ENTREVISTAS

Skay Beilinson

El Buda de los suburbios

[Nota de Archivo]
Publicada en Soy Rock 74, julio de 2010.
Por Pablo Mileo
Fotos: Pepe Cáceres y Cecilia Salas (en vivo)

Mientras la reunión de los Redondos se parece cada vez más a una utopía, él sigue forjando su camino, esta vez con un disco influido por sus viajes al África. De cómo lo grabó, de cómo lo va a tocar en vivo y de qué tal estuvo su paseo por Marruecos habla el guitarrista, que también se guarda palabras de elogio para Gustavo Cerati, Pappo y Manal. Además, Carmen “Poly” Castro, mucho más que manager en todo este lío, da su versión acerca de cómo se filtraron las imágenes de Patricio Rey en Racing y hace una radiografía mordaz sobre la producción de los shows en vivo. ¿Tenés tiempo para leer?

Definitivamente, Skay Beilinson no es un melómano. Basta observar el desvencijado minicomponente JVC que tiene en el living para comprobarlo. Da lástima, el pobre: la doble casetera acumula polvo y la bandeja de cd que dejó de funcionar hace rato fue reemplazada primero por un discman –una chuchería retro a esta altura de la era del mp3– y después por un reproductor de dvd que está conectado al auxiliar. Por lo tanto, cuando Skay y Poly quieren ver alguna película, el Flaco va, desconecta el dvd del equipo y lo lleva hasta la cocina-comedor donde está la tele (cuando quieren escuchar un disco, repiten la secuencia a la inversa). A Poly, dice Skay, le gusta poner la música al taco, así fue que los bafles que había antes se cayeron del mueble por la vibración. Si murieron en batalla, que en paz descansen. Con este panorama, pensar que el guitarrista puede estar al tanto de, supongamos, qué tal está el último de MGMT es, cuanto menos, caprichoso. Sin embargo,
en algunas ocasiones ha demostrado ser un tipo abierto al diálogo musical, a eso que llamamos “hablar de música” (algo así tan subjetivamente divertido como “hablar de fútbol”, pero sin rivalidades de por medio). Me acuerdo (como muchas de nuestras charlas: vagamente) de un diálogo que tuvimos en Cosquín Rock sobre Catupecu Machu mientras éstos tocaban en el escenario principal. A unos pocos metros de nosotros, un conductor de televisión de un programa de rock firmaba autógrafos a raudales mientras él y Poly pasaban inadvertidos en medio de una juventud multitudinaria.
Skay no se pasará las tardes rompiendo celofanes, pero es abierto a las recomendaciones. Esta tarde le traje un regalo: el dvd en vivo de los Kings Of Leon en el O2 de Londres y le insisto para que les dé bola porque tiene en común con ellos algo fundamental: a ambos les importa qué tocan, pero mucho más cómo lo tocan. “Hay uno que escuchamos bastante seguido con Poly, que es el de Eric Clapton con J. J. Cale (The Road to Escondido, 2006). Es una gloria, muy relajante. En cualquier momento
nos pone bien”, devuelve la gentileza. Y confiesa: “De chico tenía un montón de discos y trataba de ocuparme de cuidarlos, pero no era fácil. Además, las cosas van y vienen. Tengo unas glorias maravillosas en vinilo, pero no tengo bandeja”.
Sobre la mesa baja descansa el llamativo packaging by Rocambole del reciente ¿Dónde vas?, el cuarto disco de estudio de Skay por fuera de los Redondos, desde que se separaron a fines de 2001. Le comento mi idea acerca de que este disco suena mejor que los anteriores, que tiene más aire, que hay más variedad en los sonidos de guitarra… pero no me da mucha bola y me confiesa que lo grabaron de la misma manera que La marca de Caín (2007). “En el estudio de Joaquín Rosson, que tiene muy resuelto cómo microfonear la batería y el resto. Eso nos ahorró tiempo a la hora de encontrar esa mezcla necesaria entre suciedad y limpieza en el sonido. Por otro lado, la banda está cada vez mejor, entonces cada uno encuentra su papel cada vez más rápido.”
–¿Cómo grabaron ese comienzo árabe del disco?
Skay: Gastón Lamas, de Xeito Novo, metió una pandereta y yo me traje de Marruecos unos instrumentos de percusión y unas flautas. Allá me puse a buscar esas flautas que tocan siempre, pero cuando las soplaba no lograba sacarles el menor sonido. Era imposible. Entonces, me traje unas de caña que podía manejar mejor. Y después le pedí a Sebastián, también de Xeito Novo, que toque lo que vendría a ser la parte del flautín de la gaita, porque me faltaba ese sonido. Primero armamos una secuencia y, sobre eso, todos fuimos metiendo cosas hasta terminar de armar ese caldo que se escucha.
–¿Cómo trabajás en estudio?
Skay: Primero hago una preproducción en la que grabo todo yo solo en lo de Joaquín. Mando una batería electrónica, grabo un bajo de referencia y meto alguna guitarra para definir un poco el sonido de la canción.
También puedo llegar a meter un teclado o la voz, y una vez que la canción está prácticamente armada, vienen los músicos.
–¿Recién ahí?
Skay: Porque a mí me gusta que toquen sobre algo que ya está terminado, no medio en el aire. Quiero que sepan cuál es el ámbito del tema, la dinámica. Después, los aportes de los músicos pueden hacer que los temas vayan para otro lado, o que empiecen a pivotear desde otro instrumento. “La rueda de las vanidades”, por ejemplo, terminamos de grabarlo, había quedado buenísimo, y cuando lo fui a cantar me quedaba muy alto de afinación y lo empezamos a grabar de vuelta. Y, en la nueva versión, empezaron a cambiar cosas…
–¿Cuánto tiempo te encerrás a hacer un disco?
Skay: Es que yo no me meto en un estudio a terminar un disco, lo hago por etapas. Laburo una semana, pasan quince días y
vuelvo para encarar otro tema o rever alguno anterior. Al hacerlo pausadamente, no existen tensiones, no hay que lidiar con eso de “estar en un estudio”. Además, tampoco tengo alguien que me diga qué es lo que tengo que hacer o cuándo lo tengo que terminar.
–¿Te pone más nervioso grabar las voces que las guitarras?
Skay: Con las voces me pasa que no me gusta hacer muchas tomas… bueno, con la guitarra tampoco (risas). Yo hago un par de tomas, corrijo sobre eso y, si no me gusta lo que quedó, lo vuelvo encarar a la semana siguiente. Yo soy productor e intérprete al mismo tiempo. Entonces, primero trato de afinar lo mejor posible, y después, de dejar la impronta que considero necesaria. Dejo pasar unos días y vuelvo a escucharlo, a ver si logré transmitir algo, si pasó lo que tenía que pasar.

