PINTÓ

Personal Fest 2018 en el Club Ciudad

Después de una primera fecha suspendida por mal tiempo, el festival tuvo revancha con una buena dosis de baile y pop en su justa medida

Fue un fin de semana tormentoso en todo sentido. El diluvio cuasi universal -digno de buscar un arca y animales que azotó el sábado a la Ciudad de Buenos Aires y alrededores- dejó consecuencias duraderas en el inconsciente colectivo: no se jugó la Súper Final de la Copa Libertadores entre Boca y River el día pautado, se suspendió la primera fecha del Personal Fest con Robbie Williams a la cabeza y las inundaciones en distintos puntos de la ciudad y el conurbano dejaron infinidad de fotos, videos y testimonios de personas que padecieron el agua y todavía están intentando recomponerse.

Así también, como levantando un peso muerto, se desarrolló la segunda fecha del Personal Fest, que sí se dio el domingo y cumplió con lo pautado. Ni más ni menos. Con el predio reducido por las lagunas que quedaron del tormentón y los escenarios principales muy ¡muy! pegados y todavía afectados con bolsas de consorcio tapando las luces, la segunda fecha del Personal Fest se llevó a cabo de un modo correcto y medido hasta que llegó Lorde. Pero eso es para después.

Comencemos con Warpaint. Como relojitos suizos, las californianas tomaron el escenario Huawei durante exactamente 40 minutos e hicieron lo que mejor saben hacer: tocar. Sin ninguna puesta en escena exagerada (nada, de hecho), sin ningún vestuario estrafalario y sin mucha charla con el público más que los “gracias” de rigor, la banda mostró que intercalar cantantes no está mal y que entre ellas la telepatía es la que rige arriba del escenario.

Dentro de las pocas canciones que formaron del set estuvieron “Beetles”, “New Song” y “Disco”, que fue el punto final de un show concreto y profesional. Prolijas, austeras, contentas y en proceso, las Warpaint se animaron con timidez, pero firmeza, a mostrar el trabajo de tantos años y el público lo apreció. Hasta ahí.

“Somos Death Cab For Cutie” se escuchó mientras la gente pasaba de un escenario al otro. Estaban pegados, sí, pero con un endemoniado campo vip en el centro de los dos (o sea, en el vértice izquierdo de uno y en el derecho del otro) que hacía que ir de uno a otro equivaliera a dar una vuelta y rodear el sector de los que más ganas tenían de estar ahí, o más posibilidad de pagar tenían.

El escenario Personal Fest fue el encargado de recibir por primera vez en Argentina a los exponentes del indie rock que se formaron en 1997 y mantuvieron su sonido de fines de los 90 hasta el día de hoy. Con algunos cambios de formación pero con Ben Gibbard (¡qué carisma!) timoneando el barco, los DCFC aprovecharon la caída del sol e iluminaron con sus guitarras, sus baladas, su puesta en escena y su luz interna a la gente que recién estaba llegando: se ve que muchos esperaron a que termine Boca – River para salir de su casa.

“Long Divison”, “Summer Years”, “Title and Registration”, “I will Follow into the Dark”, el setlist de 12 temas de los de Seattle fue un curriculum vitae entregado a los fanáticos que los querían ver, pero además a los que estaban ahí por otra cosa. Con “Soul Meets Body” algo quedó claro: hacen las cosas bien, y quieren que la gente lo sepa.

Vuelta a correr al escenario Huawei: arrancaba MGMT. Eternos niños torpes y tímidos, con una capacidad de composición madura, experimental y divertida: el baile llegó por completo al público hasta ahora apático del Personal Fest. Hubo algunos movimientos durante los shows previos, sí, pero siempre en el lugar y sin chocarse con nadie. La diferencia generacional y la distancia de forma de consumo entre los asistentes a la primera edición del festival, allá por 2004, con Morrissey, Blondie y Primal Scream entre otros, es notable: unos dirán que ahora falta pasión, otros que antes sobraba.

Los MGMT eligieron hacer su show con un decorado digno de foto para Instagram. Había plantas por todo el escenario, una pantalla enorme atrás con animaciones ad eternum y una más chica en el medio, entre los dos protagonistas, que proyectaba lo mismo que la anterior. Hubo imágenes psicodélicas y hasta un filtro que dibujaba sobre ellos mismos proyectados, como Snapchat, pero mejor.

Además de la puesta en escena que hizo que el escenario se levante hasta la altura de los músicos, la banda invirtió en la maquinaria para sonar espectacular y la lista más que adecuada para un festival que no escatimó en hits ni onda. Pasaron “Time to Pretend”, “Little Dark Age”, “Electric Feel” y, por supuesto, “Kids”, que fue mechado con la canción de La Historia Sin Fin e imágenes de la peli, vuelta a “Kids”.

Andrew VanWyngarden, un poco torpe y un poco canchero, fue el primero en usar la pasarela en su totalidad, en donde recibió un pañuelo del Personal, una vincha de flores y ¡un corpiño! Además la banda invitó a Connan Mockasin (había tocado previo a Warpaint) en dos temas y demostraron que la amistad entre colegas y las colaboraciones quedan bien. El cierre fue con “Of Moons, Birds And Monsters”, aunque sonó como banda sonora del exilio del público: casi la totalidad de los asistentes pegaron la vuelta hacia el escenario principal porque venía ella: la Reina del Personal Fest.

Todo lo que faltó en los shows previos lo trajo Lorde. “Sober” fue el inicio del show más largo de la jornada, con la neozelandesa que convocó a personas de toda edad, sexo e índole: el pop es global y Lorde tiene la bandera.

“Estoy muy contenta de estar otra vez en Buenos Aires”, fue la primera de las infinitas flores que la cantante le tiró a su leal y emocionado público. Lorde cumplió 22 años la semana pasada así que el público le cantó el Feliz Cumpleaños, cantó todos sus temas y aplaudió cuanto “I love you guys” se escuchó en lo que duró el set.

Luego del inicio con bailarines y proyecciones incluidas, que se mantuvieron durante todo el set, la lista paseó por todo su trabajo y todos los humores. “Homemade Dynamite”, “Tennis Court”, “Buzzcut Season”, el plato fuerte del Personal fue la chica que se viste de plateado y recorre el escenario de una punta a la otra sin parar. Buena jugada.

El momento emotivo de la noche fue a mitad del show, cuando Lorde se sentó en la punta de la pasarela y proclamó su amor por Argentina, las hermosas experiencias que pasó acá, “son diferentes a cualquiera que haya conocido” y demás. Luego sonaron “Writer in the Dark” y “Liability”, que fueron el pico de su performance. La actitud para cantar en este caso supera la técnica o cualquier parafernalia que adorne el escenario. La banda en segundo plano y la rebelde del pop al frente, desgarrando notas para hacerlas sentidas y emocionales, hicieron valer cualquier espera, peligro de suspensión o amenaza de lluvia.

Histriónica, simpática, talentosa y un poco oscura: Lorde siguió su lista con “Supercut”, “Royals”, “Perfect Places” y eligió “Green Light” como último tema de su set y como cierre final de la edición 2018 del Personal Fest. La lluvia seguía amenazando, los aviones seguían pasando por al lado, pero el público salió cambiado, movilizado. Hay una nueva reina del Pop, aunque ella no quiera serlo.

Fotos: Facundo Suárez

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