5 momentos en la historia de Daniel Raffo

1. El nacimiento de la King Size.
Zapada con Alejandro Varela en 1987 con músicos de Don Cornelio y la Zona (donde él tocaba) y ahí descubrimos que nos gustaban los mismos solos de los mismos discos (habiendo tantos). Conversamos sobre armar una banda de Blues en su lengua original. Llegó 1988 y ya queríamos salir a tocar, buscamos nombre de la banda leyendo el diario en la sección carrera de caballos porque los nombres son increíbles, el primer nombre que había era “The Blues” (¡ahí ya vimos señal de buen camino!) y al final decidimos ponerle “King Size” por el nombre del disco de nuestro ídolo BB King y le dimos forma grabando el primer demo en 4 canales en su habitación (yo, que venía del Rock y también tocaba la batería, grabé la batería y Varela el bajo y luego arriba le grabamos las guitarras) Eran instrumentales versionados: El tropezón y Hydeaway. Un mes después ya los grabamos en la Escuelita de Lebón (el estudio de grabación del ex Serú) y salimos a tocar en septiembre, debutamos en Isis abriendo para Durazno de Gala.

King Size en sus comienzos

2. El día en que lo vieron los músicos de BB King.
Recambio de banda, ya 7 integrantes y BB King en el 91 en Argentina: termina el show y sus músicos se presentan a ver a King Size en Oliverio, justo en el repertorio hacíamos 4 temas de BB King. Los nervios iniciales se convirtieron en felicidad al ver sus aplausos, terminamos en la mesa con ellos, no lo podíamos creer.

3. La llegada de su hijo a la banda.
La mayor alegría: ¡que se incorpore mi hijo a la banda, Pato Raffo!. Había estado desde que nació escuchándonos y claro, sabía todo. Para mí, como padre es una de mis mayores felicidades cada vez que toco con él más allá de lo excelente músico que es. Y es muy divertido porque un segundo él ya sabe lo que voy a hacer aunque no lo hayamos ensayado.

Daniel Raffo tocando junto a su hijo Pato

4. La incorporación de Laura Lagna Fietta a King Size.
En el 2005 conozco a Laura Lagna Fietta quien me deslumbró y a las semanas me enteré que trabajaba desde los 80 en el medio. La “engañe” diciéndole que quería trabajar con ella (risas) y no quiso, hasta que formamos pareja y se subió al carro de King Size pero “bajo sus normas” las cuales dieron un cambio radical en la banda y en mi carrera solista dándole una impronta más popular y no elitista como venía.

5. Ser la banda de Duke Robillard.
El quinto momento fue ser la banda oficial de Duke Robillard (reconocidísimo guitarrista a nivel mundial) en su gira por Latinoamérica.
Y ahora que hace 6 años que estoy con la misma banda y con la que viajo a festivales cuando no me presento como solista: Juanito Moro (batería) Nacho Porqueres (bajo) Nandu Aquista (teclados ) Guido Venegoni (voz) y en los últimos años se incorporaron Martin Munoa (guitarra), Jorgelina Avigliano (saxo) y Martín Jakuvowicz (voz).

The Toy Dolls y su sana costumbre de divertir

Así como el punk tiene su faceta política y protestona, también hay otra orientada a la joda y la diversión. The Toy Dolls son uno de los máximos exponentes de ese estilo y hace casi 40 años que vienen metiendo chiste tras chiste en sus conciertos. Con esa experiencia sobre sus doloridas espaldas ( a lo que hacen mención en “Fiery Jack”, el primer tema de la noche), el grupo británico se presentó en el Teatro de Flores, en lo que fue su cuarta visita a nuestro país. Y el trío no decepcionó, mostró lo que mejor saben hacer: canciones rápidas, pegadizas y con estribillos para cantar en la cancha mientras le volcás alegremente cerveza al de lado.

El repertorio se basa en sus clásicos de siempre, no se embrollan en tocar canciones que el público desconoce. “Cloughy Is a Boot boy”, “Bitten by a Bed Bug” y “The Death of Barry the Roofer With Vertigo” fueron los primeros disparos de estos Monthy Python con cresta. Los temas se van sucediendo a través de la solida base que componen Duncan Redmonds, en la batería, y Tom Blyth en el bajo. El incasable Olga merece un párrafo aparte:  toca la guitarra como si se hubiese clavado cinco pastillas de metanfetamina. Mantiene su aspecto raquítico, a pesar de los años, y combina velocidad y técnica con sus desgarbados dedos de una manera muy particular. El mejor ejemplo es cuando interpreta el famoso tema de música clásica “Tocata and Fugue in D minor” de Johan Sebastian Bach, que dejaría a Yngwie Malmsteen con la boca abierta. Todo eso mientras canta llevando a hasta la exageración su pronunciación de lord ingles.

Mientras tanto, la algarabía de una asistencia treintañera se hacía notar cuanto tocaban “Dougy Giro”, “Nellie The Elephant”, “Idle Gossip”, “The Lambrusko Kid” y “Alec’s Gone”, entre las canciones más celebradas. En paralelo, arriba del escenario, Olga y Blyth tiraban pasitos coreográficos, descorchaban una botella de champagne inflable que tiraba papel picado y se reían entre ellos. Los bises llegaron de la mano de “Glenda and test Tube Baby”, “Dig Thath Groove Baby” y “She The Goes Fino”, con suelta de globos incluida, para concluir un repertorio de 20 temas y poco más de una hora. Por ese lapso, la gente se pudo olvidar de las preocupaciones mundanas de no llegar a fin de mes, pagar el alquiler y que la canasta de alimentos familiar este cada vez más vacía.

