ENTREVISTAS

Los Piojos

Convite Piojoso

[Nota de Archivo]
Publicada en Soy Rock 1, marzo de 2004.
Por Pablo Marchetti y Fernando Sánchez
Fotos: Pepe Cáceres

Un lugar en Paso del Rey con canchas de tenis, paddle, vóley, básquet más pileta, parrillón y, por supuesto, canchita de fútbol ¡con césped verdísimo! Al fondo, una sala perfectamente equipada. La quinta donde ensayan Los Piojos es lo más parecido a un parque de diversiones para todo fanático del fútbol y la música. En ese lugar estuvimos. Un mes antes de los Vélez, nos metimos en la sala de la banda de El Palomar, escuchamos algunas cositas y hablamos más de dos horas con Andrés Ciro Martínez, voz cantante piojosa. El resultado es lo que sigue. Que lo disfruten.

El encuentro con Andrés estaba previsto para las cuatro y media de la tarde. Pero todo se demoró porque el cantante llegó con una hora de retraso. Estábamos a punto de cagarlo a pedos por la tardanza, pero no: antes de que nos diésemos cuenta de que nosotros no podemos cagar a pedos a nadie, el propio Andrés pidió disculpas. “Es que venimos de verlo a Diego”, se excusó. Tal cual: Andrés y Pocho, manager piojoso, habían ido hasta la Clínica Suizo Argentina a visitar al Rifle Pandolfi (ex jugador de Vélez, actual líder de Actitud Sospechosa), que había tenido un hijo, y aprovecharon para saludar a Claudia, a Dalma y a Yanina, que velaban por la salud de Diego. ¿Es necesario recordar que la amistad y la mutua admiración que existe entre Maradona y Los Piojos es de larga data, que en un show en Obras, Diego le regaló a la banda sus botines y hasta cantó “Maradó”, y que eso quedó grabado en el disco Ritual? Hoy, por suerte, la Mano de Dios está recuperándose y la angustia ya pasó. Pero el día que hicimos la entrevista, todavía se decía que la salud de Diego era frágil. Y, la verdad, estábamos todos medio de bajón. Por eso arrancamos la charla de un modo… poco ortodoxo. ¿Todo con o? No, no… Perdón. Nos colgamos. Empezamos, obvio, hablando del Diego, de su internación, del cariño a toda prueba, y entonces Andrés dijo…

–… a mí me gustaría que ahora Diego viviera un poco para él y se olvidara un poco de Maradona, del mito. Hacía un tiempo que no lo veía. Había hablado hace poco con él, y había quedado en ir a verlo. Quería saludarlo y darle nuestro último disco. Después medio que me colgué, pasaron los días y pasó esto. Pero ahora, cuando salga, seguramente voy a poder darle un abrazo.

–Cuando hablábamos de Maradona decías que sería bueno que Diego pudiera empezar a vivir un poco y olvidarse del mito. Vos sos el cantante de una de las bandas más grandes del país. ¿Cómo te llevás con tu propio mito?

–Uno busca un equilibrio. No es fácil porque cuesta tener intimidad. Yo quiero salir con mis hijas y no puedo ir a cualquier hora. Por ejemplo: voy al zoológico y me la paso firmando autógrafos todo el tiempo. No reniego para nada de eso, pe-ro hay que aguantar… Éste es un mo-mento en el que la gente ama a la banda y se te acerca con mucho respeto. Pero como persona pública tengo que armar programas en horarios extraños. Por ejemplo, ir al shopping un domingo es un embole. A veces la agarro a upa a la más chiquita y me tapo con ella para que la gente no me reconozca (risas). Yo debo haber dicho que no a un autógrafo dos o tres veces en mi vida, y en general tuvo que ver con que estaba en una situación muy hinchapelotas. Capaz que estoy discutiendo… Una vez me estaba separando de mi ex y vinieron unos pibes a pedirme autógrafos. Y lo que me jode es que me pidan que les firme cuando estoy comiendo. Siempre les digo: “Esperá que termino de comer”. Y ahora, con el video de “Como Alí”, me conocen viejos, jóvenes, todo el mundo, y me piden para la sobrina, para cualquiera… El otro día, a los diez minutos de entrar con mis hijas al zoológico, se acercó una pareja y el pibe me pidió que me sacara una foto. Y es gracioso, porque venían de sacarse fotos con los animales y después se querían sacar una conmigo, como si fuera un animal más (risas). Y yo le dije: “No, después”. Se fueron y Manu, la más chiquita, me dijo: “¿Pero qué hacés? ¿Voz zoz loco? Voz tenéz que atenderloz”(risas). Me dieron ganas de ir a buscarlo al flaco, pobre. Pero tampoco es terrible. Es algo que, gracias a Dios, me deja vivir.

