PINTÓ

La historia detrás de la foto del partido entre Serú Girán y Spinetta Jade

García vs Spinetta: una rivalidad que más allá de la imagen viralizada se dió más fuera que dentro de una cancha de fútbol. Hablamos con Gustavo Gauvry y Eduardo Kastika, dos personajes que estuvieron presentes ese día, para reconstruir el encuentro.

“Charly lleva la pelota y Luis lo sigue detrás”. Esa frase, que se repitió mucho en los últimos días luego de que se viralizara una foto de un ochentoso partido de fútbol entre Serú Girán y Spinetta Jade, sirvió para un debate filosófico en torno a la rivalidad entre dos de los músicos más importantes de la historia argentina: Charly García y Luis Alberto Spinetta.

El dueño de esa imagen y quien por primera vez publicó la misma en su Facebook personal es Gustavo Gauvry, técnico de sonido y alma páter de Del Cielito, estudio de grabación enclavado la localidad bonaerense de Parque Leloir. Gauvry, de hecho, es uno de los protagonistas de la foto. Es el que pica atrás, de remera rosa, esperando un posible pase. Ese partido, que se jugó en la cancha de césped sintético de Obras (uno de los primeros clubes del país en tener una superficie de ese estilo), fue uno de los tantos que se jugaron en la época. Por eso Gauvry no puede precisar la fecha, aunque cree que fue después del show que Spinetta Jade y Serú Girán dieran en ese mismo espacio en septiembre de 1980. En exclusiva para Soy Rock, Gustavo busca la foto en un álbum familiar y bucea en su memoria para reconstruir lo que sucedió ese día.

Lo primero es determinar quien tomó la fotografía: “David (Lebón) hizo esa foto. Probablemente haya quedado mi cámara ahí y por eso estaba en el rollo que revelé poco después del partido”. Una vez resuelto el primer enigma es tiempo de repasar uno por uno a los jugadores. “El encuentro se arregló entre Serú y Jade, pero también entre las oficinas de Daniel Grinbank y Alberto Onahian. En ese momento eran las dos bandas más importante que tenían cada uno”, refiere. Ohanian era la productora y management de Jade y Grinbank la de Serú. Los equipos, entonces, no estaban compuestos solo por músicos. “Me acuerdo que siempre había alguna trampa, algún colado que se jugaba todo. El famoso cadete de la oficina que nadie había visto nunca y que la rompía, como el que está de pantalón naranja en la foto”, recuerda. “El que está de remera blanca es Fernando Lazzari, un iluminador, asistente de Juan Jose Quaranta”, sigue. Y así llega a la definición final: “El que está atrás, de pantalón negro y en cuero es claramente Spinetta. Pero el que lleva la pelota, de blanco y verde, no es Charly. Es Monitor“.

Monitor es Jorge Rodriguez, histórico asistente, a quien en 2008 García golpeó con un matafuegos en un hotel de Mendoza, en el evento que disparó la rehabilitación que llevo al músico a transitar estos días de calma y reposo. “Charly tenia el pelo más largo en esa época. Además era muy patadura”, rememora y derrumba el carácter épico de la foto. “A él le gustaba la historia de ir, pero no era muy deportista que digamos. Luis en cambio, tenía más futbol, más barrio. Charly venía de una familia más cheta, siempre fue más del piano, no era un pibe de andar jugando a la pelota por ahí. Luis probablemente tuvo más roce de barrio desde chiquito”.

Esa versión sobre las nulas habilidades de García con el balón la corrobora Eduardo Kastika, hoy Doctor en Ciencias Económicas y Pofesor de la Universidad de Buenos Aires (UBA), pero quien por aquellos años era un pibe de 16 años que hacía gimnasia en Obras con su colegio, el Nacional de Vicente López. Eduardo presenció uno de esos partidos: “Charly era muy malo jugando al fútbol, le erraba a la pelota”, cuenta. “Nos dimos cuenta que eran ellos y nos acercamos. García tenía un colgante con una bicicleta y yo se lo pedí. Obviamente me lo negó”.

(El misterio revelado: los cinco nombres de la foto)

La Biblia y Patoruzito

Si bien el testimonio fotográfico del encuentro entre ambos próceres no es tal y como lo imaginamos, la ocasión sirve para repasar la relación entre Spinetta y García, que según Gauvry (quien trabajó con los dos) tuvo sus altibajos. “Ellos eran como Boca y River, sin embargo eso no quitaba que se conocieran, que se saludaran y que hayan hecho cosas juntos. Pero Charly y Luis no tenían relación en el momento que se jugó el partido. Eso empezó a ocurrir más adelante. Charly siempre fue muy competitivo y en general en cualquier situación él era el jefe y en las sociedades que tuvo, salvo por ahí con Nito Mestre, con los que compartiera creatividad él era el jefe. Esa competitividad es la que lo llevó a enfermarse, a volverse loco, creo. Toda esa cosa que le agarró de querer demostrar que él era el más rockero de todos. Con Luis no eran amigos, además en general como acá el mundo de la música en esa época era muy chiquito, eran todos como solistas en un punto. Ahora sí hay más camaradería entre los músicos y comparten cosas, pero en ese momento había mucha competencia porque el espacio era más chico”.

