PINTÓ

La Renga en Huracán: Oportunidad oportuna

Crónica del regreso triunfal de la banda de Mataderos a la Ciudad de Buenos Aires, diez años después de su última presentación

“¡Buenas noches, Buenos Aires!”. El rugido de león que bramó Chizzo Napoli apenas comenzado el show de La Renga en Huracán sonó a desahogo. “Mi Buenos Aires querido, tanto tiempo. Por fin, después de tantas idas y venidas acá estamos. Les queremos agradecer a todos, periodistas, amigos, músicos, todo el mundo en las redes. Gracias por el apoyo. Muchas gracias, de verdad”, amplió unos minutos después. Habían pasado diez años desde la última vez que el trío fue habilitado para tocar en Capital Federal, situación que alimentó la fantasía (o realidad) de que estaban siendo censurados. Lo cierto es que la vuelta no fue fácil. Tras presentar el proyecto de estos shows en el Estadio Tomás A. Ducó, el Gobierno de la Ciudad negó el permiso apoyado en informes de la Policía local y de la Agencia Gubernamental de Control. La productora del evento (Rock & Reggae) junto con la banda (acompañada por el productor José Palazzo) presentaron un amparo, se movieron todo lo necesario y finalmente llegaron a un acuerdo para que se pueda realizar esta seguidilla de recitales que arrancó ayer y continua el miércoles 2, el sábado 5 y el miércoles 9. Ese cúmulo hizo que el foco del recital no esté puesto en lo artístico, sino en todo el montaje que va detrás. El operativo de seguridad funcionó bien, los accesos al estadio son inmejorables, avenidas anchas, muchas calles habilitadas para el ingreso y egreso, y una serie de cacheos estrictos pero amables. La prueba más cabal estuvo en la desconcentración: 38 mil espectadores dejaron el Ducó en menos de 20 minutos. Ni siquiera hubo “trapitos” a la vista. El público, por su parte, alternó buenas y malas. En líneas generales no hubo inconvenientes en los alrededores, sólo un grupo de 30 personas que quiso ingresar sin entradas se enfrentó con la policía, pero fueron escaramuzas menores. Dentro del estadio no hubo bengalas ni pirotecnia, todo un dato. Pero también se vió a gente subida al techo del palco y a los alambrados. “Chicos, amigos, por favor los que están los alambrados que se bajen. Está habilitado para que entren cómodos, creo yo. No quiero que mañana nadie venga acá a romper las bolas. Sé que se son comprensivos ustedes”, tiró Chizzo tras ser notificado, y la gran mayoría de la gente le hizo caso.

Entonces es tiempo de pasar a lo artístico. Un escenario ubicado a lo largo del campo de juego permitió que se pueda ver bien desde cualquier ubicación, en una escenografía (en tamaño) pocas veces vista. La lista de temas se basó en la discografía post Despedazado por mil partes (1996). De la etapa anterior sólo “El rito” y “El circo romano” (de Adonde me lleva la vida) fueron parte del setlist que, con algunas variantes, fue la base de los casi 20 shows que la banda dio en 2016. Esa cotidianidad en los escenarios también es la clave de que la vuelta a Buenos Aires sea posible porque, a diferencia de otras épocas, el público no tiene una sed absoluta por ver a La Renga en vivo. Esto en 2014 hubiera sido mucho más difícil de realizar, por ejemplo. Ahí también radica la gran diferencia cuando se compara la movida de estos eventos con la de Indio Solari. Esto no es un “One Night Only”, ni siempre parece que va a ser la última vez. Otro beneficio de sumar tantos recitales cercanos, es que permite que la banda suene ajustada. Cada uno a su manera, los hermanos Iglesias son dos músicos atletas. Tete toca su bajo y corre como maratonista, como siempre, mientras que Tanque perdió peso pero no fuerza y su batería sonó más poderosa que nunca. A ellos se les sumó Manu con su saxo, encabezando Las Cucarachas de Bronce, la sección de vientos renga. Entre todos convirtieron a la máquina de rock en una big band barrial cuando se sumaron para hacer “El Circo Romano”.

La selección de las canciones también sirvió para construir un relato. “Uh, ¿A dónde está mi hogar? Uh, mi casa se aleja”, cantó Chizzo en “Nómades”, la segunda canción del show. Tiempo de sanar el desarraigo. “Mataderos, Pompeya, Soldati, Lugano… Conozco todas las baldosas viejas de acá. Esta canción habla de eso”, sentenció antes de “Desnudo para siempre”. La identificación con su público y el ida y vuelta fue una constante. Desde los agradecimientos permanentes al terminar cada tema, a los tatuajes en las pantallas cuando sonó “A tu lado”, hasta “San Miguel” el homenaje a Miguel Ramírez, el joven que murió en el Autódromo de La Plata luego de ser alcanzado por una bengala. Pero Miguel no fue el único homenajeado. “Esta es para Víctor Poleri. Hoy era su cumpleaños. Para que lo escuche desde el cielo”, apuntó emocionado Napoli en “Pole”, como dedicatoria al director y actor de algunos de sus videos quien falleciera en 2012. El único invitado de la noche fue Nacho Smilari. guitarrista que formó parte de algunas de las bandas de la “prehistoria” del rock argentino como La Barra de Chocolate y Piel de Pueblo. “Es una reliquia”, anunció Chizzo para introducirlo en el escenario antes de que toque “Poder” y “Panic show”. “Se está prendiendo fuego esto. No se alarmen, porque hay un panic show… jajaja”, soltó el vocalista y violero del trio, con mucha ironía. Entre “En el baldío” y “Bien alto”, el estadio empezó a cantar por la banda y Tanque acompañó con el sonido del bombo. “Nosotros también los queremos cada día más. Sentimos su apoyo siempre, gracias amigos y amigas”, sonrió Chizzo. Pasaron “Tripa y corazón”, “Arte infernal”, “Oportunidad oportuna” y “La razón que te demora. Con “El final es en donde partí” se dio un cierre informal al show antes de los bises. “No queda nada por decir, hablamos con las canciones”, espetó Chizzo antes de interpretar “Reíte”. Y aunque después sonaron “El viento que todo empuja” y “Hablando de la libertad”, con ese tema se dio la declaración final de principios:

“Con vos me quiero reír es nuestra oportunidad / Y aunque venga el aguafiesta nos vamos a reír igual ¡Ja! / Y no se obtiene con riqueza / Ni con poder ni aun siendo capaz / Esos no tienen risa y se divierten / Amargando nuestro carnaval”.

 

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Fotos de Facu Suarez