ENTREVISTAS

Rolo Sartorio, de La Beriso: “Todo tiene un costo”

La banda de Avellaneda cierra este lunes 4 de marzo la tercera y última fecha del festival Rock en Baradero, pero antes, su cantante habla sobre la fama, los miedos y cuenta qué le dijo a Mick Jagger cuando lo tuvo frente a frente.

Grabó discos (más de diez entre shows en vivo, en el estudio y algún demo), escribió un libro (Pararte y dar pelea, de Editorial Planeta) y tiene dos hijos. Rolo Sartorio es el cantante de La Beriso y alguien que tiene mucho más de lo que hubiera podido desear. Pero a veces no le alcanza. Los viajes con el grupo le quitan tiempo con su familia, sus chicos crecen y él lamenta no estar siempre ahí. Aunque esté todo lo que su agenda le permite. A Rolo no le alcanza.

La tapa de su último disco, 20 años celebrando, luce el dibujo de dos guantes de box. Al igual que en el libro, otra vez la pelea forma parte de su arte. Rolo no quiere discutir, pero dos por tres, sus dichos en algún show en vivo cobran más protagonismo que sus canciones. Aunque parezca mentira, él -que se codeó con el cantante de los Rolling Stones, que llena estadios inmensos, que es requerido en Europa y que puede hacer enojar a medio país- no dimensiona lo que provoca. Y se pelea con él mismo porque sabe que al lado de la columna del haber está la del debe. En busca del equilibrio, en eso anda Rolo.

–¿Qué era para vos la música hace 20 años y qué es hoy la música en tu vida?

–Hace 20 años o un poco más la manera de vivirlo era ir a recitales, iba poco a bailar y a muchos shows. Con los amigos del barrio íbamos a ver todo el tiempo shows, era una forma de vida, juntarnos a escuchar música, era escuchar canciones… Ahora me pasa al revés, cuando los chicos me dicen “estás cantando parte de mi vida”. Bueno, en ese momento otros autores cantaban lo que nos pasaba a nosotros.

–En este disco te diste el gusto de invitar, a muchos artistas, entre ellos está Dyango, ¿escuchabas sus discos cuando eras adolescente?

–Por ejemplo a (Joaquín) Sabina lo descubrí de grande. ¡Pero a Dyango no! En casa se escuchaba y era un tipo que se veía por todos lados, prendías la tele y estaba Dyango cantando. Siempre me pareció que era un tipo re rockero. Su actitud, su voz quebrada, mucho cigarrillo y whisky. Así que tiré la idea por tirarla, le mandaron el tema a él y le encantó. Como lo hice con Cacho (Castaña) darse esos gustos está buenísimo.

–¿El contacto con él fue a través de managers, productores?

–Nosotros estábamos en España y tuvimos un show en Madrid al que vino el manager de (Joaquín) Sabina. Charlando con él tiré la idea y me dice ¿qué tema querés? Le mandaron la canción y al tipo le encantó. La grabó, nos la mandó… Y ahora vamos a volver a España así que espero conocerlo personalmente.

–Los vienen convocando en varios festivales en España, con buena presencia en las grillas, un país en el que pega fuerte el indie, la electrónica, el trap, y no tanto el rocanrol ¿por qué creés que se enganchan con La Beriso?

–Me parece que nuestro estilo ellos lo toman más como Los Rodriguez, muy cancionero, no lo toman como rocanrol. Hemos tocado con Loquillo y él es un tipo tan… ¡grandote! (risas) Yo lo conocí por intermedio de (Andrés) Calamaro porque si no ¿dónde lo vas a escuchar? ¿Quién te lo pasa? En España nos invitó a una fiesta, pero no sé por qué no fuimos o si decidimos no ir (risas). Lo llamativo de Loquillo es que no compone, busca temas que le gustan y los canta, es cantante.

–La figura del intérprete en el rock argentino siempre está por detrás del cantautor, salvo en casos muy puntuales, ¿cómo lo ves en la actualidad?

