PINTÓ

Enrique Bunbury en el Luna Park: La ceremonia

De paso con su Ex Tour 17-18, el zaragozano presentó Expectativas (un disco nuevo que ya conocen todos), versionó clásicos solistas y repasó hitazos de su etapa con Héroes del Silencio en una fiesta a la que solo le faltó el brindis.

“Este será un viaje por diferentes etapas”, dijo Enrique Bunbury mientras ponía primera y emprendía una luna de miel que iba a durar más de dos horas. El novio era él: vestido de blanco, pantalón, saco, chaleco. Las novias estaban abajo. Fanáticos y fanáticas de todas las edades delirando ante cada movimiento de este Elvis español que encanta serpientes desde que llegó con Héroes del Silencio y no se fue más.

“Hoy te sientes distinto porque eres distinto”, cantó Bunbury en “Despierta” y se hablaba a sí mismo. Con una puesta de luces impactante y una banda súper potente, su show (que podría conformarse con ser un rosario de viejos hits, pero no) está empapado de nuevos sonidos con influencias que van desde The Black Keys a Babasónicos. Los Santos Inocentes (Álvaro Suite, Robert Castellanos, Rebenaque, Ramón Gacías, Jordi Mena, Quino Béjar y Santi Del Campo) cubrieron y superaron las expectativas porque no son la orquesta de Enrique, son una banda de rock.

Hasta que llegó “Tesoro”, la primera de Héroes, la lista fue acompañada a los gritos desde el campo y la platea: “La ceremonia de la confusión”, “La actitud correcta”, “Porque las cosas cambian” (delirio total) y “Parecemos tontos” (entre otras). Las miradas del público siguieron a Bunbury como punteros láser por detrás de la espalda marcada con una cruz roja, como parte de la estética de Expectativas, convirtiéndose en el blanco ideal de una noche atravesada por la pasión.

Aunque el español ya se cortó el pelo y aflojó con la bijou, muchos de sus fans siguen manteniendo su antiguo look. Pelos largos a lo Pablo Echarri (Inconquistable Corazón de 1995) o Luciano Castro (Jugate Conmigo de 1993), aretes de argolla y sudaderas desfilaban por el Luna como una postal viviente de dos décadas atrás. También había veinteañeros (¿habrán llegado con Pequeño Cabaret Ambulante (2000), se habrán enamorado de Hellville de Luxe (2008)?) y niños, como corresponde a un clásico que abarca varias generaciones.

Él mismo llamó “los tiempos prehistóricos” a aquellos en los que nació “Héroe de leyenda”, para después tirarse de cabeza entre la gente, cantarle a los celulares prendidos de frente,  contonearse como si no hubiera un mañana y el ayer no fuera tan extenso. Luego se fue con “Maldito duende” y volvió con el sombrero puesto  para “Que tengas suertecita”, “El extranjero”, “Infinito”, “Sí”, “Lady Blue” y “La constante”.

Así como en El camino más largo (documental que muestra todo sobre la gira por Estados Unidos del artista y los Santos Inocentes en 2010) se puede ver cómo los músicos siembran, en esta noche del Luna lo que se vio fue una cosecha. El chaleco blanco terminó sudado, el pantalón arrugado, el sombrero ladeado, y el artista-hortelano se fue con el corazón lleno de aplausos. Dicen que quien siembra un carácter, cosecha un destino, y el de Bunbury está sellado con el de su gente de todo el mundo.

 

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Fotos: Diego Quiroga.