PINTÓ

Patti Smith en Argentina: Ella es la sublimación

La artista neoyorkina se presentó por tercera vez en el país. Primero llenó de música un estadio Luna Park que acabó rendido a sus pies. y al otro día demostró el poder de sus palabras en una charla contra el cambio climático en el CCK. Santiago Segura siguió sus pasos por Buenos Aires y lo cuenta en esta crónica.

Su sola presencia genera devoción. Apenas asoma esa melena icónica, las miles de personas que colman el estadio Luna Park caen rendidas ante ella como la protagonista de “Dancing barefoot” desvanece ante su amado. Se llama Patricia Lee Smith, le conocemos como Patti y está de visita en Argentina por tercera vez, segunda en dos años. La paradoja señala que, aun cuando el Luna Park muestre un marco cercano al sold out, esta es la primera de sus visitas con un show propio para todos, todas y todes. En 2006 Patti llegó al país como parte de la grilla del Festival BUE en una noche que clausuraron los Beastie Boys; el año pasado, el Centro Cultural Kirchner la recibió para un show de poesía y otro exclusivamente musical que dejó afuera a gran parte de su numerosa audiencia en el país (a veces lo público se asemeja a lo privado).

#PattiCompleto Ahora sí: es jueves 21 de noviembre y esa señora de casi 73 años, cabellera cenicienta, clásico traje negro y ojos que expresan transparencia aparece en escena a banda completa. Comienza la Patti Smith Full Experience: es ella pero también son Lenny Kaye y Jay Dee Daugherty -incólumes desde Horses, lo que equivale a decir toda una vida-, Tony Shanahan -otro compañero de emociones con un par de décadas sobre el lomo- y el más nuevo pero no menos mañoso, Jack Petruzzelli. Cabellos canos, atuendos negros: el rock es ese impulso vital que nos enseñan viejos. Cuando en 1975 Patti grabó “My generation” de los Who no se imaginaba agitando multitudes casi medio siglo después (ni siquiera pensaba grabar un segundo disco, pero resultó que el primero fue Horses, la primera piedra que arrojó la escena punk neoyorkina). Ahí está ella, bailando calzada aquel soft rock de Wave (1979); inicia una noche que hará la misma parábola que la calle Corrientes si la caminamos desde el Luna Park hacia el Obelisco: en curva ascendente. Tanto “Dancing barefoot” como “Redondo beach” suenan claras, pero no tan potentes como La Jefa desearía. En ambas canciones, Smith se acerca a uno de sus asistentes con indicaciones: no la oímos pero entendemos que quiere más. “Ghost dance” y “My Blakean year” empiezan a acomodar esos detalles.
[Emojis clave: viejita con rodete, viejito de bigote, puño cerrado, bíceps trabajados haciendo fuerza]

#LíderAlgoEspecial De principio a fin Patti hará gala de su inmenso magnetismo. Se mueve con la tranquilidad de la leyenda, esa que no le pesa en absoluto. Camina el escenario, baila, se acerca a los costados agitando sus manos, saluda a su pueblo. Parece oler el esperanzado aire de la sucesión cuando ¡alza las manos igual que Juan Domingo Perón! Le han espetado poeta laureada, predicadora, chamana. Están también los detractores, quienes discuten su compromiso político o su religiosidad y le tiran mentirosa -Smith es católica y quiere mucho a un par de argentinos del barrio de Flores, uno se llama César Aira y el otro Jorge Bergoglio-; como si el universo de las ideas y la espiritualidad fuera tan lineal y sencillo. O quienes horadan su liderazgo feminista, ese que el público le atribuye aunque ella no se embandere como tal, porque a pesar de su compromiso con luchas varias -esta visita tuvo especial enfoque en cuestiones ambientales-, Smith no se cuelga medallas; rehúye a esos fantasmas como su amigo Bob Dylan. Pero agita a la juventud, brega por la lucha de los pueblos originarios de todo el mundo, dedica “Beneath the southern cross” -uno de los momentos más agraciados e intensos de la noche: clímax sonoro y citas beatles en un trance que pareció aunar el noise y la baguala- a los desaparecidos. Su sexto sentido la lleva a alzar un pañuelo verde -en su visita anterior se expresó a favor de la libertad de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos- justo cuando canta que la noche nos pertenece y que “Jesús murió por los pecados de alguien, no los míos”. Horas antes el Congreso había aprobado la Ley de Cupo Femenino, minutos antes Paula Maffia había agitado su guitarra acústica y su enorme voz en el mismo escenario: otro susurro de justicia poética. Porque las etiquetas son útiles para los productos del supermercado, mas insuficientes para comprender a una artista.
[Emojis clave: bruja crota, trabajadores con sus herramientas, uñas pintadas, besito, zorra]