“¿DÓNDE VAS?” EN VIVO
–¿Cómo vas a tocar en vivo esta intro de “Luna en Fez”?
Skay: Mirá, yo no sé nada de esto, así que después traducilo vos: las va a disparar el Topo desde una laptop.
–¡Lo dijiste bien!
Skay: ¡Buenísimo! (risas). Antes las disparaba David, uno de nuestros asistentes en el escenario, pero poco a poco el Topo (Espíndola, baterista) se fue haciendo cargo por una cuestión de practicidad.
–¿Las pistas los obligan a tocar con metrónomo, no?
Skay: Sí, es la única manera de que no salgan desfasadas de lo que estamos tocando.
–¿Y el metrónomo no le quita expresividad a la ejecución?
Skay: Si estás acostumbrado, no. Porque llega un momento en que ya no le das bola, que no lo escuchás. Es como un pulso que está incorporado.
–¿Como el atril con las letras plastificadas que usás en vivo..?
Skay: Claro, porque en vivo tengo la cabeza puesta en un montón de cosas prácticas. Además de recordar la letra tengo que saber cuál es el pedal que hay que pisar, si tengo que cambiar de micrófono en la guitarra, a qué volumen tengo que tener el inalámbrico… ¿Sabés que no lo llevé a la gira de España para no tener que cargarlo? Y me las acordé todas.
–¿Tenés escritas las letras enteras?
Skay: No, sólo el comienzo de cada estrofa. Y voy ordenando las hojas según la lista de temas. Es más, de algunas tengo sólo escrito el nombre, como “Nene nena”. Si ya me olvido la letra de ese tema, mejor dedicarse a otra cosa… (risas).