–Ahora no es tan así, yo tengo amigos músicos de mi generación, yo tengo 45 años, y por ahí decís “che, tengo un tema de alguien…”. ¿Y cómo, no es tuyo? ¡Y no! Ahora no es así, pero sí es cierto que no hay tantos intérpretes en el rock argentino. A la gente le gusta más el autor.

–Puede sonar a cliché, pero ¿es más exigente el público argentino comparado con otros países de habla hispana?

–Sí, nosotros hemos estado en México, España, Colombia, sin nombrar Uruguay y Paraguay que estamos acá cerquita. Allá les gustó tu música y ya está, no hay que dar tanta explicación si hacés rock, menos rock, les gustó la canción y la disfrutan.

–Hablaste de encuentros muy positivos con artistas más grandes que vos, gente que admirabas y que terminó siendo mejor aún en la vida real, pero ¿te pasó de encontrarte con personajes que idolatrabas y que te decepcionaron?

–Bajé algún que otro póster. Me pasó en charlas, en gestos, no te puedo decir porque no sé cómo explicártelo sin mencionarlo. “¿No hacemos una canción mía? Entonces no voy”. Uno de nuestra generación no lo hace. Los músicos de nuestra generación podemos comer, tomar, vamos a vernos y nos decimos “no me invites a cantar, vine a pasar un momento con vos”. Cuando otros dicen “si voy, voy a cantar, sino no voy”.

–De tus contemporáneos, ¿con qué músicos hiciste amistad más allá de lo musical?

–Con Facu, de Guasones, con Coti, con Ale, de El Bordo, con Piti y Bochi de Pastillas, con quienes hemos estado en México juntos. Son amistades con las que charlamos seguido, y son más, seguramente estoy dejando otros amigos afuera que no me acuerdo en este momento.

–¿Qué opinás de la Ley de Cupo Femenino en festivales?

–Nosotros contratamos un montón de chicas. Nunca me pasó de pensar en que si era hombre o mujer para convocar. Pero, ¿tiene que existir una ley para contratar mujeres? Si está buena la banda, que toque. Pero poner una banda por ley ya sea de mujeres o de hombres, pero que esté para atrás…

–¿No creés que hay bandas de hombres son un papelón y tocan igual? ¿O están todas buenas las bandas de varones en los festivales?

–Sí, un montón. Es cierto. Hay bandas de hombres que van para atrás. Está bueno tenerlo en cuenta. Nos pasó con Silvina Moreno que terminamos tocando y no la conocíamos.

–¿Y cómo fue?

–Bajamos del avión y nos pusimos a hablar. Nosotros parábamos en una casa y la invitamos a tomar algo, vino, empezamos a cantar y dije “buenoooooo”. Enseguida le dije ¡tenés que grabar con nosotros! Estábamos en México y terminamos una madrugada ella, La Vela, Las Pastillas y La Beriso, todos tomando cerveza, una noche en la que Silvi dijo “yo traigo la guitarrita” y terminó durmiendo porque no le dábamos la guitarra (risas). En un momento dijimos “¡dénle la guitarra que se quiere ir a dormir!”. Con ella hicimos una linda amistad y canta como la puta madre, canta bien. ¿Vas a medir al artista por la cantidad de gente que lleva?

–Últimamente también miden los algoritmos, el consumo digital de música, el “descubrimiento digital”…

–Yo no sé cómo es ahora, capaz vos sabés, para mí el “descubrimiento semanal” está “puesto”.

–Bueno, hay muchas teorías acerca de eso, también está la gente del trap que hace un tema cantado por muchas personas y quizás de ese modo llegan a más público.

–En el rock no funcionaría porque el público es distinto. A mí me encantaría hacer algo como Traveling Wilburys, la banda de Dylan. Hace poco fuimos a almorzar con Coti y con Facu (Soto) y les dije hagamos eso ¡vamos a divertirnos!

–La alegría de hacer música, de formar parte de una banda, ese debe ser el secreto para seguir adelante, ¿no?

–Yo creo que tenés que estar drogado para mantener la alegría.

–¿Por qué?

–Porque te mueve la aguja la banda, te descoloca, te saca de lugares, te aleja de tus hijos, es muy difícil. Cuando vos decís “no me mueve la aguja” ¡mirá para atrás! Yo la sufro. Hay giras que son largas y las sufrí.