A comienzos de los años ochenta la rivalidad era explícita. Kastika, como público, también lo sentía así. “Por eso cuando tocaron juntos en Obras fue un hecho tan fuerte, donde quedó demostrado que a la gente le gustaban los dos, que más allá de la rivalidad compartían audiencia. No era algo como lo que pasó después con Soda y Los Redondos”. Gauvry, por su parte, no recuerda ese show como un encuentro motivado por el arte y asegura que “simplemente se dio así, alguien contrató a las dos bandas o algo por el estilo”. Gustavo, como amigo de Spinetta, supo de cerca lo que sentía el ex Pescado Rabioso sobre García.

“Él estaba celoso de Charly, o de su éxito abrumador. Un éxito que no se condecía con su performance, porque Charly hace muchos años que dejó de hacer discos importantes y más que nada sobrevivía por su pasado o por los escándalos que hacía, sus problemas con la ley, las internaciones, las bajadas de pantalones… A Luis le molestaba muchísimo eso, le daba bronca que todos hablaran de él a pesar de que no hacía ni un buen tema. Charly siempre fue mucho más masivo que Luis y eso a él le pesaba. Me ha dicho: ‘Yo hago la mejor música, la más elaborada y nadie me da bola. Todos dicen Flaco vos sos La Biblia, pero todos leen Patoruzito’. Él vivía eso con cierta frustación hacia fines de los ochenta. Después mejoraron la relación, se invitaron varias veces a tocar. Ya más de grande tuvieron una especie de amistad. Cuando Charly comenzó a tener problemas fuertes de drogas sé que Luis se acercó a él solidariamente. Esa competencia que tenían de jóvenes ya no era tal”.

(tapa revista Hurra, julio del ’80)

Dos genios laburantes

A comienzos de los años ochenta Gustavo Gauvry fue técnico de sonido de Spinetta y García. En sus estudios Del Cielito, por ejemplo, grabó el mítico Kamikaze (1982) del Flaco y Los niños que escriben en el cielo (1981) de Jade, y también Bicicleta (1980) y Serú ’92, el regreso de la banda que García había disuelto 10 años antes. Esos primeros trabajos con dos de los músicos más grandes de la música nacional le abrió el camino para que otros artistas, que con el tiempo también se volvieron gigantes, confíen en él. Tal es el caso de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, Los Piojos, Los Ratones Paranoicos y Bersuit, por citar algunos. ¿Pero cómo eran LAS y CG en el estudio? “Eran muy parecidos trabajando. Eran dos genios absolutos. Dos musicazos. Aprendí mucho con ellos. Charly era una máquina de tirar ideas, de producir, tenía una capacidad musical increíble. Él agarraba cualquier canción y la convertía en lo que que quisiera, un tango, una chacarera, un rock. Tenia mucho conocimiento de los jeites determinados de cada estilo en el piano. Era un genio total y muy autosuficiente a la hora de producir. No necesitaba un productor. Luis lo mismo, no necesitaba a nadie, comandaba todo. Como uno tocaba el piano y otro la guitarra había ciertas diferencias a la hora de componer y de manejar la música, pero ambos eran muy independientes y creativos. Dos máquinas de laburar super exigentes. Luis era más amable, más fácil en el trato, más de buscar talentos y darse manija. Yo lo conocí y me dio toda su confianza y apoyo en todo momento. En cambio Charly era más exigente, de calentarse, de querer resultados inmediatos. Tenía otro trato. Nunca más trabajé con músicos así. Tuve la suerte de empezar con ellos y pensar que todos serían igual pero no. Esos tipos eran genios, dos máquinas creativas muy laburantes, que amaban lo que hacían y estaban en el estudio horas y horas. A mí me resultó muy inspirador, me rompió la cabeza empezar con ellos y creo que eso me dio el empuje para llegar hasta acá. Soy un agradecido de la vida por haber podido haber trabajado con ellos”.

Estos son los 30 minutos en los que Serú Girán y Spinetta Jade compartieron escenario, el 12 y 13 de septiembre de 1980 en el Estadio Obras.