ENTREVISTAS

Barbi Recanati: “GOZA es un sello que se adecua a la necesidad de generar un espacio para artistas que no lo tienen”

La música se unió a la radio Futurock para crear una discográfica en donde las bandas están compuestas por mujeres y personas no binaries

Basta mencionar a las diez bandas más convocantes de la historia del rock para darse cuenta de que ahí faltan mujeres. Si la idea es buscar personas trans en la lista, el número se reduce a cero. Esa ausencia tiene una explicación: el mundo estuvo en manos de hombres cis durante demasiado tiempo (cisgénero es alguien cuyo sexo al nacer e identidad de género coinciden). Afortunadamente, las estructuras cambian y las minorías tienden a dejar de serlo.

Desde su lugar, Barbi Recanati ofrece su tiempo y su espacio a una causa noble, justa y valiosa. El plan se llama GOZA Records y es un sello discográfico donde empiezan a lograr cabida y visibilización, artistas que de otro modo tendrían dificultades para llegar a grabar un disco. Por más apertura que haya, las grandes compañías siguen apostando a artistas binarios, mujeres súper sensuales y hombres bien machos.

El primer catálogo de GOZA ya fichó y grabó a Piba, Olympia, Playa Nudista, Luz Pereyra, Las Ex, Paula Maffia, Anhedonia, Las Vin Up, Melanies Williams, Mugre, Hienas e Hija de Tigre. Lo que sigue es una nueva camada de doce discos y un sinfín de caminos que se abren a esta nueva manera de entender el negocio de la música.

–¿Qué es GOZA?

–Es un sello con una propuesta concreta de lanzar al menos un disco por mes liderado por músicas y músiques que no sean hombres cis. Técnicamente es eso. Lo que quiero plantear es que para mí es importante que la persona que está al frente de la banda, que está en GOZA y que va a salir, no sea hombre cis porque es lo que hay absolutamente en todos lados y son las personas que tienen absolutamente todas las posibilidades y las puertas ya abiertas o por cruzar. Lo que está claro es que en este momento GOZA lanza al menos un disco por mes y que ese espacio no está dedicado a bandas lideradas por chabones. Me refiero a hombres cis porque si la banda está liderada por un pibe trans, por más que él se autoproclame o se perciba chabón, encaja perfectamente con la identidad de GOZA. Por eso uso el término “hombres cis”.

–¿Por qué creés que no se visibilizaron hasta ahora bandas lideradas por personas trans o no binarias?

–GOZA funciona por oferta, la mayoría del catálogo de GOZA está formado por artistas mujeres, en su mayoría lesbianas. También hay une artiste no binarie en este momento y yo lo que siento es que la oferta empieza a aumentar a medida que la esperanza de pertenencia y de sentir que vos podés formar parte de algo, también comienza a existir. Realmente a nivel arte y cultura comienza a haber espacios de pertenencia que generan también ganas de armar proyectos. Por eso es importante, para mí, pensar que GOZA es un sello que se adecua a la necesidad actual de generar un espacio para artistas que no lo tienen, puntualmente. Y cuando digo que es un sello que genera un disco al menos por mes sin chabones al frente, lo digo porque no te das una idea de la cantidad de mails y demos que me llegan de chabones con sus bandas queriendo pertenecer al sello.

–¿Te inspiraste en algo que ya conocías para crear GOZA?

–Quizás no existía algo exactamente igual a GOZA, pero el espíritu sí. A mí me inspira el festival Belladona… Si hubiera tenido una empresa de sonido hubiera hecho otra cosa, si hubiera tenido un bar, hubiera hecho otra. Yo tengo un estudio de grabación.

–Vos, además, sos exitosa en tu carrera como música, pero no sos millonaria, ¿cuánto ponés el cuerpo al involucrarte en este proyecto?

