Personal Fest 2018 en el Club Ciudad

Fue un fin de semana tormentoso en todo sentido. El diluvio cuasi universal -digno de buscar un arca y animales que azotó el sábado a la Ciudad de Buenos Aires y alrededores- dejó consecuencias duraderas en el inconsciente colectivo: no se jugó la Súper Final de la Copa Libertadores entre Boca y River el día pautado, se suspendió la primera fecha del Personal Fest con Robbie Williams a la cabeza y las inundaciones en distintos puntos de la ciudad y el conurbano dejaron infinidad de fotos, videos y testimonios de personas que padecieron el agua y todavía están intentando recomponerse.

Así también, como levantando un peso muerto, se desarrolló la segunda fecha del Personal Fest, que sí se dio el domingo y cumplió con lo pautado. Ni más ni menos. Con el predio reducido por las lagunas que quedaron del tormentón y los escenarios principales muy ¡muy! pegados y todavía afectados con bolsas de consorcio tapando las luces, la segunda fecha del Personal Fest se llevó a cabo de un modo correcto y medido hasta que llegó Lorde. Pero eso es para después.

Comencemos con Warpaint. Como relojitos suizos, las californianas tomaron el escenario Huawei durante exactamente 40 minutos e hicieron lo que mejor saben hacer: tocar. Sin ninguna puesta en escena exagerada (nada, de hecho), sin ningún vestuario estrafalario y sin mucha charla con el público más que los “gracias” de rigor, la banda mostró que intercalar cantantes no está mal y que entre ellas la telepatía es la que rige arriba del escenario.

Dentro de las pocas canciones que formaron del set estuvieron “Beetles”, “New Song” y “Disco”, que fue el punto final de un show concreto y profesional. Prolijas, austeras, contentas y en proceso, las Warpaint se animaron con timidez, pero firmeza, a mostrar el trabajo de tantos años y el público lo apreció. Hasta ahí.

“Somos Death Cab For Cutie” se escuchó mientras la gente pasaba de un escenario al otro. Estaban pegados, sí, pero con un endemoniado campo vip en el centro de los dos (o sea, en el vértice izquierdo de uno y en el derecho del otro) que hacía que ir de uno a otro equivaliera a dar una vuelta y rodear el sector de los que más ganas tenían de estar ahí, o más posibilidad de pagar tenían.

El escenario Personal Fest fue el encargado de recibir por primera vez en Argentina a los exponentes del indie rock que se formaron en 1997 y mantuvieron su sonido de fines de los 90 hasta el día de hoy. Con algunos cambios de formación pero con Ben Gibbard (¡qué carisma!) timoneando el barco, los DCFC aprovecharon la caída del sol e iluminaron con sus guitarras, sus baladas, su puesta en escena y su luz interna a la gente que recién estaba llegando: se ve que muchos esperaron a que termine Boca – River para salir de su casa.

“Long Divison”, “Summer Years”, “Title and Registration”, “I will Follow into the Dark”, el setlist de 12 temas de los de Seattle fue un curriculum vitae entregado a los fanáticos que los querían ver, pero además a los que estaban ahí por otra cosa. Con “Soul Meets Body” algo quedó claro: hacen las cosas bien, y quieren que la gente lo sepa.

Vuelta a correr al escenario Huawei: arrancaba MGMT. Eternos niños torpes y tímidos, con una capacidad de composición madura, experimental y divertida: el baile llegó por completo al público hasta ahora apático del Personal Fest. Hubo algunos movimientos durante los shows previos, sí, pero siempre en el lugar y sin chocarse con nadie. La diferencia generacional y la distancia de forma de consumo entre los asistentes a la primera edición del festival, allá por 2004, con Morrissey, Blondie y Primal Scream entre otros, es notable: unos dirán que ahora falta pasión, otros que antes sobraba.

Los MGMT eligieron hacer su show con un decorado digno de foto para Instagram. Había plantas por todo el escenario, una pantalla enorme atrás con animaciones ad eternum y una más chica en el medio, entre los dos protagonistas, que proyectaba lo mismo que la anterior. Hubo imágenes psicodélicas y hasta un filtro que dibujaba sobre ellos mismos proyectados, como Snapchat, pero mejor.

Además de la puesta en escena que hizo que el escenario se levante hasta la altura de los músicos, la banda invirtió en la maquinaria para sonar espectacular y la lista más que adecuada para un festival que no escatimó en hits ni onda. Pasaron “Time to Pretend”, “Little Dark Age”, “Electric Feel” y, por supuesto, “Kids”, que fue mechado con la canción de La Historia Sin Fin e imágenes de la peli, vuelta a “Kids”.

Andrew VanWyngarden, un poco torpe y un poco canchero, fue el primero en usar la pasarela en su totalidad, en donde recibió un pañuelo del Personal, una vincha de flores y ¡un corpiño! Además la banda invitó a Connan Mockasin (había tocado previo a Warpaint) en dos temas y demostraron que la amistad entre colegas y las colaboraciones quedan bien. El cierre fue con “Of Moons, Birds And Monsters”, aunque sonó como banda sonora del exilio del público: casi la totalidad de los asistentes pegaron la vuelta hacia el escenario principal porque venía ella: la Reina del Personal Fest.

Todo lo que faltó en los shows previos lo trajo Lorde. “Sober” fue el inicio del show más largo de la jornada, con la neozelandesa que convocó a personas de toda edad, sexo e índole: el pop es global y Lorde tiene la bandera.

“Estoy muy contenta de estar otra vez en Buenos Aires”, fue la primera de las infinitas flores que la cantante le tiró a su leal y emocionado público. Lorde cumplió 22 años la semana pasada así que el público le cantó el Feliz Cumpleaños, cantó todos sus temas y aplaudió cuanto “I love you guys” se escuchó en lo que duró el set.

Luego del inicio con bailarines y proyecciones incluidas, que se mantuvieron durante todo el set, la lista paseó por todo su trabajo y todos los humores. “Homemade Dynamite”, “Tennis Court”, “Buzzcut Season”, el plato fuerte del Personal fue la chica que se viste de plateado y recorre el escenario de una punta a la otra sin parar. Buena jugada.

