PINTÓ

Un libro, 5 rockeras

"Las cosas que te digo, no repitas jamás" recoge conversaciones entre los autores (Emiliano Scaricaciottoli y Mauro Petrillo) y cinco músicas argentinas

El primer interrogante que surge es: ¿Por qué creen estos dos hombres que pueden rescatar “la palabra de la mujer en el rock”? Uno de los coautores, Emiliano Scaricaciottoli, responde. “Sólo nos valemos de esas palabras para producir literatura. Las palabras, en tanto testimonios, son sustanciales, pero si no hay proceso literario de fondo que permita ficcionalizar ese encuentro, no sirve. Quizás, en ese sentido, como decía un gran maestro que tuvimos con Mauro (Petrillo, coautor), Nicolás Rosa, el autor que mejor retrató el deseo en las mujeres fue Flaubert. Y no escuchamos demasiadas quejas al respecto. En todo caso, discutámoslo; pero tampoco nuestro objetivo era ´retratar´, tan solo hacer eso que nos sale más o menos bien: escribir. La crónica literaria o el ensayo son soportes de escritura que se amalgaman muy bien con la serie del rock. Nuestra escritura no intenta visibilizar nada, tan solo compartir pulsiones. Ninguna de estas artistas necesita de nuestra escritura para que su arte exista y viceversa”.
Las cosas que te digo, no repitas jamás es un libro que consta de cinco crónicas literarias a partir de los encuentros con cada artista. Scaricaciottoli aclara que no son entrevistas, sino conversaciones y que entonces, “el proceso de escritura nace y se funda en esas conversaciones”. Las protagonistas de esos encuentros llevados al papel son: Juana Chang, Lula Bertoldi, Silvina Harris, Lu Noise y Paula Maffía.

-¿Por qué ellas?

En un primer momento, habíamos pensado una constelación de voces y de enunciaciones (en el sentido literario) femeninas que recortaba transversalmente la historia del rock argentino. Pero luego del primer encuentro con Juana Chang, observamos una necesidad: recortar lo contemporáneo, lo que emerge, lo que circula del 2001 para acá. En el 2001, la crisis política de nuestro país permitió el desmoronamiento de muchas referencias, lo cual es fabuloso. Para nosotros, las nuevas expresiones dentro del rock son vitales para pensar un nuevo mapa del rock argentino, para reescribirlo. Y un mapa, desde ya, sumamente caprichoso y arbitrario. Tratamos de elegir a cinco artistas que circulen en distintos circuitos y registros.

-¿Cuánto se involucraron estas artistas en el proceso generador del libro?

Se involucraron totalmente. La predisposición fue genial. Sabían desde un comienzo que las conversaciones no tenían como resultado una transcripción periodística, que no buscábamos únicamente testimonios. Sencillamente, porque es algo que ya se hizo y que se hace. Y no somos periodistas. En ese sentido, la predisposición de las cinco para recibirnos y para permitirnos intervenir sus espacios (universidades, hogares, bares, etcétera) desde lo visual, fue total.

-¿Creés que hubo cambios en la última generación de artistas femeninas?

Sí, observamos que hay un lugar, un espacio que se ganó. El rock fue y es (aún hoy, con tantas batallas ganadas) machista ontológicamente. Ello no invalida el surgimiento de otras voces, entre ellas, las voces femeninas que no quedan estereotipadas y atrapadas en el carnet de la “corista”, de la “minita de…”, pensando en uno de los casos más conocidos: Patricia Sosa en el BA Rock ´82, por ejemplo. Esos prejuicios y esas máximas ideológicas se van, de a poco, desdibujando. ¡Ojo! También nos interesa pensar en enunciaciones masculinas sobre cuerpos y voces femeninas. Pero esa es otra historia. En este caso, creemos que las cinco artistas que entrevistamos son excelentes ejemplos para pensar no solo nuevas voces sino también una nueva forma de circular en el rock.

-¿Cuál es tu relación con el mundo de la literatura, por un lado, y con el del rock por el otro?

En el 2014 sacamos con Oscar Blanco un libro que tuvo cinco años de producción: Las letras de rock en la Argentina. De la caída de la dictadura a la crisis de la democracia (1983-2001). Para nosotros fue un triunfo porque impusimos en un ámbito tan conservador (y tan oportunista) como el de la universidad un objeto de estudio- bastardeado o regalado a la sociología y al periodismo especializado- que siempre tuvo un estatuto literario, ficcional. El rock es, claramente, un fenómeno que maneja muchos códigos. El código de la letra es específico y debe tener un tratamiento que vaya más allá de su historia o de sus historias. Lo que nosotros llamamos “sociodismo” no hizo otra cosa más que mirar al rock como un pretérito pero con un afán verticalista: el de taxonomizarlo y clasificarlo. No, a nosotros nos interesa el rock como una discontinuidad. Y esa inestabilidad-en nuestro caso, ubicada en las letras, nos permitió escribir y pensar en el lenguaje del rock o, mejor aún, el rock dialogando con otros lenguajes.

 

Las cosas que te digo, no repitas jamás se presenta hoy a las 18.30 en el stand Nº 1500, del Pabellón Amarillo, de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires