PINTÓ

Turbonegro debutó en Buenos Aires a puro death punk

Los noruegos montaron un show intenso de rock and roll acelerado en El Teatro Flores.

La expectativa por el debut de Turbonegro en Argentina residía en ver a uno de los mayores exponentes del rock and roll acelerado que hay en la región nórdica. Así fue que buena parte de la troupe del killer rock de Buenos Aires se hizo presente en el Teatro de Flores para disfrutar desde temprano los sets de Motosierra y Satan Dealers, fieles representantes ríoplatenses de este estilo. Algunas personas del público se animaban a calzarse el gorrito de marinero con el nombre de la banda que refleja parte de la estética de Turbonegro. Mientras tanto el ambiente se empezaba a calentar con la introducción de “The Age of Pamparius” que se apoya en un teclado a lo Alice Cooper, ejecutado de manera excelente por Crown Prince Haakon-Marius. De esa manera comenzó una verdadera cátedra de cómo se toca rock ganchero, potente y con estribillos épicos que invitan a ser coreados a viva voz.  La lista de temas estuvo balanceada mayormente entre Apocalipsis Dude, su obra más celebrada, y Rock’n’Roll Machine, su último álbum en donde sacan a relucir un sonido más glam y canciones bailables. A pesar de que Duke of Nothing no es el vocalista original, el cantante asume el rol de liderazgo con naturalidad y le agrega su propia estampa a los temas. Las dudas ante la ausencia de la voz de Hank Von Helvete se disipan con el correr de los minutos. En “Back to Dungaree High” le hacen un guiño a The Damned y lo mismo ocurre con “Get it On” que evoca a “I Just Want To Have Something To Do” de los Ramones.

Turbonegro se divierte arriba del escenario. Bromean, hacen chistes políticamente incorrectos, se las ingenian para jugar con las palabras y mofarse de Carlos Gardel, el tango y pedir cocaína. Las visuales son otro punto alto del show que mezclan animaciones e imágenes de  de los Turbojugend, el club de fans oficial de Turbonegro que pululan mayormente por las calles de Alemania y los países escandinavos, emulando la forma de vestir del grupo que toma elementos ornamentales de marineros travestidos, campesinos rednecks y stripers de la más baja calaña. El grupo se regodea en la propia decadencia de la ya vieja filosofía del sexo, drogas y rock and roll. Tocan una parte de “Bohemian Rapsody”, la pegan con la rítmica de “We Will Rock You” que termina siendo la misma que marca los pasos de “City Of Satan”. En “Hot of  Nietzsche” afirman que la música disco “apesta” y que el rock está muerto, así que lo mejor es ir por un poco de “death punk”, el estilo musical del que ellos mismos sacan pecho de haber creado. Es que a Turbonegro se le notan las influencias por todos lados: ponen a los Sex Pistols, Iron Maiden, AC/DC y Motley Crue en una batidora y de esa mezcla surge este sonido tan personal, que tienen reminiscencias de un montón de bandas pero  que suena a Turbonegro. Bajo esa impronta narran en “All My Friends Are Dead” los avatares que dejan los excesos en su círculo más íntimo. Uno de esos sobrevivientes es Euroboy, que a pesar de que recientemente le han diagnosticado linfoma Hodking, sigue en la ruta disparando riffs que sintetizan los mejor de James Williamson (The Stooges), Angus Young (AC/DC) y Ace Frehley (Kiss). El final llega con el electrizante “Principe Of The Rodeo”, “(You Gotta) Fight for Your Right (to Party!)”, de los Beastie Boys y “I Got Erection”, dejando a monada más que contenta y con ganas de seguir la fiesta en algún otro antro.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.