ENTREVISTAS

Alejandro Ros

"No me interesa lo retro: es como comer algo recalentado"

El tucumano Alejandro Ros es uno de los grandes diseñadores de tapas del rock argentino. Trabajó con Soda Stereo, Luis Alberto Spinetta, Divididos, Fito Páez y Babasónicos, por nombrar sólo algunos, y hace un montón de años que es el encargado de las tapas de los suplementos Radar, Las 12 y Soy de Página 12. Ganó Grammys, un Gardel y en medio del XI Encuentro Latinoamericano de Diseño 2016 nos lo cruzamos luego de recibir el premio al Maestro del Diseño. En medio de los festejos, charlamos un ratito con él.

El Salón Renoir del Palais Rouge está abarrotado de estudiantes de todas las edades que vinieron al XI Encuentro Latinoamericano de Diseño 2016, tres jornadas gratuitas de capacitación con un montón de actividades, talleres y charlas que hoy termina con la entrega del reconocimiento a Maestro del Diseño a Alejandro Ros, este tucumano de 52 años que hizo tapas de discos para Soda Stereo, Luis Alberto Spinetta, Mercedes Sosa, Divididos, Fito Páez, Babasónicos, Miranda, Damas Gratis y Bersuit Vergarabat, por nombrar sólo algunos. En medio de aplausos, Ros sube al escenario, agradece el premio, dice un par de cosas y se va. No es hombre de pocas palabras, pero es sintético como sus obras, que tienen pocos elementos, fuertes y concretos. En un sala de espera que hace de camarín, en medio de saludos de amigos y café con medialunas, Alejandro se prende en el mano a mano: 

–Hoy te entregaron otra distinción, ¿dónde tenés los Grammys, por ejemplo?
–En un rincón. 

–¿Te incomoda hablar en público?  
–Sí, qué se yo, una vez en los Gardel estaba nominado para cinco premios y suponía que alguno iba a ganar, así que mandé una drag queen que, hace 15 años, no era tan común. Y subió con toda pintada. Yo no estaba. Ya ni los voy a buscar. 

–Viste que en las películas cuando premian al protagonista, es porque se le viene algo malo…
–Es porque te vas a caer. Pero es mejor que vengan los premios a que no vengan. Pero no es mi norte.

–¿Cuál es tu norte?
–Que me pasen cosas excitantes.

–¿Con qué?
–Viviendo. O con mi trabajo. Pero por suerte tengo clientes que me dejan jugar.

–¿Estás trabajando mucho?
–Ahora acabo de terminar el de Melingo, hice Babasónicos…

–¿Qué tiene que tener una propuesta de laburo para que digas que sí?
–Me tiene que calentar.

–En general, a uno no lo calienta todo el mundo.
–Yo tengo una estructura chiquita, un asistente que me ayuda con el diseño y alguien que me da una mano con los pagos, lo administrativo, así que no tengo que mantener algo grande, puedo decidir qué quiero hacer.

–¿Cómo trabajabas antes de que existieran las computadoras y todas las tecnologías de ahora?
–Con fotocopias. Yo empecé en un estudio de diseño y lo primero que hice Grito en el cielo (1989) de Leda Valladares, que era de Tucumán como yo. Era un compilado de bagualas cantadas por rockeros como Fito Páez o Federico Moura. Lo curioso es que muchos de esos rockeros con los que ella se juntó, yo después también trabajé con ellos; así que fue mágico empezar así. Me acuerdo que fue en vinilo, la foto era una transparencia, una cosa muy artesanal, no podías jugar tanto con los errores y las posibilidades. Ahora es más fácil probar. Yo vengo de esa escuela: tener certeza en el movimiento que vas a hacer. No hacer dibujitos y cosas sin sentido.

–Sos más de tratar de meterlo en una toma…
–Como cuando hago fotos. No me quedo horas haciéndolas porque se me va la calentura, tiene que ser explosivo, no me tengo que cansar. Quiero que se vea la vitalidad en la imagen.

–Con las fotos pasa algo parecido a lo que contabas recién. Antes tenías que cuidar el material, no podías sacar muchas porque gastabas rollos y eso costaba dinero.
–¡Y no había para retocar! Tenía que estar bien la toma, la iluminación, todo. Yo no podía gastar ochocientos rollos.

–Bueno, pero hoy por hoy, ¿cómo trabajás?
–Antes de la computadora, dibujo. La idea la tengo en mi casa, de noche, pensando. Tengo un cuaderno y ahí la desarrollo. Recién cuando la tengo voy a la computadora. A veces, si no se me ocurre nada, puedo ir a la computadora para empezar, ver el titular, cuánto mide la pieza, cuestiones técnicas. Ahí pongo más que nada lo que hay que decir y lo imprimo así nomás, en blanco y negro, y sobre eso puedo empezar a dibujar.

–¿Con los discos tenés más tiempo para desarrollar las ideas que con las tapas de los suplementos de Página 12, no? Que son de una semana a la otra. 
–Claro, pero con los tapas ya tengo la cancha. No siempre salen bien, pero ya hice más de 1000. Hace 20 años que trabajo ahí. Es un desafío porque está bueno que estén buenas. No siempre salen, pero lo intento.