“¿DÓNDE VAS?” EN PALABRAS
–Ya desde el título (¿Dónde vas?) el disco plantea una pregunta filosófica, existencial…
Skay: Es una invitación a reflexionar acerca del rumbo que le estamos dando a nuestras vidas, pero también a hacer un recorrido por otros territorios. En algún momento pensamos en hacer una especie de opereta sobre un personaje que, en medio de una vida vacía, emprende un viaje en el que va descubriendo cosas hasta que, al fin y al cabo, vuelve al punto de partida.
–¿Viste que en los viajes se aprenden muchas cosas? Además, uno se siente raro porque altera su cotidianeidad, pero sólo por un período determinado. Al final, uno regresa a lo suyo y el mundo sigue igual…
Skay: Por eso está el reloj en la tapa, porque el tiempo es lo que nos hace recordar que estamos de paso por esta vida, que este viaje también tiene su tiempo y que se va a terminar. El tiempo es uno de los ingredientes fundamentales, porque si todo esto fuese eterno, bueno, uno podría recorrer todas las posibilidades del universo. Gracias al tiempo, la pregunta “¿A dónde vas?” se torna acuciante, imperativa. Yo creo que todos los actos de nuestra vida están dirigidos hacia algún lugar y en la medida que tengamos claro hacia dónde queremos ir, ese viaje se facilita.
–¿Para qué te sirven los viajes?
Skay: Para conocer diferentes culturas, distintas maneras de mirar y de entender. Y también para eso que dijiste sobre tomar distancia con lo ordinario y la elaboración que hacemos al volver. Uno absorbe de todo en el viaje, internaliza la experiencia y, al regresar, la reinterpreta.
–Cuando volvés de otros países, ¿valorás más al tuyo o al revés?
Skay: Las dos cosas. Por un lado, no me gusta el grado de locura con el que vivimos acá y estamos en un grado de enfermedad alarmante. Pero nuestro país es precioso en muchos sentidos, sobre todo desde lo cultural. A mí me gusta la música, así que todo tipo de expresión como el tango o el folklore, me parecen de una riqueza extraordinaria.
–¿Qué “riqueza extraordinaria” encontraste en Marruecos?
–El sonido de esos mercados de Marrakech, donde todos están gritando en otro idioma, con los burros dando vueltas por ahí como si fuese un cuento, con encantadores de serpientes, contadores de cuentos, malabaristas, vendedores de agua y también músicos, por supuesto. Todo pasa al mismo tiempo y es un jaleo maravilloso. La cultura marroquí también tiene sus artistas pop del momento, porque la industria de la música está en todos lados; pero usan los instrumentos y las melodías características de ellos. Yo preferí acercarme al folklore más autóctono, a esa música áspera como la que hace acá Leda Valladares. Fuimos a conocer a unos músicos a un pueblito de no más de quinientos habitantes, que está en el límite con el desierto. Los tipos viven ahí en una choza, manteniendo sus costumbres. Estuvimos cantando un rato con ellos y fue una experiencia alucinante.
–Además, pensar que están ahí tan cerca del Primer Mundo, de Europa…
Skay: Nada más los separa el Estrecho de Gibraltar. Y Marruecos no es el Tercer Mundo, sino el Medioevo. Prácticamente no existe la industria y todo es artesanal. Ves a los carpinteros tallar la madera con su arco, una cuerda y los dedos del pie que toman la hoja. El hilo lo hacen a mano; la cerámica, también… Vos pensá que Fez es una ciudad que tiene 1.200 años, es casi un disparate. En la Medina de Fez, que es la ciudad vieja, amurallada, viven 300 mil personas en las mismas condiciones que hace mil años. Si no vas con alguien que te oriente un poco, te perdés porque está lleno de callecitas intrincadas, que no tienen nombre ni nada. Creo que muchas de las cosas que trajo el progreso hicieron a este mundo más pequeño.

