, Astor la electricidad del suyo. Cada uno con su propia energía, su propio porte. Parecería ensayado si no se viera tan natural. Vendría a ser Vicentico y Flavio encontrándose, episodio 2. A los Cadillacs se los ve como un conjunto. El carisma de Vicentico, la adrenalina de Flavio, el fuego del repatriado Sergio Rotman, la frescura de Astor y Florián, la coreografía no planificada de la banda en sus canciones permanentes y perdurables. Aunque haya caras más reconocibles que otras, LFC son un engranaje en el que si uno falta lo notan todos. “Calaveras y Diablitos” abrió la puerta a la ironía a la que Fernandez Capello Sr nos tiene acostumbrados: el primer saludo fue casi a la mitad del show, y vino con participación del público (“los de la izquierda digan calaveras, los de la derecha diablitos”). El Luna Park completo siguió sus indicaciones: a Vicentico se le dice todo que sí. Desde el hit noventoso en adelante no hubo momento de aburrimiento ni quietud: “El León”, “Saco Azul” con la participación de Valeria Bertuccelli y Jay Cianciarullo (hijo de Flavio), “Caballo de Madera”, “Cartas Flores”, “Vasos Vacíos” y “Mal Bicho”: ¿querían Cadillacs? Acá tienen. El primer cierre a cargo de Matador descubrió al murguero adentro de cada uno de los asistentes y los dejó vibrantes y ansiosos: el “oh oh oh” de “Yo no me sentaría en tu mesa” suena hace 30 años en los shows y este no sería la excepción. Los bises consistieron en temas icónicos, clásicos, himnos. “Te tiraré del altar”, “Siguiendo la luna”, “Carnaval toda la vida”, “Carmela”, “El Satánico Dr Cadillac”, y el cierre a cargo de la ya vitoreada “Yo no me sentaría en tu mesa”, LFC eligió esta lista de recuerdos para despedirse de su público, por esa noche, por tiempo indefinido. Pero también la eligieron para despedirse entre ellos de esta etapa, al menos por ahora. La música de los Cadillacs suena siempre actual y vigente, no importa cuándo. Nunca podrás callar esa canción.

(Foto: Agustín Dusserre – Gentileza T&T Group)