PINTÓ

Paul McCartney en Argentina: No es el fin

La leyenda del rock repasó su historia como Beatle, líder de Wings y solista, en el Campo Argentino de Polo ante casi 60 mil personas.

Ese pequeño niño que mira curioso por la ventana de una casa en un barrio trabajador de Liverpool es Paul McCartney. Nos mira desde allí, reflejado en una de las pantallas del escenario donde en un ratito el ahora gigante Sir Paul McCartney repasará su vida musical, la que recorrió para convertirse en una superestrella de la música, en uno de los creadores de lo que conocemos como cultura rock. Está acá, en el porteño Campo Argentino de Polo, a casi 12 mil kilómetros de esa inglesa ciudad también portuaria en la que nació 76 años atrás. Ahora es el público el que mira absorto como en las pantallas las imágenes de la vida de Macca se suceden una a una. Desde The Quarry Men, donde él, John Lennon y George Harrison crearon algo por primera vez, a The Beatles, de ahí a la separación y la llegada de Wings, a los camaleonicos 80’s y 90’s, para llegar a estos días en los que sus socios son productores mucho más jóvenes como Greg Kurstin, Ryan Tedder o Mark Ronson. Todo cambió una y otra vez porque ¿cómo no cambiar si pasaron 60 años? Y si no lo entendés mirá como en las pantallas esa imagen del pequeño Paul en una casa antigua en blanco y negro muta a videos en ultra 4K con el mismo Paul rodeado de satélites en un departamento moderno. Sin embargo hay algo que no cambió y siempre estuvo con él: su bajo Höfner, el mismo que vio por primera vez en una tienda de instrumentos en Hamburgo, donde oficialmente comenzó la locura Beatle. Su fiel compañero es quien está en lo más alto de esa sucesión de imágenes dispuestas en una torre interminable y el que está en sus manos ahora cuando arrancan los primeros acordes de “A Hard Day’s Night”. Ha sido la noche de un día duro y estuviste trabajando como un perro, Paul, pero por suerte no estás durmiendo como un tronco. Está acá, haciéndonos emocionar, reír, cantar y callar maravillados escuchando las 39 canciones que preparó para las casi tres horas que dura el show. Después de “Junior’s Farm” de Wings, Paul toma el micrófono para hablar por primera vez en la noche. “Ok, Hola Argentina. Que buena onda Buenos Aires. Hola. Estoy feliz de volver. Vamos a tocar viejas canciones, de las nuevas y de las del medio. Esta es de las viejas”, dice en un casi perfecto español y larga “All my loving”, uno de los clásicos de clásicos de The Beatles. McCartney está bien acompañado por el guitarrista Rusty Anderson, el multifacético Brian Ray (que irá cambiando de instrumentos a la par del Jefe) y el baterista Abe Laboriel. A ellos se suman el tecladista Paul Wickens y una sección de vientos a partir de Letting Go, de Wings, donde deslizan un pequeño homenaje a Jimi Hendrix con “Foxy Lady”. La primera nueva es “Who Cares”, del reciente Egypt Station, el disco que supuestamente debería estar presentando pero, claro, Paul sabe lo que hizo y lo que la gente viene a buscar. Por eso mete una seguidilla con guiños para todos los públicos: “Got to Get You Into My Life”, una no tan revisitada de The Beatles, la moderna y pegadiza “Come On to Me”, el clásico Wings “Let Me Roll It” (donde se pasa a una guitarra Gibson Les Paul) y de ahí otra vez de paseo por Beatlelandia con “I’ve Got a Feeling” y de vuelta a Wings con “Let ‘Em In”. Paul, con ciertos signos de un leve resfrío, no necesita de una puesta ampulosa o un vestuario estrafalario para conmover. Con un jean negro, una camisa blanca y una camperita alcanza. Son sus canciones, ejecutadas exactamente como las conocemos, las que hacen el resto. “Escribí esta canción para mi hermosa esposa Nancy, esta acá esta noche, es para vos Nance”, lanza edulcorado y sentado por primera vez en el piano para presentar “My Valentine”, de Kisses on the Bottom (2012). El momento romántico se completa con él parado haciendo un corazón con las manos. Inmediatamente después aparecen dos gemas de Wings, de esos tiempos en los que su musa y compañera de ruta era la eterna Linda: “Nineteen Hundred and Eighty-Five” y “Maybe I’m Amazed”. McCartney se baja del escenario y agarra la guitarra acústica, escoltado por sus dos guitarristas y Abe en batería, como una especie de cuarteto de músicos callejeros parados al borde de un escenario que de repente se achica para dar un ambiente de intimidad. Así suenan “I’ve Just Seen a Face” de Help (1965), la primigenia “In Spite of All the Danger” de The Quarry Men (“la primera que escribí para The Beatles”, dice), “From Me to You” (el primer “hit” de la historia Beatle), “Dance Tonight” (mandolina en mano, su gran éxito de la década pasada) y “Love Me Do”. En el medio se toma unos minutos para pedir que saluden a su baterista, Abe, que hoy cumple años. Y justo después se eleva (literal) por sobre el resto de los mortales cuando hace “Blackbird” solo con su guitarra acústica, desde arriba de una plataforma que sobresale del escenario. Desde allí parece estar más cerca del cielo para dedicarle “Here Today” a alguien muy especial. “Escribí esta canción para mi hermano John. ¡Arriba John!”. El “Olé Olé Lennon, Lennon” del público le da un marco distinto al momento. Cuando se baja de ahí lo espera un piano de colores y sus nuevos amigos: Johnny Depp, Meryl Streep, Jude Law y Kate Moss, parte del elenco de famosos que desfila en el video de “Queenie Eye”, de New (2013). El homenaje a las mujeres madres, deportistas y luchadoras en “Lady Madonna” precede a la emoción contenida en “Eleanor Rigby”, dos mega clásicos de la historia Beatle y del rock en sí. El último estertor de música nueva llega con “Fuh You”.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