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Acorazado Potemkin en Niceto: Una declaración de amor

Serios, prolijos, detallistas, responsables. Pasionales, divertidos, compinches, amigos. Conscientes, comprometidos, luchadores, justicieros. Juan Pablo Fernández (en la foto), Federico Ghazarossian y Luciano “Lulo” Esaín han pagado con creces su derecho de piso y se adueñan de cualquier escenario que los reciba. En Niceto, frente a una planta baja casi completa, Acorazado Potemkin reafirmó su estatus de Excelente Banda Con Contenido Social. Y fueron aplaudidos desde todos los rincones del lugar.

El show fue un paseo por sus tres discos (Mugre, Remolino y el último, Labios del Río), con todas las joyas imperdibles de su historia. Los himnos como “La Mitad” (con Flopa invitada), “Desayuno”, “Miserere” (Beto Siless en voz), y el más reciente “El Rosarino” no faltaron ni fallaron. La voz rasposa y la guitarra poderosa de Juan Pablo, la batería enérgica de Lulo, el bajo con luz propia de Fede, la lírica combativa y justiciera, la política de la banda de dejar el micrófono del medio para los invitados y ellos ubicarse siempre en cada vértice de un triángulo equitativo, armonioso. Todos esos componentes son los que mantienen a flote al acorazado en épocas en las que cualquier barca se balancea y se hunde.

“Las Cajas”, “Pintura Interior”, la mencionada “La Mitad”, las canciones más emocionales e intensas de su discografía, junto a “Hablar de Vos”, homenaje a Santi Fernandez Bussy, estuvieron repartidas entre una lista que también incluyó “Caracol”, “Santo Tomé” con Christine Brebes en violín, “Sabés” y muchas más. “Reconstrucción” con el Cardenal Domínguez en la voz, “Flying Saucers” con Mariana Paraway en voz y Juliana Moreno en flauta, invitados ya conocidos y no tanto, más de 25 temas sin mucho espacio entre ellos para poder hacer todo para todos. Y mucho más.

Con una dedicatoria especial a los senadores y senadoras de la nación, “El Pan del facho” llevó al punto más alto a la militancia del público dentro de su lugar de confort. La canción de por sí carga con una búsqueda de mejora social desde su publicación y va adecuándose a los distintos reclamos que van pasando en la sociedad. En este caso, a solo dos  días del rechazo a la legalización del aborto en la Cámara Alta del Congreso de la Nación, todos los que tenían el pañuelo verde lo levantaron al aire, extendido, quieto, inquebrantable. La espontaneidad del pañuelazo, además, tuvo un plus cósmico: la guitarra, caprichosa, dejó de sonar por algún tema técnico, y mientras se resolvía, bajista y baterista acompañaron con música y respeto el “Aborto legal en el hospital” que se generó entre la gente.

El cierre a cargo de “Los Muertos” no sorprendió, pero funcionó como siempre: un clásico en los shows acorazados que reza: “como no hablan, nunca mienten, ni se van a equivocar”. Es remera.

Acorazado Potemkin es una banda que no cede, no afloja, no transa ni se corrompe. Crecen, maduran, mejoran, ajustan. En cada disco lo demuestran y en cada show, más. La identidad está clarísima y la intención también. Tienen un mantra conciso y válido: no venderse, ser auténticos. Y como dice “Soñé”, “no ser más parte del aire, no ser más que un mensaje en el viento”. Tranquilos chicos. No lo son.

 

Foto: Gentileza Javier López Uriburu

Bersuit tocó en un hospital público de salud mental

“Ya chocaste ocho mil veces con la misma piedra, no tenés por qué vivir siempre una vida de mierda, esto es muy fácil, no hay más vueltas no, vos tenés los dos caminos, depende de vos. Grupo, padrino, programa, servicio o cárcel, hospital o muerte”. Son las 16.30 de este viernes y Bersuit Vergarabat va por la mitad de su show frente a uno de los públicos más especiales que le tocó tener enfrente. Las mujeres y hombres que aplauden, cantan y se emocionan son pacientes del Hospital Lic. Laura Bonaparte, un centro público de salud mental y adicciones también conocido como el ex Cenareso, un predio gigantesco ubicado frente al lugar donde funcionaba la Cárcel de Caseros, en el sur de la Ciudad de Buenos Aires. Por eso las palabras de Tito Verenzuela y sus compañeros de banda suenan más fuerte que nunca hoy: acá hay ganas de recorrer un sendero de recuperación, de salir adelante, de estar mejor. La alegría que embarga a internadas, internados y pacientes del hospital de día también alcanza a los profesionales que trabajan junto a ellos. Se vive como un día de fiesta, un viernes totalmente diferente, de baile y jolgorio. Afuera del auditorio un paciente ofrece unos volantes hechos por él mismo en una imprenta casera, improvisada con un molde, una caja de madera y pinturas de colores. Sonríe para la foto y se pone contento. “Que bueno, voy a ser famoso”, tira pícaro. Imposible no recordar esa frase del “Homenaje a los locos del Borda”, de Y Punto, el disco debut de Bersuit Vergarabat: “Avanzan, avanzan, avanzan sin popularidad, no necesitan trámites para acceder a la vida”.

