PINTÓ

Green Day en Vélez: haciendo la revolución con una canción de amor

A fuerza de himnos propios y ajenos, gestos tribuneros y mucho cotillón, la banda californiana pasó por Argentina para intentar demostrar que la música también es sinónimo de lucha.

Billie Joe Armostrong no para de arengar. Suena “Know Your Enemy”, la primera canción del show de Green Day en el Estadio de Vélez Sarsfield y el cantante ya pidió palmas, ya hizo subir a un pibe con remera de Ramones (que le estampó un tremendo beso en la boca) para que cante y vuelva al mosh, ya se puso la mano en la oreja para que el público grite más fuerte, ya se envolvió en una bandera argentina, ya habló en español y ya entonó “heee hoooo” varias veces. Esas imágenes se repetirán durante las próximas dos horas y media (casi tres) que dura el recital. Si no te gustan los cantantes tribuneros, los gestos demagógicos y los lugares comunes de la mayoría de las bandas extranjeras cuando se encuentran con “el mejor público del mundo”, la escena va a parecerte exasperante y hasta, porqué no, desesperante. Pero detrás de todo ese cotillón hay un concepto. La banda californiana vino de visita con el Revolution Radio Tour, la gira presentación de su último disco, en el que reivindican al rock de estadio como una forma de revolución. ¿O acaso 45 mil personas coreando la misma canción no es un poco eso? Pasó antes que comience el concierto, cuando por los parlantes se escucharon dos himnos creados en la misma época, pero muy disímiles en términos estéticos como “Bohemian Rhapsody” de Queen y “Blitzkrieg Bop” de Ramones. Cuando las luces se apagaron y pasaron a tocar los propios esa mezcla cobró sentido: finalmente Green Day es una banda de punk norteamericana con un cantante que se relaciona con su gente con los mismos métodos que usaba Freddie Mercury.

Para lograr la mentada revolución, el grupo tomó su faceta más humanista, esa que saltó al final de “Bang Bang”, el segundo tema del show, cuando BJ anunció: “Basta de Donald Trump, basta de políticos. Hoy estamos por el amor. Esto no es política, acá no hay ningún partido político. Esto es una fuckin’ celebración donde los freaks somos mayoría”. La referencia al presidente norteamericano no es casual. Un año atrás, en la ceremonia de los Americans Music Awards (AMAs), premios a la música de ese país, el trío tocó la misma canción pero en en el medio Armstrong comenzó a cantar “No Trump/ No KKK/ No fascist USA!” (No a Trump, no al Ku Kux Klan, no a los fascistas en Estados Unidos), la consigna que se repite en cada protesta contra el presidente electo de ese país. Ahora es tiempo de despolitizar para que la revolución tome otro viraje y que las armas sean esos himnos que aparecen como ráfagas de ametralladoras de melodías. Muchos de American Idiot (¡siete!), el disco editado en 2004 que los convirtió en la banda gigantesca que son ahora, pero también de su período germinal de los ’90. “Basket Case”, “F.O.D.”, “Longview”, “She” y “When I Come Around”, de Dookie (1994), “2000 Light Years Away” de Kerplunk (1992), “Armatage Shanks” de Insomniac (1995), y “Good Riddance” (Time of Your Life), “Hitchin’ a Ride”, “King for a Day”, “Scattered” de Nimrod (1997), son pruebas de eso.

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A pesar de que esos gestos tribuneros en los que Billie Joe recae una y otra vez a lo largo del recital vuelven dispersivo al concepto, Green Day te suma a la rebelión también con hechos concretos. En “Longview” BJ le da el micrófono a una chica que muy suelta canta unos versos y camina el escenario para darle un beso a él, al bajista Mike Dirnt y al baterista Tré Cool. Y luego, antes de tocar “Knowledge”, clásico de ese otro ícono de punk californiano que es Operation Ivy, el cantante hace subir a la tarima a alguien del público para que toque la guitarra. “Solo tienen que saber estos tres acordes”, asegura y toca una parte de la canción. Primero elige a uno que estaba medio tambaleante. Pide a los asistentes que lo saquen. “Yo me la sé, te lo juro”, ruega otro espectador. Él es Juan, un adolescente que vino de Mar del Plata para ver el show y que se lleva de Vélez una canción junto a su banda preferida, una ovación y finalmente la guitarra, cortesía de Green Day. Y claro, si vas a hacer la revolución necesitas un arma que suene fuerte. Ideal para este músico marplatense del que en los próximos días contaremos su historia (¡estén atentos!).

Cerca del cierre, y después de decir por enésima vez que Argentina es el mejor público del mundo, que ahora ya no son Green Day de California, sino “Green Day de Argentina”, Armstrong está en el suelo, boca abajo. “Esta noche está probado que en Argentina se puede dejar de lado la política, la corrupción, toda esa porquería. Todos ustedes han venido juntos aquí. Que haya amor, locura y pasión”. La última frase la susurra en un español de erres remarcadas. Así, tirado en el piso, entona versos de “Break on Through”, de The Doors, “(I can´t get no) Satisfaction”, de The Rolling Stones, “Hey Jude”, de The Beatles, y “Teenage Kicks”, de The Undertones. La ráfaga final retoma Revolution Radio (“Still Breathing” y “Forever Now”) y American Idiot (la canción homónima y “Jesus of Suburbia”). Después del falso final, los fuegos artificiales, las explosiones y los aplausos, Billie Joe vuelve sólo con su guitarra acústica para tocar “21 Guns” y “Good Riddance (Time of Your Life)”. Las voces al unísono cantan con él eso de que “Es algo impredecible, pero al final es correcto. Espero que tengas el mejor momento de tu vida”. Y la revolución, entonces, tiene sentido.

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Fotos: Emmanuel Distilo