PINTÓ

Así fue el estreno mundial de Sép7imo Día

La obra que une al universo Soda Stereo con el Cirque du Soleil tuvo su debut en Buenos Aires y te contamos todo lo que sucedió

Sép7imo Día, No descansaré es un show de circo. Eso es lo primero que hay que tener en mente a la hora de ver el nuevo espectáculo del Cirque du Soleil. Claro que no es un circo cualquiera, porque la compañía que dirige el canadiense Michel Laprise es una mega estrella por sí misma, que recorre el mundo hace años y que en este caso pone en escena a 35 artistas de Rusia, Estados Unidos, Canadá, Francia, Japón, México y Argentina. A ese movimiento circense se le han acoplado la música de The Beatles, Elvis, Michael Jackson y, oficialmente a partir de la gala de anoche, Soda Stereo. Entonces Sép7imo Día no es un show de Soda. Pero su música, su halo y su magia rodea a todo el espectáculo.

Desde el inicio, en el que se escuchan las voces de Gustavo Cerati, Zeta Bosio y Charly Alberti mientras tres focos titilan sobre el techo del Luna Park, hasta el cierre litúrgico con “De música ligera” y el “Gracias totales”, la historia del grupo te pega en la cara. Y te arrolla si estás en el campo (el Movistar Zoom Zone) cuando una rueda gigante que gira mientras reproduce imágenes de los tres integrantes aparece desde el fondo y pasa entre el público hasta llegar al escenario. Las canciones van pasando, hay mash-up (logradísima “Ella usó un misil” que mezcla la música de la de Sueño Stereo con la letra de la del disco debut de la banda), tomas inéditas de voz (el inicio de “De música ligera”) y momentos instrumentales, todo envasado en un sonido envolvente 5.1 que resulta una experiencia fascinante. Música que ya hoy, un día después del estreno, está disponible en plataformas digitales y el resto de los formatos.

En teoría, la obra cuenta la historia de un adolescente que se encuentra enjaulado y sale a descubrir el mundo de la mano del sonido de la banda argentina. Eso puede quedar claro (o no) conforme se van sucediendo las canciones y los actos, algunos de los cuales resultan verdaderos video clips en vivo. “Prófugos”, en el que una pareja de acróbatas se eleva sobre dos revólveres gigantes de colores para luego compartir carnalmente un mismo trapecio; el clown que hace gestos frente a una cámara en “Sobredosis de TV”; el guitarrista sumergido en un cubo mientras una sirena baila a su alrededor en “Hombre al agua”, y la artista que arma paisajes con arena en “Un millón de años luz”, son un ejemplo de eso.

El público también es una parte importante ya que por primera vez en la historia del Cirque du Soleil está integrado a la obra. Así, a la hora de “Té para tres”, la gente en el campo es invitada a sentarse para sumarse a un fogón. Esta es la única canción en la que no suena la voz de Gustavo, sino que está a cargo de un trío de cantantes acompañado por todo el estadio. Lo mismo sucede en “Cuando pase el temblor”, donde una pantalla gigante repasa imágenes de archivo de giras históricas del grupo por Latinoamérica mientras se cruzan planos random del público en vivo. Sobre el final, desde algún lugar del universo, la voz de Cerati ordena que la gente prenda las pantallas de sus celulares para iluminar todo y hacer el ritual de cierre con “De música ligera”. El público acata como si Gustavo estuviera frente al micrófono en River (de hecho ese audio bien podría haberse extraído de uno de los seis shows que dieron allí en 2007) y los acróbatas, trapecistas, bailarines y el resto de los artistas hacen su acto final. “Haré lo que me pidas” grita Gustavo en “Terapia de amor intensiva” la canción que suena de fondo cuando Zeta y Charly salen a saludar, junto a la plana mayor del Cirque. Mientras caen los papelitos de cotillón y todo el estadio tararea la canción, uno se queda pensando en cómo se puede ser esclavo de tus palabras.

Crédito fotos: Nancy Martinez y Rodrigo Alonso (Gentileza Prensa Sép7imo Día)