#YoSoyElOtro Si bien el setlist que brindó Smith con su banda recorrió lugares seguros, sorprendió la inclusión de un puñado de canciones ajenas. Una de ellas fue la que partió al medio de un hachazo el devenir sonoro del show: una estruendosa revisión -explotó el decibelímetro- de “Beds are burning” (Midnight Oil), que Patti inició enumerando las ciudades y regiones que están, literalmente, ardiendo en llamas aquí y allá (se asemejó al tour imaginario que desarrolla Fito Paez cada vez que toca “Ciudad de pobres corazones” en sus shows: “¡Buenos Aires, Budapest, Rosario, Santiago de Chile, Santa Rosa de Calamuchita!”). “I’m free” y el dududú de “Walk on the wild side” cruzaron a los Stones y Lou Reed, mientras Jimmy Rip -el hombre que tocó con Jagger, toca en Television, produce a los Guasones, es amigo de La 25 y vive en Tigre- se sumaba a la banda y Smith dejaba el escenario por un par de minutos para cederle la voz a sus compañeros. Cuando su ausencia empezaba a hacer tedioso el momento, la artista reapareció con una caminata seductora y finalizó el crossover; aunque la noche siguió con otra versión, no tan sorpresiva porque es parte de Banga (2012), sí muy emotiva: Shanahan al piano y todas las miradas y los oídos hacia Patti y su voz, que entona con la honda gravedad que le han dado los años una de las canciones más hermosas de Neil Young: After the gold rush, otro alegato en defensa de la Madre Naturaleza.
[Emojis clave: cara sonriente con tres corazones, mano haciendo cuernitos, tipito sacando la lengua, ballenita largando agua, brotes verdes]

#SiVosQuerésPatriciaTambién Decíamos: la lista de canciones complació a la audiencia y no faltaron esas que el soberano quería corear y agitar. “Free money” y su pasaje de balada de piano a furioso rock and roll fue la primera muestra antes de las versiones ajenas y el bloque final, un cross a la mandíbula del público llorón que comenzó con “Pissing in a river” y una interpretación soberbia de la estrella, que dejó la piel y exhibió sus maneras, desde el canto dramático hasta el gruñido gore. La saga continúo con la mencionada “Because the night”, repartida entre el público y Patti, ya con la voz algo ajada pero dejándolo todo como si fuera su último show (lo era de la gira sudamericana). Aquí llegó el momento del pañuelo, pero también de la wiphala durante “Gloria”, donde Patti tomó aire y volvió al ataque para dejar a la gente con ganas de saltar de sus asientos (algunos lo hicieron; el campo reconvertido a plateas no se llegó a desbandar a niveles astronómicos como en épocas de Doors y Vélez Sarsfield). Parecía el último y extenso gorjeo de la noche por parte de un grupo que se entregó por completo a la experiencia de traducir de qué se trata esa potencia añosa llamada rock. Pero sabíamos que el sacrificio de esos cuerpos, tras la falsa despedida, venía con una canción más: faltaba el agite juvenil de “People have the power”, tan romántica como necesaria por este costado del mundo y en estos días. Entonces, la gente creyó y cantó con ella, que blandía la wiphala cual Sole Pastorutti modelo 96 mientras conservaba su pañuelo verde enganchado en el bolsillo.
[Emojis clave: carita sonrojada, llanto alegre. No hay emojis para tomar las armas, WhatsApp nos está cagando]

#ChoriPorPatti La gira tuvo su punto final al día siguiente. El CCK volvía a recibir a Smith como hiciera el año pasado, y un grupo de periodistas -más unos cuantos figurones- esperaba por la artista. La excusa no era exclusivamente musical esta vez: Smith brindaba una conferencia de prensa como parte de Pathway to Paris, la organización contra el cambio climático que lideran su hija Jesse y Rebecca Foon, también oradoras el viernes por la mañana. A la espera de su llegada, los presentes supimos que las redes sociales del presidente Alberto Fernández lo mostraban de parabienes junto a la cantante neoyorkina y sus acompañantes (incluido Eduardo Costantini, que selló un pacto de colaboración con PTP). A su arribo, la pregunta cayó de maduro y Patti y Jesse hablaron: “Tuvimos una reunión muy humanista. Alberto escucha y está al tanto de todas estas luchas; nuestro presidente ni siquiera nos recibiría. Fue increíblemente amable”. Los grupos de WhatsApp hablaron: “Se comenta que en los actos se cambiará el chori por el patti”.
La jornada de viernes tuvo su contraparte musical, y desfilaron por la hermosa Cúpula Jesse y Rebecca -dúo de piano y violoncelo-, el músico tibetano Tenzin Choegyal con su impresionante voz, Lenny Kaye, Juana Molina y sí, de nuevo Patti, que se sumó a las chicas para tocar una que faltó el jueves, “Wing”. Acto seguido, repitió el momento emotivo de “After the gold rush” y, con todos los artistas en escena, convidó a los presentes “People have the power”. El cruce inesperado Patti-Juana coronó -a pesar de la vergüenza de Molina, que apenas atinó a susurrar algún coro y batir palmas- otra visita que se describe con aquellas seis letras que Patricia Lee Smith deletreó la noche anterior:
G-L-O-R-I-A.
[Emojis clave: todos los soles y lunas, dedos en V, manos aplaudiendo]

Por Santiago Segura @santi__segura

Foto: Tony Valdez (Gentileza CCK)