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Cristian Aldana fue condenado a 22 años de prisión

El líder de El Otro Yo no quiso escuchar el veredicto de un proceso en el que se investigaron siete denuncias por abuso y corrupción de menores.

Cristian Aldana, guitarrista, cantante y líder de El Otro Yo, fue declarado culpable del delito de “abuso sexual con acceso carnal gravemente ultrajante y corrupción de menores”, y condenado a 22 años de prisión por 4 de los 7 casos presentados por las Querellas. 

El veredicto se conoció a las 16.30 en el Tribunal Oral en lo Criminal N°25 integrado por Rodolfo Bustos Lambert, Ana Dieta de Herrero y Rodolfo Goerner, pero el músico pidió no estar presente en el momento en el que se conociera la decisión. “Soy una persona de bien y me voy a dormir a un penal de máxima seguridad en paz. Yo defiendo mi verdad, si no fuera así ya estaría ahorcado. Que los Dios los bendiga a todos”, dijo en sus últimas palabras antes de ser retirado de la sala. Cuando se dirigió al Tribunal apuntó directamente al Fiscal Guillermo Pérez La Fuente, y buscó victimizarse. “(El fiscal) pidió 35 años de forma desmedida, desalmada y sin fundamento. La intención es usarme como trofeo. En esta caso, un músico de rock, independiente y solidario políticamente con la música. El fiscal De La Fuente en la década del 80 estaba en el Batallón de Inteligencia 601 y ahora está persiguiendo a los artistas”, señaló. Aldana también se refirió a las denunciantes: “No soy un violador, ni un abusador, ni un violento. Las denunciantes no podrían sostenerme la mirada porque es mentira. Pedí careos con ellas y no me los dieron. Mi voz no fue escuchada. Sin defensa no hay juicio”, aseguró mientras mostraba un cartel con esas palabras, según relató la agencia de noticias LatFem, presente en el lugar. Casi al final, leyó un pasaje del Antiguo Testamento de la Biblia, del libro de Eclesiastés, titulado «Injusticia de esta vida» y lo usó para aplicarlo a su situación judicial. “En los tribunales reina la maldad y la injusticia”, anunció. Sus abogados oficiales pidieron en sus alegatos que sea absuelto y liberado y que sí, en caso de ser encontrado culpable, le den la pena mínima por su edad, ya que al tener 48 años una condena mayor representaría una perpetua.

Ayer fue el turno de los alegatos de la defensa de Cristian Aldana, en el proceso contra el músico acusado de “abuso sexual con acceso carnal gravemente ultrajante y corrupción de menores en siete oportunidades”. El músico repitió el compartimiento de audiencias anteriores: habló de conspiración, del que el juicio era ilegal, al no haber podido defenderse correctamente, y pidió la nulidad del mismo. El líder de El Otro Yo fue retirado nuevamente de la sala. Por su parte, los abogados defensores Fernando Robio y Cecilia Durand, solicitaron la prescripción de las denunciantes Ana León y Jazmín, y la nulidad de los alegatos de la defensa de Ariel Carolina Luján, argumentando que los hechos por los que se lo acusaba no eran precisos. También plantearon que las denuncias de Luján fueron por “despecho” y dieron un vuelco en la primera estrategia del músico, que había declaro no conocer a las denunciantes, para rectificarse y afirmar que que tuvo “relaciones de amor y consentimiento con ellas”.

Por otro lado, la semana pasada el fiscal Guillermo Pérez de la Fuente retomó su declaración en la que hace referencia a los delitos cometidos contra las siete victimas denunciantes. El titular de la Fiscalía General N° 18 ante los Tribunales Orales Criminales y Correccionales pidió 35 años de prisión para el músico, por delitos cometidos entre 1999 y 2010 contra menores de edad al momento de consumarse los hechos. Lo hizo en seis de las denuncias, mientras que en la séptima pidió su absolución. Pérez hizo énfasis en el contenido de las letras en algunas de las canciones de El Otro Yo, a las cuales consideró como una confesión del músico.”No me importa morir”, fue una de las líricas citadas (Cuando no haya aire para respirar / Te estaré asfixiando, / Encadenada con mi foto / Condenada a pensar en mi / El pasado desaparece / Y eres mí­a / Y estás bajo mi control / Solo yo puedo tocarte / Y puedo ahogarte / En el vértigo del sadismo”). Durante su declaración indagatoria, Aldana dijo que se inspiraba en sus relaciones para componer los temas. Respecto a los pedidos de nulidad, el cante grabó un mensaje que fue difundido el 30 de junio. En el audio denuncia que “el tribunal, el fiscal y la querella están dando información a la prensa que es falsa. Me están acusando de dilatar el proceso del juicio, cuando esto es una absoluta mentira porque yo estoy preso, y soy el mayor interesado en que se termine todo esto. Si estuviera libre, tendría algún sentido de mi parte buscar dilatarlo, pero estando preso, de ninguna manera”. El vocalista definió el proceso como un “mamarracho judicial” argumentando que “no me aceptan las pruebas, no se investiga a fondo, no me aceptan lo careos, no me aceptan parte de los testigos que me están faltando, me sacan al abogado de confianza y me imponen una defensa aparente que me genera un daño totalmente irreparable”. El abogado del músico renunció alegando problemas de salud por lo que el Tribunal Oral en lo Criminal número 25 le asignó a dos miembros de la Defensoría de la Nación para que tome su caso. A lo largo de todo el proceso judicial, Aldana ha pedido la recusación de los jueces, que fue denegada al haberla solicitado él y no su propio abogado, también se declaró en huelga de hambre y objetó que la defensa que le asignaron no tuvo el tiempo necesario para profundizar en la causa.

Sebastián Da Vita, abogado de tres de las siete victimas denunciantes había solicitado 40 años de prisión para el líder de El Otro Yo. El argumento para que se dicte una pena sin atenuantes se basa en que la violencia fue ejercida contra adolescentes y niñas, resaltando la conducta “perversa” en el accionar del músico. “La versión de Aldana de que se vio superado por la lujuria de dos jovencitas de catorce y quince años no es creíble en boca de un hombre de treinta y cinco”, expresó Da Vita. “Todas las víctimas eran niñas, casi adolescentes, con un comportamiento lábil e influenciable, con algún problema en sus hogares y en un estado de vulnerabilidad”, describió el letrado.