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Definitivamente para esta banda que en 2018 cumple 30 años no es nueva esta situación, este público, este apoyo a la “causa de la locura”. Antes de que suban al escenario, un grupo integrado por pacientes hace versiones de “Blues de los plomos” (de León Gieco), “Desconfío” (de Pappo), “A cada hombre, a cada mujer” (de Pedro Aznar) y algunas canciones propias. Juan Subirá se queda mirando la escena desde el fondo del público hasta último momento, cuando alguien del staff lo viene a buscar: es la hora de ponerse el pijama. El set, en plan acústico, arranca con “El tiempo no para” y sigue con “Perro amor explota”. Los pacientes aplauden fuerte y se mantienen sentados, muchos visiblemente emocionados. Suenan “Toco y me voy”, “Cuatro vientos” y “Al olor del hogar”. Luego Dani Suárez y el Cóndor Sbarbati le ceden el protagonismo vocal a Tito para “Cárcel, hospital o muerte” y “Luna hermosa”. A un costado Pepe Céspedes y Carlitos Martín agitan guitarra y cajón peruano. Juan Subirá hace los honores y arranca con su acordeón “El viejo de arriba”. Y cuando cantan “Nadie lo podrá impedir, esta noche iré hasta el fin, con los locos, los borrachos, con las putas y los guachos… Al zaguán de un mundo liberado, al placer de un mambo marginal, al rincón de un juego desquiciado, hasta tumbar en plenitud , hasta tumbar…” todo cobra otro sentido y ya nadie puede mantenerse en su lugar. “¡Por fin los hicimos parar!”, grita Dani. Podría terminarse ahí, pero queda más. “Me voy”, el estreno de la nueva “Morocha” (es la tercera vez que la tocan en vivo) y “Un pacto”. Todo el mundo pide bis y Bersuit lo da con “Murguita del Sur”. Es el final de la fiesta, algunos pacientes se acercan a pedir autógrafos, otros se van riendo y haciendo comentarios. No fue un día más.

Agradecimientos: Prensa Hospital Bonaparte por las fotos, al Intenventor Ignacio O’ Donnell y a Juanky Jurado por la invitación.

EUKZ y su vuelta al infierno porteño

Después de La Polla Records y Eskorbuto, se podría decir que El Último Ke Zierre (EUKZ) es uno de los grupos más importantes de punk rock de España. Con más de 30 años de carrera, han forjado su propio camino en Latinoamérica y desde el 2006 ya son cinco las veces que pisaron suelo argentino. En las afueras del Teatro de Flores reinaba un clima dominguero y tranquilo, si se tiene en cuenta que la última presentación, hace 4 años en Niceto Club, terminó con algunas personas detenidas por intentar ingresar sin entrada al local palermitano que desbordaba de gente.

Después de el poderoso set de Mal Pasar, que incluyó puteadas a Mauricio Macri y a la Selección Argentina por jugar contra Israel en pleno conflicto con Palestina, EUKZ copó las tablas y desembuchó rápidamente “Con la moral de un carnaval”, “Yo también puedo ser malo” y “Olor a Muerte”. De a poco el sonido se fue acomodando y los aullidos del Rober “El Feo” empezaron a tomar protagonismo. A diferencia de sus hermanos mayores de La Polla, las líricas del EUKZ, si bien recorren temáticas políticas, cuentan con un grado mayor de emotividad y sobresalen las canciones que describen las calles de los suburbios en donde nacieron y el duro transcurrir de la vida entre adicciones y desamores.

“El Feo” revela las influencias por fuera del punk que han sido para ellos “las canciones de Bob Dylan, las de Lole y Manuel” cuando desgarra su voz en “Vuelta Al Infierno”. Los punkis del municipio de Burriana le cantan a los “malditos”, a los “desheredados”, a los “desviados” y a los “marginados”. A todo lo que no encaja en los parámetros normales de este mundo. El público, que se identifica con esas letras, lo agradece, y ellos retribuyen con un “son la hostia”.

Buen porcentaje de la lista de temas estuvo compuesto por su flamante placa El Mutante del Barrio Chino que fueron mechando con una o dos canciones de gran parte de cada uno de sus 14 discos de estudio. Se destacan “Efimero”, dedicada a los amigos muertos por la heroína ( “y duele recordar a los que no están/duro trago que dar cuando te sientes tan solo”), el homenaje a Victor Jara en “Canto” (“No temo a la libertad aunque a veces me da miedo/porque no puedo olvidar que otros pagaron por ello”), entre las más nuevas. “Camino de Rosas”, “No Tengo Miedo”, “Escupiré Jodidos” e “Insurgente”, una emocionante proclama zapatista, estuvieron entre las más celebradas de la noche. También hubo tiempo para hacer una versión cruda y podrida, en castellano, de “I Wanna Be Your Dog”, de Iggy Pop.

El final se dio de manera inesperada con una oda al consumo de metanfetamina que es la pachanguera “La Noche, el día, la droga, el sexo”. Después de un poco más de una hora, el EUKZ dio por finalizado un show corto, pero contundente. La banda demostró que pasa por un gran momento y que en vivo logra una potencia abrasadora, a la que pocos grupos del género llegan. La gente se quedó con ganas de un poco más y con la amarga esperanza de poder retrasar la vuelta al infierno cotidiano.

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Fotos: Agustín Poggi

#AudioTrip: El ADN musical de Nigeria

“Extremadamente pobre. Las instalaciones médicas son pobres. Operamos un sistema capitalista depredador y neocolonial, que se basa en el fraude y la explotación y, por lo tanto, es probable que tengamos corrupción. Muchos casos penales se resuelven en la estación de policía”. La voz de Femi Falana, abogado y activista por los derechos humanos, suena fuerte y claro. “Esto es Nigeria. Mira cómo estoy viviendo ahora”, rapea a continuación Falz, su hijo, popular rapero, comediante, actor, y una de las nuevas figuras artísticas del país africano, en el comienzo de la parodia del “This is America” de Childish Gambino que estrenó el 25 de mayo pasado. En la letra Falz describe la realidad de un país eternamente en crisis, colonia británica independizada en 1960 y que luego de guerras civiles y dictadores, recién desde 1999 vive en democracia. Una democracia que, según lo que relata el cantante, se mantiene al límite: “Señor, señor mire, lo siento, soy solo un estudiante. Soy un estudiante de la Universidad de Lagos. Acabamos de llegar del club. Muy bien, mi amigo y yo. No, señor, tenía mi identificación para probar”.

