PINTÓ

La Polla Records en Barcelona: Nuestra alegre juventud

La banda que lidera Evaristo Páramos cerró en el Palau Sant Jordi la primera parte de su regreso a los escenarios después de pasar 16 años separados y demostró (a su manera) porqué es tan necesaria en días agitados para la sociedad española, pero también de revolución en Latinoamérica.

Empezó como toda revolución popular que se precie de tal. Primero es una voz murmurando algo, luego otra, después algunas más, de pronto las palabras pasan a ser gritos y finalmente, cuando la ebullución encuentra a los intérpretes justos, llega la acción. Eso pasó desde el día de 2003 en que La Polla Records anunció su disolución hasta este 2019, en el que se confirmó su regreso. La banda de Alava nunca fue olvidada a lo largo de estos 13 años, y así fue como al principio su retirada fue algo que incumbió a un círculo de fans desencantados, pero al transcurrir el tiempo su vuelta era aclamada no solo en España sino en tierras latinoamericanas. Allí fueron el modelo a seguir para jóvenes de varias generaciones y también para una camada de artistas que mantuvo en alto el legado del punk antisistema que han predicado.
El regreso del grupo que lidera Evaristo Páramos se da en un contexto favorable para que resuenen sus canciones, como si fueran una banda sonora que encontró el momento justo a través del tiempo y el espacio. Mientras en Chile y Ecuador el pueblo se ha movilizado en las calles cansado de las injusticias que reciben a diario de las políticas neoliberales y en Argentina esa acción pasó por las urnas poniendo fin al gobierno de Mauricio Macri, en Barcelona (donde La Polla cierra el tramo 2019 de su gira regreso) también hay convulsión. A unas 30 cuadras de este coqueto Palau Sant Jordi que recibe esta noche a la banda y su variopinto público estuvo el epicentro de una serie de protestas que durante una semana puso en vilo a la Ciudad Condal. La población catalana manifestó, con marchas pacíficas (aunque con algunos pasajes muy violentos) que llegaron a superar el medio millón de personas, su descontento por el fallo en el que once dirigentes fueron procesados por sedición al intentar proclamar con un referéndum celebrado en 2017 la independencia de Cataluña. Pero más allá de la situación local, otro hecho conmocionó a sociedad española la mañana anterior al primero de los dos shows en el Palau. Los restos del dictador Francisco Franco fueron exhumados y retirados del Valle de los Caídos, una basílica católica en las afueras de Madrid que representaba un homenaje majestuoso para un tirano que lideró un régimen de casi 40 años, donde asesinó y desapareció a más de cien mil personas.

Un dictador desterrado de un mausoleo en una iglesia, el pueblo unido peleando en las calles: solo faltaba La Polla. Pero antes que Evaristo y los suyos, el que subió al escenario del Sant Jordi (al igual que en el tour que pasó por Valencia, Madrid y Bilbao) fue El Drogas. El ex líder de Barricada (también factor clave del rock radical vasco) armó un setlist apoyado en lo mejor de su antigua banda, pero también revisitando a Txarrena, otro de sus proyectos, y su más reciente Solo quiero brujas en esta noche sin compañía, disco ¡quíntuple! y corolario perfecto para su carrera. La elección no pudo haber sido mejor, ya que además de maridar en cuanto a lo artístico, este compañero de ruta también se cargó la responsabilidad de hablar de lo que pasó con Franco. Fue entre “Come elefantes” y la histórica “La hora del carnaval”, de Barricada. “Cuidado porque él nunca murió, solo hay que salir a la calle y ver nuevos Franquitos”, aseguró primero, para luego referirse al mito del culo blanco del dictador: “Sí que lo tiene, se lo blanquea la prensa, los partidos políticos y las institituciones”. El cierre no tuvo tregua y trajo la versión tributo a sus colegas de Cicatriz con “Aprieta el gatillo”, más tres clásicos de Barricada: “Oveja negra”, “Todos mirando” y “En blanco y negro”