–Por eso para mí es importante asociarme con Futurock, porque Futurock pasó a ser una estructura y un grupo no solamente como plataforma para hacer las cosas en serio sino también de contención. Porque a veces es muy difícil hacer las cosas sola. Yo pongo mucho el cuerpo y a mí me importa un montón esto que puede abrir un montón de puertas y me puede llevar a un montón de lugares nuevos, pero el proyecto en sí es prácticamente sin fines de lucro. Y eso también hace que a mucha gente le llame la atención y se acerque y se sume y se empiecen a generar cosas re copadas como lo hizo Spotify. A GOZA, Spotify le da un montón de apoyo y le abre un montón de puertas y es como que todo junto hace que GOZA pueda existir. Si fuera yo sola en casa como loca no sé si hubiera logrado llegar hasta acá. Están grabados los primeros doce discos, ya están saliendo los últimos, y no sé si hubiera podido completamente sola. Por eso para mí fue muy importante la sociedad con Futurock y que el sello sea de ellos y mío. También fue importante que se acerquen colegas contemporáneas mías como Marilina (Bertoldi) que produjo uno de los discos, Lula (Bertoldi) vino el otro día y cantó en uno de los discos, Brenda (Martin) tocó el bajo en otro disco, es como hay mucho apoyo desde esos espacios y entonces todo se vuelve un poco más fluido y más fácil.

–¿Cuánto tiempo tardaron en hacer los doce discos?

–Ocho meses.

–¿Y cómo te organizaste con tus shows con la banda?

–Decidí racionar mis espacios artísticos. Decidí que tengo muchas ganas de hacer música y que es una de las cosas que más feliz me hace en la vida tocar en vivo, pero entendí que yo soy mucho más útil en este momento haciendo esto, que arriba del escenario. Entonces, trato de dividir lo que yo quiero con lo que yo debo. Al mismo tiempo me genera mucha satisfacción ser útil.

–Es importante ser útil. ¿Qué mujeres te fueron útiles al comienzo de tu carrera?

–Una mujer que siempre me inspiró un montón en la Argentina es Patricia Pietrafesa, ella tenía su local Garageland, donde yo pasé gran parte de mi adolescencia husmeando sus fanzines. Ella me prestaba VHS´s que a veces los pasaba en un televisor con una videograbadora en la galería y los miraba ahí, me prestaba libros, la iba a ver tocar y en ese momento yo fantaseaba con tocar como tocaba y poder tocar con ella. El día que toqué con Patricia, que fue al toque porque es muy generosa, tuve una sensación de emoción y adrenalina de haber compartido un show con She Devils, que aún tengo y que está a la misma altura de cuando abrí el show de The Cure. Para mí fue la misma adrenalina y tiene que ver con una expectativa que tenía de chica sobre ella. Hoy Patricia es una de mis mejores amigas, entonces, fue una persona muy útil en mi vida en muchas etapas. En este momento ya es como una amiga personal a la cual puedo acudir y con la cual puedo contar siempre y cuando era adolescente era como una guía y un ejemplo a seguir.

–Patricia fue siempre de “hacer”, ¿eso te motivaba?

–Ella siempre fue de la acción, siempre hizo y siempre puso su cuerpo. Pero al mismo tiempo tiene algo de lo cual yo hoy aprendo mucho y es que nunca la escucho hablar de cosas que ella hizo y jamás la escuché hablar despectivamente sobre nada que hiciera otra persona y mucho menos en la actualidad. En ese sentido, yo a Patricia la vi feliz de poder estar en el Congreso cuando se estaba discutiendo el proyecto de ley por la legalización del aborto, y en el ´98 había estado tocando en ese mismo lugar para diez personas pidiendo la ley con las She Devils. Hay personas que hace mucho tiempo actuaron muy consecuentes a la actualidad, pero escucho un poco más de resentimiento en sus palabras actuales, casi como si quisieran un protagonismo. Patricia, no. Ella sigue mandándome links de bandas nuevas, videos, sigue haciéndome descubrir artistas, sigue aconsejándome, sigue siendo la persona que me abre los ojos sobre la actualidad.

–¿Sentís que, aun sin marco teórico, siempre habías sido feminista?