–En los discos, ¿en qué momento del proceso de grabación entrás vos?
–Yo le pido a los músicos que me llamen cuando están componiendo. Mirá, la semana que viene me voy a juntar con los Miranda que recién lo van a sacar el año que viene. Yo necesito ver los demos, estar desde el comienzo. A veces me pasa que no me conocen y me llaman al final, cuando el disco ya está terminado, y quieren que lo termine en 10 días y yo puedo hacer una cosa más o menos. Profesionalmente va a quedar bien, pero necesito un tiempo para que el proceso sea rico. Pasan muchas cosas en el durante.

–De hecho, el concepto del discos aparece muchas veces durante el proceso.
–A veces tienen tres nombres para el disco y yo hago los diseños para esos tres nombres y el diseño termina ayudando a elegir el que queda. Es un ida y vuelta. Necesito empaparme de lo que están haciendo porque no todos los músicos son iguales, cada uno tiene su estilo, su forma de ser, de vestirse, su estética. Tengo que respetar por dónde van. No es lo mismo Juana Molina que Damas Gratis, o Miranda y Mercedes Sosa.

–Justamente ese en vivo de Damas Gratis (10 años de Oro: En Vivo en el Luna Park, 2009) está muy bien resuelto: representa todo lo que es la banda. 
–Pablito Lescano vino a mi casa y nos quedamos horas hablando de cualquier cosa, de su vida, su recuperación, y se estaba rascando la panza y le pregunto: “¿Y eso que tenés ahí qué es?”. Y se levantó la remera y me mostró el tatuaje de las armas y yo saqué la foto ahí nomás. Y la tapa es la foto que le saqué en mi casa. No es que estuve pensando la idea, ni hice el boceto. Conceptualmente cerraba que fuera así fresco, porque era un disco en vivo.

–¿Pablito Lescano es muy distinto a todos los músicos con los que trabajaste?
–No creas. Es muy rockero. Por algo lo quieren todos, porque tiene su estilo. Yo lo amo, es lo más. No abandonó su barrio, su forma de ser. Las veces que salí con él, me recontra divertí. En una noche hace ocho o diez shows, es una locura.

–¿Cómo hiciste Impuesto de fe (2016), el último de Babasónicos, que es un billete enrollado? 
–Le saqué una foto a un billete con el teléfono, que es más fácil que dibujarlo. Hice el boceto con esa imagen pedorra. Es sobre una droga que yo detesto, la cocaína, que es lo menos, no te enseña nada. Pero iba muy bien con el nombre, es muy perverso. Cerraba por todos lados: impuesto, puesto. Me cerró enseguida.

–En tu obra le das mucha importancia a los colores. Narigón del siglo (2000) de Divididos, por ejemplo.
–¡Pero es uno solo! No me gusta el multicolor.

Sigue tu camino (2003) de los Decadentes, también es un naranja flúo.
–Pero es uno sólo viste. Me gusta usar pocas formas y pocos colores. Como el Álbum Blanco de los Beatles. No me gustan las cosas llenas de información. 

–¿Cambió tu forma de trabajar el auge de la edición digital de la música?
–No tanto, porque aunque en digital, los discos necesitan tapas. Ahora me ocupo más de que se vean bien cuando son chiquitas, que se entiendan. Que sean sintéticas.

–Pero paradójicamente hay un auge de los vinilos, que tienen tapas grandes.
–Pero es un auge para pocos. ¿Cuántos los compran? Igual es verdad, todas las cosas que hice se están editando en vinilo como Soda Stereo, Babasónicos. Los tuve que adaptar.

–Además, la forma es la misma que en el CD: son cuadrados.
–Sí, pero cambia el tamaño. A veces los libritos tienen 12 o 20 páginas y estos tienen una sola doble, con suerte. Es más grande la superficie de la tapa, pero más chica la posibilidad de desarrollar el sistema gráfico. No me gusta tanto, no soy tan amigo del vinilo.

–¿Tenés bandeja para escuchar vinilos?
–Tengo, pero no la uso tanto. Mucha ceremonia. Y tampoco suena tan bien. Yo tengo la paciencia, eh. Por ejemplo, el último de Radiohead me senté a escucharlo de punta a punta, apagué la luz, no hice otra cosa. No es que lo puse de fondo. No es común, pero a mí me gusta entrar en la música.

–Por eso el auge de las series. Hay un consumo más fragmentado. No te ves una película de tres horas, pero sí cuatro capítulos de 45 minutos.
–Es una paja, no veo series. Ahora estoy con Penny Dreadfull porque me gusta la Dirección de Arte.

–Ya que estamos hablando de lo retro, ¿viste Stranger Things?
–No, pero sé todo. No me interesa ese universo para nada. Yo era joven en esa época, no me da risa ese retro. Además ese retro ya volvió un montón de veces. Estoy harto. Dame algo nuevo, papi. Me aburre el retro. Es un plomo esa cosa de citar con guiños. Hay negocios en Japón que vende sólo casetes. ¿Qué onda? Es un fetiche.

–Apelan a la nostalgia…
–Pero en los 80 yo hablaba con gente que había vivido en los 60 y les parecía un asco todo eso, nos preguntaban cómo nos podía gustar esa mierda. Me parece simpático, pero no es un camino a seguir. No abre un nuevo universo. Es como comer algo recalentado. No me abre la cabeza, me la cierra.

Por Pablo Mileo / Foto: Gentileza Nora Lezano