Para ese momento el público había alcanzado el éxtasis perfecto para esperar la llegada de La Polla. Hombres y mujeres más que cuarentones bebían cerveza y cada tanto tenían algún entredicho cuasi simpático con la seguridad (mucha y muy estricta) del Palau. Los tiempos han cambiado, pero no ciertos hábitos. Evaristo, Sumé, Abel, Txiki y Tripi salieron puntualisímos a escena, dispuestos a darles lo que venían a buscar. A sus costados dos cruces gigantescas como esa que custodia inerte el Valle de los Caídos arden en las pantallas iluminando la oscuridad previa al comienzo del recital. Los primeros acordes de “Salve”, de su primer disco (editado 35 años atrás), pusieron todo en su lugar y sirvieron para demostrar la buena forma que presenta el grupo. Ajustadísimos, tuvieron por delante un show con 44 canciones, en los que no abundaron los momentos de respiro. Evaristo eructó, regurgitó, saltó, tomó agua, simuló masturbaciones y casi no habló durante toda la noche, pero usó toda esa gestualidad para dejar salir de una forma bufonesca toda su rabia.
“Memoria de muerte”, “Asi es la vida”, “Lucky man for you”, “Nuestra alegre juventud”, “El suicida”, “Chica ye ye”, “Los 7 enanitos”, “Delincuencia” y “Come mierda” llegaron vertiginosamente, como si no estuviera permitido pensar. El estreno de “Ni descanso ni paz” sirvió para frenar el pogo y escuchar de que se trata la versión 2019 de La Polla: “Se acabaron las viejas clases sociales, porque el Dios neoliberal ya no necesita a nadie / La tecnología nos ha derrotado, el capitalismo te va a devorar”, dice la apocalíptica letra que, como un capítulo de Black Mirror, muestra un futuro tan cercano que suena a presente. “Maigenerasión”, “Igual para todos”, “Que turututu, ay que tururu”, “Vuestra maldición”, “Balada inculta”, “Gol en el campo” (con Evaristo mostrando una bandera de los Celtarras, la disuelta barra brava del Celta de Vigo), “Hoy vamos a explicar la palabra feo”, “Tú alucinas”, “Eutanasia” y “El congreso de los ratones”, fue un repaso completo por los trece discos de estudio de la banda de Alava. Muchas de ellas son parte de Ni descanso ni paz, el nuevo álbum del grupo, en el que regrabaron esos clásicos para adaptarlos a su sonido actual. Sonido que no difiere tanto del original como si lo hace la calidad de la grabación porque, hay que decirlo, los discos de La Polla suenan mal.

“Txus”, “Europa”, “Mundo cabrón”, “Ciervos, corzos y gacelas”, “El avestruz”, “A tu lado”, “Radio krimen”, “Punkyfer”, “Los monos” y “Porno en acción”, significaron otro tour de force en el que políticos, banqueros, sacerdotes, militares, burgueses y todo aquel símbolo capitalista fue vapuleado una y otra vez. La dupla “Ellos dicen mierda” y “No somos nada” podrían haber sido el cierre perfecto, pero aun quedaba más. “Socios a la fuerza”, “La solución final”, “Ya no quiero ser yo”, “Carne pa’ la picadora”, “Iván”, “Cara al culo” y “Toda la puta vida igual” salieron sin respiro ni pausa, que si llegó con la sesentosa “Stupid Cupid”, que sonó entera durante un parate del grupo tras bastidores. “Fue la mejor canción de esta noche”, aseguró irónico Evaristo. El cantante aprovechó ese momento de distensión para aclarar que no quería hablar de Franco, ni de políticos, ni de la represión en Cataluña, para “no mandarse un moco”. En mayo del año pasado el músico fue denunciado por la Guardia Civil española tras un concierto en Jerez de la Frontera. “Policías, sois unos hijos de puta”, gritó esa noche, y eso valió que al bajarse del escenario los uniformados le hagan firmar un acta, un hecho que fue repudiado por la izquierda española y aparentemente minimizado por él. Parece que no tanto. Con “La justicia”, “Johnny”, “La llorona” y “Odio a los partidos”, llegó el cierre real a un regreso que acaba en 2019 pero continúa en 2020 con una gira en Latinoamérica, con una única fecha confirmada para el 8 de febrero en la bonaerense Ciudad de La Plata. Mientras el fuego de La Polla Records no se apague, nosotros decimos amén.

(Foto: Gentileza Dani Fernández)