El contexto socio político definitivamente marca el destino musical de Nigeria. El mayor exponente en ese sentido es Fela Kuti, creador del afrobeat y una figura que trascendió lo artístico para convertirlo en un ícono de la lucha por los derechos de los africanos fuera y dentro del continente. Fela también fue quien abrió Kalakuta Republic, una productora musical cooperativa para aquellos artivistas que, como él, buscaban la independencia, y un club nocturno que sirvió como escenario para toda esa camada de músicos. Kuti murió en 1997, pero su legado por una África libre y socialista sigue adelante. Otro tótem de la música nigeriana fue William Onyeabor, quien al ritmo del synth funk también narró a su manera los sucesos de su país, hasta su fallecimiento en enero de 2017. Músicos de la talla de David Byrne y Damon Albarn se han declarado admiradores de Onyeabor, algo que puede verse en Fantastic Man, este documental sobre su vida que además sirve como un pantallazo general de la historia de la música de Nigeria.

En la actualidad se desarrollan en Nigeria distintos eventos en los que se mezcla el rock, el rap, el world music y el pop. Festivales como el Star Music Trek y el Rocktoberfest son plataformas en las que conviven estos géneros, llevados adelante por artistas nacionales, del resto de África e incluso por algunos de los pocos músicos europeos y asiáticos que llegan hasta ahí. Estos son cinco de los números musicales más interesantes de Nigeria:

5) Burna Boy
El nacido en Port Harcourt es el chico malo del rap de Nigeria. Saltó a la fama en 2017 cuando Drake lo apadrinó, una sociedad que terminó mal. El canadiense lo invitó a participar en lo que luego sería el mixtape More Life pero al final no incluyó las grabaciones conjuntas. El tema es que, según el nigeriano, tomó cinco de sus canciones y el concepto del disco sin compartirlo en los créditos. Drake lo borró del proyecto, Burna Boy se enojó y decidió no hablar más al respecto hasta que un twittero le preguntó si era su voz la que estaba sampleada en “Get Together”, uno de los tracks. La respuesta positiva fue la primera de varias en las que Damini Ogulu (tal su verdadero nombre) derramó bronca hacia su mentor. En este 2018 editó Outside, que incluye su “More Life” y en el que canaliza su particular forma de rapear, mixtura de inglés con los distintos dialectos nigerianos, y en el que canta esta pieza acompañado por la británica Lily Allen.

4) Zainab Sule
La reina del Soft Rock de Nigeria. Esta cantante y guitarrista nacida en Abuya, la capital del país, acusa influencias de Bryan Adams, Coldplay y Prince y fue comparada con artistas como Natalie Imbruglia, Dido y Tracy Chapman. Empezó en la música de muy chica, pero no fue hasta que se graduó como doctora en Matemáticas, hace cinco años atrás, que le dió más espacio a su carrera artística. Una actitud que lleva en los actos y en sus palabras. En una entrevista reciente con el local Daily Trust describió su visión sobre su vida en Nigeria: “¿No te pasa que a veces sientes que odias a tu país? Pero luego te das cuenta de que no puedes ir a ninguna parte y que no importa cuán malo sea el país, solo tienes que rezar por él y amarlo incondicionalmente”.

3) 1 Last Autograph
¿Existe el metalcore nigeriano? Este cuarteto de Lagos demuestra que sí. La especialidad del grupo es versionar artistas de otros géneros y llevarlos a su terreno, decisión que les permitió su presencia en festivales locales junto a artistas de otros palos, y llegar a un público más numeroso. “Nos encanta ampliar nuestro alcance, la fusión en este cover es una de las formas en que pensamos iluminar a más personas con nuestro sonido y sabemos que será amado”, dijeron sobre “WO” en el que revisitan a Olamide, un ícono del hip hop africano. Las menos de 100 visitas que ostenta el video en YouTube (por lo menos al momento de escribir esta nota) contradice por ahora esa idea de iluminación masiva, pero vale la pena darle play y dar una mano para que lo logren.

2) Nathmac
Ebiama Abraham, conocido profesionalmente como Nathmac, es un cantante, compositor y multiinstrumentista de rock alternativo con sede en Lagos. En su bio de Soundcloud se describe así: “Me encanta escribir sobre “amor”, corazones rotos, esperanza y muchas otras cosas que nos hacen humanos”. Comparte escena y giras con Zainab Sule y una visión artística similar. Muy activo en Instagram, suele compartir covers y mostrar su vida en el país africano.

1) Johnny Drille
John Ighodaro nació y creció en el estado de Edo, Nigeria. Su padre y su madre son religiosos nigerianos y su primer contacto con la música fue de muy chico justamente en la Iglesia, como parte del coro que armó junto a sus cuatro hermanos. Su estilo fue mutando: del afro pop pasó al hip hop romántico, y de allí al folk rock cuando conoció a la banda estadounidense Mumford & Sons. Editó canciones de forma independiente hasta que en 2015 el CEO de Mavin Records, el sello discográfico más importante de África, lo felicitó via Twitter por una de sus canciones. Un par de años y hits después, Johnny firmó contrato y sus views en YouTube ahora se cuentan de a millones, convirtiendóse en un fenómeno regional que pide pista a nivel global.

Palito Ortega, el autor de su alegría

¿Qué tienen en común Charly García, Miranda!, Lali Espósito e Iván Noble? Que todos ellos, al igual que millones de argentinos, han cantado y siguen cantando clásicos del cancionero popular como “La felicidad”, “Qué suerte” o “Viva la vida”. Los une la música y la admiración por el muchacho que se fue de Lules, Tucumán -con apenas 15 años y una guitarra- y conquistó Latinoamérica con su carisma de chico triste que entona canciones alegres.

