ENTREVISTAS

Shirley Manson en Buenos Aires: Clase magistral de feminismo II

En el marco de una entrevista colectiva, colaborativa y feminista, la líder de Garbage charló con nueve periodistas mujeres y allí estuvo Soy Rock para contarlo.

Horas después del cierre del Goza Tour, coordinado por Barbi Recanati y con la actuación estelar de Shirley Manson y Francisca Valenzuela, la voz líder de Garbage charló con nueve periodistas mujeres. El encuentro se dio en la casa de la ex Utopians, que fue la que tuvo la idea de que sean solo mujeres. Desayuno de por medio y con la mejor traductora jamás conocida, se dio una entrevista colectiva, colaborativa y feminista. La estrella fue Manson, pero la sororidad en el lugar también brilló.

“¿Es verdad, en su experiencia, que es difícil lograr ser periodista mujer en espacios así? ¿Está mejorando la situación?”. Shirley arrancó con una pregunta. Fuera de agenda y para sorpresa de todas, la protagonista de la entrevista quiso saber ella primero cómo vivíamos nosotras la situación de las mujeres en el periodismo musical. Se relataron todas historias distintas, medios donde hay trabas, medios donde no, pero con la mismos parámetros detrás: es difícil llegar, es difícil permanecer y sobre todo es difícil ascender. “¡Ustedes son todas pioneras!”, nos endulzó. Y a partir de ese momento la cantante se dedicó durante más de una hora a escuchar con atención y responder con respeto cada pregunta.

Este es el resultado de una entrevista colectiva realizada entre 9 colegas de distintos medios con Shirley Manson, cantante de Garbage.

–¿Qué características podés observar en el feminismo latinoamericano?

–Lo que pienso es que el feminismo latinoamericano es igual al resto del mundo, que tuve el placer de conocer, todos los movimientos feministas que tienen lugar en todo el planeta. Yo no soy una autoridad en este tema, soy una música estúpida, pero realmente tuve el privilegio de poder viajar por todo el mundo y aprender sobre distintos países, distintas filosofías, distintos modos de pensar. Y una cosa que sí aprendí, que es súper valiosa, es que somos todos iguales, y todos los feminismos son iguales, por eso esa galvanización de ese movimiento tiene que continuar sí o sí. Tiene los mismos objetivos, las mismas pasiones y sufren, sufrimos, las mismas opresiones. La palabra patriarcado se está volviendo un cliché de alguna manera, me avergüenza un poco usarla, pero la realidad es que existe y estamos en un momento de la historia en el cual gracias a las redes sociales se pueden desmantelar todas las movidas patriarcales que siempre han existido. Creo que es súper importante porque puede cambiar la vida de absolutamente todes. Puede sonar ingenuo, pero eso es lo que pienso.

–¿Cómo hacer para que una consigna no se convierta en slogan?

–Creo que entiendo lo que decís: “Girl Power”. Puede volverse superficial, gastado. Creo que continuar las acciones y los debates es la manera de detener que las cosas se vuelvan clichés. Sé que de todas maneras eso es difícil, la gente se cansa, se cansa de la lucha y muchos optan por la retirada. Por eso hablé de esta conquista pulgada a pulgada, centímetro a centímetro. Porque la marea a veces tira para atrás, pero uno tiene que ser inexorable y tenaz. Y seguir siempre enganchado con el debate: hablar con mujeres de todos los orígenes posibles, negras, indígenas, mestizas, con discapacidades. De esa manera, involucrando a todes en la conversación, solamente así se va a poder seguir adelante. Hay que tener en cuenta las voces marginadas en el mundo. En general, la tendencia en Reino Unido y en Estados Unidos es pensar el feminismo blanco, de la mujer blanca, sin entender que también hay que luchar por las mujeres negras, las indias, que de alguna manera siempre quedaron rezagadas. Las mujeres blancas, por ejemplo, lucharon por el derecho al voto y después se olvidaron de sus hermanas negras, indígenas, que ellas también necesitaban derechos. El objetivo es pensar en todas nosotras, no solamente desde el punto de vista blanco, eso sería vergonzante.