–¿Alguna vez alguien te tiró una mala onda por la calle?
–No, para nada. Siempre hay muy buena onda y mucho respeto.

–El Indio Solari dice que el público de los Redondos tenía muy buena onda, que el grupo no generaba histerias como por ahí sucede con artistas pop latinos. Que el “problema” para andar por la calle es que son muchos…
–Sí, a mí me pasa lo mismo. Tienen buena onda. El problema es cuando paso por la puerta de una escuela a la hora en que salen pendejas de segundo o tercer año; ahí puede ser más pesado.

–O sea que el sueño de tener un montón de colegialas acosándote puede transformarse nuna una pesadilla… (risas)

–Claro. Hasta tres está bien, pero más… (más risas).

–Cuando recién empezabas con la banda y te imaginabas lo que podría llegar a ser el éxito, ¿te imaginabas una situación que podía prolongarse en el tiempo, como te está pasando ahora, o pensabas en algo mucho más efímero?
–Yo lo único que sabía que quería era cantar en un estadio. Nunca pensé en la duración ni en cómo llegar a eso. Lo que sí sé es que en Chac tu chac nosotros pensábamos que las canciones eran para siempre. Al ser el primer disco, te proponés que todo sea profundo, definitivo. Después, cuando sabés que va a haber un próximo disco, empezás a escribir más relajado. Entonces te podés permitir una canción que contenga fonética, menos comprometida o que quizá diga menos de uno.

–¿Creés que ya tenés incorporado el oficio de hacer canciones?
–No sé si tiene que ver con el oficio, o con despojarte un poco de la idea de posteridad. O sea, si a vos te dicen “Vas a jugar un partido en la Bombonera”, seguramente te entrenás, querés llegar a punto para ese partido y adentro de la cancha, cada vez que te pasen la pelota, tu corazón va a latir 200 veces por segundo. Pero si a vos te dicen “Vas a jugar tres o cinco temporadas”, te lo tomás de otra manera. Y si das un pase mal, bueno, jugarás mejor el domingo que viene. Cuando vos llegás al primer disco no ves más allá. Nosotros arrancamos en el 89. En el 87 arrancaron Piti y Miki y en el 89 entré yo y empezamos a tocar más seguido. Recién en el 92 grabamos el primer disco.

–Esa polenta que genera la ansiedad de los inicios ¿cómo se compensa ahora, que ya sabés que seguro vas a poder hacer más discos?
–La ansiedad no cambia porque noso-tros siempre fuimos cambiando. Aunque mantuvimos una línea, siempre cambiamos los estilos. No es que después de “Verano del 92” hicimos cuarenta y dos temas con un ritmo de marcha-camión, ni nos pusimos a hacer candombe. Cuando pegó “Tan solo” tampoco hicimos treinta temas por el estilo. Hacemos lo que nos gusta y lo que sentimos en el momento. De todos los temas que pegaron masivamente, no hay dos que hayan tenido un mismo estilo.