El último martes, CAPIF homenajeó a Palito Ortega en una noche titulada “Un muchacho como él”. Allí sonaron 14 canciones emblemáticas de su repertorio. Este artista denominado “El rey” lleva 44 discos grabados, 32 películas en las que participó, otras tantas que dirigió y otras a las que les puso música. Por eso esta semana, en el Centro Cultural Kirchner, Charly García desplegó su magia en el teclado para acompañarlo junto a Juanse, Miranda!, sus hijos Rosario y Emanuel, su ex yerno Iván Noble y Lali Espósito, entre otros. Porque Palito es un icono y con más de siete décadas de vida, sigue dando cátedra arriba del escenario.

Además de los colegas, los amigos, y la gente de la industria discográfica, a Palito lo acompañó su familia, pilar fundamental de su carrera. Con Evangelina Salazar se conocieron filmando “Mi primera novia” en 1965 y nunca más se separaron.  Tuvieron seis hijos (Martín, Julieta, Sebastián, Emanuel, Luis y Rosario) e hicieron de su familia, un refugio ante cualquier adversidad. Su sobrina Maite Salazar es productora audiovisual y aunque está lejos de los flashes, estuvo cerca de su tío el martes pasado, así cuenta en Soy Rock por qué Ramón “Palito” Ortega sigue siendo El Rey.

“Lo que lo diferencia a mi tío del resto es tan simple como la historia que tiene. No sé si muchas personas saben en profundidad de dónde vino y adónde llegó. Él se fue con la guitarra de Tucumán, siendo muy chiquito, y sus amigos le dijeron ´llevate en el estuche de la guitarra muchos panes porque te vas a cagar de hambre´. Y cuando él lo cuenta no lo hace victimizándose, él lo contó en el homenaje entre risas. ¡A esos amigos yo hoy les haría fuck you! Pero él tiene cero rencor por esas personas que lo tiraron abajo, que le dijeron que era un ´sin talento´. Él vivió una pobreza de andar descalzo, de no comer por días, y no sé si tenemos acá en la Argentina a un artista que haya pasado por procesos tan distintos: de esa niñez humilde en Tucumán, a lustrar botas cantando en Buenos Aires, a entrar a grabar un disco. Mi tío no pudo terminar el colegio de chico, recién pudo hacerlo de grande, pero aprendió a tocar varios instrumentos, en especial la batería que es con lo que empezó. Luego llega la fama con el Club del Clan, las películas, se lanzó como cantautor, conoció a mi tía, se casó, dirigió cine, se dedicó a la política, llegó a gobernador de su provincia, aprendió inglés. ¡Es una persona súper positiva! Él ayer dijo muy claramente: ´Mi vida es alegría´. Hizo de su vida una canción alegre. Sin una súper voz, ¡sin las redes sociales! Él de nada, hizo todo. De los temas que hizo en el homenaje me quedo con ´Autorretrato´. Esa canción la escribió un día de su cumpleaños y es el resumen de las cosas que lo distinguen a mi tío: ´No me arrepiento de mi ayer, lo que sufrí ya lo olvidé, soy el autor de mi alegría´. Las canciones de mi tío te levantan todo. Ha cantado en el casamiento de mi hermana, las Navidades en familia cantando con Charly. Anoche me gustó mucho verlo con Iván porque es el ex marido de mi prima, quien le dio un nieto, y habla también del cariño que se tienen mutuamente. Viniendo de un palo tan distinto, como Charly. ¿Quién se iba a imaginar veinte años atrás que Charly iba a terminar siendo tan amigo de mi tío? ¡Son la antítesis! Un cantor popular al lado de un músico de rock. A mi tío se lo separaba del rock, aunque él intentaba copiar el estilo del rock norteamericano. Charly  le retribuye con mucho amor todo lo que mi tío ha hecho por él. También me encantó Lali que se comió el escenario, lo sacó a bailar, hizo chistes, una nueva generación que se suma. Y Elena Roger estuvo genial porque cantó un tema que hizo mi tío con letra de María Elena Walsh que se llama ´Cuidado con las alturas´. En el caso de mis primos, todos tienen una veta artística muy fuerte. Rosario y Emanuel son músicos y Emanuel, sobre todo, tiene sus mismos gestos cuando canta, cuando se mueve. Les gustan los mismos artistas. Rosario heredó la versatilidad, que puede cantar con Entre Ríos o hacer los coros de Charly, ella se adapta. Para nosotros Palito es Ramón, mi tío fue muy generoso con mi familia. Él a mi abuela Chocha (la mamá de Evangelina y de mi papá) la quiso como una madre y estuvo hasta el último día con ella. Con mi papá (su cuñado) también siempre fue muy cercano, tienen muchos gustos en común. Con mi tío tengo los mejores recuerdos, es un gran contador de anécdotas, de chistes, ¡y es un gran asador! En nuestras fiestas es muy común montar un escenario y que se arme un show con mis sobrinos tocando, cantando, que caigan el Zorrito, Charly o Iván Noble.  Somos muy fans de Ramón.  Yo también soy muy fan de Frank Sinatra y las anécdotas que cuenta mi tío con él son alucinantes. Ellos se hicieron amigos cuando mi tío lo trajo a la Argentina, el negocio salió mal, mi tío se terminó yendo con su familia a vivir a Estados Unidos, y el que lo ayudó allá fue Sinatra. Mi tío es un gran ejemplo de vida, sus historias son como una charla TED, todo lo que cuenta es muy inspiracional porque todo lo que ha hecho fue sin escuchar a los que decían que no podía. Es pura perseverancia. Creo que es una gran historia para que trascienda y les muestre a los chicos que tienen sueños y se deprimen que si él pudo, todos pueden. Es el mejor ejemplo de que cuando querés, podés.”

