ENTREVISTAS

Dante: “Argentina tiene un problema con la música bailable porque es un país muy racista”

Venía tocando como trío y se armó una superbanda que debutó en vivo en Niceto Club con un lleno total. Sus colaboraciones de millones de views con Duki y Neo Pistea demuestran que es un referente para los tanques del trap argentino. De eso, de cómo fue crecer en la industria en los ’90 con los Kuryaki y de qué se siente ser un adelantado habla uno de los grandes talentos que dio el clan Spinetta.

Fotos: Giuliana Cataldi

“¡Qué buena noticia! Llegó el nuevo de Prince a la disquería”, festeja Dante Spinetta, que a sus 44 años sigue entusiasmándose como un niño cuando sus héroes entran en acción. Desoyendo los comportamientos actuales de consumo musical, ya está pensando que después de esta entrevista va a ir hasta Exile Records de Palermo Soho “a pegar el box-set” de Originals, un disco de maquetas de canciones suyas que fueron interpretadas por artistas como Sinead O’Connor, The Bangles y Kenny Rogers, entre otros. Cuenta Dante: “Un tiempo antes de que se muera, hice un viaje a Nueva York y me compré un montón de cosas suyas, rarezas, primeras ediciones, discos japoneses, singles. Me armé una discografía de Prince re sarpada. Hasta me traje algunos discos de Madhouse, una banda paralela que tenía en los ‘80, instrumental, jazzera”. 

–¿Cuál es tu formato favorito hoy por hoy?
–El vinilo está bueno porque te pone a escuchar discos enteros, ponés un lado y después lo das vuelta, no hay skip. Escuchás un concepto.

–Y los lados se llevan muy bien con esta época de no escuchar algo muy largo: ponés un lado de un disco, después ponés el lado de otro….
–Claro, porque tienen un máximo de 20-25 minutos. Y los que tienen buena calidad, bien zanjeado, que son dobles, traen 10-15 minutos por lado. Ya no se graban álbumes, son todos singles. Por ejemplo, yo soy un artista de álbum y ahora tengo que adaptarme. Siempre hubo cambios de formato, pero lo que sigue importando es tener buenas canciones. Las ideas siguen siendo lo que importa, lo que brilla. Cuando una canción conecta, no importa la parafernalia que le pongas arriba, ni cuánto costó el video. Es una fuckin’ realidad.

–Si no, para tener éxito sería cuestión de tener plata y listo. Y no es así. 
–Exactamente. Hay un momento que pega un sonido y lo usan todos, pero no todos conectan porque les falta la mística, el carisma, algo que pasa energéticamente con alguien, que es pum y listo. Y no importa si tenés un sello detrás. Pero bueno, el desarrollo es algo que se puede trabajar. Veo también que en un momento hubo muchos raperos en otras épocas, principios de los 2000, que no pudieron vivir de la música. Y eran muy talentosos también. Eso es una cagada. Hoy la industria, por una cuestión de que estalló en la calle, está apoyando. Es un momento para que los pibes puedan ordenar sus finanzas y sus vidas, y tener banca. También lo pueden hacer indie, desde ya.

–En ese sentido, hace un tiempo que te estás encargando de la curaduría de Muta, el subsello de género urbano de Sony Music. ¿Te sentís un poco el padre de toda una movida? 
–Soy más como un hermano mayor, porque de algunos puedo ser el padre y de otros, no. O mejor soy un tío, como Uncle Snoop. No sé, me siento bien en acercarle proyectos a músicos que me gustan y tratar de que las cosas sean como deberían ser. En Sony hay un equipo de gente súper capaz, pro y buena onda, que no se mete con el arte de los artistas. Hay un team que es realmente distinto a otros sellos en los que estuve. Y yo básicamente uno los puntos, no estoy metido en el día a día de las situaciones, pero me copa ver cómo las cosas crecen, cómo creció la carrera de Neo Pistea o Jesús Vázquez, que tiene dos videos filmados por salir que están buenísimos. Hay mil maneras de hacerla hoy en día y esta es sólo una más.

–¿Te sentís un tipo adelantado a tu época?
–Sí, yo me siento que estoy un poco adelantado. Pero no lo veo como algo bueno estar fuera de tiempo. Si yo hubiera hecho ahora El Apagón (2007) o Pirámide (2010), sería distinto, porque en ese momento no se le daba mucha bola al estilo. Si bien “Mostro” fue una canción que la pegó, fue varios años antes de que todo esto explotara. Ahora me critican porque uso autotune en mis últimos track, cuando en Pirámide hay cinco temas enteros cantados así. Qué sé yo, está bueno que digan “Dante ya lo hizo”, pero también estaría bueno sacar algo en el momento indicado.

–¿Renegás de tener que sembrar en vez de cosechar?
–Está todo bien, es la que me tocó. Cuando me dicen “che, quizás a vos te van a entender más adelante”, quizás es verdad, porque no hay muchos que hagan un disco con la Filarmónica de Praga como Puñal. Es lo que yo sé hacer y lo que me sale. O como nos pasó con Illya Kuryaki, que cuando salió Versus en 1997, fue bastante criticado y el que menos vendió, y diez años después terminó siendo el favorito de todos cuando nos volvimos a juntar. El último show de Kuryaki fue para 1000 personas en La Trastienda y volvimos para 25 mil. Porque la semilla crece y florece. Yo sigo siendo fiel a mi creatividad más allá de lo que puedan decir. No estoy tratando de encajar como el Godfather de lo urbano. De lo único que soy representante es de mí mismo. La pelota la muevo como yo quiero en el campo, no estoy jugándole el jueguito a nadie. Esa es la verdad. Mis aciertos y mis errores son todos míos.