A partir de ahí todo se vuelve una montaña rusa en la que Paul vuelve a tocar el Höfner, guitarras, pianos y hasta un ukelele. Cambia de instrumentos, pero siempre ocurre lo mismo con el público, que canta de principio a fin cada una de las piezas. “Being for the Benefit of Mr. Kite!”, el tributo a George Harrison con “Something”, el pedido de que “Quiero que canten para nosotros” en “Ob-La-Di, Ob-La-Da” y las distintas formas que aportó al rock con “Band on the Run” de Wings y “Back in the U.S.S.R” de The Beatles. No hay respiro y se acercan tres de esas canciones que son una parte principal de su legado no sólo musical sino también de filosofía de vida. Sentado en el piano se suceden “Let It Be”, “Live and Let Die” y “Hey Jude”. Así, mientras se despeja el humo de los fuegos de artificio que brotaron del escenario, Paul saluda en un falso adiós y la gente queda cantando el “la, la, laralá la” de “Hey Jude”. Es fácil de comprender que nada es más poderoso que las canciones de McCartney, coreadas por el público más variopinto, en el lugar del mundo que esté. Al final, cuando todos cantan hasta quedar afónicos una canción que escribió 50 años atrás, la tarea esta cumplida. Y así queda sellado para el resto de la historia el legado de Paul McCartney. Y como en su vida misma, parece el final pero no. Paul vuelve cargando una gigantesca bandera argentina y otra igualitaria. El mítico bajo Höfner vuelve a ser protagonista para los bises “Birthday”, “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band” y “Helter Skelter”. Al terminar esa tríada, Macca levanta el instrumento por arriba de su cabeza, como pidiendo una ovación para su eterno compañero, justo antes de que se siente por última vez en la noche al piano. “Es hora de irnos, pero antes queremos agradecer al mejor equipo del planeta”, grita, haciendo gala de una humildad sin precedentes, para nombrar a su staff técnico y a su banda. Y el adiós es con el cierre de Abbey Road, disco que en septiembre próximo cumplirá 50 años. “Golden Slumbers”, “Carry That Weight” y “The End”, tres canciones que forman una, tres maneras distintas de cerrar una historia. “Nos vemos la próxima”, anuncia Paul. En una era en la que los héroes del rock anuncian giras de despedida o simplemente nos dejan sin avisar, esas palabras suenan a una promesa demasiado grande. Nos quedamos aferramos a la posibilidad de que suceda este milagro.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Fotos: Guido Adler (gentileza .Tiff Prensa y T4F producciones)