El momento emotivo de la noche fue a mitad del show, cuando Lorde se sentó en la punta de la pasarela y proclamó su amor por Argentina, las hermosas experiencias que pasó acá, “son diferentes a cualquiera que haya conocido” y demás. Luego sonaron “Writer in the Dark” y “Liability”, que fueron el pico de su performance. La actitud para cantar en este caso supera la técnica o cualquier parafernalia que adorne el escenario. La banda en segundo plano y la rebelde del pop al frente, desgarrando notas para hacerlas sentidas y emocionales, hicieron valer cualquier espera, peligro de suspensión o amenaza de lluvia.

Histriónica, simpática, talentosa y un poco oscura: Lorde siguió su lista con “Supercut”, “Royals”, “Perfect Places” y eligió “Green Light” como último tema de su set y como cierre final de la edición 2018 del Personal Fest. La lluvia seguía amenazando, los aviones seguían pasando por al lado, pero el público salió cambiado, movilizado. Hay una nueva reina del Pop, aunque ella no quiera serlo.

Fotos: Facundo Suárez

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Fantastic Negrito en la Sala 2 de Apolo

Fantastic Negrito es un viejo nuevo conocido. Nacido en Massachusetts y criado en las calles de Oakland, Xavier Dphrepaulezz es un sobreviviente. A lo largo de su vida se encontró cara a cara con la muerte en más de una ocasión. La primera vez, después de que le apunten con un arma por un problema de drogas, decidió mudarse a Los Ángeles y empezar de nuevo en el mundo de la música. No le fue tan mal, firmó un contrato millonario con Interscope y grabó un disco bajo el nombre Xavier, pero no tuvo éxito con las ventas y su carrera no terminó de despegar. Al poco tiempo, la compañía disquera decidió dejarlo porque ya no sabían qué hacer con él.

La segunda vez que Dphrepaulezz se encontró con la muerte fue en el año 1999, cuando un accidente de tránsito lo dejó en coma durante semanas. Tras una larga rehabilitación pudo recuperar la movilidad, pero decidió que la música no era para él y se mudó con su familia a una granja en Oakland (California)  para cultivar marihuana. Muchos años después, gracias a su hijo, volvió a encontrarse con sus raíces y empezó a componer de nuevo. Se reinventó como Fantastic Negrito, tocó en esquinas y en estaciones de subte. Su momento volvió a llegar en el 2015, cuando ganó un concurso de la NPR (la radio pública de Estados Unidos) para grabar un segmento con ellos y el resto es historia. Dos discos y una nominación a los Grammy después, Xavier Dphrepaulezz volvió a Barcelona para presentar Please Don’t Be Dead, su último álbum. El show se desarrolló dentro del marco de la fiesta por el vigésimo aniversario de Houston Party, la productora con casa central en Barcelona.

Fantastic Negrito da un concierto redondo. Amalgama blues, soul, funk, R&B, trazos de folk americano, rock fuerte salido de los 70, y les da un giro personal con una actitud punk difícil de igualar. Empieza el show conBad Guy Necessity”, “Nobody Makes Money” y “Working Poor”, canciones cargadas de impotencia y frustración porque el estadounidense no es ajeno a la realidad que lo rodea.

A lo largo del espectáculo, Negrito se mueve de forma maravillosa sobre el escenario. Hace chistes con su banda y con el público, y crea una atmósfera muy placentera. Da lugar a su tecladista y a su guitarrista para que se luzcan, baila y cuenta historias entre canciones. Por momentos uno se olvida de dónde viene y sobre qué está cantando. Eso sí, Dphrepaulezz se encarga de recordarlo cuando, antes de “A Boy Named Andrew”, relata cómo le dispararon a su hermano a quemarropa cuando tenía catorce años y él tuvo que limpiar la sangre mientras veía el agujero que la bala había dejado en su cabeza.

En poco más de hora y media, el cantante repasó The Last Days of Oakland y presentó  Please Don’t Be Dead casi completo. Hubo lugar para un bis con “Plastic Hamburgers” y “The Duffler” para cerrar la noche a todo volumen. Esto es Fantastic Negrito: un privilegiado con excelentes dotes musicales que supo renacer y transformar todas sus desgracias en canciones poderosas.

5 momentos en la historia de El Exilio Universal

1. El debut como El Exilio.
Fue en 1993, en un local del barrio porteño de San Telmo. Esa noche fue bastante caótica, el lugar rebalsaba de gente y recuerdo que mi viejo estaba en el medio del pogo tomando tragos y se lo llevaron en andas escaleras abajo. Cuando terminó el show, que fue desprolijo y excitante, con algún cover de los Stones, al llegar a mi casa que quedaba a unas cuadras del lugar encontré a mi viejo borracho y vomitando. Después me enteré que los tragos tenían Rohypnol.

2. El viaje a Cuba.
En el 2000 El Exilio es invitado a participar en el 21 Festival del Caribe, que se realiza todos los años en Santiago de Cuba. Viajé en representación de la banda y toqué en vivo en distintos reductos de dicho festival. En enero de ese año había ido a ver con mis propios ojos de qué se trataba el lugar al que algunos llamaban ”La última ilusión del mundo”. Tenía encima un demo en Casete que le entregué a un tipo en una parada de Camello (colectivo largo). En junio de ese mismo año me llegó una carta invitación para ir a tocar. Había que sacar pasajes y finalmente viajé solo. Fue una gran experiencia en la que compartí escenario con músicos de todo el mundo y tomé litros y litros de delicioso Ron.

