PINTÓ

Queen: A Night at Bohemia

Se estrenó en cines un show de 1975 de la banda inglesa

El 24 de diciembre de 1975 no fue una noche más en la historia de Queen. Por primera vez Freddie Mercury se probó el traje de estrella del rock, y fue en vivo y en directo para todo Inglaterra. Invitados por la BBC dieron un concierto en el teatro Hammersmith Odeon londinense, que fue transmitido por televisión en Nochebuena, entrando así en un montón de hogares del Reino Unido. 40 años después ese mismo concierto fue remasterizado y lanzado en CD/DVD, y en 2016 llega a los cines argentinos con dos funciones, el 19 y 22 de este mes, en los Showcase de Belgrano, Norcenter, Haedo, Quilmes, Córdoba y Rosario. De esta forma cualquiera que lo desee tiene la oportunidad de ver y escuchar, lisa y llanamente, el mejor registro fílmico del mejor momento musical de Queen.

Como se puede certificar en el documental previo al show, la banda llegaba a ese último concierto del año en pleno ascenso, con “Bohemian Rhapsody” sonando en todos lados y A Night at the Opera recién editado. En ese repaso se puede ver a Mercury, Brian May, Roger Taylor y John Deacon reflexionando sobre los primeros cuatro años del grupo, desde su formación en 1971 hasta el momento previo al show del Odeon. Es interesante porque ese mini documental de 25 minutos funciona por igual para el fan o para el que no conoce demasiado de la historia de la banda. Hay obviedades (el porqué del nombre, cómo se hizo el logo, la pelea con su manager, etc) e imágenes poco vistas, como parte del proceso de grabación de “Bohemian Rhapsody”.

“La cosa de Fred, toma 1″, se escucha, y Mercury comienza a registrar así la canción más importante de la música moderna. También está documentado el paso de Queen por Japón, una gira que los llenó de entusiasmo y de hambre de gloria, aunque al pasar Roger Taylor diga lo contrario y se pregunte si era posible mantener esa efervescencia de vuelta en los escenarios de su país. A esa altura el grupo tenía encima cuatro discos de estudio: Queen (1973), Queen II y Sheer Heart Attack (ambos de 1974) y el nombrado A Night at the Opera, editado 20 días antes del recital. Por lo tanto la lista de temas hizo hincapié en los tres primeros, con excepción de “Bohemian Rhapsody”, claro, el caballito de batalla conceptual del disco y el hit que los llevó a estar ahí esa noche. ¿Fue esa canción una locura aislada? Definitivamente no. En esos años Queen no era la máquina comercial de hits que echó a rodar en 1980, con la que traicionó sus orígenes. Era una banda lúdica, que dejaba espacio para un solo eterno de batería (leáse “Keep yourself alive”) o de guitarra (leáse “Brighton Rock”), y que tenía una puesta decididamente teatral y glam (¡esa blusa murciélago de May!).

La primera imagen del show en el Odeon es la sombra de Freddie emergiendo con los primeros compases de “Now I´m Here”, para luego desaparecer y volver en otra punta del escenario mientras canta “Now I´m There”. En la última canción (“In the Lap of the Gods…”) dirige sus manos hacía el suelo y, como si llevara fuego, produce una explosión, una cortina de humo cubre todo y la banda desaparece de escena. Parece el fin del show pero no, porque desde el techo caen muñecas inflables (!), globos y burbujas y Queen vuelve a escena para tocar un medley de clásicos del rock como “Jailhouse Rock”, “Be Bop a Lula” y “Stupid Cupid”. Imaginen por un segundo a alguien del otro lado del televisor viendo esa secuencia en la Nochebuena de 1975. La pelicula termina ahí, pero luego sonaron la versión con letra de “Seven Seas of Rhye” y la inédita “See what a Fool I´ve Been”, para luego despedirse con el himno de la realeza, “God save the Queen”, tradición que mantendrían hasta su última presentación en vivo en 1986.

Tras la muerte de Mercury, en 1991, los miembros vivos de Queen exprimieron hasta la última gota el material generado durante los 20 años de carrera de la formación original. Eso no siempre trajo resultados positivos, pero A Night at Bohemia es imperdible porque resulta fundamental para descubrir (o redescubrir) al grupo en su momento más fulgurante y ser, por un ratito, ese televidente sorprendido en pleno brindis de Navidad.