PINTÓ

Babasónicos en el Hipódromo: La música no tiene moral

Así fue el show más convocante de la carrera de una banda que, casi 30 años después, sigue buscándole la vuelta a la canción.

Adrián Dárgelos mide 1,60. Lo diminuto de su estatura desaparece cuando está frente a su público. Pero, como si su carisma no alcanzara, esta vez, en el inicio del show de Babasónicos en el Hipódromo de Palermo, está parado arriba de una tarima negra, enfundado en una capa y con una corona de plumas. Parece una bestia, a su manera pequeña. Desde allá arriba canta “Ingrediente” la canción con la que inicia su set. Hace pocos días, en la previa de este show al que llamaron Festival Discutible en honor a su último disco, la banda estrenó el clip de ese tema, en el que se erigen como flautistas de Hamelín de una manada de freaks, trans, chicas bonitas y pibes cool. Esa es su gente, la que vienen acumulando desde hace casi 30 años. Pero no solo a ese extraño grupo apadrinan. Así como Soda Stereo hizo con ellos en aquel diciembre de 1992 cuando fueron invitados a tocar en Obras Sanitarias durante la presentación de Dynamo, esta vez los padrinos de una nueva escena resultaron los Babas. Y si en aquellos recitales Cerati y compañía le dieron un marco de masividad a la movida sónica a la que pertenecían junto a Martes Menta, Juana la Loca y Tía Newton, entre otros, esta vez lo que se presenta es una escena más degenerada en la que conviven Juan Ingaramo, Conociendo Rusia, la dupla Ca7triel y Paco Amoroso y las Ibiza Pareo. Desfachatados de géneros y ritmos que fueron vistos ante los nuevos y viejos ojos de las 20 mil personas que colmaron el Hipódromo en la previa.

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Pero volvamos al show de Babasónicos. Dividido en tres actos, la selección de canciones tuvo un criterio, cuando no, discutible. Convivieron hits y las nuevas composiciones, sin necesidad de que cada acto tenga un clima particular sino que más bien podrían ser tres recitales distintos de diez tracks cada uno, ideales para llevarse al festival que les toque ir. Y se animaron a algo que hoy está visto como un pecado: el spoiler. Es que en los días previos filtraron dos tercios de la lista del show, demostrando que podés saber todo, pero nada iguala la sensación de estar ahí viéndolos. La puesta en escena de Sergio Lacroix también juega su rol: dramáticamente minimalista en el primer acto (unas luces a lo largo del escenario, otras cambiaban de color sobre ellos, poca pantalla), intimista en el segundo (un telón que mutaba de colores, algo más teatral) y espectacular en el tercero (la pantalla gigantesca a puro color, por momentos en plan test de Rorschach con las imágenes de los músicos).  “Buenas noches y gracias por regalarme esto a los ojos, en principio”, dice Adrián antes de “Vampi”, particularmente locuaz y comunicativo con su público. En plan pastor evangélico, Dárgelos agradece de muchas formas distintas a lo largo de la noche. La banda tiene su primer gran rapto de lucidez electrónica en la ochentosa versión de “Pijamas”. El contrapunto entre los teclados y sintes de Diego Tuñón y la guitarra clásica de Mariano Roger resultó, cuando no, una maravilla. Panza ajustadísimo en la batería y Diego Uma haciendo, como siempre, de todo. Escoltados por la presencia omnisciente de Carca (percusión, guitarra, teclados… no le faltó nada) y la precisión en el bajo de Tuta Torres, el sonido babasónico está en su mejor momento histórico. Un derroche de sutilezas. Para muestra están las tres canciones que cierran el primer acto: la fineza pop de “Tormento”, el hitazo (que no estaba incluida en el “spoiler”) “El colmo” y el electro rock de “La lanza”.

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Una pieza incidental sirve de intermezzo y abre el segundo acto. Dárgelos despliega nuevas variaciones en su registro vocal en la impecable “Adiós en Pompeya”, en las que nos recuerda que “mientras ellos lo dilapidan, no hay más que nosotros haciendo lo posible”. El Dárgelos predicador continua derramando agradecimientos antes de “Trans Algo”: “Gracias hermanos, hermanas, por festejar esta era discutible con nosotros ¡y que esto continue!”. Y para hacerlo es tiempo de revisitar “Sobre la hierba”, a la que Adrián presenta como “la más antigua de toda la noche”. Es cierto, incluida en Pasto (1992), el disco debut, es una de esas gemas siempre pedida por la porción más conservadora de su público. Dárgelos lo sabe y los azuza al grito de “Si quieren viejas tienen que darme más, se quedan cortos”, pidiendo más aplausos. Si alguien sabe cómo dirigirse a su gente es él. Como canta en “Orfeo” cierre del segundo acto: “No tengo nada, lo dejé todo, y lo perdido ha quedado atrás. Quiero saber quién es mi gente, vengo a ofrecerme como su cantor”.

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Antes de arrancar el acto final suena una intro larga en la que se cuela la melodía que luego será “Teóricos”, esa canción en la que Babasónicos despotrica contra aquellos que hacen malas biografías, textos y que instalan un dossier de pavadas. Allí, una vez más, la banda interpela como lo ha hecho siempre, pero nunca como en Discutible. Ahí está “La pregunta”, segundo track del cierre y acaso el cenit de ese concepto, en el que se desata el nudo con un estribillo pop y 20 mil personas lo repite como un conjunto de orangutanes. Lo mismo pasa en “Y que”, “Putita”, “Risa”, “Particula”, “Carismático” y “Yegua”, los hitazos de ayer, hoy y siempre que colman el cierre. El significado de la canción, esa obsesión que atraviesa toda la obra babasónica, se hace carne en “Los burócratas del amor” (“si esta canción fuera narcótica no acabaría, sería la música de todos”) y “Fans de Scorpions” (“la música no tiene moral, la música no tiene mensaje para dar, y sin embargo te lo da”). ¿Que sería de la canción y de la música sin Babasónicos?

“Aprovechen., denme todo lo que tiene que darme ahora, que ya se termina”, grita Dárgelos mientras se abraza, en un gesto demagógicamente onanista, entre “Cuello rojo” y “El Maestro”, los bises con los que la banda se despide del show más convocante de su carrera. Sus compañeros se van y el cantante queda solo. “Un último grito para mí”, pide. La gente responde con aplausos y vitoreos, como quien saluda a alguien que te espera al pie de la montaña para enseñarte a ver quien sos.

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Setlist

Primer acto
“Ingrediente”
“En privado”
“Bestia pequeña”
“Vampi”
“El loco”
“Pijamas”
“Sin mi diablo”
“Tormento”
“El colmo”
“La lanza”

Segundo acto
“Adiós en Pompeya”
“Irresponsables”
“Trans-algo”
“Sobre la hierba”
“Desfachatados”
“Pendejo”
“Un pálpito”
“Como eran las cosas”
“Cretino”
“Orfeo”

Tercer acto
“Teóricos”
“La Pregunta”
“Y qué”
“Particula”
“Putita”
“Los burócratas del amor”
“Risa”
“Fan de Scorpions”
“Carismático”
“Yegua”

Bis
“Cuello rojo”
“El Maestro”