3. La llegada a Cemento, ya como El Exilio Universal.
La primera vez que tocamos en Cemento nos vio Yamíl, el hermano de Omar Chabán. Ya de trasnoche sonó el teléfono de la casa de mi novia, ella atendió y me dijo: “Es Para vos”. Atiendo y una voz del otro lado:
-Hola, te habla Omar Chabán, mi hermano quedó fascinado con El Exilio Universal. Venite el martes a la tarde a Cemento y hablamos, chau.
Y cortó. Metimos otra fecha en Cemento y a partir de ahí comenzó una relación fluída, de hablar seguido y juntarnos. La segunda vez que tocamos él nos vio y al terminar el show me dijo: ”Vengan a tocar a Cromañón”. Y fuimos. A fines de diciembre hablamos por teléfono y me expresó la idea que tenía de que hagamos ciclos acústicos todos los jueves durante un año en la parte de adelante de Cemento para que la gente se aprenda bien las letras. Al otro día lamentablemente pasó lo que sabemos (N de R: la tragedia en el recital de Callejeros) y fue muy doloroso para todos. Fui a visitar a Omar a las pocas horas de los hechos a una unidad de traslado en la que estaba de paso, en Villa Lugano. Admitió mi visita y me dijo: “Sos el primer músico que me vino a visitar hasta ahora”. Nos dimos un abrazo y al tocarlo le sentí el alma destruida.

4. El tercer disco, financiado a través de un fondo colectivo.
Para una banda independiente y autogestiva es un motor vital el apoyo de su público. En esta supervivencia que lleva 25 años siempre nos sentimos acompañados y queridos por la gente y eso es una inyección anímica para sostener vivos los sueños. Anarquito, nuestro tercer álbum de estudio, fue financiado por los seguidores de la banda a través de un Crownfunding.

5. La celebración de los 25 años
Estamos muy felices ensayando fuerte para que sea una gran noche. En octubre rodamos un videoclip de nuestra nueva canción “Mono (en el cuerpo)” y el 15 de este mes subiremos al escenario del ND Ateneo a jugar y brindar un show de puta madre. Vamos a grabar un disco en vivo y el show también será registrado fílmicamente y dirigido por el cineasta Luis Ortega.

Judas Priest y Alice in Chains ratificaron el título de exponentes del grunge y del metal

En las torres de sonido suena “War Pigs” de Black Sabbath a todo volumen, como preludio de lo que fue el intenso show que brindó Judas Priest. Esa introducción sirve para ratificar que el grupo de Ozzy Osbourne en la raíz madre de la música pesada y que más allá de las ramificaciones de donde surgieron estilos que, a priori, parecen disimiles, siempre se vuelve a ese núcleo troncal. La propuesta de Solid Rock Festival se basó en ese eje sabbathero: de la psicodelia de Humo del Cairo al clásico hard rock de Black Star Riders, pero con la mirada puesta en lo que pueden dar Judas Priest y Alice In Chains. En épocas en que la cultura festivalera se empecina en mezclar grupos sin criterio alguno, la grilla presentada fue un verdadero lujo. Que el recital se haya pasado al Microestadio de Tecnópolis, que alberga una capacidad menor de personas en comparación al predio que se encuentra al aire libre, es sintomático de los tiempos de crisis que se viven. Sin embargo, que se hiciera un espacio cerrado permitió que el sonido no se viese afectado por inclemencias climáticas y que el nivel de volumen que se requiere para apreciar como corresponde estas bandas, esté a la altura de las circunstancias.

Alice In Chains abrió el juego a través de “Check My Brain”, “Again” y “Never Fade”. Ese comienzo deja en claro que el grupo de Seattle no se quedó atrapado en fantasmas del pasado y que valora de igual manera la etapa noventosa, con el fallecido vocalista Layne Staley, a esta actualidad que tiene a William DuVall en la voz principal. En ese sentido, DuVall hace tiempo que está asentado en su rol de frontman y con su estilo hace brillar las viejas canciones de estos exponentes del grunge y en las nuevas composiciones, logra grandes contrapuntos vocales con el guitarrista Jerry Cantrell. “Hollow”, del disco The Devil Put Dinosaurs Here (2013), es el mejor ejemplo de esa dinámica que se repite en los discos sin Staley.”Nutshell” y “No Excuses” bajan un poco la intensidad para volver a la hipnótica y vigorosa”Angry Chair”. Pero lo que nunca pierde Alice in Chains es la densidad y el groove que generan a través de los riffs que dibuja Cantrell y la pared de sonido que construyen el bajista Mike Inez y el baterista Sean Kinney. El cierre se da de la mano de “Got Me Wrong”, “Would?” y “Rooster”, temas que sus seguidores festejan a más no poder, para terminar redondeando un set compacto y conciso, cumpliendo con el formato que imponen los festivales.

Después de unos minutos de descanso, llegó el turno para Judas Priest. El comienzo con “Firepower”, de su nuevo disco homónimo, confirma que estos reyes del metal tampoco viven del pasado. A pesar de su extensa discografía, hay lugar para a algunas canciones nuevas que son bien recibidas, como “No Surrender”, toda una declaración de principios de un grupo que viene levantando la bandera del metal, hace décadas. El rendimiento de Rob Halford no deja de sorprender. A sus 67 años, este prócer viviente del heavy aúlla como en sus mejores épocas y se despacha con sus clásicos agudos que hacen estremecer la piel. Judas hace un recorrido por sus discos más icónicos: “Running Wild” de Killing Machine, “The Ripper”, de Sad Wings of Destiny y “Grinder” de British Steel son una buena muestra de eso. Al igual que con Alice In Chains, el sonido es impecable y el grupo se luce en el virtuosismo de Richie Faulkner y Andy Sneap, el productor que reemplaza al gran Glenn Tipton, que se bajó de la gira tras ser diagnosticado con Mal de Parkinson, el año pasado. Halford sobrelleva el show con oficio y el grupo va pasando por todas las facetas que se le conocen: desde la más trashera hasta la más roquera. “Turbo Lover” brilla como ninguna y hace que den más ganas de escuchar canciones de Turbo, ese disco de los mediados de los ochentas que tanta controversia generó en sus fanáticos por el uso de sintetizadores, entro otros elementos ajenos al metal. El final llega con todos los chiches: Halford subido a su moto para comenzar una seguidilla letal de hits. “Hell Bell for Leather”, “Painkiller” con el baterista Scott Travis cabalgando en ese doble bombo asesino, “Elecric Eye”, “Breaking The Law” y el cierre con la rutera “Living After Midnight”. Judas Priest y Alice In Chains cumplieron con el título de referentes de su estilo y dejaron a su público con el ansia de que esa magia no se termine nunca.

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Fotos: Emmanuel Distilo

 

 

 

Movistar FRI Music celebra a Sumo: ¿Y dónde estás vos?