Mirá el video de “Popotitos”, en vivo, por Palito Ortega, Charly García y Juanse, el martes pasado en el CCK.

Imagen y video: Gentileza CAPIF y Sony Music Argentina

 

5 momentos en la historia de Cielo Razzo

Pablo Pino (voz), Diego Almirón (guitarra y coros), Fernando Aime (Guitarra), Javier Robledo (batería y Coros) y Cristian “Narvy” Narváez (Bajo) llevan un cuarto de siglo en la ruta del rock y pronto lanzarán un nuevo CD+DVD grabado en vivo, el pasado 8 de abril, en el Luna Park. Desde Rosario, y para todo el país, Cielo Razzo celebra este nuevo aniversario y sigue presentando Tierra Nueva -su último disco hasta la fecha- este sábado en el Teatro Sala Ópera de La Plata. Pero antes, Narvy selecciona 5 momentos que quedaron grabados en la carrera de la banda.

1. Los comienzos con Nano ensayando en la terrraza de Narvy (1992/93). Los dos solos muertos de frío a las 6 de la tarde, en pleno invierno con los dedos congelados que no podíamos ni tocar, pero con todo el sueño y la ilusión por delante.

2. Cuando tocamos en Cemento (2003). El primer show de Buenos Aires que tenía el peso de la mística y de la historia. La incertidumbre y los nervios y verlo lleno fué como empezar a jugar en primera.

3. El primer Obras (2005). Primer show de estadio masivo y con filmación de CD/DVD en vivo. La satisfacción de llenar un estadio importante, con mística e historia. Y la certeza de saber que lo que uno siente se refleja en la gente y acompaña.

4. Haber sido soporte de Guns N´ Roses en el Estadio Rosario Central (2016). Ser teloneros de la última gran banda de rock que dio la música mundial y además -personalmente- ser fanático de ellos y nada menos que en nuestra propia ciudad y en Gigante de Arroyito… Fue una de esas noches en las que no podés dormir de tanto que te elevó la situación. Felicidad y adrenalina a full.

5. El último Luna Park. 25 años de banda. 25 años de ser familia. Peleas, discusiones, entredichos. Pero la hermandad y la convicción nos depositó en esa noche mágica que también se verá reflejada en CD/DVD en vivo. Dos décadas y media de esfuerzo y amor confluyen en un recinto plagado de historia… Y somos parte de ella.

Cielo Razzo sigue festejando sus 25 años, y este sábado 23 tocan en Auditorio Oeste (Av. Rivadavia 17230, Haedo)

Un libro, 5 rockeras

El primer interrogante que surge es: ¿Por qué creen estos dos hombres que pueden rescatar “la palabra de la mujer en el rock”? Uno de los coautores, Emiliano Scaricaciottoli, responde. “Sólo nos valemos de esas palabras para producir literatura. Las palabras, en tanto testimonios, son sustanciales, pero si no hay proceso literario de fondo que permita ficcionalizar ese encuentro, no sirve. Quizás, en ese sentido, como decía un gran maestro que tuvimos con Mauro (Petrillo, coautor), Nicolás Rosa, el autor que mejor retrató el deseo en las mujeres fue Flaubert. Y no escuchamos demasiadas quejas al respecto. En todo caso, discutámoslo; pero tampoco nuestro objetivo era ´retratar´, tan solo hacer eso que nos sale más o menos bien: escribir. La crónica literaria o el ensayo son soportes de escritura que se amalgaman muy bien con la serie del rock. Nuestra escritura no intenta visibilizar nada, tan solo compartir pulsiones. Ninguna de estas artistas necesita de nuestra escritura para que su arte exista y viceversa”.
Las cosas que te digo, no repitas jamás es un libro que consta de cinco crónicas literarias a partir de los encuentros con cada artista. Scaricaciottoli aclara que no son entrevistas, sino conversaciones y que entonces, “el proceso de escritura nace y se funda en esas conversaciones”. Las protagonistas de esos encuentros llevados al papel son: Juana Chang, Lula Bertoldi, Silvina Harris, Lu Noise y Paula Maffía.

-¿Por qué ellas?

En un primer momento, habíamos pensado una constelación de voces y de enunciaciones (en el sentido literario) femeninas que recortaba transversalmente la historia del rock argentino. Pero luego del primer encuentro con Juana Chang, observamos una necesidad: recortar lo contemporáneo, lo que emerge, lo que circula del 2001 para acá. En el 2001, la crisis política de nuestro país permitió el desmoronamiento de muchas referencias, lo cual es fabuloso. Para nosotros, las nuevas expresiones dentro del rock son vitales para pensar un nuevo mapa del rock argentino, para reescribirlo. Y un mapa, desde ya, sumamente caprichoso y arbitrario. Tratamos de elegir a cinco artistas que circulen en distintos circuitos y registros.

-¿Cuánto se involucraron estas artistas en el proceso generador del libro?

Se involucraron totalmente. La predisposición fue genial. Sabían desde un comienzo que las conversaciones no tenían como resultado una transcripción periodística, que no buscábamos únicamente testimonios. Sencillamente, porque es algo que ya se hizo y que se hace. Y no somos periodistas. En ese sentido, la predisposición de las cinco para recibirnos y para permitirnos intervenir sus espacios (universidades, hogares, bares, etcétera) desde lo visual, fue total.

-¿Creés que hubo cambios en la última generación de artistas femeninas?

