PINTÓ

U2 en La Plata: Héroes por un día

Los irlandeses vinieron a celebrar el disco que los hizo gigantes y se llevaron algo más

Corre junio de 1986 y un grupo de músicos irlandeses se halla inmerso en el interior de Estados Unidos, en búsqueda de la canción perfecta de estadio. Del otro lado del desierto californiano, en tierras mexicanas, un grupo de futbolistas argentinos dan las puntadas finales a la epopeya más grande de su historia. Los lideran dos hombres con carácter, convicción, talento y un gran manejo de las masas: Bono de un lado, Diego Armando Maradona del otro.

Treinta y un años después de la gesta (The Joshua Tree en el caso de U2, la Copa Mundial en el caso de la Selección Argentina) ambos viven a la sombra de lo que fueron. Los irlandeses traen al Estadio Único de La Plata la gira aniversario del disco que editaron en 1987, mientras que el equipo que ahora encabeza Lionel Messi pugna por ingresar al Mundial de Rusia 2018. Los horarios del show y el definitorio partido con Ecuador coinciden. Tiempo de que alguien, la noche del 10 del 10, se ponga, claro, la 10.

Los organizadores del evento se convierten en héroes, hablan con la banda y la Intendencia y llegan a un acuerdo: se pospone el recital una hora para que los 50 mil asistentes puedan ver, en pantalla gigante y en el estadio, el match. Una decisión acertada y necesaria, pero también un arma de doble filo para con el ánimo general. El gol de Romario Ibarra al minuto de juego encendió las alarmas. ¿Y si nos quedamos afuera? ¿Cómo hacer para disfrutar de lo que queda después, la razón por la que toda esta gente está congregada aquí?

La magia, la sangre, el estirpe y los tres goles de Messi disiparon inmediatamente las dudas. Todo era algarabía en el Único. Y justo cuando la pantalla mostraba a un efusivo Jorge Sampaoli abrazado a sus jugadores, el estadio quedó en la semi oscuridad, solamente iluminado por los miles de celulares que se movian sacudidos por la energía de lo que se vivía. Los primeros acordes de “Sunday Bloody Sunday” fueron una descarga, un grito primal que mezcló por última vez las sensaciones de ambos mundos. “Gracias por venir hasta aquí a vernos. Gracias por Lionel Messi . Él demuestra que Dios existe”, lanzó Bono despuès de “New Year’s Day” y ahí sí, llegó el tiempo de cambiar el chip y comenzar algo nuevo.

Junto a él The Edge, Adam Clayton y Larry Mullen Jr, tocan “Bad” y coquetean con algunas estrofas de “Heroes”, de David Bowie. ¿Quién no quiere ser héroe, aunque sea solo por un día? Lo hacen en una especie de isla que simula ser la sombra del Árbol de Josué, el mismo de la contratapa de The Joshua Tree. Pasa “Pride (In the Name of Love)” y por primera vez la gigantesca pantalla que está a sus espaldas se enciende para mostrar frases del discurso que Martin Luther King Jr dió en 1963. “I have a dream”, palabras claves para el movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos. Es momento de dejar la sombra y cruzar la pasarela hasta el escenario principal, se enciende el árbol rojo y nos metemos de a una en las once canciones (en orden original) del álbum que vinieron a homenajear. La referencia a Luther King y la política estadounidense no es casual.

Durante meses, The Joshua Tree creció con el título provisional de The Two Americas. Finalmente la presencia yanqui en el disco fue determinante, pero se incluyó de forma solapada en el título. El Árbol de Josué es el arbusto típico del Desierto del Mojave, un curioso paisaje en un Estados Unidos que se caracteriza por su riqueza visual (y de la otra también). La unión de los irlandeses con los productores Brian Eno y Daniel Lanois (los mismos de The Unforgettable Fire – 1984) fue fundamental para que la banda cristalice en sus canciones las intenciones de convertirse definitivamente en gigantes de la música. La influencia de la literatura de Flannery O’Connor, Charles Bukowski y Raymond Carver, más el viaje de Bono a Centromérica hicieron el resto.

La tríada inicial es un reflejo de esa máquina de hits de estadio que es The Joshua Tree: “Where the streets have no name”, “I still haven’t found what I’m looking for” y “With or without you”, tres himnos tan épicos como melodramáticos. La gente los recibe con ganas y, de igual manera que sucede con el álbum, muta de acuerdo a los paisajes sonoros que plantea el álbum. Se pone contemplativo en “Red Hill Mining Town” y en “One Tree Hill”, más tenso con las referencias a Donald Trump “In God’s Country” y “Exit”, y une sus voces a la de Bono cuando éste entona “El Pueblo Vencerà” al final de “Mothers of the Disappeared”. No hubo esta vez referencia a Santiago Maldonado (el cantante pidió por su aparición en una reunión que mantuvo con el Presidente Mauricio Macri) pero si a la lucha por los derechos humanos en nuestro país.

 

Después de eso el Árbol de Josué cambió de color para quedar en un poderoso azul. Tiempo de los bises y de ver la vida en tecnicolor, con tres canciones para alimentar el espíritu: “Beautiful Day”, “Elevation” y “Vertigo”. Un parate más y el final con el estreno de “You’re the Best Thing About Me”, la noventosa “Ultraviolet (Light My Way)” y el clásico “One”. Durante esas canciones Bono se permitió resumir y plasmar en palabras la lucha de las mujeres, la educación y los derechos humanos.

Al final, en modo Durán Barba, el irlandés tiró: “Acá en Argentina no son de izquierda ni de derecha; son una gran Argentina y tienen mucho futuro cuando todos trabajan juntos. ¡Hay una sola Argentina!”. Y gracias a sus canciones (y los goles de Messi) fue posible al menos por un rato.

Fotos: Tomas Correa Arce, excepto Ross Stewart para la de la bandera de Argentina (Gentileza Tiff Comunicación)