PINTÓ

B.A. Rock Día 1: Viejo y querido rocanrol

La primera jornada del histórico festival sirvió, otra vez, para desnudar las diferencias estéticas y artísticas del rock argentino

“¿Sabes porque no me gusta la cultura de la bandera? Primero y principal las banderas con el palito ese no deja ver al que está atrás, es una falta de respeto, boludo. Y segundo, la cultura de la bandera con los palitos… Ya saben lo que pasa, loco. No rompan las pelotas. Gracias por traer una sola. ¡Aguante el rock argentino!”. Al promediar el show de Catupecu Machu en el escenario principal del B.A. Rock, Fernando Ruiz Díaz pronunció estas palabras y expresó así una guerra fría que rondó durante toda la primera jornada del festival, y que gira en torno a las diferencias estéticas y de relación con el público que existe entre las bandas. El cantante del grupo de Villa Luro le había pedido unos minutos antes a un pibe con una bandera con inscripciones de La Vela Puerca, Los Piojos, Guasones y algunos artistas más que la baje para que el resto de la gente pueda ver. Un ratito más tarde, la misma bandera flameó entre el público en el escenario cubierto del Estadio Malvinas Argentinas durante el set de Los Gardelitos. Allí donde Eli Suarez cumplió con ese ritual inherente a las bandas del género: la lectura de banderas para saludar a los distintos barrios y localidades presentes. Lo hizo justo después de tocar “Viejo y querido rocanrol”, esa canción que dice: “La gente se amontona al compás del rocanrol, alzando las banderas que salen del corazón. Nadie puede impedir que levantemos nuestra voz”. Y también antes de pedir por la liberación de Patricio Santos Fontanet, el único integrante de Callejeros que sigue preso (a excepción del femicida Eduardo Vázquez que cumple condena por prender fuego a su mujer, Wanda Taddei). Estas diferencias no son nuevas, claro está. Diez años atrás, en febrero de 2007, Catupecu Machu se bajó del Cosquín Rock cuando sus integrantes se enteraron que el grupo de Villa Celina iba a ser parte de la grilla. El intercambio entre Ruiz Díaz y el pibe con la bandera con palito no fue el único entre artista y público “ajeno”. Entre el show de Las Pelotas y La Vela Puerca en el escenario principal, salió Ricardo Soulé a hacer lo suyo en el espacio “Signos”. Después de tocar la primera canción mostró su enojo hacia la organización porque no pudo probar sonido y porque su set fue recortado veinte minutos. Y disparó contra los fans de La Vela que cantaban cerca de la valla del otro escenario a la espera de “su” banda. “Aquellos están en otro partido. Vamos a esperar a ver si se avivan que es para este lado. Le están haciendo pogo a los plomos. Vamos a darles un aplauso, que le están pidiendo otra a los plomos”, tiró, ácido, el ex integrante de Vox Dei.


Todos estos gestos generan varias preguntas. La primera es para qué sirve este festival: los organizadores de B.A. Rock perdieron plata con la realización del evento, las bandas evidenciaron esta cierta incomodidad con una gran parte del público que, finalmente, solo quiere a las bandas que les gusta. Porque mientras esa gente arengaba por La Vela y colaban involuntariamente su aguante en el show de Soulé, adentro del estadio cubierto había una cantidad grande de personas charlando en un espacio en el que no había música. O sea, preferían aguardar el recital de los uruguayos en un lugar sin música, en lugar de ver al ex cantante de Vox Dei. ¿Sirven estos encuentros para conocer bandas nuevas? Las agrupaciones más jóvenes son siempre aquellas que tocan cuando hay mucho sol y pocos espectadores. Ayer fue el caso de Cruzas (que salió cerca de las 15), La Mono (la banda de Gaspar Benegas) y Kennek (un power trío que viene en franco ascenso). Todos con material nuevo y ganas de mostrarse, pero…
¿Entonces era necesaria esta vuelta del B.A. Rock? La respuesta es sí. Porque históricamente este festival ha sido escenario de dicotomías, polémicas y contradicciones, pero también una plaza que sirve para mantener viva la llama del rock argentino. Hoy es Fer de Catupecu versus las banderas con palito y Soulé versus el aguante, como en los ’70 fue La Pesada versus los blandos, o las flores versus los monedazos, o en 1982 fue Iorio versus los hippies. Y en cada una de las cinco (esporádicas es cierto) ediciones hubo bandas recibidas tibiamente (Sui Generis en el 72 o cualquiera de las que abrieron ayer, por ejemplo) que con el tiempo se erigieron como grandes protagonistas de este rock argentino que cumplió 50 años en 2017. Bienvenida sea entonces la polémica siempre y cuando haya sobre el escenario talento, riesgo musical y buenas canciones, y debajo del mismo no falte el respeto y conciencia para no volver a cometer los errores que trece años atrás nos sumergieron en una tragedia.

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(Fotos, gentileza B.A. Rock)