–Cuando surgen ideas de canciones, ¿prueban todo o hay cosas que descartan porque les resultan muy deformes o fuera del estilo del grupo?
–Probamos todo. A veces, cuando surge algo muy deforme necesitás darle una forma, estructurarlo para poder tocarlo… Lo que pasa es que nuestra búsqueda no pasa por la deformidad. Si vos te ponés a componer buscando deformidades y te copa eso, vas a encontrar deformidad. A mí me gusta más el último disco de Pappo, que otras cosas más deformes. Que por ahí también me gustan, pero me llega más Pappo.

–¿Hablás de Pappo para dar un ejemplo o lo decís de verdad?
–Lo que hace Pappo es superior. Vos podés ser un tipo creativo e ir a grabar el sonido de la licuadora con una base de ritmos. ¿Y qué sos? Un tipo creativo, ingenioso. Pero nunca vas a interpretar un instrumento como lo hace Pappo. Necesitás mucho talento, mucho tiempo y ser muy cabeza dura. Cuanto más te decicás a la música, más conciencia tomás de la grandeza del tipo. Ojo, también me gustan otras cosas… Brian Eno, Massive Attack, Beck… Pero hay músicos a los que deberían darles una jubilación de privilegio. Por ejemplo, Paul McCartney con “Blackbird”. Son temas para la humanidad… Aunque bueno, McCartney por ahí no la necesita (risas).

–¿Qué canción de Los Piojos postularías para acceder a esa supuesta jubilación de privilegio?
–Me gustan muchas canciones. De este disco me gusta mucho “Canción de cuna”. Además descubrí que llega muy profundo a mucha gente. Y en un punto me parece una cosa jugada de nuestra parte. Yo tuve mis dudas de grabarla, porque tiene una temática muy personal. Pero al mismo tiempo es universal, para pibes y para tipos grandes.

–Vos tenés 36 años y escribís canciones que escuchan chicos de 14, 15 años. ¿Tener conciencia de eso a la hora de escribir?
–Nunca escribí canciones para chicos de esa edad. Escribo canciones y punto. Sé que mucha gente de 40 o 50 años nos escucha, por sus hijos o porque escucharon los temas y le gustan tanto como a los pibes más chicos. Lo que pasa que, en los pibes más chicos, la música ocupa un lugar muy grande y, como no tienen responsabilidades, te van a seguir a todos lados y el fanatismo es mayor. Pero conozco mucha gente grande a la que le gusten Los Piojos. Yo quiero creer que las letras tienen cierta evolución; y sé que hay ciertas letras que delatan el paso del tiempo. Después pasan cosas in-sólitas, como lo que les contaba de “Canción de cuna”. Yo suponía que la iban a entender los que fueron padres. Sin embargo, se da esto de que chicos de 13 o 14 años se copan y se la hacen escuchar a su mamá o a su tía. Igual, te diría que a veces pienso algo de eso, como con “San Jauretche”. Lo hago porque lo siento, pero sé que el tema va a llegar a los pibes y sé que va a haber pibes que van a leer a Jauretche por eso, como sucedió. En ese caso está bueno. Pero después trato de desligarme de eso.

–Gracias a ustedes hubo una muestra dedicada a Jauretche y se reeditaron sus libros.
–Sí, creo que hemos ayudado a algunas cosas: a crear conciencias o a difundir el pensamiento de alguna gente. También hemos devuelto a la gente mucho de lo que nos dio. Y a algunas personas le habremos abierto la cabeza también, qué sé yo.

–¿Vos tuviste una banda de rock que te cambió la vida y la forma de ver las cosas?
–Y, de alguna manera, los Rolling Stones. Después uno se engancha con lo que siente. A mí hay letras de los Rolling Stones que me cambiaron la vida. Como también de
León Gieco, de Moris, Iggy Pop… A uno le pega lo que está dispuesto a recibir. A cada uno le pegan cosas distintas.

–¿En Máquina de sangre hay algún tema que cumpla, de alguna manera, el papel de “San Jauretche”?
–Bueno, “Piel de cordero” tiene un contenido político y social. “Como Alí” también lo tiene a su manera.