La charla continuó con anécdotas propias de Shirley en distintos paneles de mujeres en los que participó por el mundo, y se le preguntó por la música argentina. No conoce demasiado, dice. Pero hay algo de nuestro país que le llamó muchísimo la atención: “Hay algo específico en las mujeres argentinas que sucede entre las mujeres, tiene que ver con una pasión y un compromiso muy profundo en todo lo que es político, cosa que no sucede en Estados Unidos. Ese debate tan vigoroso es algo que me enciende muchísimo. Parte de eso creo que tiene que ver con el poder de la Iglesia Católica, que sigue siendo algo muy presente en la sociedad. Creo que los pañuelos verdes significan una lucha contra esa fuerza, contra ese poderío que ilustra el aborto como una maldad, que una mujer que se realiza un aborto es como un demonio. Y por eso mismo hay una pasión que está moviendo las cosas tanto. En Estados Unidos está muy presente el temor a ofender a otro, acá no existe ese temor de ofender desde el feminismo”.

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Museo Evita. Buenos Aires.

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–Te vimos en el Museo Evita, ¿qué te conmueve de esa figura?

–Una mujer en el poder me excita. Cualquier persona en el poder me interesa, aunque no tenga la misma ideología. Lo que me intrigaba de Eva es cómo llegó al lugar que llegó, me parece súper interesante y cuando estaba en el Museo Evita, vi el material fílmico de cuando ella renuncia a ser vicepresidenta, da un discurso y es algo que me llegó muchísimo, sus palabras, su discurso. También el hecho de que haya luchado por los derechos de los trabajadores, el voto femenino. Es algo en lo que estoy 100% de acuerdo, apoyo 100%. Hay rumores que tienen que ver con su simpatía con el fascismo, de eso no sé lo suficiente. Pero sí puedo decir que las grandes personas no son perfectas, todos comentemos errores, somos seres humanos, nadie es un dios, nadie es un icono.

–Teniendo en cuenta que para la industria de la música a los 30 ya sos vieja, ¿qué sentís ahora con tus 53 años?

–Creo que es una pregunta que aplica a todas las mujeres. En general, lo que se nos enseña en sociedad es que no tenemos agencia, no tenemos poder de actuar más allá de los 23 años, porque ahí ya se considera que somos viejas. Es ridículo. Esto de valorar la juventud por sobre todo lo demás. La realidad es que cuando una es más grande, como yo, se siente más cómodo con la vida, tiene independencia financiera, disfruta más. Cuando una es joven la verdad es que no tiene nada, ya bastante difícil es para cuando uno es hombre siendo joven, imagínate siendo mujer. Si una mujer es inteligente, amable, aventurera, lo que fuera, nada es valorado. Solamente lo que se valora es si sos cogible. Y esta es una mirada y un calibre masculino. La realidad es que todas nos enganchamos en eso, tenemos que aprender a desengancharnos. Yo aprendí con la edad que no tengo que permitir ser reducida a si soy cogible o no, tengo un poder que va mucho más allá de eso. Yo misma empecé a valorar la amabilidad, la consideración, la amistad, la capacidad que tengo que ser buena amiga, buena esposa, buena hermana para otras mujeres. Esto hay que poner en acción.

–¿Cómo fue el progreso para construir tu identidad?

–Siempre supe que era heterosexual. Lo que me fui dando cuenta mientras crecía es que me identifico con el género no binario. No me considero particularmente femenina desde el sentido tradicional del término. Tengo más rasgos que son vistos como tradicionalmente masculinos. Me siento súper agradecida con las nuevas generaciones de mujeres que me han enseñado un nuevo lenguaje del que yo carecía. Mis ahijadas me dicen siempre del uso del idioma inclusivo. Lo no binario es algo que me interpela definitivamente, me habla directamente. Y tiene todo el sentido del mundo.