Discos

“Is This the Life We Really Want?”, de Roger Waters

La muerte, Trump, los refugiados, Instagram, Dios y la colección de obsesiones que recolectó el ex Pink Floyd en los últimos 25 años, a primera escucha

La Cúpula del Centro Cultural Kirchner está llena de periodistas que conversan animadamente mientras beben vino y comen distintos fiambres. Un evento similar ocurre casi al mismo tiempo en distintas ciudades del mundo. Roger Waters lanza el viernes próximo Is This The Life We Really Want?, su primer disco con canciones nuevas desde 1992 y es el momento de hacérselo escuchar a la “prensa especializada”. Por expreso pedido del artista, cada uno de los presentes debe dejar sus aparatos electrónicos al cuidado del personal de la compañía discográfica que organiza el evento. La idea es evitar que las composiciones se filtren antes de la fecha indicada, pero es una buena excusa para poner todos los sentidos al servicio de las canciones. Un diario de cuatro páginas contiene las letras de los doce tracks que componen el álbum. A partir de allí comprendemos que más que nunca Waters tiene mucho para decir. El recitado de “When We Were Young” (que recuerda al Radio Kaos, de 1987) se funde con los primeros acordes de “Déja Vú”. Esa combinación de guitarra acústica, teclados, bajo y batería, con mínimas intervenciones de violas eléctricas se oirá repetidas veces a lo largo de los poco más de 50 minutos que dura el disco. Por momentos y a oídos de un oyente desprevenido, incluso, parecerá una misma gran canción. Allí se siente la mano de Nigel Godrich, el productor histórico de Radiohead, que tocó teclados y guitarras pero cuyo mayor mérito es arrogarse los collages de sonido y arreglos. Volvamos entonces a las letras. El ex Pink Floyd rodea casi con ansias la muerte (¿Efecto Bowie?), y se mete, con la precisión de un cirujano, en la era de las redes sociales y el mundo post Trump, consiguiendo un sonido moderno. “Un 75 por ciento del concierto serán cosas antiguas y un 25 por ciento serán nuevas, pero todo estará conectado por un tema general”, dijo Waters a través de un comunicado previo al comienzo del Us+Them Tour, la gira que comenzó hace pocos días en Estados Unidos. Justamente ese “tema general” al que hace referencia el músico es la política del país más poderoso del mundo. “Fotografiá al líder que no tiene cerebro”, ordena en “Picture That”, una de las canciones centrales del disco. En ella apunta no solo a las cuestiones políticas, sino también a la urgencia de dejar todo registrado en los celulares. “Fotografiá a tu hijo con su mano en el gatillo, fotografiá protesis en Afganistán”. Su compromiso con la situación en Medio Oriente y los refugiados del mundo se magnifica en “The Last Refugee”. La historia de Aylan, el niño kurdo que apareció muerto en una playa de Turquía es parte de uno de los versos más importantes de la canción: “Y encontrarás a tu hijo, allá en la orilla, cavando alrededor por una cadena o un hueso, buscando en la arena una reliquia arrastrada por el mar”.

Los conflictos raciales son el leiv motiv de “Is This the Life We Really Want?”, donde enumera distintas razas y profesiones (desde futbolistas a supermodelos) hasta llegar a las hormigas: “Tal vez no las hormigas. Las hormigas no tienen el suficiente IQ para diferenciar entre el dolor que sienten otras personas y, por ejemplo, cortar hojas o rastrear a través de los umbrales de la ventana en busca de latas abiertas de melaza. Entonces, como las hormigas, ¿solo seremos tontos?”. Al finalizar la canción suena un despertador y entramos en la recta final del disco. Las últimas tres canciones están unidas por las melodías de la guitarra acústica y el piano, formando una atmósfera musical uniforme. Pero no sólo eso. “Wait for Her”, “Oceans Apart” y “Part of me Died” están atravesadas por la muerte y por buscar el significado de la vida. “Si ella llega pronto, espera por ella. Y si ella llega tarde, espera”, canta en la primera. “Ella siempre estuvo ahí en mi corazón. Siempre fue el amor de mi vida. Eramos extraños. Océanos aparte. Pero cuando le puse los ojos encima una parte de mi murió”, entona en la segunda. “Tráeme un cuenco para bañar sus pies en él. Tráeme mi último cigarrillo. Va a ser mejor que morir en sus brazos, que quedarse en una vida de arrepentimiento”, reza en las palabras finales del álbum.

El disco termina, y como toda obra que impacta, quedan sonando melodías y fraseos en la cabeza, imposibles de reconstruir sin una nueva escucha. Y el espíritu de lo que transmite Waters también queda flotando. La chica de la compañía discográfica devuelve uno por uno los celulares. Todos corren a ver que pasó en sus vidas durante la última hora. Algunos (mala suerte) no tienen casi batería. No queda otra que seguir conectados con la realidad. En el subte tres mujeres se ríen mientras repasan los likes de Tinder. Una señora de 50 años whatsappea con su hijo. Un pibe le implora por teléfono a su novia que no llore. Un treintañero sigue por streaming el empate entre Vélez y Quilmes. Dos compañeros de trabajo discuten sobre robótica, inversiones en la Bolsa y lo que “no sabe la gente común”. Esa misma gente común que es cierto, no escucha esas palabras, perdida en la pantalla del celular. Como vos ahora leyendo este texto. ¿Es ésta la vida que realmente queremos?