En sus libros, donde cuenta su propia versión de la historia de Sumo, Roberto Pettinato rescata una historia alrededor de “El ojo blindado”, una de las canciones más punks de la banda. “Solos rabiosos y la lucha de Luca con su novia alemana que lo controlaba todo el tiempo y de hecho le había regalado un colgante que era un ojo al que Luca consideró blindado vaya uno a saber por qué”. Hoy, a casi 31 años de la desaparición fisica de Prodan, es un misterio lo que pasó con aquel colgante, pero aún más imposible de dilucidar es qué hubiera pensado el italiano de este festival en homenaje a la banda que creó. Si ese colgante-ojo de Gran Hermano realmente funcionara y Luca pudiera usarlo para ver este encuentro gratuito en el porteño cruce de Dorrego y Alcorta, ¿que opinaría de Germán Daffunchio, de las versiones en la voz de Piti Fernández y Walas, del desenfado con el que encararon sus canciones esta generación de artistas emergentes? Por lo pronto apretemos los dientes y miremos a los dementes, que en esta tarde-noche de sábado pasaron cosas.

Francisca y Les Exploradores

El primer gran acierto del festival es generar un espacio real de exposición para la nueva escena de artistas argentinos, representada bajo la bandera del sello Geiser. La otra parte de este tributo es un disco, producido por Sebastián Schachtel, en el que conviven Violeta Castllo, Diosque, UN y Viva Elástico, entre otres. Así es que a esta celebración la abrieron Rey Hindú y Rocco Posca, quienes calentaron el escenario para el primer gran plato fuerte del día: Francisca y Les Exploradores. El proyecto que lidera Fran Saglietti desplegó su material indie pop que encontró en Hermafrodita, el disco que sacó este año, la condensación justa de lo que insinuó en trabajos anteriores como Barbuda (2014) y Ra (2015). Desfachatados y arrolladores, sólo 20 minutos bastaron para arrancar una ovación en un público que en su mayoría no esperaba ser alcanzado por sus canciones. El golpe maestro fue una versión con base en “Estallando desde el óceano”, pero que pivoteó con las letras de “Mejor no hablar de ciertas cosas”, “Los viejos vinagres”, “Yo quiero a mi bandera” y “La Rubia Tarada”. Entre sintes, vocoders y pistolas de juguete, Fran le agradeció ¿irónicamente? a “Lucas”. El público no lo entendió y hubo algunos chiflidos y risas socarronas. La única mancha.

Callate Mark

Entre su nombre y la versión de “No acabes” con la que iniciaron su set se metieron a la gente rápido en el bolsillo. Florián Fernández Capello y los suyos demostraron con un rock más directo de qué están hechos. Con dos discos en su haber (Todo/Nada – 2017 y Balboa – 2014), los Callate Mark entendieron que había que tocar las canciones de Sumo y mecharon su propia cosecha con “Crua Chan” (donde incluyeron un pedacito de “Mañana en el Abasto”), “Mula plateada” y “Nextweek”. Papá Vicentico, gran admirador de Luca, no se dejó ver, pero si Mamá Valeria Bertucceli, quien siguió con atención a su hijo fumándose un puchito sentada en la tarima del mangrullo.

El Kuelgue

El jamón del medio: ni las primeras armas de los que abrieron el festival, ni las mochilas cansadas de los que cerraron el evento, en ese rango se movió la banda que lidera Julián Kartún. Eso se sintió en la forma en la que la gente acompañó canciones como “Por ahora”, la reciente “Jimena” y esa especie de clásicos que son “Bossa & People” y “Cristo es Marquitos di Palma”. El homenaje a Sumo llegó con “Debede” y “Los Viejos Vinagres”, los hits funkies y bailables, los que mejor podían quedarle a este grupo que siempre cumple. Kartun se permitió un tributo más a la figura de Luca. Sobre el final se calzó unos lentes rosados para el sol y realizó una performance en la que hizo referencias a las pastillas, Antonella Rocuzzo (?) y hasta metió un celebrado “El que no baila es Luis Majul”. Una delicatessen.

Massacre

Adivinen cuántas veces Walas dijo “un beso, tomá”. Sí, muchas. Pero entre tantos pensamientos random (las papeleras, las autoridades a las que mandó a cagar, la recomendación de “beber y cojer con moderación”, etc) bajó un mensaje mucho más claro sobre los tiempos que se viven en esta Argentina 2018: “Atravesando todas las crisis los argentinos somos a prueba de balas, con huevo, corazón y ovarios. Vamos a salir adelante se lo prometemos los Massacre y Luca Prodan”. Sea o no así, la banda de Walas se repartió canciones propias (“Te leo al revés”, “Plan B, Anhelo de satisfacción” y “La octava maravilla”, por ejemplo) con el tributo a Sumo. Sonaron “Estallando desde el óceano” (sí, otra vez), “Nextweek” (sí, otra vez) y “Crua Chan” (sí, otra vez). Por suerte la aparición del saxo de Sergio Rotman en “Heroin” fue un bálsamo entre tanta repetición. “Gracias a Luca por todo lo que nos dio, y eso que nosotros que le dimos tan poco” apuntó sabiamente Walas.

