PINTÓ

Fito Páez en el Hipódromo Palermo: Profeta en su propia tierra

El rosarino volvió a desplegar sus himnos que, a esta altura, cruzan varias generaciones.

Todavía había gente en la puerta cuando, puntualísimo, sonaron los primeros acordes de “Tema de Piluso”, el primero de la larga lista que profesó Fito Páez en el Hipódromo de Palermo en el marco del Movistar Fri Music. Y decimos “profesó” porque Fito es profeta en su propia tierra, sea cual sea. De sobretodo rojo, con su energía de siempre y su encanto intacto, Fito comenzó el show con uno de sus clásicos y la lista recorrió todas (o casi) las épocas de su vida artística, aunque cada canción suene actual. El rosarino fue el coordinador de la fiesta durante casi tres horas, el gurú espiritual de 25000 personas que no pararon de disfrutar, cantar, celebrar. Repletos el campo y las plateas, y con una concurrencia bastante activa en el Beer Garden (¡el corralito de la birra!), se armaron mini logias en cada sector. Grupos de amigos, parejas, desconocidos entre sí, se hermanaron en las canciones y en la celebración de la música. Cursi como suena, fue 100% real.
Después del primera tema y con la gente entrando todavía, prolija pero rápidamente, sonaron “La Ciudad Liberada”, “Giros”, “Aleluya”, todos a cargo de un Fito con banda imparable, incansable. “Tu Vida mi Vida”, “Naturaleza Sangre”, no había tiempo para recuperarse de un clásico que arrancaba otro. Poco tiempo entre cada canción, a los pocos minutos del comienzo ya se sentía el sabor de una noche larga y mágica. Fito, generoso como siempre, regaló flores al público, a su banda, a sus invitados (María Campos y David Lebón), a la música, al clima, todo para él estaba bien, todo para el público también. El progreso de la lista fue bien recibido, en algunos momentos más que otros, hasta que llegó la arenga a cargo de “11 y 6”, “El amor después del Amor”, “Dos días en la vida”, “Un Vestido y un amor” y “Polaroid de locura ordinaria”. El frío que Fito pensaba que el público tenía desapareció en el mar de estribillos de cancha y de emoción.
Todavía faltaba la mitad del show pero nadie estaba cansado, el rosarino contagia electricidad desde su lugar del escenario, sea en el piano, con la guitarra, con el micrófono o cualquier combinación de tiempo y espacio que domina de manera natural y adquirida. Los invitados, María Campos en “La Despedida” y David Lebón en su “Copado por el Diablo”, fueron el eslabón a la imaginada segunda parte del espectáculo: una montaña rusa con “5778”, “Tumbas de la Gloria”, “Islamabad”, “Plegaria” y el falso final a cargo de “Se Terminó”. ¿Se terminó? No se terminó.
El casi cierre del show arrancó con “Al lado del camino”, tema lleno de épica y mensaje, y siguieron “Circo Beat”, “Brillante sobre el Mic” (escenario apagado, celulares prendidos), “Ciudad de pobres corazones” con David Lebón en guitarra y “A Rodar”. ¿Se terminó?
No se terminó. “Dar es dar”, “Mariposa Tecnicolor”, “Y dale alegría a mi corazón”, “El diablo de tu corazón”… Un quiero vale cuatro para, ahora sí, cerrar otra noche imborrable para los asistentes, abajo, al costado y arriba del escenario. Fito Páez no necesita probarle nada a nadie y sin embargo lo hace, inconscientemente, espectacularmente. Es uno de los referentes del rock nacional más importantes, atraviesa generaciones, crea himnos y mantiene vigente su mensaje en cada show, en cada época. Anunció ayer que ya tiene ¡otro! disco. ¿Se terminó?
No se terminó.