PINTÓ

Los Violadores en Temperley: El futuro es cancelado

Después de la pelea sobre el escenario del Gran Rex, Pil y Stuka hicieron las paces para dar una última función digna de la historia de la banda punk más legendaria de América Latina.

“Queda una sola bala en la recámara. Por favor, que el tiro no salga por la culata”. Esas palabras, publicadas por Pil Trafa en un extenso posteo de Facebook, dan a entender el clima que pesó sobre el último show de esta nueva reunión de Los Violadores. En ese posteo el vocalista de la banda más legendaria del punk latinoamericano pidió disculpas por lo sucedido hace un mes atrás en el Teatro Gran Rex. Esa noche comenzó como una fiesta, en la que celebraron (con unos meses de retraso) los 30 años de Mercado Indio (1987), uno de los pilares de su obra. Hacia el final del recital las tensiones entre Pil y Stuka se volvieron insostenibles, hubo insultos al aire, una retirada y un público que se quedó con bronca por el show interrumpido. Ese antecedente agigantó las posibilidades de que el tiro al que hizo referencia Pil salga directo al pie pero, sin embargo, en esta última parada del reencuentro, en el Auditorio Sur de Temperley, pareció que el arma ni siquiera estaba cargada. Adentro del recinto de Av Meeks hubo más frío que otra cosa. El público acompañó lo justo y necesario, contagiado por la sensación de “sacarse el trámite de encima” que se vivió arriba del escenario. Pocos cruces, casi ninguna mirada, lo que sobraron fueron gestos contenidos. Pil entraba y salía de escena mientras Stuka, Sergio Gramática y el Polaco Zelazek hacían lo suyo. Lo más destacado fue sin dudas que se dedicaron a Mercado Indio por completo, cerrando definitivamente la propuesta de estos shows. “Bombas a Londres”. “Aburrido divertido”, “Infierno privado”, “En la gran ciudad” y “Al borde del abismo”, fueron algunas de las canciones de aquel disco que se fueron sucediendo, que sirvieron para volver a reinvindicar algunas de las banderas que se enarbolaban ayer y que hoy siguen vigentes. Mercado Indio salió en 1987, cuando Argentina estaba saliendo de la primavera alfonsinista, la euforia por la recuperación de la democracia mermaba mientras comenzaba a aflorar el aberrante legado socio económico de la dictadura militar. Los Violadores entendieron eso y lo plasmaron en un álbum cercano a lo conceptual, donde confluyen perfectamente la Guerra de Malvinas, el tributo a los pueblos originarios de Ámerica Latina y el “No future” o “El futuro es cancelado” como dicen en “Juega a ganar”.

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(Fotos: Emmanuel Distilo)

Ahora es justamente en ese tema donde se produce una especie de cortocircuito en el escenario. Pil se acerca a Stuka, pero el guitarrista se echa para atrás con una mueca teatralizada de horror. Unos minutos después el cantante toma el micrófono: “nos dejaron varios muertos, por eso les digo mierda a todos los que sean fuerzas federales, mierda a Macri, al ejército”. El violero lo mira y responde ácidamente: “¿vieron que hice bien en querer taparle el micrófono?”. Parte de la grieta entre ambos líderes está ahí, en la forma de encarar la actual coyuntura politico social argentina. Mientras Pil muestra sin empacho su incendiaria opinión (“Nuestro país está en muy malas manos. Familias patricias (Bullrich, Larreta), contratistas de la dictadura, latifundistas, usureros, financistas, F.M.I. Bajo el mando de una promoción escolar vulgar e incorregible”, escribió en aquel posteo de FB), Stuka cree que ese tipo de referencias directas significa “hacerle propaganda” a los políticos. El show sigue adelante y al cumplirse una hora exacta del comienzo, Pil anuncia que “es tarde para todos”, así que la banda sale completa del escenario y vuelve en unos minutos para hacer “Auschwitz”. Inmediatamente después Stuka toma el control y por primera vez se refiere al futuro: “Pil Trafa, Gramática, el Polaco y yo nos despedimos de todos ustedes, y bueno, que sé yo, nunca se sabe”, antes de comenzar con el riff de “Represión”. Gramática deja la batería un instante y también dice lo suyo: “Es infinito el tiempo que hemos pasado juntos. Gracias”. Suenan “Mercado Indio” y “Fuera de sektor”, con Pil sentado al borde del escenario mirando a la gente. Ya se acerca el inevitable final, con los acordes de la Novena Sinfonía de Beethoven, el “Himno a la alegría”, que precede al clásico de clásicos “1,2 Ultraviolento”. Signo de los tiempos, es el momento en el que otrora sería un pogo salvaje y descarnado, pero ahora el campo del Auditorio Sur está cubierto por pantallas de celulares que buscan captar lo que puede ser el último destello de vida de Los Violadores. Y los que hicieron rec se llevaron como broche un emocionado “los queremos mucho, gracias por todo” de Pil y el abrazo del final. Un adiós más agradable que el del Rex, sin dudas, pero no mucho más. ¿Y ahora que pasa, eh?