Las Pelotas

El cierre del festival quedó en las mejores manos posibles. Germán Daffunchio era el cuñado de Timmy McKern, el amigo del colegio escocés Gordonstoun que trajo a Luca a las sierras cordobesas, y el primer músico de acá en el que puso seriamente sus ojos. Las Pelotas, la banda que armaron Daffunchio, Alejandro Sokol y Alberto Superman Troglio tras la muerte de Prodan, fue en sus inicios la encargada de mantener vivo el legado de reggae y locura que creó Sumo. Pasó mucha agua bajo el puente, el Bocha ya no está y del reggae queda poco y nada, pero Las Peló sigue escribiendo páginas gloriosas en su historia a pesar de que en este 2018 no hubo mucho movimiento a nivel shows. Tal vez por eso tanto agite, tantas banderas (no solo del grupo sino que también de Callejeros, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y, a esta altura un clásico, la de Macri Gato con la tipografía de La Renga. “Desaparecido”, “¿Que podés dar?, “Ya no estás”, “Algún día será mejor”, “Blancanieves”, “Victimas del cielo”, “Cómo se curan las heridas” marcan el camino sonoro del show, con matices la etapa más contemplativa del grupo, la que lleva la voz líder de Daffunchio. El fantasma de Sokol merodea el escenario cuando Germán baila y aplaude, sin guitarra a la vista, en “Siempre estará”, pero también en el acto siguiente. “Me imagino que todos ustedes tienen un Movistar en la mano. A ver si lo prenden. Siempre soñé con decir esto”, apunta con cierta ironía el cantante antes de “Personalmente”. Sobre el cierre de la canción hará de las suyas al entonar “Movistarmente creo”. Se da vuelta, mira a su banda y les grita un “¡Lo hice!”. Todos ríen, como en las épocas en las que Sokol tiraba alguna de sus típicas maldades inocentes. El rock alla U2 vuelve en “Era” y “Hasta el fondo del río”, para desaparecer antes de los clásicos peloteros “Si supieras”, “Bombachitas rosas” y “Será”. “¿Vieron cómo es no? Para todos, todas y todes, esperando el milagro”, anunció Daffunchio, pero Gabriela Martinez lo corrige, la que viene es “Escondido bajo el brazo”. “Capitan América” y “Shine” fueron el falso final, la previa al esperado cierre con invitados sorpresa. “Las Pelotas se van y vienen los demás”, lanzó Germán y aumentó la expectativa. Y el público se quedó esperando el milagro, nomás. Encima por duplicado, porque al final nunca tocaron esa canción, y la lo que podía haber sido una reunión con los otros ex integrantes de Sumo (Divididos, Pettinato) no sucedió. El inicio de 60 minutos de Sumo x Las Pelotas fue con “Mañana en el Abasto”, acaso la gran perla de la noche. “Ojalá lo esté escuchando en algún lugar”, reflexionó el cantante, antes de hacer pasar al primer invitado: Piti Fernández. “Es un sueño cumplido”, afirmó el líder de Las Pastillas del Abuelo y también de Virna Lisi, un tributo a Sumo que integra junto a miembros de El Kuelgue, Locos de Nacimiento y El Atolón de Funafuti. La presencia de Piti también sirvió para representar, entre tanto indie, a una escena que reinvindica la figura de Luca: la del rock barrial. “Debede” y “Estallando desde el océano” (por enésima vez en la noche) fueron las primeras canciones en las que puso su cascada voz. Luego, sí, se produjo la aparición de un ex Sumo. Superman Troglio subió a las tablas y el vocalista pelotero lo llevó adelante para que se lleve una ovación. El baterista se sentó en el lugar de Gustavo Jove para hacer sonar los tambores en “No acabes”, “Yo quiero a mi bandera” (con Fran Saglietti como segunda voz), “No tan distintos (1989), “Fuck You” y “El ojo blindado (ambas con Walas). Y como un reflejo de aquella noche final de 20 de diciembre de 1987 en la que Luca dijo adiós sin saberlo en un semi vacío estadio de Los Andes de Lomas de Zamora, Las Pelotas arremetió otra vez con “Fuck You”, pero en esta ocasión con Jove de nuevo en su asiento.

 

La tristeza de una estrella muerta desde hace tiempo sobre la TV de trasnoche
La tristeza de disparar tu florecimiento
Y de hombres arrugados viejos en sus trajes de jornada laboral
Y teléfonos que suenan en habitaciones vacías

“Teléfonos sonando en habitaciones vacías” – Luca Prodan

(Foto: Gentileza Movistar Fri Music)

Cinco momentos en la historia de La Falda Rock

Luis Alberto Spinetta – La Falda Rock 1983

“Si no hay paz, no va a ser posible ningún tipo de creación ni de entendimiento y de nuevo dentro de tres años vamos a erigir a nuestros verdugos y de nuevo nos van a hacer bolsa y así siempre…”. Esa frase, tan clara, fue dicha por el Flaco en el festival de La Falda en un mensaje que duró más de dos minutos y que arrancó un conmovedor aplauso, justo antes de empezar con “La herida de París”, una de las canciones de Los niños que escriben en el cielo, el disco de Jade de 1981. Era febrero de 1983 y la democracia empezaba a respirar tras la dictadura cívico militar iniciada en 1976. Unos meses después el país iba a elegir a Raúl Alfonsín como Presidente de la Nación. Por su parte, durante los ’80 se han producido distintos cortocircuitos entre los músicos y el público de La Falda, que muchas veces reprobaban ciertas actuaciones arrojando elementos contundentes al escenario. Ese enfrentamiento alcanzó su momento más álgido en la edición de 1987.

Charly García y Miguel Mateos – La Falda Rock 1987

“Una vez Fito (Páez), Fabi (Cantilo), Charly (García) y yo, prácticamente, tocamos detrás de un alambrado que se improvisó para evitar los proyectiles. El público estaba sacado. Allí se me ocurrió el título Tester de violencia”, contó Luis Alberto Spinetta en la conferencia de prensa de la edición 2002 del festival, en referencia a lo sucedido en 1987, cuando las cosas se fueron de control en la localidad cordobesa. En aquella aquella ocasión hubo incidentes, invasiones de escenario y algunos grupos no pudieron ni tocar, hecho que derivó en el título de su disco editado en 1988. “Era un clima de mucha violencia. La gente estaba separada del escenario por una reja. nunca vi una cosa igual. Eran leones y romanos. En medio de eso Fito Páez salió a tocar y le dije: ‘Loco, vos sos un tester de violencia’, y él me contestó: ‘Sí, todos lo somos’”, contó el Flaco en Martropía: Conversaciones con Spinetta, el libro que escribió Juan Carlos Diez en 2006. Los dos momentos más ásperos de esa edición están registrados en video. El primero ocurrió durante la presentación de Zas. Un Miguel Mateos sacadísimo con el público responde al clima de violencia con más insultos. “Pedazos de pelotudos, ensucian un recital, y los propios grupos cordobeses no pueden tocar. Vienen acá con cuatro choclos a tirar pelotudeces y a cagar una fiesta la concha de la lora. A ver si los meten en cana a esos pelotudos”, tira Mateos y cita a los choclos que se vendían en el buffet del festival y que, semicomidos, volaban al escenario. La banda arranca con “Mensajes en la radio”, pero la cámara del canal cordobés que graba el show no enfoca a los músicos, sino a un hombre que con un pucho colgando de la boca blande una navaja en el medio del pogo. Lo hace hasta que finalmente se aleja en la tribuna al notar que está siendo seguido con un haz de luz por el iluminador.