EL ROCK DEL PAÍS
–¿El rock es más pequeño ahora que cuando empezó?
Skay: El rock, como todo, está en crisis. Pero también creo que perdió todo su contexto; eso que hizo que el rock fuera importante como contracultura. Hoy no hay un marco para que el rock traiga novedades de esas que nos movilicen en serio, que nos ayuden a pensar, a tener una mirada diferente. Quedó atrapado en los mecanismos de la industria y, bueno, dentro de eso hay buenos artistas, mediocres y malos. Lo que no está es esa mirada audaz hacia lo desconocido. Le falta abrirse a otras tendencias, a otras culturas, a otros sonidos… Hace poco estuve con (el poeta y periodista) Miguel Grinberg y me pasó un libro delicioso que es una recopilación de varios textos de la época de (la revista) Eco Contemporáneo, donde están Thomas Merton, Julio Cortázar, Alexander Trocchi. Y todos juntos, en un compendio, son tan poderosos que me hacían ver eso, que hoy falta un contexto donde resuenen todas las esperanzas juntas. El rock era aglutinante de esas experiencias, pero hoy ya no. Y en una expresión artística, cuando no hay premio, o sea guita, lo que queda es el gusto por la aventura. Ahora, cuando lo único que importa es el premio, si funcionó el reggaetón, vamos a hacer reggaetón; si funcionó los Redondos, vamos a hacer un grupo parecido a los Redondos.
–¿Viste alguna vez a esos grupos tributo a los Redondos?
–No, no los vi. Pero me contaron. Que la gente de abajo le grita al cantante “¡Vamos, Indio!” (risas). Qué bizarro…
–¿Cuál es el disco de los Redondos que más te gusta como suena?
–Me resulta muy difícil hacer ese trabajo, porque los tengo que poner en el contexto de la época. Si tienen algo de interesante, es que han podido reflejar el espíritu de cada uno de nuestros momentos. Porque de un año a otro parece que el mundo no cambia, pero sí, cambiamos nosotros, los gobiernos, las formas de grabar…
–¿Por qué, como solista, accediste a hacer sesiones de fotos, tocaste en radios, participaste de festivales, cuando con los Redondos eso era algo impensado? ¿Qué cambió?
Skay: ¿Conocés el dicho “Un reaccionario es aquel que cuando el camino dobla sigue derecho”? Cada época es distinta y uno tiene que saber ver qué hacer en cada momento. Hoy yo me siento bien haciendo la música que quiero y buscando la mejor manera de desarrollarnos. Tampoco es que los Redondos estaban sujetados a un dogma; es más, nosotros proponíamos cambiar de dogmas constantemente. En todo caso, si decíamos “nunca haremos esto” o “nunca haremos lo otro”, era para sacarnos de encima a los periodistas que nos venían a preguntar por qué no hacíamos tal o cual cosa (risas). Uno va haciendo lo que le dicta el corazón, y en ese sentido es Poly la que tiene el olfato. Si ella lo dice y ella ríe, está todo bien. Es como el personaje de (la película) La Zona, de (Andrei) Tarkovski, que tiraba una piedra y si caía en un buen lugar decía “vamos para allá” y si no, tiraba otra.
–Entonces, ¿dirías que la independencia de los Redondos tenía más que ver más con una cuestión práctica que romántica?
Skay: La independencia fue la mejor manera de hacer lo que queríamos como queríamos. No era un discurso para que todos fueran independientes. Por mí, que cada uno haga con su vida lo que le parezca. También pasa que, cuando sos medianamente exitoso, se acerca gente a proponerte cosas para meterte adentro de una estructura. Y nosotros siempre fuimos medio anárquicos. No nos servía de nada. Sobre todo teniendo a alguien como Poly, que sabe resolver miles de cosas para las cuales nosotros somos completamente inútiles.