Sí, observamos que hay un lugar, un espacio que se ganó. El rock fue y es (aún hoy, con tantas batallas ganadas) machista ontológicamente. Ello no invalida el surgimiento de otras voces, entre ellas, las voces femeninas que no quedan estereotipadas y atrapadas en el carnet de la “corista”, de la “minita de…”, pensando en uno de los casos más conocidos: Patricia Sosa en el BA Rock ´82, por ejemplo. Esos prejuicios y esas máximas ideológicas se van, de a poco, desdibujando. ¡Ojo! También nos interesa pensar en enunciaciones masculinas sobre cuerpos y voces femeninas. Pero esa es otra historia. En este caso, creemos que las cinco artistas que entrevistamos son excelentes ejemplos para pensar no solo nuevas voces sino también una nueva forma de circular en el rock.

-¿Cuál es tu relación con el mundo de la literatura, por un lado, y con el del rock por el otro?

En el 2014 sacamos con Oscar Blanco un libro que tuvo cinco años de producción: Las letras de rock en la Argentina. De la caída de la dictadura a la crisis de la democracia (1983-2001). Para nosotros fue un triunfo porque impusimos en un ámbito tan conservador (y tan oportunista) como el de la universidad un objeto de estudio- bastardeado o regalado a la sociología y al periodismo especializado- que siempre tuvo un estatuto literario, ficcional. El rock es, claramente, un fenómeno que maneja muchos códigos. El código de la letra es específico y debe tener un tratamiento que vaya más allá de su historia o de sus historias. Lo que nosotros llamamos “sociodismo” no hizo otra cosa más que mirar al rock como un pretérito pero con un afán verticalista: el de taxonomizarlo y clasificarlo. No, a nosotros nos interesa el rock como una discontinuidad. Y esa inestabilidad-en nuestro caso, ubicada en las letras, nos permitió escribir y pensar en el lenguaje del rock o, mejor aún, el rock dialogando con otros lenguajes.

 

Las cosas que te digo, no repitas jamás se presenta hoy a las 18.30 en el stand Nº 1500, del Pabellón Amarillo, de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires

 

El Festival Nuestro en ocho momentos: Somos como somos

La Beriso: Mano a mano

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El mejor elogio que puede hacerse a Rolo Sartorio y su banda de rock es que, como todo lo que es definitivamente popular, es imposible ser indiferente a ellos. Ya sea amuchado frente a la valla llorando cuando suena “Mañana”, el tema con el que abrieron su set, o a lo más alejado posible del escenario haciendo comentarios sobre la forma de cantar del vocalista o las influencias en su sonido, todo aquel que haya pisado Tecnópolis ayer centró sus miradas en el grupo más convocante de la jornada. No es algo nuevo para La Beriso: hace 20 años que no escuchan y siguen para adelante, sin perderse en las críticas despiadadas ni en los cantos de sirenas. Sobre el final de una lista que tuvo 22 canciones, Rolo soltó un poco de más la lengua, para goce de fans y detractores. “Me chupa un huevo si está confirmado o no, el 24 de noviembre tocamos en el Estadio de Vélez”, anunció a boca de jarro el vocalista. Inmediatamente después, antes de las líneas finales de “Traicionero” lanzó: “Si van a hacer la olla (en referencia al momento previo al que se desata el pogo) tengan cuidado, qué hay mujeres y niños. Respétense. Nosotros hicimos que la familia vuelva a los shows de rock. Hoy la revolución no es cortar calles, no es tirar piedras, eso quedó en los ’70, hoy la revolución es el respeto”. Aplausos y silbidos repartidos, por igual, hasta el final.

Dancing Mood & Nonpalidece: Postre reggae

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Las buenas vibras surgían del escenario Churro y ya no había dudas, Dancing Mood abría su set para una multitud de fieles en busca de un poco de dulzura para sus oídos. En la noche húmeda, Hugo Lobo despertó el baile con su combo de ska jazz, marca registrada que este año cumple 18. La mayoría de edad vino con el reconocimiento y la nominación a los Premios Gardel como Mejor Álbum de Reggae y música urbana por On The Good Road. Aunque el premio por fidelidad del público rockero ya se lo ganaron. “Vengan en paz”, arengó amorosamente Néstor Ramljak desde el escenario principal. El final del Festival Nuestro estaba en manos de Nonpalidece y el líder de esta banda referente del reggae argentino abrió su música y su corazón a un Tecnópolis colmado. El grupo ya lleva más de dos décadas en los escenarios y, recién llegados de Perú, desplegaron su set de canciones que se extendió más allá de la media noche. Nonpalidece y Dancing Mood, dos bandas consagradas que se superan año a año demostrando que el reggae en la Argentina es mucho más que puro humo.

Ratones Paranoicos: Banda en fuga

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1, 2, 3… ¡va! Cuando los Ratones Paranoicos empiezan a tocar, el rock and roll está de fiesta. Puede que estén en su mejor momento musical, puede que sean la mejor banda de su estilo en la Argentina (como se autoproclaman en la recién estrenada “Los verdaderos”) y puede que el de anoche haya sido el último show de este revival que comenzó ocho meses atrás. El Festival Nuestro pudo haber sido la última excusa de Juanse y los suyos para dar una clase magistral de rock en un escenario. En horario central, de frente a un mar de banderas y de corazones en llamas, los Ratones hicieron lo suyo y, obvio, la rompieron. “Isabel”, “Cowboy”, “Enlace”, sonaron como nunca y como siempre, coreados de principio a fin por familias enteras. Desde que volvieron a reunirse, los Paranoicos se han ocupado de hacer saber (a través de su música) que son inoxidables y que sus hits atraviesan indemnes todas las épocas. Esta etapa bonus track quizá esté llegando a su fin, ¿conocerán las próximas generaciones a una banda tan potente en vivo? Solo Juanse, Roy, Pablo Memi y Sarcófago tienen la respuesta. En medio de tantas dudas, lo cierto es que aquellos que pudieron verlos y oírlos en Tecnópolis, se llevaron puesta una noche para el recuerdo.