–¿Qué momentos de tu familia te perdiste?

–El otro día hicimos la firma del libro y no llegaba al acto del colegio de mis hijos, era a ocho cuadras nomás, pedí que me espere un auto. Y llegué tres minutos antes de que comience. Los pibes  crecen y después ya está, ahí sí te podés ir de gira. Pero no es fácil, todo tiene un costo.

–¿Vos soñabas con ser una estrella de rock?

–Soñaba como cualquier pibe que agarra una guitarra. Y no reniego. Qué más querés que vivir de lo que te gusta. Yo los últimos años trabajaba con cosas que eran un bajón. Era levantarte, ir a trabajar y ya estar pensando qué bajón. Tres de la mañana, con frío, la pasaba como el culo.

–¿Te acordás de la última semana de trabajo antes de dejar definitivamente por La Beriso?

–Estaba haciendo fletes para una empresa, me rajaron, y estaba trabajando para un amigo que me tiraba viajes. Un día bajé y me habían robado la camioneta… Ahí dije esto es una señal. No laburo más. A las seis horas apareció. ¡La puta madre! (risas).

–¿Te cuesta estar alegre?

–Sí, me cuesta. Me cuesta mucho. La culpa en mí es terrible. Si me está pasando algo bueno, pienso cuándo vendrá lo malo. Y así estás años, años y años. Y cuando se te pase el tren vas a mirar y vas a decir cómo no disfruté. Es como que no hay poronga que te venga bien… Es difícil. Hasta con mis amigos me pasa que todo el tiempo soy la atracción del lugar y llega un momento en el que decís no más. Tiene que haber un equilibrio entre laburar y disfrutar. Sino la pasás mal. Esas son las partes duras, por ahí tenés un día de angustia y te piden una foto y tenés que tirar sonrisa.

–¿Y vivís con preocupación los shows grandes? Después de Cromañón, en el rock argentino se tomó otra consciencia con respecto a las grandes convocatorias.

–Sí, te da cosita, de que pase una corrida nomás. Pero bueno, tratamos de que todo esté tranquilo. A mí no me gusta la multitud, me da fobia. No recuerdo la fecha exacta, pero sí que fue en 2004, salimos con tres amigos  a ver a Callejeros a Cromañón y avancé solamente hasta donde estaba el último de la fila. Dije “ni en pedo entro a este lugar”. Yo soy fóbico. Cuando vimos a los Stones, me iba para arriba, para atrás. Eso de estar en el medio, no, me da fobia. Siempre fue así, lo mismo me pasa en la cancha.

–¿Tenés momentos de inconsciencia o siempre tenés todo así de controlado?

–Mirá, el día de la firma de libros en el Alto Avellaneda me fui a comprar un pantalón ahí adentro del shopping, en medio de toda la gente. Había parte del staff de la banda que me decía ¿vos sos boludo? ¡Qué sé yo! Una vez en el Malvinas había 5 mil personas y antes de que termine el show salgo del lugar y entro por atrás, por entre medio de la gente. Esa fue la última vez porque ahí me di cuenta de que me podrían haber lastimado. Eso pasa en el show, donde la adrenalina te lleva a un lugar…

–Douglas Aldrich de Whitesnake participa en el último disco 20 años Celebrando, producido a su vez por Jimmy Ripp, ¿es difícil comunicarse con colegas en otro idioma y que vienen de otra cultura?

–La cultura no es el problema, el problema es cuando no sabés inglés. Con Jimmy es un dolor de huevos comunicarse. No habla nada de español. El otro día estuvimos filmando un video y en un momento quedamos solos y decimos… (pone cara de circunstancia).

–¿Y vas a aprender inglés en algún momento?

–¡Ni en pedo! No me gusta estudiar.  La única vez que me arrepentí de no haber estudiado inglés es cuando estuve con Mick Jagger. Estuve con todos los Stones y dije “cómo no sé inglés la concha de mi hermana”. Porque miraba y lo único que me salía decirle era “I love you”. ¡Qué le vas a decir!

 

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