LOS LUGARES DE POLY
–Podríamos preguntarle a ella por qué decidieron hacer la presentación del disco en el microestadio de Argentinos Juniors…
Poly: Porque llega un momento en que te aburre hacer siempre lo mismo, repetir el mismo acto en el mismo lugar. Yo estoy muy agradecida a los Teatros, porque están bárbaros, pero no hay que anquilosarse: es como hacer siempre la misma música. En realidad, en su momento, nosotros íbamos a inaugurar Argentinos, pero había ciertas diferencias en la organización interna del lugar. Eso hizo un poco que no fuéramos, pero yo lo conozco hace muchísimo. Estuve en la construcción, desde los comienzos…
Skay: Vos lo descubriste Poly…
Poly: Bueno, sí, también… Fue hace como quince años. Yo siempre busco lugares porque me encanta tener varios diferentes. Y una tarde íbamos caminando y lo encontré. Pensé en arreglarlo y todo.
–¿Y qué hacías caminando por ahí? No hay mucho para ver, que digamos…
Poly: Estaba todo abandonado y era todo vegetación, sólo tenía el techo. Entonces, esa misma tarde, me puse averiguar qué se podía hacer. Le comenté a un amigo: “Tengo un lugar fantástico. Sería para nosotros. Sueño con algo así…”. Y este amigo empezó a hacerlo como pudo, con sus herramientas, él solo. Pobrecito. Lo fui a ver una tarde y estaba con una pala, tratando de entrarle, sacando los yuyos de tantos años. Atrás de él vinieron otros, y después vinieron otros, hasta que lo abrieron.
–¿En qué te influyen a vos las diferencias que pueda haber entre los dueños de un lugar?
Poly: En que no puedo estar donde hay discordia. Viene uno y me dice una cosa, y después viene otro y me dice otra, empiezan a pelearse, uno grita… A mí no me gusta trabajar así, es desagradable. Prefiero no ir y listo. ¿Para qué? Esperé un tiempo hasta que se normalice la situación y se apacigüen un poco los ánimos.
–¿Qué es lo que mirás cuando vas a un lugar nuevo?
Poly: Absolutamente todo lo que pueda mirar. El afuera, cómo accede la gente, dónde están las puertas, dónde se puede poner el escenario, dónde está la tensión, quiénes lo manejan. También hago mis planos y los desarrollo con los grandes técnicos, que son los ingenieros. Ellos saben cuánto peso soporta esa viga de allá, cuál debe ser la medida del escenario… todo eso es muy lindo.
–Vos dijiste que soñabas con un lugar así cuando viste Argentinos, ¿te gustaría manejar alguno?
Poly: No creo. Siempre son cosas que se me antojan en un momento, pero cuando pienso en que me voy a quedar para siempre en un solo lugar, se me pasa. Sería terrible anclarme en un trabajo así. No podría: o hago camisetas o hago shows, una de dos. Debería dedicarme de lleno a la producción, a llevar a la bandas, a armar un equipo de tareas y pasármela en una oficina. Ir a la Municipalidad… Está bien, podría tener un pibe que lo haga, pero estaría sentada en una oficina. Lo podría hacer un día, para divertirme. No sé si una semana.
–Hace un rato le pregunté a Skay por qué son más flexibles en algunas cosas que en los Redondos…
Poly: Es que no se puede estar repitiendo algo que ya pasó. Además, nosotros no somos los mismos y los tiempos son otros. No se puede. Es imposible. Hay que inventarse nuevas formas de llegar y para eso hay que estar atentos a los momentos. Saber esperar y no salir a tontas y a locas. A veces, pasa que la situación está dada, pero uno la deja pasar y ya no es lo mismo. Otras cosas se pierden por falta de decisión, por no actuar en el momento indicado, porque muchos opinan y uno dice una cosa, el otro dice otra, y quedan todos paralizados y nadie rema. No es fácil, es complicado.
–¿Quién de todos los que quisieron firmar a los Redondos te cae bien?
Poly: Grinbank me parece un divino. Yo iba a la radio con los muchachos a poner publicidad y un día me llama y me dice: “¿Por qué no venís conmigo, Poly?”. Y yo le contesté que iba a ser un mal negocio para los dos, porque si yo le daba los Redondos iban a dejar de ser los Redondos. Y él también iba a perder con eso. Le pareció genial lo que le dije, que no era conveniente para nadie. Después nos hicimos grandes amigos.
–Y laburaron juntos al final, cuando hicieron River juntos, ¿no?
Poly: No.
–¿No estaba en Rock And Pop en esa época?
Poly: Siempre estuvo… Bueh, no sé, en estos casos mejor no decir nada, porque uno nunca sabe bien. Creo que él estaba de gerente. Nosotros les alquilamos el estadio a ellos porque tenían la concesión. Y también les alquilamos toda la producción: la seguridad, los alrededores, el piso, todo menos el escenario, que era nuestro. Ahí pusimos doble vallado.
–¿Por qué?
Skay: Parece que uno no era suficiente (risas).

