PINTÓ

Florence + The Machine en Barcelona

La banda británica presentó High As Hope, su último trabajo discográfico, en el Palau Sant Jordi.

Florence Welch es un personaje complejo; es tímida, etérea, oscura, un espíritu libre. A lo largo de su carrera ha relatado cómo sufre y le cuesta estar cómoda con su propia piel. Su último disco, High As Hope, no es la excepción, pero viene de otro lugar: es el primero que compuso desde la sobriedad. A diferencia de sus predecesores, es moderado, no recurre a grandes arreglos ni desafía la potencia vocal de la cantante. Tal vez sea el trabajo más personal que ha publicado hasta el momento y por primera vez, las protagonistas sólo son las letras de las canciones.

Pocos minutos después de la hora pactada, la banda sale al escenario. Welch lleva un vestido rosado y va descalza. Una luz blanca la sigue a cada paso, creando una imagen casi angelical. El show abre con “June” y “Hunger”, de High As Hope, y auguran lo que será el resto de la velada: una aplanadora. La británica salta y baila por todos lados sin parar. Cada vez que habla parece que se va a quebrar, pero cuando empieza a cantar es como si alguien la poseyera, ese susurro tímido se transforma en una fiera invencible.

La lista sigue con “Between Two Lungs”, “Only If For a Night” y “Queen Of Peace”, grandes éxitos de los discos anteriores. De cara a uno de los mejores momentos de la noche, Welch aprovecha “South Of London” para hablar de su casa y criticar el momento político actual del Reino Unido y el Brexit, llama a sus fans a amar más allá de las fronteras. Enseguida se despacha con un fuerte mensaje feminista y asegura que Florence + The Machine es una banda libre de toxicidad masculina. Entre críticas y mensajes empoderadores, la cantante dice que “ella dijo que cada vez que cante esta canción, significa que está acá acompañándonos, así que gracias por estar, Patti Smith” y suena “Patricia”. Antes de que el público pueda recuperarse de tantas emociones, la banda toca “Dog Days Are Over”, la canción que las lanzó al estrellato.

Florence pide que todo el mundo guarde el teléfono y se pongan raros, que abracen a la persona que tienen al lado y que le digan a un completo extraño que lo aman. La audiencia obedece y el resultado es sublime. Unos minutos y varios hits después (“Ship To Wreck”, “Moderation”, “Sky Full Of Song”), la británica agradece a los que la siguen desde el primer disco, Lungs, y le da la bienvenida a los nuevos oyentes. Rodeada de un mar de linternas canta “Cosmic Love” y prepara el ambiente para el punto más alto del show: “Delilah”. Escoltada por dos personas, Welch baja a uno de los lados del escenario y corre (¡descalza!) hasta el final del Palau Sant Jordi. Se mete entre la gente y vuelve por el medio, mientras canta y salta con sus fans. Cierra el set con “What Kind Of Man”, ya de vuelta al frente, pero sin alejarse del público.

Queda lugar para un bis que reafirma algo obvio a esta altura de la noche: Florence + The Machine es una máquina de hacer hits. Con “Big God” y “Shake It Out”, la banda pone a toda la audiencia a cantar a los gritos. Cuando el concierto termina, algo insólito e increíble comienza a suceder, la cantante baja a firmar autógrafos y a saludar a cada persona que se había acercado a las vallas.

La dupla Florence Welch-Isabella Summers (the Machine) funciona como un reloj y en poco más de una hora y media, las británicas demuestran que no necesitan luces elegantes ni escenografías complejas para dar un show majestuoso. Si todavía queda algún escéptico, sólo hace falta verlas en vivo para disipar cualquier duda.

 

Fotos: Gentileza Live Nation