Lo de Charly fue apoteótico. García no era parte de la grilla, y de hecho por esos días de febrero estaba en Buenos Aires comenzando a grabar Parte de la religión, disco que saldría más tarde ese año. El que sí estaría era Fernando Samalea, su baterista, quien fue a tocar por última vez con Fricción. Al bajar del escenario se encontró a Say No More pidiéndole por favor que busque músicos para estrenar “No voy en tren”. Sorprendido Samalea consiguió a Fito Páez, Hilda Lizarazu, Fabiana Cantilo, Carlos García López, Cachorro López, y cuatro vientos: Pablo Rodríguez y Diego Urcola (de la banda de Baglietto), Sebastián Schon (de Zas) y el Gonzo Palacios. Un verdadero equipo de 11, un dream team que ensayó la canción en el baño de damas de los camarines y salió a enfrentar a una muchedumbre enardecida. Y lejos de buscar la calma, apenas pisó las tablas Charly dijo unas palabras que se volverían un hito: “Cordobeses hijos de puta, divinos, los amo, dos rocanroles para ustedes y chau. Escupan mucho, pero no tiren nada. No me maten acá porque prefiero morir en Hollywood”. Lo que sigue son seis minutos de descontrol, el estreno de una canción y uno de los momentos más históricos del rock argentino.

Las Pelotas – La Falda Rock 1992

Luego de las noches accidentadas de 1987 el festival no se realizó por cinco años. Pero en 1992 los organizadores lo intentaron nuevamente con una grilla que tenía a Ratones Paranoicos, Las Pelotas, Divididos, Los Violadores, Attaque 77, Los 7 Delfines y los debutantes Illya Kuryaky & The Valderramas. La banda de Germán Daffunchio y Alejandro Sokol ya tenía editados Corderos en la noche, su disco debut, y llegó a ese show en La Falda en un momento de revolución interna. El Bocha, por ejemplo venía amagando a dejar la banda. Superman Troglio veía con malos ojos la evolución del grupo, y un año después (en 1993) dejó su batería para que ingrese Gustavo Jove, quien sigue hasta hoy. Y el puesto de bajista cayó esa noche en Marcelo Scasso, en una de sus pocas intervenciones en vivo con la banda. Ese rol, ocupado primero por Willy Robles, luego por Guido Nisenson y después por el ex Metrópoli, Marcelo Fink (quien fue el que grabó el álbum), recaería más tarde en Beno Guelber para que finalmente se de el ingreso de Gabriela Martínez, consolidada con ese instrumento para el resto de los días del grupo. En el video que se puede ver más abajo Sokol, Daffunchio, Troglio, Scasso, el guitarrista Tomás Sussman y el saxofonista Pepe Gil Vázquez no están solos sobre el escenario. Catalina Daffunchio, la pequeña hija de Germán baila, salta y hasta parece imitar los pasos de su “tío Bocha”, mientras la banda se despacha con una versión incendiaria de “Sin Hilo”. Catalina luego haría algunas publicidades para finalmente dedicarse al diseño visual, incluso colaborando con Las Pelotas en las tapas de Cerca de las Nubes (2012) y Brindando por Nada (2016) y los videos de “Pasajeros” y “Hasta el fondo del río”, por ejemplo.

Bersuit Vergarabat – La Falda Rock 2002

El material fílmico de los encuentros en este festival cordobés no abundan en YouTube. Poco se conserva de la primera etapa que llega hasta 1987, algo más sobre la edición de 1992, pero curiosamente casi nada de la versión de 2002, de la que formaron parte de una grilla de tres noches artistas como Las Manos de Filippi, Mimi Maura, Kapanga, Babasónicos, La 25, Intoxicados, Cienfuegos, Catupecu Machu, Las Pelotas, Moris, Ricardo Soulé, David Lebón, Pappo y Luis Alberto Spinetta. Lo que se puede rescatar (a través del canal de música de Córdoba, RockordoVes) sirve para graficar el momento que se vivía en el país para septiembre de ese año, cuando se realizó el festival. La crisis de 2001 aun estaba latente y Eduardo Duhalde gobernaba el país pero cargaba con las muertes de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán en Avellaneda, un nuevo estallido social que lo llevó a adelantar las elecciones que en abril de 2003 finalmente harían presidente a Néstor Kirchner. En ese contexto Bersuit Vergabarat estaba entrando en la cúspide de su carrera, de la mano de Libertinaje (1998) e Hijos del Culo (2000) y con el cercano lanzamiento de De la cabeza, disco en vivo que recorre sus primeros diez años de historia. Un público encendido, la bronca en la piel y un Bersuit en un pico único de su trayectoria resumidos en menos de un minuto de imágenes y sonido.

No Te Va Gustar y Facundo Soto de Guasones – La Falda Rock 2017

Tuvieron que pasar quince años para que el festival vuelva a realizarse en la ciudad cordobesa que ostenta la particularidad de que, gracias a un proyecto de ley impulsado por los organizadores, algunas de sus calles llevan nombres de artistas del rock argentino como Miguel Abuelo, Luca Prodan, Pappo y Luis Alberto Spinetta. En abril del año pasado se dieron cita en el Anfiteatro Carlos Gardel, bandas como Ciro y Los Persas, Guasones, Cielo Razzo, Los Pérez García y Boom Boom Kid, entre otras. El cierre corrió por cuenta de No Te Va Gustar, que venía despidiendo El tiempo otra vez avanza (2014), y adelantando canciones de lo que sería Suenan las alarmas, disco que saldría en junio de ese año. Allí se dio un encuentro entre dos de los frontman más reconocidos de la escena actual: Emiliano Brancciari y Facundo Soto. El líder de Guasones puso su voz a “Tan Lejos”, uno de los clásicos de la banda uruguaya.