EL SHOW DE LA BUROCRACIA
–¿Laburaban bien ellos?
Poly: Sí, a mí lo que no me va mucho es la cuestión de la burocracia, ese montón de gente que va y viene. En esa época no tenían muchos teléfonos, a lo sumo uno grande, y andaban todos con unas carpetas de acá para allá. Esa tropa me ponía de pésimo humor.
–Pero la responsabilidad del lugar era de ellos…
Poly: Por supuesto, como eran los titulares y porque sabían cómo manejar el estadio, les permití que estuvieran por todos lados. Menos en nuestro lugar. Por eso te digo, el problema era ese ejército de gente –que no sé cuántos eran, pero eran muchos– entrando y saliendo de oficinas y oficinas y oficinas… una cosa odiosa para mí. Con el tiempo fueron cambiando las carpetas por los teléfonos.
–¿Viste que siempre parece que están muy ocupados?
Poly: ¿Pero me querés decir cómo pueden estar ocupados en algo si están hablando por teléfono? Es imposible, no se entiende. “Sí, copiame, te copio, claro, decile a Fulano…”. Y Fulano le dice lo mismo a Mengano y así se pasan toooda la tarde.
–¿Cómo hacen que las cosas funcionen, entonces? Porque parece que todo está cada vez mejor organizado…
Poly: Parece, pero es un caos. Casi no hay cabezas que dirijan, que lleven las cosas adelante, que pongan el hombro. Ahí en Rock & Pop está Peter, que es un capo. O Pescuezo. Ellos son capos-capos laburando. Maestros. Y después está ese montón de pibes con teléfonos.
–A vos que te gusta salir a caminar por Palermo, en este barrio se hacen algunos festivales en la calle, ¿vas a ver cómo se trabaja fuera de un estadio?
Poly: Me encanta. Porque entran camiones y camiones y camiones, y lo primero que montan es el catering. Y están todos con el mate, comiendo facturas, también están con los chicos de los teléfonos, todos sentados en la vereda. Son miles. Y de repente ves un pobre negro ajustando todo con una llave. Yo me llevo muy bien con los técnicos, son una maravilla de personas.

EL VIDEO DE RACING 98
–Poly, ¿cómo es que de repente aparecieron las imágenes del show de Racing?
Poly: Es una cosa misteriosa. Porque están dando vueltas desde junio del año pasado. Hace un tiempo, viene alguien y me dice: “Che, fui a una fiesta anoche y me dieron esto”. Y me da un cd que yo tiré por ahí entre todas las porquerías. Un año después, vuelvo de la calle y me encuentro con un montón de mensajes de amigos en el contestador, avisándome que estábamos en la tele. La prendo y agarro TN con todo el quilombo. Veo que pasan unos pedazos del show, porque no están autorizados a pasar mucho, y me doy cuenta de que era el switcher. Cuando llega Skay del ensayo, le digo: “Mirá, Skay, mirá, están pasando el switcher”.
–¿Qué es el switcher?
Poly: Cuando se filma un evento con varias cámaras, cada una registra una parte y el switcher va recibiendo en varias pantallas lo de cada cámara. Hay un encargado en vivo para elegir las imágenes que se le mandan a las pantallas del estadio. Bueno, ahí me acordé que un año atrás me habían dejado aquel material. Lo entramos a buscar con Skay y lo encontramos. Lo pusimos y era exactamente lo mismo. Me dijeron que hace bastante que estaba en YouTube, pero lo llamativo es que alguien haya llamado o le haya avisado a los medios que eso estaba dando vueltas. Es decir que se enteraron hace poco, pero hace un montón que estaba.
–Originalmente, ¿quién tenía esas imágenes?
Poly: Lo que todos teníamos, el Indio, Skay y yo, era ese resumen de lo que vio la gente por las pantallas del estadio. Además, a mí entregaban todo el material, la filmación de cada cámara, para que después se hiciera una edición a futuro.
Skay: Lo que pasa es que es muy fácil hacerse una copia de eso, porque en el camión de filmación no sabés si está saliendo un cable por algún lado y te lo chupan de ahí. Aquella vez, cuando nos entregaron eso, estaba en un formato llamado U-Matic, que para verlo necesitábamos de otras máquinas. Entonces, al toque del recital, fuimos a una empresa muy importante para que nos hiciera una copia en vhs. Pueden haberlo sacado de cualquiera de esos lugares. De acá, te puedo asegurar que no salió.
Poly: ¡Pero por supuesto! A mí lo que me llama la atención, en realidad, es que hayan pasado doce años hasta que se filtró.
–¿Y qué pudo haber pasado?
Poly: Puedo elaborar muchas teorías. Por ejemplo, que lo tenía encanutadísimo un verdadero fan de los Redondos que lo quería sólo para él. Y algo pasó. Los chicos crecieron y se lo afanó un sobrinito, no sé… Un montón de cosas se han filtrado así. Y muchas veces son los hijos, que cuando los encuentran, los ponen a circular.
–¿Te parece bien eso?
Poly: Mirá, lo que yo te puedo decir es que han pasado tantos años que eso ya le pertenece a le gente, a los ricoteros. No voy a ser yo la que esté pensando en la importancia del material o en el peso de la historia.
Skay: En todo caso, lo que a uno le gustaría es que haya algo con mejor sonido. Pero si lo tiene la gente, ya está. Si logramos juntarnos, haremos una mejor edición y listo.
Poly: Tal vez… Pero por eso, lo que más me intriga es que hayan pasado doce años. ¡Como un buen whisky! (risas). Me parece tan raro, eso. O que los medios recién se enteraran un año después. ¿Quién les avisó? Hay algo que no me cierra. No me cierra. Además, si fuera yo la que quisiera venderlo, ¿lo voy a meter en YouTube? No, sería una ridícula. ¿Sabés qué pasa? Los advenedizos creen que pueden leer señales de humo. Mejor dejémoslos. ¿Qué te parece esa frase?