–La letra tiene que ver con una experiencia personal tuya.
–Hay cosas personales. Tuve mis experiencias en discotecas. Pero a mí lo que me llamó la atención fue la gente. Porque están pasando esa música, pero el lugar está lleno de pibes con las remeras de Los Piojos y de La Renga.

–¿Cómo? ¿A dónde?
–Sí, una vez fui a Pachá a ver a Perry Farrell porque pensé que iba a cantar. Pero no cantó nada.

–Ah, claro. Vino a pasar música, o sea… ¿a tocar?
–Pasó música. Para mí eso no es tocar. Quizás es un talento y una gran combinación de sonidos… Pero me llamó la atención toda la movida que había. Es un tipo de gente muy variado, no son todos conchetos.

–¿Te sentiste sapo de otro pozo?
–No, eso está exagerado en el video, no te sentís sapo de otro pozo. Te ponés a hablar con los pibes y nada que ver.

–Es curioso. Cuando hablás de tu experiencia dance, en lo primero que reparás es en la gente, das como una visión casi sociológica de eso. Y es lo mismo que muchas veces les pasa a ustedes y a La Renga. Se habla más del fenómeno social que de la música.
–Sí, seguro. Pero es cierta prensa que se siente por encima de la masa.

–Debe tener que ver con ser o no parte del asunto, estar adentro o afuera.
–Seguro. Yo, al no estar adentro, pude ver otras cosas. De lejos sí se ve (risas). Pero lo que me molesta es cuando las modas quieren imponer algo. Me da la sensación de que hay una idea de imponer una movida de que dice que consumir algunas músicas y drogas modernas o cool, es fashion.

–“Como Alí” es una canción que divide aguas.
–Pero yo no divido aguas en referencia a la gente, porque yo también a veces voy a boliches. Me refiero a cuando te quieren vender que algo es bueno y antidepresivo, y que ésa es “la movida”. Es una moda para lavarle la cabeza a la gente.

–¿Creés que Los Piojos y La Renga representan para muchos chicos una especie de resistencia a esa imposición?
–No sé si “la” resistencia. Cada uno resiste en lo que hace como puede. Me pongo en contra de cómo las empresas y los medios venden todo ese kiosco. Me molesta la venta constante de un modelo difundido por las multinacionales y cierta prensa que le da un espacio que no existe al DJ Pirulo. No me parece mal ni esa música ni el discjockey; me rompe las bolas la movida que hay detrás: en función de vender, no importa quemarle la cabeza a la gente joven. Más en un país donde se necesita que las cabezas estén lo más limpias posibles. En los momentos de crisis, necesitás cabezas limpias. Esa movida quema energía. Hay mucho cholulismo y esnobismo en algunos periodistas, que te dicen “¿Escuchaste el nuevo de Pirulo?”; y lo escuchás y es una poronga. Pero como Pirulo lo grabó en un suburbio de Londres con una portastudio de cuatro canales, dicen que es grossísimo. A esos periodistas les importa más cuánto sabe un músico argentino de esa música rara y desconocida que cómo toca.

–Decías que “Como Alí” exagera una experiencia personal. ¿Hay muchas canciones de Los Piojos inspiradas en historias reales?
–Casi todas. “Todo pasa”, por ejemplo, es una canción que hice justo cuando falleció mi viejo y, como mi hermana y mi mamá se llaman Dolores, hice ese estribillo con el “no llores, Dolores, dale”. Pero la estrofa nada que ver, es la historia de una chica que tenía un novio que la esclavizó con la mentira de que era un escritor y que estaba por cobrar una guita de un premio que había ganado en Francia. Y ella laburaba para mantenerlo y mantener la casa. Él después llevó a vivir a la vieja. Y un día ella no fue a laburar y lo encontró a él en el café. No era Guillote (risas). Una historia horrible. Y a veces mezclo un par de historias, también. Antes de empezar a escribir canciones, yo escribía cuentos. Y en general eran historias que me contaban o me pasaban.