El Kuelgue: Sin parangón

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Al hueso. Así fue el arranque del set de El Kuelgue en el Nuestro. “Circunvalación”, “La fama” y “En avenidas”, acaso tres de los hits más relevantes que consiguieron hasta el momento fue el comienzo perfecto para un show esperadísimo. Y para la banda que lidera el multifacético Julián Kartún tampoco fue un recital más, ya que vino con una yapa inesperada: el anuncio de un mojón fundamental para su carrera, como será su llegada al Estadio Obras el próximo 4 de agosto. Esa felicidad que se percibió desde el escenario al momento de contar la noticia se trasladó de inmediato al público, que festejó la confirmación del crecimiento de su banda como un festejo propio. “Dele tiempo” se vio resignificada antes del final con “Cariño reptil” y “Cristo es Marquitos di Palma”. Además de Obras se vienen nuevas canciones, justo en el momento en que El Kuelgue pega un hermoso estirón.

Onda Vaga y Perotá Chingó: De Cabo Polonio para el mundo

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Las playas de Uruguay fueron la tierra fértil para que crezcan dos proyectos con personajes distintos pero parecidos. Allá, del otro lado del charco, con un entorno natural imponente, sin electricidad, pero con ganas de estar conectados a nuevas sensaciones, los integrantes de Onda Vaga y las Perota Chingó llegaron como amigos y volvieron con canciones. Los primeros abrieron el juego en 2007, en plena ebullición del neo hippie porteño, mientras que las segundas comenzaron ya con el camino allanado en 2011. Allí cada agrupación juntó sus voces y sus instrumentos acústicos, para que Internet (MySpace en el caso de OV, YouTube para las PC) haga el resto. Ayer, en Tecnópolis, se juntaron sobre un escenario por un ratito. Fue a mitad del set de los Vaga, cuando ya hacía rato las Chingó habían desplegado en ese mismo lugar composiciones como “Aguacero” y “Ríe chinito”. Los Onda Vaga, por su parte, repasaron su historia en diez canciones, desde el iniciatico Fuerte y caliente hasta el más reciente IV. Una cumbre para el recuerdo.

Eruca Sativa y Sol Pereyra: una alianza sonora y sorora

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No eran las cinco de la tarde y una de las bandas más importantes de la jornada ya había dado el golpe. Eruca Sativa, ese trío que integran Lula Bertoldi, Brenda Martin y Gabriel Pedernera pegó fuerte con temas como “Japón” , “Armas gemelas” y “Magooo”. La lluvia que amenazaba por aguar la fiesta se guardó ante tanto despliegue escénico. Y más aun después de que a Eruca se sume Sol Pereyra, para poner su voz y trompeta en su “Vamos, dale” y en “El balcón” de ES. El encuentro no fue casualidad: la cordobesa (y ahora expatriada en México) Sol era parte de Los Cocineros, mientras lxs Eruca Sativa daban sus primeros pasos en la provincia meditarránea, primer lugar del país en recibir masivamente su música. Algunos años después esos días de ansiedad e incertidumbre quedaron atrás. Ahora es su tiempo.

La Maruja: Arriba el mestizaje

Este grupo integrado en Málaga por un uruguayo, tres argentinos, un venezolano y dos españoles dio en el Festival Nuestro sus primeros pasos fuertes en el país. Ska, reggae, rock y alguito de punk conforman el ADN musical de La Maruja y Otras Hierbas, el mismo que desplegaron en las diez canciones que conformaron su set. “Un paseo interminable”, “Amigo”, “El día del juicio final” son un perfecto muestrario de ese sonido. Pero lo más festejado fue el momento en el que pegaron “El gigante” con “Bella Ciao”, ese himno anti fascista que hoy en día se puso de moda con La Casa de Papel, la exitosa serie española. Y como Tokyo, Río, Berlín y Nairobi, esta banda multinacional también cometió un atraco que nunca olvidarán: los aplausos sinceros del público en el final.

Trap argentino: el sexto escalón

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La filosofía sobre la que está basada el Festival Nuestro es la premisa de abrir el juego musical sin prejuicios ni preconceptos. En ese viaje es que además de artistas reconocidos de rock, reggae, ska y otras yerbas, haya espacio para otras formas de cultura. Y ahí es donde entra el Escenario Urbano. En esta cuarta edición reinó el trap, ese género que si bien nació en Estados Unidos, encontró en Argentina un caldo de cultivo como en ninguna otra parte del mundo. Sin Duki, NeoPistea o Khea, exponentes del estilo con millones de reproducciones en línea, pero con XXL Irione, Mala Junta, Maikel Delacalle y Dak1llah como referentes, el escenario quedó chico ante la masa de público que llegó con expectativas y ganas de escuchar lenguas filosas. Más temprano, Emanero, con un estilo de rapeo más clásico lanzaba aquello de que “Tengo mas tiempo que muchos, tengo mas años que varios. Vos cumpliste 18 y yo tengo 15 años rompiendo escenarios”, en “Nos vemos en Disney”. No sabemos quien recogió el guante, aunque seguro no fue El As!, quien cometió el peor de los pecados para un freestyler: se bajó del escenario antes de subirse al combate dialéctico. ¿Se habrán ganado un espacio más grande para la próxima edición?

Textos: Leo Ros y Marianela Insua Escalante

Fotos: Emma Distilo, salvo Sol Pereyra, Perotá Chingó, La Maruja y la galería de Trap, Gentileza Festival Nuestro