Bonus Track: Spinetta Presidente – La Falda Rock 1984

En la edición de La Falda Rock de 1984 hubo una cumbre que quedó registrada para siempre. Por última vez el Flaco, Charly García, Fito Páez, Andrés Calamaro y León Gieco se mostraron juntos públicamente. Esa imagen quedó retratada en una foto histórica, que tuvo sus entretelones revelados por Andrés en 2013 al colega Germán Arrascaeta del diario La Voz de Córdoba. “Esa foto cordobesa es de una conferencia de prensa en La Falda Festival, y éramos más músicos que periodistas. El que lo erige (y elige) “presidente” al flaco es Charly… Era una broma frecuente dentro del microclima. Aquella noche canté ‘Carolina’ con Virus. García y Luis estaban aliados, o al menos eran ajenos al mito de una rivalidad que en esa época no existía. No fue un festival tranquilo. En la foto se ve más serio a León (Gieco). Generacionalmente, le tocaba calmar a las fieras. Los más jóvenes estamos encantados de secundar al ‘presidente’”, explicó. Un detalle: el otro integrante de la foto es el periodista de música Victor Píntos.

En Club SR hay entradas para la edición 2018 de La Falda Rock (el 17 de noviembre con Iorio, Kapanga, Sueño de Pescado, La Vela Puerca, Bersuit y Asspera, entre otros) con 30% de descuento haciendo click en el banner de abajo. Ojo que es una promo con cupo limitado.

Javiera Mena en la Sala 2 de Apolo

Javiera Mena es chilena, feminista, lesbiana y millennial. Se sale del lugar común preestablecido y no tiene tapujos para hablar de sus convicciones ni de sus deseos. Su música refleja todo eso: es fresca, alegre, para divertirse; pero va un poco más allá y funciona como un cañón lleno de glitter, listo para luchar por la liberación al ritmo de un sintetizador. 

El show es una fiesta desde el comienzo. Mena aparece en el escenario con un traje de charol rojo y una sonrisa genuina. Abre el concierto con “Cerca”, “Alma” y “Dentro de tí”, y anticipa que la lista estará cargada de canciones de Espejo, su último trabajo discográfico. Suena “Sincronía, pegaso” y la audiencia estalla. A partir de este momento la cantautora se suelta, baila y se luce en el teclado, la guitarra y los sintetizadores. La fiesta sigue con “Intuición”, “Los olores de tu alma” y “Escalera”. Ahora Mena y sus músicos se ponen las gafas características para hacer “Otra era”, el hit sin estribillo, que continúa marcando el flow de la noche.

La chilena cambia radicalmente la onda del show cuando canta “Todas aquí”. Se hermana con todas las mujeres del público a través del dolor, ofrece un abrazo cálido y sororo. Antes de que termine de bajar la energía de la sala, Mena vuelve a contagiar euforia con “Yo no te pido la luna”, una canción atemporal que tiene covers en casi todos los géneros y ella reinterpreta a la perfección. Luego combina “Como siempre soñé” (de Esquemas Juveniles) con “Noche” (de Espejo), y expone toda la potencia de su obra en dos canciones.

Mena charla bastante durante el show, cuenta que parte de Espejo se grabó en Barcelona. Se la ve contenta de presentarlo en un formato tan íntimo. Cerca del final de la noche se sienta en el teclado y vuelve a tocar un cover, pero antes de presentarlo, le informa a la audiencia que ese tema ya no es más del autor, que ahora les pertenece a ellos. La canción es “Mujer contra mujer” de Mecano y se convierte en una especie de karaoke con una carga emotiva muy alta. Javiera Mena es un ícono de la comunidad LGBT+ ; lleva la bandera con orgullo.

“Espada” cierra a puro frenesí. Luces, saltos, baile; Javiera no se guarda nada. Cuando todavía no se siente que la fiesta terminó, la chilena vuelve para hacer un bis. A tono con el resto del show, suenan “Luz de piedra luna” y “Espejo”, la banda se despide pero antes de irse se saca una foto con el público para las redes sociales. En poco más de una hora y cuarenta la chilena dejó bien en claro por qué es una de las reinas del electro-pop para divertirse.

 

5 canciones para conocer a Cat Power

“Cross Bones Style”

Moon Pix es considerado la obra maestra de Cat Power. Este álbum de 1998 fue escrito en su mayoría tras una alucinación que Marshall tuvo una noche cuando vivía en una granja en Carolina del Sur. Entre las canciones que se desprendieron de esa vivencia, “Cross Bones Style” es la que más se destaca. Aunque no llegó a ser single, la cantante decidió grabar un video inspirado en “Lucky Star” de Madonna para acompañarla.

“Werewolf”

En el 2003, Marshall vuelve a publicar You Are Free, un disco con material original después de cinco años. Esta vez contó con la colaboración de músicos como Eddie Vedder y Dave Grohl entre otros. “Werewolf” marca el tono del álbum. Es una canción simple pero, entre la melancolía de la voz de la estadounidense y la compañía de Warren Ellis en el violín, es un puñal al corazón.

“Willie”

The Greatest es el primer álbum de Cat Power que no incluye ningún cover. Todas las canciones fueron compuestas por la cantante. A diferencia de sus trabajos anteriores, este disco tiene un sonido más orientado al soul, pero no pierde la oscuridad que caracteriza a las letras de Marshall.

“Manhattan”

Luego de giras canceladas, declararse en bancarrota y algunos problemas personales, Cat Power decidió gastarse todos sus ahorros para financiar la producción de Sun, su noveno trabajo discográfico. Para este disco, la estadounidense eligió un sonido más electrónico e incursionó en el uso de sintetizadores y autotune por primera vez en su carrera.

 “Woman” ( con Lana Del Rey)

Tras separarse de su disquera porque le pidieron que suene más como Adele y ser madre; Marshall decide intentarlo de nuevo y graba Wanderer, su trabajo más reciente. En esta ocasión decide llamar a Lana Del Rey para cantar “Woman”, una canción que estaba casi descartada y terminó convirtiéndose en el segundo corte de difusión del disco.  

