PINTÓ

The Toy Dolls y su sana costumbre de divertir

El trío punk ingles se presentó por cuarta vez en Argentina, en el Teatro Flores, con una formula que no falla: buenas canciones y mucho humor

Así como el punk tiene su faceta política y protestona, también hay otra orientada a la joda y la diversión. The Toy Dolls son uno de los máximos exponentes de ese estilo y hace casi 40 años que vienen metiendo chiste tras chiste en sus conciertos. Con esa experiencia sobre sus doloridas espaldas ( a lo que hacen mención en “Fiery Jack”, el primer tema de la noche), el grupo británico se presentó en el Teatro de Flores, en lo que fue su cuarta visita a nuestro país. Y el trío no decepcionó, mostró lo que mejor saben hacer: canciones rápidas, pegadizas y con estribillos para cantar en la cancha mientras le volcás alegremente cerveza al de lado.

El repertorio se basa en sus clásicos de siempre, no se embrollan en tocar canciones que el público desconoce. “Cloughy Is a Boot boy”, “Bitten by a Bed Bug” y “The Death of Barry the Roofer With Vertigo” fueron los primeros disparos de estos Monthy Python con cresta. Los temas se van sucediendo a través de la solida base que componen Duncan Redmonds, en la batería, y Tom Blyth en el bajo. El incasable Olga merece un párrafo aparte:  toca la guitarra como si se hubiese clavado cinco pastillas de metanfetamina. Mantiene su aspecto raquítico, a pesar de los años, y combina velocidad y técnica con sus desgarbados dedos de una manera muy particular. El mejor ejemplo es cuando interpreta el famoso tema de música clásica “Tocata and Fugue in D minor” de Johan Sebastian Bach, que dejaría a Yngwie Malmsteen con la boca abierta. Todo eso mientras canta llevando a hasta la exageración su pronunciación de lord ingles.

Mientras tanto, la algarabía de una asistencia treintañera se hacía notar cuanto tocaban “Dougy Giro”, “Nellie The Elephant”, “Idle Gossip”, “The Lambrusko Kid” y “Alec’s Gone”, entre las canciones más celebradas. En paralelo, arriba del escenario, Olga y Blyth tiraban pasitos coreográficos, descorchaban una botella de champagne inflable que tiraba papel picado y se reían entre ellos. Los bises llegaron de la mano de “Glenda and test Tube Baby”, “Dig Thath Groove Baby” y “She The Goes Fino”, con suelta de globos incluida, para concluir un repertorio de 20 temas y poco más de una hora. Por ese lapso, la gente se pudo olvidar de las preocupaciones mundanas de no llegar a fin de mes, pagar el alquiler y que la canasta de alimentos familiar este cada vez más vacía.

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