–¿Tenés algo de todo eso?
–No, porque casi nunca las terminaba. O no me gustaban y las empezaba a corregir. Al final, las pasaba diez veces y terminaban en nada. Pero siempre se basaban en situaciones reales. Me cuesta mucho inventar historias.

–¿Y las historias las sacás de hablar con gente?
–Sí, me gusta mucho salir solo, meterme en los bares y ponerme a hablar con la gente. Ahora es más difícil. Por ahí te ponés a hablar con alguien copado y te interrumpen mil veces. Es difícil encontrar un lugar copado donde no te interrumpan. Me refiero a bares nocturnos, donde se chupa. En un restaurante por ahí es más fácil, pero no te vas sentar en la mesa donde alguien está comiendo. Pero me gusta mucho. Y es muy interesante también el permiso que me da el ser conocido, que hace que mucha gente se abra a contarme sus historias sin problemas. Descubrir cómo puede ser la gente. Por ejemplo, hace poco hablé con una chica de 20 años que decía que ya tenía toda su vida armada para ser oficial de Aduana, y ¡decía cuánto iba a currar! Me pareció un pensamiento tan de otra época… No sé, aunque sea no lo digas. Estamos tratando de mejorar un poquito y vos, que sos una pendeja, me decís que te estás preparando para currar a lo grande. O sea, cero interés. Porque además… ¿qué interés puede tener ser oficial de Aduana? Bueno, hace mucho que no chateo, pero ése es un lu-gar ideal para ver gente que está del marote.

–Después de tanto tiempo juntos, ¿Los Piojos son tan amigos como antes?
–Debemos ser una de las bandas que más tiempo pasamos juntos. Nos llevamos bien y tenemos muchos gustos en común. Además de ensayar mucho, jugamos al fútbol y hasta salimos de vacaciones.

–¿Tenés amigos por fuera de la banda?
–Tengo dos grupos. Uno de cinco o seis pibes, que son amigos desde que tengo diez años. Después, los chicos de la banda. Y ahora, desde hace un tiempo, nos juntamos con los viejos de los amigos de mis hijas a jugar al truco. Pero ya los presenté. Por ejemplo, uno de mis amigos de la infancia es kinesiólogo y nos hace masajes antes de los shows.

–Hablando de kinesiólogos, ¿cómo va la lesión de la rodilla?
–Me operaron los meniscos de una, y ahora estoy haciendo rehabilitación en un gimnasio para fortalecer los músculos. Me rompí los dos meniscos y un ligamento cruzado jugando al fútbol. Y, a fin de año me tienen que operar el ligamento cruzado de la otra pierna porque con la lesión perdés estabilidad y corrés más riesgos de quebrarte. Y me jode mucho en los shows. En Cosquín y en Mar del Plata tenía los meniscos rotos y me pellizcaba el nervio. Cuando pateé la pelota gigante en Cosquín, sentí un dolor terrible. Mi hija, que estaba al costado del escenario, decía que parecía Rescatando al soldado Ryan: yo tirado gritando, las luces… Me sacaron del escenario y pudimos volver a hacer tres temas más, por suerte. Muy choto. Pero me estoy recuperando.

–¿Quiénes influyeron más en vos, Sumo o Los Redondos?
–Los Redondos me gustaron en Un baión para el ojo idiota, que es más rockero. Antes eran pop dark, música comprimida y chiquitita… Era raro, todo la gente súper fan de los Redondos y a mí… Me sonaba muy pop y no entendía nada qué querían decir las letras. En esa época me gustaban, más que nada, Sumo y Pappo. Y de los comienzos del rock nacional, me gustaba Moris y Manal. Pero tampoco era un gran escuchador de música. Recién a los quince años empecé a escuchar más. Cuando escuché Emotional Rescue, me gustó mucho y empecé a buscar discos usados de los Stones. Para mí, Let it bleed era un estreno y había salido en 1969. Y ahí arranqué.