Valle de Muñecas + Flopa en el Caras y Caretas 2037

Valle de Muñecas y Flopa se hicieron esperar. Además de arengar a su público durante las semanas anteriores con info, videos, notas y demás, el jueves avisaron que el show del viernes ¡se atrasó dos horas!. Es que a último momento se entregó el doctorado Honoris Causa de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo a Evo Morales, y como la UMET tiene sede en el mismo edificio de Caras y Caretas 2037, el presidente boliviano terminó teloneando a los Esaín y compañía. Con retraso pero alegría, la cita comenzó alrededor de las 22.30 con Flopa al frente de su banda compuesta por Manza y Lulo, y Fede Ghazarossian, y una poderosa “Huecos” que hizo levantar el alma de todos los presentes. El alma sí, los pies no: el Caras y Caretas de la calle Sarmiento es con butacas y la obligación moral de quedarse sentado fue una constante en la noche. “Rabia”, “Días y ensueños”, “No queda más”, “Mi propia Marca”, la emperatriz del indie rock (pañuelo verde al tobillo, claro) repasó su historia y regaló versiones de su último trabajo, “Cinco finales para el mismo cuento”, EP que sacó hace no mucho y ya cala hondo en el espectro musical. “Sonajeros”, “Debajo del Album Blanco” y “Abrazo Impacto” de Flopa Manza Minimal pero con Flopa adelante, Manza al lado y sin Minimal, replantearon una nueva forma de tocar estas canciones. Una muy buena nueva forma, de hecho. Si había alguna duda de que el líder de Pez era necesario para estos temas, este show fue el que afirmó que ya no. Con la energía vibrante y el escenario caliente que Flopa dejó, minutos antes del ingreso de VdM, el organizador del Ciclo Rebeldes, Soñadores y Fugitivos, Eduardo Fábregat, agradeció a los presentes haciendo énfasis en la crisis económica que toca fuerte a los bolsillos de los consumidores de recitales.

Después de la presentación formal, Valle de Muñecas en su esplendor arrancó con “Sábados”, de su álbum “Días de Suerte”, y no paró. Los Esain, Fernando Blanco y Mariano López Gringauz encontraron cada uno su lugar en un escenario luminoso y amplio. De rigurosos jeans azules y remeras negras (¿uniforme o casualidad?) VdM tocó 20 temas sin respirar casi, sin parar. La descontractura general llegó en “La soledad no es una herida” y luego una lista completa, compacta y consistente movilizó y emocionó al teatro casi lleno y hasta obligó al público a moverse un poco en el asiento. “Es raro verlos a todos sentados” dijo Manza. Para nosotros también. Los puntos altos del show fueron muchos y la variación de las canciones también: “Invisibles” de su más reciente Punk, “Trampas” y “Dejadez” con Flopa en el escenario, de Flopa Manza Minimal, “Tormentas” de Folk (2007), VdM no escatimó en hits ni en épocas. Como nos había adelantado Manza en esta entrevista, la lista atravesó toda su historia y conformó al fan de cualquier época.

 Entre el apuro y la adrenalina, no hubo espacios en blanco casi entre tema y tema, así como no hay tampoco necesidad de ellos. Un bloque como banda y como identidad, Valle de Muñecas dio todo lo que había prometido y más. La ejecución cuasi perfecta de los músicos, la elección acertada de los temas a tocar, las ganas de mostrarse a sí mismos todo lo que pueden hacer. Sus 15 años se festejaron con emoción y profesionalismo. La solemnidad del lugar puede haber cooperado en la atención al detalle, pero el alma de VdM siempre está bailando y haciendo lío: no hay final, ni chance de frenar.

Foto: Gentileza Giselle Hidalgo

Anna Calvi en la Sala Razzmatazz

Es difícil encuadrar a Anna Calvi en un género. La primera pregunta que una se hace cuando la ve es: ¿dónde tiene lugar para tanta voz con su escasa estatura? La británica es una guitarrista excepcional y tiene una presencia escénica que intimida. Su música es dramática y compleja; utiliza la amplitud de su espectro vocal para pulir el sonido caótico que sale de su guitarra.

Suenan unos acordes de “Rider to the Sea” y Calvi sale acompañada por una luz roja que va a tono con la estética de su discografía. “Indies or Paradise” crea una atmósfera oscura y prepara al espectador para la intensidad que está a punto de experimentar. Atrás quedó el personaje enigmático de los trabajos anteriores, la británica expone sus sentimientos más íntimos en su último disco y “As A Man” es el primer capítulo de la trilogía pilar de este relato. Con “Hunter”, Calvi se cuestiona y hace catarsis, luego se despoja de sus miedos y se libera. La historia concluye con “Don’t Beat the Girl Out of My Boy”, una canción que deja entrever que finalmente la cantante se siente cómoda en sus zapatos.

La vara está altísima, pero Calvi no tiene intención de bajarla. En un rapto de crudeza, la lista sigue con “I’ll Be Your Man” y “Alpha”. La guitarrista frunce el entrecejo y hace ruido con solos que parecen salidos de un festival de los ‘70, mientras se arrastra por el escenario y se acerca al público. Entre tanta intensidad, “No More Words” y “Swimming Pool” dan un respiro pero la versatilidad de la voz de Calvi logra mantener intacta la energía del lugar.

Sobre el final del show, “Wish” vuelve a descontrolar un poco el ambiente y anuncia que Calvi tiene un deseo más antes de morirse (“I got one more wish before I die”) pero no deja en claro qué es lo que quiere. La sigue “Desire”, una canción del primer disco que, después de la metamorfosis de la británica, cobra otro sentido y es el desenlace perfecto para esta historia.

Tras unos minutos de silencio, la artista vuelve al escenario para un bis breve. Primero se dirige al público, por única vez, para presentar a la banda y luego suena “Suzanne and I”, la protagonista de la noche. El cierre quedó a cargo de “Ghost Rider”, un cover de Suicide de su EP Strange Weather. En poco más de una hora y cuarto de show, la artista te invita a compartir su intensidad y su talento memorable. Anna Calvi quiere contarte una historia.