–Con los Kuryaki crecieron en los ‘90, una década que ahora a la distancia, pasaron un montón de cosas en términos de cultura rock, pero a la vez se romantizan cuestiones que quizás no estaban tan buenas. ¿Vos cómo lo ves?
–Lo que no me gustaba era  el tema de las tribus porque era realmente violento y yo personalmente lo padecí mucho. Los Kuryaki éramos marginados por los raperos y también por los rockeros. Éramos raros. El otro día recordaba que en un show que hubo a favor de los maestros, fuimos agredidos, por gente de otras clicas, de otras tribus, y nosotros la rompíamos en el escenario, pero nos gritaban “ehhh hacé rocanrol”. A partir de ahí empezamos a llevar una barrabrava nosotros, a meter monada, que si alguno tiraba algo, lo cagaban a palos. Y era una mierda tener que pasar por eso. Un Lollapalooza no podría haber existido en los ‘90, eso de mezclar a Metallica con Billie Eilish. ¡Hubiera habido gente muerta! Y eso está bueno de hoy en día, que haya una apertura.

–Pero a la vez está todo más acomodado y digerido. Uno siente que no existe esos riesgos que de alguna manera nos formaron y nos hicieron fuertes como personas.
–Bueno, mirá, yo creo que el trap la pegó porque tiene eso de lo prohibido, de hablar de drogas y llevar un style de vida. Son pibes que viven una vida de rockstars y los pibitos más chicos flashean con eso, con la cultura del “hago lo que quiero y chupamela”. Eso es re groso y estaba presnete en los ‘90. Sigue existiendo. La música peligrosa, esa que representa la calle, los barrios, siempre va a ser atractiva. Pero los ‘90 tenían una esa cosa cabeza que era lo que hablábamos antes. Lo que sí estaba bueno, era pelear por la información, en el sentido de “che boludo mirá lo que conseguí” o “¿conocés esta banda?” y no se trataba de saber todo en un minuto. Era investigar, ir a una disquería, preguntarle a alguien, leer una revista. Todo tenía un desarrollo más romántico.

–Se nota muy enganchado con esta nueva generación de raperos…
–Me encuentro muy cómodo con Neo Pistea, con Duki, Ysy A, Wos, Ca7riel, Paco Amoroso, y colaboro con ellos porque me encantan, los admiro como raperos y héroes de la calle, y además son mucho más abiertos. Están tirando mucha data. No están viviendo una película de Spike Lee, están siendo ellos.

–¿Y cómo ves a nivel regional todo este movimiento?
–En otro momento, el rap en los ‘90, no terminó de crecer por ese beef que había entre todos. Era una guerra. No hubo uniones, ni alianzas inteligentes como las que hubo en Chile o Puerto Rico, que forjaron escenas que después se expandieron. Ahora los pibes se apoyan entre todos, trabajan juntos, hacen participaciones, se postean las fechas: hacen crecer un movimiento. Eso es re importante para crecer como comunidad. Argentina ya tiene su identidad urbana en la música. El rock también, ni hablar, es el padre del rock hispano. Ahora nos vuelve a tocar escribir la historia nosotros. Hoy por hoy, en el mundo urbano, Argentina está muy bien posicionada.

–¿Viste lo que pasó en Puerto Rico, que Residente y Bad Bunny encabezaron las protestas que hicieron caer al gobernador Ricardo Roselló?
–Sí, hoy justo vi un meme que decía “te puede gustar o no, pero el reggaeton sacó a un gobernador”. Corta. Y lo ponían a Bad Bunny vestido tipo San Martín. Creo que acá en Argentina hay un problema con la música bailable porque es un país muy racista. Vos fijate que en el comienzo de la historia argentina, desde la murga, que era un ritmo afro, fue extirpada de la sociedad, estaba prohibida, estaba prohibido el carnaval, que bailen los negros. Y después con la cumbia, lo mismo, siempre mal vista, porque tiene un origen africano, mezclado con indígena. Pero los pueblos hablan, las minoría mestizas crecen, y la música vuelve a tener la descendencia afro. Argentina es un país muy racista, todo son “negros de mierda”, los cumbieros, los raperos. No saben ni dónde están parados. Váyanse a vivir a Suiza. Qué dark que exista toda esa concepción en un mundo tan mestizo.

–¿Creés que el rock siempre consideró menores a otros géneros?
–Cuando arrancamos, el rock nos bancó. Nosotros rapeábamos a los 15 años con Divididos, con Charly, Spinetta, Fito Páez, Mercedes Sosa. Nos bancaban. Porque éramos pibes que tocábamos bien. Pero también había una parte del rock que se quejaba porque usábamos “maquinitas”. Yo también toco la guitarra y te puedo decir que es lo mismo, sigue siendo música, es una idea. Tocar la guitarra no tiene nada de especial, cualquiera que tome clases puede hacerlo. Es lo mismo que hacer una base, un beat. Tenés que ponerte a aprender a manejarlo y tener ideas. Sin ideas, no hay nada. Hay un prejuicio con las nuevas tecnologías. Como hubo en su momento con la guitarra eléctrica. Mi viejo me decía que los puteaban: “ehh la guitarrita electrica, la distorsión”. Y ahora hacen lo mismo con el autotune y en el futuro será con otra cosa. Siempre ante lo nuevo, ataco. Y así está el mundo como está, por eso existe la homofobia, el clasismo, por odiar antes que entender o ponerse en el lugar del otro. Hay gente que no está preparada para aceptar al diferente.