PINTÓ

Morrissey en DirecTV Arena: Si no me quieres, no me mires

El ex The Smiths repasó su discografía solista sin hacer hincapié en sus hits, pero exponiendo sutilmente sus deseos y temores más profundos.

Una noche a finales de los años ’50, el comediante Lenny Bruce subió al escenario en una de sus tantas presentaciones en bares, teatros y clubs nocturnos de Estados Unidos, con un periódico en la mano (impreso previamente por él mismo) que decía: “Seis millones de judíos fueron encontrados en Argentina”. El Holocausto estaba a la vuelta de la esquina y fue durante aquellos años cuando comenzó a circular la noticia de que se habían encontrado a nazis viviendo en este rincón del planeta. Lenny en realidad se llamaba Leonard Alfred Schneider, pertenecía a una familia judía de clase baja de un pueblo de Nueva York, y ese tipo de acto, tan provocativo y politícamente incorrecto, le valió una vida llena de problemas legales. Fue preso varias veces por posesión de narcóticos, pero también bajo el cargo de “obscenidad y blasfemia”, por reírse por igual del judaísmo, el cristianismo, el patriotismo y las leyes yanquis. Defendido y venerado por Bob Dylan, Woody Allen, Allen Ginsberg y Norman Mailer, Bruce murió en 1966 de sobredosis de morfina, sentado en el baño de su casa en Hollywood con una jeringa en el brazo. Dicen que su amigo Phil Spector (sí el del Muro de Sonido y la condena por femicidio) adquirió todos los negativos que habían comenzado a circular con las imágenes del comediante muerto, quien a esa altura era una especie de enemigo público. Para ese entonces Morrissey tenía 7 años, los mismos que podría tener el chico que en la tapa de Low in High School (2017), el último disco del músico inglés, porta un hacha y una pancarta que reza “Dale un hachazo a la Monarquía” justo frente a una reja del Palacio. El paralelo con Lenny Bruce es cortesía del propio Moz, quien antes de dar comienzo al show en el DirecTV Arena eligió algunas imágenes en video para que todo el estadio vea pasar frente a sus ojos durante media hora a Ramones, Edith Piaf, Robert Gordon, David Bowie, Patti Smith, números más actuales como los italianos Giuda y la estadounidense LP, pero también al comediante. Y es que Morrissey como Bruce le han dedicado su vida a la provocación, a crear controversias, a la incorrección política, a apoyar con fervor causas en las que creen. En los últimos años, por ejemplo, Morrissey saltó en defensa de los abusadores Kevin Spacey y Harvey Weinstein, se pronunció en contra de los movimientos inmigratorios, y a favor del Brexit, la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Pero eso no fue lo más grave que hizo, sino el lanzamiento de dos discos más bien mediocres como World Peace is None of Your Business (2014) y el citado Low in High School. En ellos expone su posverdad, despertando amor y odio por igual a niveles exasperantes, molestando a tanta gente como sea posible. Ahí es donde el Factor Lenny Bruce vuelve a escena y, como el comediante en sus últimos años de vida, coquetea con abrumar al público con autorreferencias donde persona y artista se confunden manchando todo.

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(Fotos: Facu Suárez)

Pero esta noche en el DirecTV Arena, este rincón de tan difícil acceso del Conurbano Norte de Buenos Aires, nada de eso sucede. Morrissey sale a escena con una garganta prodigiosa, con un ánimo a prueba de balas y con un repertorio basado en canciones no tan transitadas de su carrera solista y de sus días en The Smiths. “Les quiero, les quiero, les quiero” grita Moz en un castellano que por lenguaje inclusivo o mal aplicado, pondría a la RAE al borde de un ataque de nervios. Nervios que el cantante disimula cuando justo al comenzar el show no anda el sonido de una de las guitarras. “Está la gente, las cámaras de TV y todo, pero no hay sonido”, masculla entre risas. Una vez superado el trance, el setlist abre con “William, It Was Really Nothing”, para regodeo de los fans más accerimos de The Smiths. La lista tendrá dos apariciones más de la banda que compartió con Johnny Marr: “Is It Really So Strange?” y “How Soon Is Now?”. A mitad de concierto se sacó de encima el compromiso para dedicarse a repasar gran parte de su discografía en solitario, haciendo especial énfasis en Viva Hate (1988), justamente el primero desde su partida de la banda que lo hizo famoso. De ese disco sonaron “Hairdresser on Fire”, “Break Up the Family”, “Dial-a-Cliché” y “Everyday is Like Sunday”, el doble que las canciones del último disco: “I Wish You Lonely” y “Spent the Day in Bed”. “Estoy extremadamente y sinceramente feliz de estar aquí”, lanzó Moz promediando el concierto, explicitando en palabras lo que toda aquella persona presente en el estadio sintió al verlo. Recibió una carta, una rosa, se rompió una remera y una camisa (un fan mostró en Twitter el souvenir) y hasta firmó un vinilo que le alcanzaron desde el campo VIP. La banda, formada por los guitarristas Jesse Tobias y Boz Boorer, el bajista Mando Lopez, el baterista Matt Walker y el tecladista Gustavo Manzur, lo acompañó con soltura pero sin demasiado lucimiento, quizá afectada por algunas deficiencias técnicas en la mezcla del sonido. “Hace unos días aparecimos en la televisión, ¿sabían? Si, en Cartoon Network”, disparó irónico antes de la bella “I’m Throwing My Arms Around Paris”, con una imagen de la revuelta parisina de los Chalecos Amarillos en las pantallas y un mensaje directo hacia el presidente francés en las últimas frases de la canción: “Andate Macron, nadie te quiere Emmanuel Macron, nadie te quiere, y los franceses te la hicieron muy corta”, cantó modificando los versos finales. Otro momento destacado fue la versión de “First of the Gang to Die”, que recordó a Mexrrisey, el supergrupo mexicano que tributa al músico inglés en castellano y en clave de ranchera. En ese instante el show pareció haber alcanzado su climax, con una chica subiendo al escenario para abrazar fuerte al cantante. Moz se dejó querer, pero siguió cantando mientras los de seguridad devolvían a la fan al campo. El falso final llegó con “Something Is Squeezing My Skull”, otra de Years of Refusal (2009), acaso su último gran disco. El bis fue “Everyday is Like Sunday”, donde la comunión público-artista se terminó de sellar con uno de esos hits tan esperados y que el músico largó en cuentagotas. “I Love You, I Love You, I Love You”, se fue diciendo Morrissey mientras caminaba para atrás hasta desaparecer del escenario, cerrando el círculo con aquel “Les quiero” inicial. En la más densa oscuridad los espectadores se quedaron esperando un acto más, mientras en la pantalla se proyectaba en loop un fotograma de “Le sang d’un poète” (“La sangre de un poeta”) la película que Jean Cocteau dirigió en 1930. En esa escena, el protagonista del film surrealista, un viaje vanguardista por la psique humana en la que se exponen los deseos, emociones y temores que determinan nuestras acciones, recibe instrucciones de una estatua y se pega un tiro en la sien. Vaya bis.