–Definitivamente, no. Hay personas que te dicen “siempre fui feminista, solo que no lo sabía”. Para mí no fue así. Durante muchos años creí que en un montón de áreas la desigualdad de género era un mito, que era una cuestión de esfuerzo. El feminismo no es solamente un marco teórico, también es un accionar del día a día y yo no lo accionaba. El feminismo es una lucha constante contra el sexismo, esa es la definición que yo elijo. Es como una búsqueda eterna en contra del sexismo y para mí el sexismo no fue una preocupación durante una parte de mi vida, hasta hace cuatro o cinco años. Y dejé que sucedieran cosas al lado mío hacia mi persona, que me dijeran cosas o que me trataran de ciertas maneras no porque me daba miedo contradecir, sino porque me autoconvencía de que no era tan grave. Siempre me daba la sensación de que reclamar era victimizarme y jamás hubiera podido procesar todo eso sin que sea colectivo. Hay personas que lo pueden hacer individualmente y para mí son héroas, viste. Lo veo con Patricia o con personas como Malena Pichot que yo la veía hace diez años cagándose a piñas con todo el mundo y yo decía ¿por qué pelea tanto? Y hoy voy al lado de ella con un martillo, es la persona que quiero tener cerca al toque. Yo tuve que esperar a que algo colectivo sucediera para poder sentir que podía decir algo sin victimizarme. No colectivo como lo que pasó el último año, pero sí colectivo como un debate y como mi ruptura que hizo que realmente yo me diera cuenta de que tenía que ser feminista. Cuando pasó lo de la denuncia a La ola que quería ser chau, ahí fue cuando yo comencé a cuestionarme un montón de cosas, a pelearme, a leer. Eso fue una ruptura muy grande en mi vida, porque tocó mi lugar de trabajo, a mis colegas, y me tocó debatirlo constantemente en mi zona. Ahí sí mi primera sensación no fue “yo soy feminista”, mi primera sensación fue “esto es una mierda, está todo mal, ¿por qué no estaba enojada?”.

–¿Vos qué rompiste adentro tuyo ayudada por el feminismo?

–Yo rompí mi fascinación hacia el sexo masculino. Yo era muy de idolatrar y el 95 por ciento de los iconos que yo idolatraba eran chabones, entonces tenía una tendencia a sentir que el chabón era el rockero, el chabón era el compositor, el chabón era el poeta. Tenía una idolatría hacia ese sexo, deduzco hoy con mucho proceso, que eran iconos que encontraba a mano. Si profundizás y levantás la tierra está lleno de iconos femeninos que se metieron debajo de la tierra a propósito, muy conscientemente. Dentro de esa idolatría al sexo masculino, también había una necesidad laboral de querer encajar permanentemente y de querer estar bien permanentemente con los líderes laborales: el dueño de la discográfica, el manager, el productor, el dueño del boliche, el chabón de la otra banda, todos hombres. Tenía dos caminos: o ser cosificada y deseada por el hombre o ser un chabón más. Y elegí ser un chabón más. Eso me trajo muchísimo daño interno que tuve que romper después.

–¿Te viste en la necesidad de ayudar a hombres de tu círculo en su deconstrucción?

–No, a nadie, no tengo la energía. Prefiero que vayan a deconstruirse a otro lado y vuelvan cuando estén deconstruídos. Me decepcioné y tomé distancia, perdí cierto respeto y lazos de admiración y amor hacia personas que eran importantes en mi vida en algún momento. Pero de ninguna manera se me cruza por la cabeza pedirles que cambien, es como que no está en mí. Yo también vivo un proceso constante de cambio en el que entiendo que hay cosas que son muy nuevas para todos, pero estoy pasando por un periodo de mi vida donde hay una parte mía muy pesimista que piensa que hay personas que no van a cambiar, que van a morir con ese pensamiento y prefiero tenerlas lejos.

–¿Hasta dónde pensás llegar con GOZA?

–El paso más importante que podemos dar con GOZA es la continuidad, que en este país es algo que siempre está en riesgo. Ya se grabaron los primeros doce discos y van a salir hasta agosto. La idea es dentro de muy poquito empezar a grabar los próximos doce, así que la continuidad  es lo más importante. Un sueño sería que sean veinticuatro en lugar de doce, después, todo lo que suceda alrededor de GOZA es como algo más mágico a lo cual nos vamos prestando. El catálogo toma fuerza propia y es un catálogo del cual muchas personas comienzan a adueñarse quizá para curar un ciclo, o que toquen en un festival, invitarlos a abrir un show, pasarlos en la radio, hacer reseñas en revistas, pero para mí lo más importante de todo es que GOZA no sea un sello discográfico más donde las bandas crezcan y se queden, sino que realmente sea un semillero de discos y que después cada artista pueda tener vuelo propio. Creo que hoy Barbi de 32 años piensa cosas muy distintas a la de antes y creo que cualquier cosa que vende más de 2 mil tickets está mal. Creo que las y les artistes tienen que vivir el momento artístico y desplazarse por tiempo y espacio de la manera que les plazca y no andar firmando contratos de veinte años, porque siempre hay alguien del otro lado esperando destruirlo y sacarle todo.