HOMENAJE A MANAL

La densa atmósfera porteña de “Tarde de lluvia” de ¿Dónde vas? es un tributo confeso de Skay a una de sus bandas favoritas del rock argentino. El guitarrista los vio muchas veces en vivo y recuerda particularmente un show en el Club Atenas, de La Plata. “Cuando volví de Europa, después de haber visto a varios grupos grossos, mi hermano me hizo escuchar ‘No pibe’ de Manal y yo le pregunté si era Hendrix. Enseguida me enganché con la manera de cantar de Javier y con sus letras. Además, hacían blues en castellano, un invento buenísimo para la época.” Los jóvenes curiosos pueden ver de qué se trata en Manal (1970), el debut larga duración del gran power trío conformado por Martínez-Gabis-Medina.

DOS POTENCIAS SE SALUDAN

Sí, los dos paradigmas argentinos de las seis cuerdas, Norberto Napolitano y Eduardo Beilinson, compartieron alguna vez un escenario. Fue a fines de los 80 en el teatro Arpegios, en San Telmo, durante una presentación del Carpo junto a Alejandro Medina y Black Amaya. Este “cóctel demoledor” (así lo describe Skay) estaba en llamas cuando Pappo tomó el micrófono y dijo: “Por ahí anda un pibe de los Redondos… A ver, que suba”. El Flaco se colgó una guitarra y empezó una tocata memorable. “Fue muy divertido, nos cagamos de risa. Yo me puse a dirigir un poco y les dije que arranquen con una base medio New Orleans de ‘Superlógico’, tipo Tom Waits, y empezamos a expresarnos sobre esa secuencia de cuatro acordes. Zapar con el Negro Medina es una de las experiencias más alucinantes que te pueden pasar, y Pappo estuvo brillante, se tocó todo. Y también se rió mucho”, recuerda Skay, que rescata al Carpo por “su sonido y buen gusto” y porque reflejaba en el disfrute que “su universo era la música”.

FUERZA A GUSTAVO

Skay pasó por los estudios de Rock & Pop para tocar en vivo en “Falso impostor”, la tira diaria que conduce Gillespi, y le dejó un saludo público a Gustavo Cerati apenas fue internado en Caracas. “Me parecía importante para poder dejar de lado, de una buena vez, la boludez esa de los Redondos vs. Soda Stereo. En una situación así, dejémonos de joder, es un boludeo que no tiene gollete; en este momento hay que hacerle llegar otro tipo mensaje. Ya hemos dicho con el Indio que tenemos más afinidad con un músico que con un banquero, y sobre todo con Cerati, que ha demostrado ser un compositor excelente. Toda su producción es impecable y Ahí vamos me parece un discazo.” A seguir el ejemplo, entonces… Y aguante Gustavo, una vez más.